La universidad pública mexicana debió saberlo. Se veía confrontada a toda suerte de paros, con gente similar a la de algunas marchas, y aparentes protestas, además de falsas amenazas de bombas, cuando la Fiscalía de la Ciudad de México ofreció investigar el origen del asunto. Muy bien: en menos de 24 horas, cesaron los paros, las tomas, los encapuchados, las porros violetas, las amenazas, las banderitas de Palestina, todo. A la mexicana: aquí no pasó nada. Se volvió de lo más esporádico, como los desmanes en el centro de la capital. Es difícil saber por qué, al parecer, la jefa de gobierno capitalina, Clara Brugrada, habría querido que no se toque al llamado "Bloque Negro", supuestamente anarquista y anticapitalista. Los vestidos y encapuchados de negro.
La historia es muy añeja y en México se remonta al ala derecha del régimen desde principios de los '60. Orquestó una provocación mayúscula en 1968, lo que no quiere decir que todos fueran provocadores o que en general el movimiento estudiantil fuera artificial. Pero es de manual de fuerzas de seguridad o de remanentes en la ociosidad o en guaridas. Está muy bien explicado en el documental "La conexión americana", sobre el 68 mexicano.
Viene al caso porque Francia está gobernada por gente nada inocente, ligada a la aristocracia financiera, y que se dedica a romper la protesta social, desde los llamados "chalecos amarillos", y ahora la estudiantil, que convergen en algo lógico y sencillo: si hay "recortes", como sucedió por lo demás en México desde los '80, se deterioran los servicios públicos, notoriamente en la educación -que en Francia era de calidad y tendía la mano individualizadamente- y la salud, que también era buena, como en algunas especialidades lo fue la mexicana. Si entretanto el costo de la vida sube, la gente tiene menos opciones, ya que debe atenerse al deterioro -sin haber visto gran cosa del dinero de la deuda pública, como tampoco de las deudas mexicanas- o verse estrangulada por el sector privado. El retorcido presidente francés Emmanuel Macron ya ha explicado mil y un veces que considera los derechos como "demasiado", el patriotismo como "nacionalismo" nefasto y un derecho -aquí sí- el armamentismo. Francia está en vísperas de elecciones presidenciales en unos meses ante la posibilidad de romper la unión con el Reino Unido y Alemania que es dañina para Europa toda. Entretanto, la aristocracia financiera se sirve del lumpen, como en Estados Unidos lo ha hecho George Soros, ahora relevado por su hijo.
A partir de aquí, debe creerse tal vez que las manifestaciones de violencia en las protestas son "espontáneas", aunque en parte pueda haberlas. Es "autenticidad" anticapitalista que vandaliza negocios, en particular. ¿Qué es lo que resulta? Temor a las protestas, indirectamente criminalizadas, cuando no rechazo de una parte de la población. ¿Entonces? Cuidado con las protestas. El "run-run", como lo llaman en México coloquialmente, circula: "no acercarse". Nadie quiere verse envuelto en desmanes o ante la represión policíaca, aunque, dicho sea de paso, puede haber jóvenes inmigrantes acostumbrados.
Como se trata de protesta social, que tenga simpatía expresa de partidos políticos -como La Francia Insumisa- no significa que "los políticos" estén "sacando raja" de Mme la Sociedad Civil y su "espontaneidad", como ironizara en su tiempo José Joaquín Blanco en México. Se trata de otro asunto de invertidos.
Y hay más de un invertido entre la gente de Macron, como parte del penoso deterioro de Francia y no de la politiquería -"política politiquera"- de por ejemplo el señor Jean Meyer en México, alguien que persigue y que, cuando encuentra un límite, se dice perseguido, como todo perverso narcisista. Entonces sale otro, italiano, de Mundo Beto (en Facebook), a ver si hay pradera seca (probablemente no) y chispa -la falta de habilidad política juvenil cuenta. Es La Francia Insumisa que "infiltra" a la buena muchachada.
La violencia surge de entre la multitud y no debe faltar quien se exalte. Sin embargo, está demostrada la perversidad al infiltrar provocadores, como parte del "Bloque Negro", y que, en medio de la idea de "encapsular" en la calle para reprimir, "revientan" la protesta: cuando hay arrestos, más de uno es soltado porque, con la pena y de manual, es policía (y se hacía en 1986 en la universidad pública). El beneficio: crear rechazo o indiferencia entre la gente, temor por los actos de violencia y descrédito para que el tema sea la violencia misma, no la causa de la protesta. Para eso se infiltra gente mientras a quien simpatiza se lo acusa de "infiltrar". Sin anestesia, sin filtros. Tampoco es novedad en Francia, que ha tenido su lado sucio. Lo nuevo es la perversión: no la represión directa estilo Metro Charonne o el clima social asfixiante, sino la radicalización libertaria -y puede haber, además de policías, tontos útiles- para hacer creer que, en vísperas de elecciones, vaya, el centro-izquierda de La Francia Insumisa "mete la mano" y lleva a suficientes desmanes, como para ahorrarse el voto. Con la perversión adicional de ni siquiera dejar que la policía de suburbios tenga recursos para luchar contra la delincuencia (incluidas bandas de inmigrantes). Tampoco hay recursos. Nada más para quebrar protestas -miren lo que cuestan, destrozan negocios- y para el armamentismo. Ya es penoso y dura cuando menos desde los '80, salvo paréntesis, prohibiendo ahora a la gente expresar que está cansada del vandalismo financiero, o de "los mercados" y su insistente chantaje. Como el del "Bloque Negro", entre tontos útiles -lumpen- y policías, para pervertir -adulterar- el sentido del reclamo. Si no hay vuelco, será peor si se persiste en tener por enemigo entre otros a la propia gente que reclama educación y salud de calidad, y equidad. Y lo hace porque la hubo y la han destruido riquillos, advenedizos, rentistas, parias inmigrantes (los más recientes, no todos) y quienes por alienación ya no reacionan y dieron en la in-diferencia. Entonces da lo mismo Francia que Costa de Marfil o el bronceadito de Macron. (da click en el botón de reproducción).