Parte del actual problema con las redes y los medios de comunicación masiva está en que no puede saberse, a diferencia de cuando nada más había radio y periódico y apenas empezaba la televisión, en qué sección se está.
Después de haber planteado un debate de ideas y valores, el argentino Agustín Laje prefirió ganar visibilidad, como se estila decir ahora: tiene un programa sobre la actualidad en la que un invitado, Carlos Ruckhauf, ostensiblemente no distingue entre una guerra y un partido de fútbol. No queda claro, por la forma de hablar del experto, si el presidente estadounidense Donald J. Trump está cañoneando o si dudando en meter a un mediocampista en vez de un delantero, porque el portero iraní resultó mejor de lo esperado. O si debe empezar el que habla gritoneando "a todos los que quieren y aman los eventos bélicos". Sin que a Laje le moleste que su experto invitado se pregunte si el conflicto en Medio Oriente se irá a tiempos extras o se definirá en penalties. Todo con el estilo argentino de Ruckhauf -al que no llega Laje- consistente en dar por sentado, hasta con el acento de "evidencia", que el interlocutor es un potencial idiota (¿lo estamos entendiendo?, como machacaba el charlatán Leonardo Steinberg).
Después está el que, aunque no exento de inteligencia, considera que ser experto es tener roce social y, como en la canción de Roberto Carlos, tener un millón de amigos, llamándole "amigo" a cualquier conocido. Se presenta entre evento y evento, a nivel internacional ("yo estuve ahí", "acabo de estar en"), siempre "en el radar" (otra forma de visibilidad) y teniendo como referencias "lo último" de la crema y nata de la prensa anglosajona y sobre todo estadounidense, porque México está chafita. Como es cosa de roce, que "no le hagan decir" lo que sabe de tal o cual y que insinúa. No es la sección deportiva, a diferencia de Ruckhauf: es la de sociales, que incluye comidas y cenas con gente "de mundo". Se debe creer que se está en un orden tripolar Estados Unidos-Rusia-China, sin que se sepa en qué se sustenta ni en qué hay algún "orden", salvo en la etiqueta.
Luego, el experto Daniel Estulin, que por lo menos considera que lo que hay es un desorden global. Es el tipo la "civilización de Irán" que resiste y lo redefine todo (toditito), aunque Irán no se reduzca a Persia (los iraníes persas son cerca del 60 % de la población de Irán, y hay muchos otros grupos, entre los más importantes los kurdos y los azeríes). Luego de partir de algunos trabajos de interés sobre los ricos (Bilderberg, Tavistock), a fuerza de "profundidad" se pasa, además de no saber escuchar, a la pura especulación, con todo y civilizaciones, en medio del "fin del viejo orden", sin que se sepa cuál, si el de 1945, el bipolar, el de Yalta o qué cosa, cuando ni un alma se acuerda con Irán del "mundo multipolar". "Información privilegiada" -para el bolsillo, se supone- de tal modo que ya no es problema de guerra, sino sección de finanzas.
Claro, con la televisión para mostrar algo en llamas y poner la sección de nota roja y lo que sea más Alarma! ¿Alí Jameneí? Bombardeáronlo, hiriénrolo y rematáronlo cuando pretendía huir. Fútbol, eventos sociales y mundo financiero también pueden tener de entretenido y excitante. Y para saber cotizarse.
Mientras el mundo no se gobierna ni tiene ley (¿Naciones Unidas? "Esa cosa", decía el general francés Charles de Gaulle) y se "gestiona", con la democracia como forma de sondeo para la "gestión", cada uno puede tener su "estrella" entre los expertos de la expertís y, llegado el momento, aunque parezca tratarse de la tan de moda "geopolítica", el espectador consume y el experto parece estar ya en el "capitalismo de casino" o "del póker": APUESTAS en vez de análisis. Con todas las pretensiones de grandeza de Las Vegas: cualquier cosa es "histórica", día tras día, con tal de no caer en el aburrimiento. Y "global" da para todo.
Después, claro, está algo peor que lo que la analista mexicana Viridiana Ríos llama "negacionismo": consiste en acusar a la autodenominada "Cuarta Transformación" de ser destructiva mientras entre reflectores y micrófonos se llega a un fenómeno de un ego obnubilado por una sola cosa: creer que, de 2018 a la fecha, y por principio de cuentas, la "4T" no ha hecho nada encomiable ni constructivo, y sí en cambio destruirlo todo. Como el que no sabe más que destruir a la 4T sin proponer mayor cosa, porque, ya se dijo, "el medio es el mensaje": cuando aunque parezca lenguaje ya no se trata sino de estridencia. Tipo disco rayado. Con algún experto que salga a hacer creer que en realidad es una sinfonía. La forma es fondo, chavos. Como cuando se cree que destruir la forma y el sentido es el sentido mismo: sí, destruir, aunque sea para creerse que así se realza el ego propio e incomparable (da click en el botón de reproducción).