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sábado, 3 de octubre de 2026

!NO PUEDE SER!

 El hoy ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reapareció en estos días para anunciar, sermón de por medio, un nuevo libro, Pueblo. De entrada, López Obrador puede hablar de la autodenominada "Cuarta Transformación" de la vida pública mexicana porque es el "padre fundador" y el que, como se ha dicho a propósito de otros, "abrió camino", con tesón. Lo que nadie puede predecir "a ciencia exacta" es en que desembocará el proceso echado a andar a partir de la elección de López Obrador en 2018.

       Se dice en la oposición que mal hace la "4T" en culpar de todo al pasado. Sin duda, llegará el momento en que esta autollamada "4T" tenga que sacar conclusiones y lecciones propias. Al mismo tiempo, unos casi 40 años del llamado "neoliberalismo" no pueden desaparecer en seis ni en ocho años, lo que no implica que la "4T" deba ser autocomplaciente. Pero tampoco que la oposición esté como disco rayado con la contraparte del antiguo régimen: todos los días y a todas horas contra el "mal gobierno". Es patológico como intento de ganarse con algo muy manido a la gente, y en algunos casos en nombre de la "crítica al poder", porque hay de críticas a críticas, de la constructiva a la destructiva y deturpadora (encargada de afearlo todo). No hay -si es dizque "conversación pública- juego limpio posible, y se debe partir entonces de la creencia -no siempre verdadera- de que "la política es muy sucia". La conclusión de la oposición es que, si es así, hay que ponerse, como se decía hace poco en otro país, a "echar mierda con ventilador", y encima con un agregado, que en la guerra, como en el amor, pero parece que también en la política, todo se vale. Incluso atribuirle esta fantasía al de enfrente.

       Los libros de López Obrador son desiguales, y dicen las malas voces que no los hace él. Investigador, no es. Lo que acaba de hacer es aventarse en su presentación otro ritmo que en Brasil se llama "choro", y habrá que ver de qué está hecha la novedad. Hay algunos libros previos o farragosos, o de un simplón para llorar. López Obrador no es el Todopoderoso: es tesonero y de colmillo, pero, como ya se ha dicho una y mil veces, acomplejado frente al primer "intelectual" que pasa (lo que la presidentA, Claudia Sheinbaum, como universitaria, no es y no se deja apantallar). López Obrador no está exento de amiguismos, y a veces malas influencias (lo que le puede suceder a cualquiera); Sheinbaum, menos.

        Donde las cosas se vuelven peliagudas es en lo siguiente. López Obrador -y lo volvió hace muy poco a decir- está retirado de la vida política. Una cosa es que, desde Estados Unidos y con repetidores lenguaraces como Loretito, se trate de separar a Sheinbaum -creyéndola débil, incluso por machismo- de López Obrador, con la idea de evitar cualquier veleidad de radicalismo. No faltan malditos -como ha dicho el socio de Giselita sobre Enrique Krauze- para prestarse al "divide y vencerás", con refinada mala fe y, dicho sea de paso, una idea muy aproximativa de la historia mexicana, aunque no se conoce aquí lo que alguna vez refutó Manuel López Gallo, ni es factible "al cien" que Krauze sea un plagiario. Pero por pasos.

       Si se afirma que López Obrador sigue como "jefe político" y que Sheinbaum apenas y "administra" el proyecto, hay que afrontar las consecuencias y decir de López Obrador que engaña, puesto que acaba de decir que no aspira a ser cacique, ni caudillo, ni "jefe máximo", ni poder tras el trono. No solo sería mentira, sino engaño por hacer creer lo contrario de lo que se le atribuye. Haría falta saber qué "movidas", "jugadas", etcétera hace y con quiénes el ex presidente, y en qué momentos. Si no es el caso, como tampoco de ningún "Maximato", no es más que fantasía heredada del antiguo régimen -que tampoco era exactamente así- o creencia en historias de tipo monárquico. El detalle: las pruebas. Porque si no, el engaño está en dar por bueno lo que no está probado, o es cuando menos autoengaño. Tampoco estuvo exento quien casi juró que el "ganón" era Adán Augusto López Hernández colocado para tan presidenciable fin por López Obrador.

      Lo otro. ¿Llega López Obrador al nepotismo más descarado y estaba con otra carta, la de Andrés Andy López Beltrán? Entonces se pasa a demostrar que López Obrador es completamente cínico. O el problema está en otra parte: en creer que no se escoge, sino que se BARAJA en espera de que aparezca el as bajo la manga o sabrá Dios qué otra de cantina. O es de nuevo fantasía del dedazo. ¿Sheinbaum era entonces "lo que diga mi dedito"?¿O es que alguien no se da cuenta de que se quedó con costumbres "a la antiguita"?¿O que se cree que todo es más de lo mismo? Vale para las críticas a grupos reales o supuestos en el oficialismo. Una cosa es escoger (pero además, ahora va por encuesta): otra creer que persiste el Gran Elector, que hace fintas, no muestra su juego, anda de póker face, entre que destapando y no su juego, y así en lo que escribe tabiques. No queda claro el límite entre la realidad -insistamos, a falta de pruebas- y la fantasía. El trasfondo es la inexistencia de proyecto, en cuyo caso ni se entiende que se le llame "4T": no queda más que un asunto personal con el poder, a riesgo de ponerse a decir cosas que ameritan un "y así se hacen los chismes". Como el del "silencio estratégico" que a todos "les sabe cosas" ("no me has decir...", etcétera). ¿No será entonces mejor irse a cafetear con las señoras en lo que los peques salen de la escuela? (da click en el botón de reproducción).



A LO BUITRE

 Francia, que en algunos aspectos fue en el pasado un país generoso, en particular en la educación y, dentro de ciertos límites, en la integración, vive hoy lo que algunas personas consideran "violencia social" más o menos "insufrible", por la frecuencia de las protestas contra medidas gubernamentales. En Francia, esa generosidad estaba ligada al trabajo, el desarrollo de la personalidad individual y el sentido del mérito, pero hace bastante tiempo que las cosas cambiaron. Después del periodo del general Charles De Gaulle, Francia se dió un rato de buena vida en los '70, los años "Chaban-Delmas", para comenzar a adentrarse en el deterioro desde los '80, con el socialista (entiéndase socialdemócrata) Francois Mitterrand. Este era ya un ejemplo acabado de falsedad, y en parte Francia se fue convirtiendo en un país de bastante hipocresía y de creciente subordinación a Estados Unidos, con la excepción de la presidencia de Jacques Chirac, pero ya tarde. Jacques Chaban-Delmas no estuvo demasiado tiempo en muy altos cargos, pero era todavía el rebote de la segunda posguerra: seducción, poco esfuerzo y quedar bien con todos.

        Las protestas más recientes, de trabajadores, funcionarios y estudiantes, son por hartazgo con los "recortes presupuestales" del presidente Emmanuel Macron, electo para hacer la política de la alta finanza (trabajó para los Rothschild). Macron considera -eso dice o da a entender- que el país es de privilegiados por servicios y prestaciones sociales, que "cuestan demasiado". Más de un latinoamericano cree que los países centrales son lugares de privilegiados incluso entre los pobres, en comparación con el Sur global o lo que haya de similar. Así que hay "tela de donde cortar", por el problema de la deuda pública, que exigiría reducir gastos. ¿Por qué no gastar menos en los "privilegios" sociales? En realidad, es el parásito -y hay que ver la clase de gente que está al frente, como el también degenerado primer ministro Sébastien Lecornu- que se va comienda al huésped. Parásito, porque se trata de cubrir una deuda e intereses con la alta finanza que en nada ha beneficiado a Francia. Para que unos puedan seguir así, hay que "meter tijera" en la educación, la salud, las pensiones y otros "privilegios", porque no son "privilegios" los de la alta finanza ni sus chantajes con "calificaciones". El "privilegio" es el de servicios antes de calidad que se deterioran.

      Una parte de la "violencia social" es de inmigrantes que en vez de integrase crean mentalidad de gueto, "racismo al revés" -algo que también se conoce en México y América Latina- y vandalismo. El "racismo al revés" hace que un blanco no pueda tener mérito, sino que se lo deba a su color de piel (la primera creencia del que quiere blanquearse), como otros creen que "el privilegio de ser blanco" remplaza el mérito -o, en algunos lugares, el "privilegio del apellido". A la vuelta, como lo que cuenta es a fin de cuentas tener algún privilegio, es el de ser víctima, desde la real hasta la supuesta, lo que alguien como Macron sabe al dorarles la píldora a los inmigrantes, incluso de modo obsceno. El privilegio, por ejemplo, de poder vandalizar sin ser demasiado incomodado, porque esta "violencia social" es entendible, aparentemente, a diferencia de la protesta social.

     Así están por ejemplo los "privilegios" de los estudiantes: sobrecarga "a lo chino", pero sin condiciones materiales tipo China, sino en pleno deterioro, y sin buenos docentes o plantas suficientes, porque son otros tantos "privilegios": la calidad resulta un "privilegio" -así suele ser en los bodrios estadounidenses, salvo de élite-; hace rato que un estudiante chino -o de más de otros países- rebasa al estudiante francés mediocre. Más inepto se es, menos privilegios se tienen, o si no gente como Macron o Lecornu no serían retorcidos. ¿Dinero? Para crear problemas con Rusia sí hay. Olas de calor o problemas como el del Covid-19 ya han mostrado que tener buenos médicos y cuidados de enfermería es también un "privilegio".

         Los grandes medios de comunicación son caja de resonancia, aunque subsisten buenos medios realmente independientes. Ahora resulta que el Nuevo Frente Popular o La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon son "izquierda radical" (!), o que el RN (Reagrupamiento Nacional o Agrupación Nacional), tímido ya, es "extrema derecha", o que los comunistas son "extrema izquierda" (lo que se reservaba para grupúsculos trotskistas y fauna parecida). Con tal de orillar al "centro" para más de lo mismo, con "retoques": evitar que el RN se lance contra la Unión Europea (UE) y contra la alta finanza, lo que ya está en otro tonto, Jordan Bardella, segundo de Marine Le Pen, o cerrarle el paso a ésta llevando, si fuera posible, a "cohabitar" a Mélenchon con lo que quede de la república de la Macronía. ¿Cañones o mantequilla? Esta es un "privilegio"; los cañones, pura necesidad. Si los hambrientos piden pan, pues no les dan, y si hay quienes protestan para no perder conquistas sociales, quieren el privilegio de no ser otra generación Kleenex, desechable. Ya no hay mucho de seductor, de relax en la abundancia ni de "pasársela bien", sino descomposición social en la que, encima, no falta el que vea en la protesta el "privilegio", cuando se podría hacer colmo en el gueto: recargarse en la parentela y ponerse a traficar de todo. Cosas de gente de tradición milenaria para que el blanco y burgués "sepa lo que se siente". A lo Frantz Fanon: el privilegio de andar pobre y jodido, pero auténtico y, eso sí, muy de trafiquitos y pequeños "expedientes" para, además, hacerle la vida de cuadritos a la policía, como otros a la salud, la educación y las pensiones. Porque Marianne, la de la república, ahora sale siempre debiendo: todo servicio público, a pagar la factura de un problema que se origina en otro lugar, ese en el que la alta finanza no quiere ser la pobre víctima de la incertidumbre y la "falta de confianza" en "los mercados". Pobres Rothschild, caray, y de la Galia rentista, egoísta, mezquina e hipócrita; !pobres aves de rapiña, pobres amantes de lo ajeno! Y ni como despedirse por si hubiera Ave Fénix, aunque ya se verá en elecciones cercanas de 2027 (da click en el botón de reproducción).



jueves, 1 de octubre de 2026

EL GOLFO DE ONÁN

 El recientemente extinto economista Meghnad Desai probablemente haya tenido razón en dos cosas: el socialismo que existió fue de Estado y no había agotado las posibilidades de despliegue del capitalismo, lo que el líder ruso Lenin había tratado de hacer con la NEP (Nueva Política Económica) en los años '20.

       No es válido hablar de "que hubiera pasado si...". El capitalismo se sintió desafiado, en contradicción con la apertura de una alternativa, y se le fue encima con todos los medios, la guerra incluida. El único caso de no acoso fue el de China. Con la Unión Soviética fue prácticamente sin tregua, salvo en los '70 y en parte con el "deshielo" previo, con Cuba se prosigue hasta hoy, a Nicaragua se le hizo la vida imposible -incluso, como en Cuba, recurriendo a las armas, de la "contra" al minado de puertos, con Corea del Norte (que como sea tiene de extravagante) también es hasta la actualidad, y a Vietnam del Norte se le bombardeó con todo.

       La necesidad de protegerse del exterior llevó a lo contrario de lo previsto para el adelanto del socialismo, con la disminución del peso del Estado, salvo para conservar una administración lo menos onerosa posibe. El estudioso Carmelo Mesa Lago lo vió a su manera sobre Cuba: una centralización casi hasta el absurdo, en vez de una descentralización de decisiones hacia abajo (no de entrometimiento de CDR -Comité de Defensa de la Revolución), y hasta llegar a temer descentralizar por miedo a la sanción desde abajo. En la Unión Soviética, hubo que dar un vuelco desde que, a partir de 1925, se anunciara con Hitler, y fuera en ascenso, la opción de agredir militarmente al régimen naciente, llevándolo a querer hacer "en poco tiempo lo que Inglaterra hizo en cien años", con la colectivización forzada para crear una industria poderosa. Se fue otra vez en dirección del reforzamiento del Estado, contrario a la idea del socialismo avanzado, y se fortaleció la propiedad estatal antes que la social. Se recreó así, en particular en la Unión Soviética, una tradición previa de "Estadolatría" y de "trepadera" -el autoritarismo no lo es todo- dentro del mismo Estado.

       Para mantener la unidad nacional frente al acoso extranjero, no se dió luz verde a la desigualdad que debía existir más allá de la igualdad formal: desigualdad según las necesidades y según las capacidades, poir más bases que haya de equidad, y por ende desigualdad en los ingresos según el trabajo, lo que podía querer decir desigualdad FUERTE. No todo el mundo trabaja igual, ni tiene las mismas capacidades (salvo en abstracto, pero intervienen circunstancias y trayectorias de vida), ni las mismas necesidades, por ejemplo según la edad, o según se tenga o no familia y cuánta, según las actividades para el desarrollo de la personalidad, etcétera. En vez de esta necesaria y fuerte desigualdad, cubierto lo básico, se instauró en parte un pernicioso igualitarismo -criticado en Cuba hace ya casi cuarto de siglo-, el paternalismo (ajeno al mérito) y en parte formas de apertura para algunos privilegios entre funcionarios al margen del mérito (hasta fabricando grandes poetas al vapor para tapar la corrupción conocida, de lo que debe haberse sabido entre los agregados culturales por ejemplo de Cuba y la molicie y el oportunismo de sus protectores y corruptores mexicanos). Privilegios de sobra conocidos entre diplomáticos, gente con acceso a ciertas tiendas y al extranjero y sus vitrinas, y a sectores de funcionarios con distintas formas de relación con el exterior, hasta el contrabando, el tráfico con divisas y la adquisición de productos de lujo. Desde los '80 no era un secreto la existencia de "hijos de papi" dispuestos a todo entre los funcionarios soviéticos, como hoy existen algunos en Cuba o como algunos se fueron a enriquecer en Nicaragua. Esta capa y la ineficiencia de la "casta maldita" -burocrática se sumaron a algo que tampoco debiera ser secreto: con las formas de "vistazo" al exterior, la aparición del equivalente de sectores clasemedieros más interesados en el pantalón bluyín que en el socialismo o en enterarse de un mínimo de marxismo o leninismo, lo que aparecía como horrendamente aburrido y farragoso, y más difícil de "colocarse" y de presumir como estatus que el ya mencionado pantalón bluyín.

         No les pasó a muchos por la cabeza que, para los '80, el capitalismo llevara ya un rato en crisis. Hay algo más, en referencia a lo dicho por Desai: hechas las revoluciones en países no centrales, no solo había déficit de las virtudes del capitalismo, sino reminiscencias de precapitalismo que llegaron a sustituirse al mérito en el trabajo, más en situaciones de dificultades, como las "relaciones personales", entiéndase que no de respeto a cada uno por la "propiedad de sí mismo", sino de dependencias que llevaron a más de una aberración de culto arcaico. De aquí y de las consecuencias de la agresión externa incesante -ni guerras, ni sanciones, ni bloqueos lo explican todo, pero tampoco se pueden obviar hasta llegar a "culpar a la víctima"-, resultó que, como ya se ha dicho, un sistema que era cuando menos alternativo -y llegó a serlo en muchos aspectos- apareció como que debía "alcanzar" al que supuestamente se había superado o se estaba por superar.

        Como sea, es la historia real (incluida la de China libre de acoso). No estaba previsto, pero todo es contradicción, que el Estado se reforzara y que, en vez de permitir una obligada diferenciación social por el trabajo, su intensidad, su duración, su productividad, su simpleza< o complejidad, etcétera y su relación con las necesidades del trabajador, se llegara a un igualitarismo sin solución, ni moral (del "hombre nuevo", que algún gracioso comparó con "el empleado del mes" de Starbucks), ni económica, en parte porque algunos creen que "en casa de comunidad, no hay que mostrar habilidad", u otros que "si trabajas bastante, tu jefe te va a pedir más", o algunos más que para qué esforzarse si de todos modos gano igual. Como si fuera propio del socialismo y no de lo mal hecho en nombre del Estado -que fue del siglo XX y no regresará más como entonces- o de la sobrexplotación en un empleo mexicano muy dizque "de mercado" y ya bien mostrado por la comedia de Alexa Zuarth: la oficina pública o privada como lugar de inoperancia salvo para el abuso.

       No es de "vuelta al Estado", sino de administración eficiente y, sí, de verdadera afirmación (en lo que SÍ funcionó el socialismo de Estado) de un fondo suficiente para ciertos servicios de calidad, notoriamente en educación, salud y deporte, más lo necesario para reponer y sustentar la reproducción de la vida material y para atender problemas como los de discapacidades (no es cuento: está en el autor de la Crítica al programa de Gotha, que es Marx). Fuera de ésto, no se trata de absolutamente nada de "todos", sino de cada uno, para que reciba no "los frutos de la sociedad", sino lo acorde con su trabajo, sus necesidades y sus capacidades. O si se quiere, "focalizado", y no vaguedades "a lo Lasalle" de "bienestar" al margen del esfuerzo y como privilegio -para "todos", incluyendo el ocioso, o para los de abajo al margen del aporte real.

      Lástima, Margarito, por el que en los '80 no vió venir la persistente crisis capitalista que, como se dice, "llegó para quedarse", sin historia ni futuro, y por el que se traga "terror y falta de papel higiénico". El mismo texto mencionado llama como sea a apoyar las reformas que vayan en el sentido de mejoras para los trabajadores, lo que incluye los costos de la administración de la sociedad, el buen uso del "fondo" para servicios básicos y, como lo ha propuesto por ejemplo la ya mencionada Mariana Mazzucato, para la reproducción de la vida material de calidad, en lo posible. Ningún Estado grande. Ningún comunitarismo, tampoco, en el que, por encima del individuo y su esfuerzo desde cierta equidad, se premie la incondicionalidad "política"/personal (de clientela), al margen del trabajo y su aporte, desconociéndolo o, en discriminación positiva, a minorías y no tan minorías también al margen de su trabajo y lo que conlleve de complejidad. Los fetiches de cada enajenado no son para el futuro. O si lo son, será casa de alienados, del tipo que, como dijo el otro, confundiendo las aldabas, toca a la puerta equivocada y encima se encierra con llave creyendo encontrar la salida (da click en el botón de reproducción).



domingo, 27 de septiembre de 2026

TÍMIDO ATRÉVETE

 Frente a las dificultades con el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá), México puede voltear a ver hacia el interior de la economía y buscar algunos resortes endógenos, a lo que está dispuesta una parte de la iniciativa privada, pese a fuertes tendencias de concentración (monopolios, duopolios, oligopolios...). Al mismo tiempo, la presidentA, Claudia Sheinbaum, sin contar con la asesoría de Altagracia Gómez, ha recibido personalmente más de una buena orientación, a diferencia de lo que ocurrió con el presidente Andrés Manuel López Obrador (Alfonso Romo no tuvo visión de país, para no hablar de las sospechas que acabaron recayendo sobre él). No se trata nada más de crecer y de PIB (producto interno bruto), sino de cómo utilizar los recursos, y no en términos de "a cómo nos toca", a lo que el antiguo régimen acostumbró a la población en un simple plano de distribución (con criterios no muy meritocráticos y que una parte de la autodenominada "Cuarta Transformación" entendió pésimo). De entre los elementos a tomar en cuenta, varios han sido señalados por economistas como Mariana Mazzucato y Viridiana Ríos.

         Un elemento importante es el fiscal, ya que a los ricos no se los toca ni con el pétalo de un impuesto, pese a que se le atribuye al magnate Carlos Slim el ánimo de pagar. Es muy grave que, según lo ha dicho Ríos, México funcione prácticamente como un paraíso fiscal, más incluso que las islas Bahamas (y sin controles fuertes, hasta hace poco, para el lavado de dinero). No todos los empresarios son tan naquitos (vulgares)  como Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Azteca, y según Mazzucato se puede explorar qué otros tipos de impuestos cobrar, porque son diversos, y no nada más a una población cautiva entre la cual se acostumbraba pagar para evadir, de tal modo que el sistema fiscal funcionaba como el de Justicia, dejando impune al delincuente y cebándose sobre el honrado. No basta con lograr que no se evada. La estructura de recaudación puede mejorar.

        De acuerdo con un dato de Ríos retomado por la seria Sabina Berman (a tiempo se alejó de Tiro Loco McGraw) en Canal Once (no escandaliza pero usa la cabeza, no nada más la boca sin conectar las neuronas), el empresariado mexicano es de los más voraces del mundo y, en vez de irse, como se dice, "a michis" con lo ganado, que es el promedio internacional (50/50), se queda con una tajadota del 70 % y deja a los demás que trabajan un 30 % medio mísero. Como se ha sugerido a partir de estudios de Sin Permiso, cualquier pretexto es bueno para ir anulando alzas salariales a través de aumentos de precios, otra vez por voracidad, lo que puede incluir a comerciantes/intermediarios. No es nada más que el precio del aguacate o del limón se pone alto porque incluye el impuesto al delincuente agregado y su "derecho de piso". Simplemente, la costumbre -como la del clientelismo- es acaparar para abusar sobre la necesidad de la gente y estarse a algo así como "fíjense que Dios aprieta pero nunca ahoga". Resígnense.

        Lo tercero -y primero para Mazzucato- es el bajísimo grado de atención a la innovación. Se puede intuir que la inercia clientelar estorba, porque no sólo no da derechos, sino que se los bloquea al mérito, como sucede en el deporte. No es cosa de jugar a ver la tele "¿y si sí?". Eso es "no pus a ver qué sale", o "chicle y pega". Tampoco se trata de dar más dinero si es para despilfarro cuando lo que ocurre, según lo sugiere Mazzucato, es desorganización, falta de coordinación (para no hablar de "duplicación" -cuando menos- de funciones). Hay tradición retórica, pero también de apragmatismo: para resolver un asunto, al menos en el centro, cinco en vez de uno, para estorbarse entre sí, sin capacitación (se nota a leguas), y "ahogar" el problema, porque tal vez cuente más platicarlo que resolverlo. Ya se sabe en distintos deportes y las grandes delegaciones que acompañan al del mérito para colgarse ellas la medalla: aparece como corrupción, pero es de nuevo los "derechos" del clientelismo a parasitar el esfuerzo. Talentos científicos hay, pero no prosperan por la carga de parásitos encima que devoran presupuestos, y se trunca así el hábito de innovación científica/tecnológica, prefiriéndose además importar cualquier cosa.

        Por lo demás, con Berman, la estudiosa Mazzucato encontró lo mismo que otros desde tiempo atrás (como José Manuel Valenzuela Feijoó): el sector financiero se dedica mucho a sí mismo y poco a actividades productivas.

       Ideas no faltan -incluyendo en parte en el Plan México, pese a las formas de dependencia de la inversión extranjera-, ni talentos, pero algunas estructuras debieran modificarse orientando (y ya dejando de lado tonterías sobre "el mercado"): en el plano fiscal, en el de la innovación e I&D (Investigación y Desarrollo), con gasto pero de calidad (y no demagogia educativa), control sobre la rapacidad empresarial y a lo que ya están dispuestas las generaciones más jóvenes: a salir del "capitalismo de compadres", entiéndase que a creer que todo es asunto de "política", a tal grado que hay, en la oposición, gente que no tiene capacidad de distinguir entre un problema a resolver y los lazos personales a "tejer" o "deshacer" -al infinito- hasta no saber ni de qué iba el problema. Ese es el privilegio bloqueando o anulando el esfuerzo. Como se dice, mucho ayuda el que no estorba. Que algunos por lo menos NO JUSTIFIQUEN SUS PRIVILEGIOS DE CLIENTELA ESTORBANDO, ahora que ya nada más los "nostálgicos del pasado" -!sí, en la oposición!- creen que todo es de quebrar la voluntad que no se deje cooptar (da click en el botón de reproducción).



        

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jueves, 24 de septiembre de 2026

!QUÉ BRUTO!

 Haití, son nuestros valores tradicionales, ahora que medio mundo se llena la boca con ellos, y es también un fracaso del capitalismo, en el sentido de que ni siquiera pudo despegar bien. Lo anterior no quita que, desde hace buen rato, Haití sea el fracaso de supuestos remedios "humanitarios" que sirvieron a los bolsillos de unos cuántos estadounidenses -como la Fundación Clinton y el actor Sean Penn-, todo para bloquear cualquier viraje a la izquierda. Es el país de una clase dominante incapaz de dirigir, y más o menos criminal, no desligada con frecuencia de las pandillas que se hicieron del control de la capital, Puerto Príncipe. Es el predominio del lumpen utilizado originalmente para reprimir el descontento popular, aunque es también la expresión popular del lumpen.

           Son los valores tradicionales de la familia que tiene a matriarcas que se hacen de la vista gorda con la mezcla de inutilidad y prepotencia de los hombres, que se comportan como reyes, sin llegar más lejos como antiguos esclavos y liberados. Los reyezuelos a quienes pertenecen todas las mujeres -las que se presten- y que se dedican, solapados, aunque hay excepciones, a "errar en la libertad", hasta que la errancia da en el vicio que encima se disfraza de "liberación" y de "raíces", desde el líder pandillero "Jimmy" Chérizier a otros. ¿Cómo se llama la federación de pandillas de reyezuelos? "Vivir juntos" (Viv Ansam). Hacen lo que quieren, llegando a algunas partes del interior (como el Artibonite) como mercenarios de grandes intereses económicos, como los de los cultivadores de stévia.

        El que puede se hace de la vista gorda porque, tal vez a diferencia de lo que fuera el terrible caso de El Salvador, pese a contubernios de la antigua oligarquía, los pandilleros haitianos se ocupan de disputarse y buscar puntos clave que no son solamente de tráfico de armas. ¿Hace cuánto tiempo que, encontrando connivencias en Florida, Haití es punto de trasiego de droga hacia Estados Unidos? El intercambio por mota de Jamaica es secundario. No son Los Panchitos inhalando cemento y convirtiendo su trompabulario en el nacional, sino que son los que controlan puertos para pasar cocaína a Florida vía Las Bahamas, punto de entrada a Estados Unidos. Es el envite de la nueva "Fuerza de Supresión de las Pandillas". Ha habido empresarios que utilizan sus propias avionetas privadas y embarcaciones -es el caso de Richard Fourcand- para hacer pasar droga, y otros metidos en el lavado. El asunto, en Haití, se sabe, pero se tiende a callar, por temor al reyezuelo y por el hábito de solapar y de "darle la vuelta" ansam a las cosas. De los ricos conectados en Estados Unidos, como Reginald Boulos o Dimitri Vorbe, el castigo no es tan feroz: un rato de arresto y una deportación a Colombia, para Boulos, y libertad bajo supervisión para Vorbe. Otros cercanos a la delincuencia -como los Acra, grandes importadores de arroz (un buen mercado para el arroz estadounidense y una ruina para los haitianos)- al mismo tiempo tienen capacidad de hacer lobby en los Yunaites. Lo mismo para los mayores importadores de Haití, los Deeb. Entretanto, que las señoras y las hijas organicen la cocina para la parentela y para que otros hablen del matriarcado como valor comunitario, cuando no es ajeno a la total libertad de los reyezuelos.

      No sólo no es asunto de "muertos de hambre" sin remedio y "jodidos", con un ingrediente apenas disimulado de racismo. El trato para la élite delictiva haitiana es bastante benigno -vaya, Boulos andaba antes de amiguis con Hillary Clinton y entronizaron al muy rítmico y muy delincuente Michel Martelly en la presidencia haitiana, con tal de evitar el mínimo giro a la izquierda, e incluso de abrirle paso a los restos del duvalierismo (la antigua dictadura). Es entre otros el señor Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado, quien ha buscado ser "flexible" con gente como Boulos.

        Para tener una idea de lo que es ser bruto, ¿por qué pasa la droga sudamericana por Haití y Jamaica? Porque no puede pasar por lo que está justo enfrente de Florida, que es Cuba. ¿Hay entonces que desestabilizar Cuba e irse contra las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), el ejército cubano?¿Para crear otra frontera porosa?

      Ha tenido toda la razón la presidentA mexicana, Claudia Sheinbaum, al decir que quiere que le muestren resultados de lucha contra las drogas en Estados Unidos. Si se toma en cuenta lo que sucede en Haití, es por varios motivos: las armas llegan desde Florida, por lo que alguna complicidad encuentran en territorio estadounidense. La élite haitiana está ligada a Estados Unidos, cuando no, incluso, reside allá. Y Estados Unidos hizo lo "mejor, imposible", por ejemplo en materia de arroz: bloquear el desarrollo endógeno del capitalismo haitiano, arruinándolo por competencia externa, para ir después a Haití a hacer negocio propio y a costa de la mayoría haitiana, en asociación con una "burguesía" compradore (dedicada al comercio de exportación/importación, hasta llegar a la deriva lumpen). No es que Haití nació pobre, creció en la pobreza y no sale de ella porque está llena de negros, por más que algunos valores tradicionales no solo no ayuden, sino que tengan que ver con la otra deriva, la de la "famiglia". Ah, pero no es lo que ocupa, sino Raúl Castro, para sembrar el caos en Cuba, por si cae en "necesidades humanitarias". Así los valores tradicionales: los de una parte de América Latina son con Estados Unidos los de una madre que todo le perdona al reyezuelo o, es más, que a diferencia de Sheinbaum, de nada le pide la menor rendición de cuentas. Si acaso fuera posible con gente que, como Rubio, "lo que tiene de bruto lo tiene de bruto". Debe querer que los cubanos puedan viv ansam (da click en el botón de reproducción).



lunes, 21 de septiembre de 2026

YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por diversos motivos, entre ellos el de las fallas teóricas, cuando se sigue asimilando trabajo a trabajo manual y a "obreros". Dicho mundo esta sujeto a la extorsión del capital, que es libre de moverse si no puede imponer sus condiciones y ha creado toda una "ideología" del más puro y simple cálculo de conveniencia. Esto data de los '80, en parte con el arranque de la apertura china (se inició en 1978 con las "cuatro modernizaciones" del líder chino de entonces, Deng Xiaoping, que agregó un bochornoso "enriquézcanse"). China lanzó a millones a la competencia internacional. Por otra parte, gracias a lo sucedido en la Unión Soviética, desde el último líder, Mijaíl Gorbachov, no hay alternativa ("helado de vainilla o Corea del Norte"): una alternativa socialista es terror y escasez. Sin que falte el toque de clasismo al estilo de algunos mexicanos de dinero: el socialismo es para "muertos de hambre" que encima "quieren todo gratis". De todo lo enumerado no se saldrá en mucho tiempo. Por lo demás, la fuerza de trabajo no tiene la movilidad internacional del capital. Las formas de organización están por los suelos -como el sindicalismo- y los de "cuello azul" están con frecuencia hacia la derecha.

        Así, lo que cobra más fuerza hoy es la disputa entre fracciones del capital, según sean, como lo dicen algunos, "globalistas" o "soberanistas", y además en cierta división entre "financieros" y "productivos" El auge de los globalistas, que es también, además de la internacionalización, el del consumo y la especulación, comenzó en los '80 y se convirtió en el gran espejismo de masas, remplazando a la iglesia por la torre financiera y el centro comercial, que en algunos casos ya despuntaba a finales de los '70. El "soberanismo" es la parte del capital golpeada por la apertura y la internacionalización, como en varias regiones industriales de los centros del capitalismo y como en sectores de añejas producciones, como el petrolero. No es seguro que se logre articular una alternativa "soberanista" cuando quienes la representan terminan subordinándose, como le ocurrió al presidente estadounidense Donald J. Trump, que a estas alturas es parte de lo que la estudiosa argentina Ana María Ezcurra llamó desde los 90 "consenso bipartidario", que lleva a buscar salvar la clase como un todo. Trump ha terminado haciendo el trabajo del llamado "Estado profundo", por cierto que no siempre mal: con el petróleo venezolano para la reserva estratégica estadounidense, asunto que se discutía desde los '80 a propósito de México, y con el control militar de Groenlandia, amarrado no sólo finalmente con Dinamarca, sino, como ya se había establecido antes a través del secretario general Mark Rutte, con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). "Amarrar a Trump" ha llegado a funcionar, algo hecho también en las finanzas estadounidenses. Diversos principios de "asociación" -como entre Canadá y la UE (Unión Europea)- dan cuenta de que el "soberanismo" no va muy lejos. No se trata de diferencias resueltas. Pueden simplemente desembocar en un "consenso" precario y caótico, en el que, como sea, el beneficiario es el que el estudioso egipcio Samir Amin (ya fallecido) llamara "el imperio del caos". Pasará tiempo antes de que Rusia termine de ver si se decide por la autosuficiencia con una burguesía propia -no un grupo de oligarcas soñando con el exterior- y antes de que se vea si China puede sacrificar el mercado nacional al exterior indefinidamente. Muchas gracias a los medios de comunicación masiva por anunciar algo "histórico" 24/7 los 365 días del año, pero si no se desempata la diferencia de fracciones o si no se resquebraja la Tríada (Estados Unidos-UE-Japón), la inercia seguirá. Por si acaso, y en medio de las tensiones con una parte de Europa Occidental, la "globalista", el presidente ruso, Vladimir Putin, fue a plantarse frente a los japoneses en las islas Kuriles. Considerando a Japón y lo que hace, no tiene mayor sentido hablar de "Occidente colectivo".

       Ya se ha explicado de mil maneras que, junta, la Tríada no tiene paragón y seguramente no lo tendrá, pese al desafío industrial-comercial chino. Tal vez tenga para algunos alguna gracia jugar con la diferencia en el uso de los números entre términos absolutos y relativos. El Sur Global no es gran cosa. Por lo que hace al tan llevado y traído "mundo multipolar", el Banco de los BRICS (Brasil-Rusia- India-China-Sudáfrica) tiene el 60 por ciento de su portafolio...bueno, en dólares, agregando euros, francos suizos y tantito yuan chino, rand sudafricano y rupia india (vaya, ni rublos seriamente hablando). Que cada vez que se reúne el grupo salga alguien a decir, como de la reunión reciente en Nueva Delhi, capital india, que es "histórico", es parte de la megalomanía al uso. Suficiente para olvidar qué clase de persona es por ejemplo el primer ministro indio, Narendra Modi, o qué clase de política hace en Brasil Luiz Inácio Lula da Silva.

         Los líderes de más de un lugar, aunque de ninguna manera todos, no son representativos (Trump ya no lo es). Más de un líder europeo, como el repugnante presidente francés Emmanuel Macron, la nueva "dama de hierro" Úrsula von Der Leyen u otros no tienen mayor respaldo abajo y sirven a intereses económicos que nadie votó.

      Los "nuevos órdenes" que no se atreven a decir su nombre no están, e incluso cabe preguntarse si Trump no ha finalmente optado por su propio "modo" de "caos controlado", a juzgar por sus intentos de injerencia en México y el apoyo a gente que, en lo que sí tiene razón el ex vicepresidente Álvaro García Linera, se caracteriza -como la oposición mexicana- por destruir en lo inmediato sin programa de nada para más allá del corto plazo. Lo penoso es ponerse, trátese de "yo estuve en Isfahán", de "Putin es un traidor que no tiene proyecto civilizatorio" o de las elucubraciones de Alexandr Duguin, al estilo Samuel Huntington buscando -como acaba de hacerlo penosamente Duguin sobre India, por la reunión de Nueva Delhi- "la esencia eterna". Es propio del capital que, disfrazado de "mercado" y con una victoria pírrica en 1991, ahora se cree de hoy, mañana y siempre, mientras da más de un síntoma de putrefacción, lo que puede durar, y mucho. Pocos son los que no están, después de todo y no sin demagogia, "administrando la crisis" y, como se dice coloquialmente en México, "campechaneándola"- Crisis que es en mucho de contrarrevolución y en la que, por haber ganado, la clase dominante en general ya no tiene gran cosa qué pensar, sino gestionar, "ofreciendo plata", para que la gente mire hacia arriba, porque hacia adelante, ni cómo. Si la vida está hecha de "momentos". Memorables. Sublimes. Y eternos. El tipo de fiesta que, como decía el húngaro Georgy Lukács, le gusta a la gente cuando sabe que el barco se está hundiendo, o digamos que encalló o no sabe ni a dónde va. Mientras se crea que aún así hay "para dónde hacerse" y ningún límite, no hay para qué cambiar en realidad nada, salvo para el gatopardismo.



        

viernes, 18 de septiembre de 2026

SOLO QUIEREN DIVERTIRSE

 Es muy pronto para saber si lo que se diera en llamar "globalización" desde los '90 es algo terminado o no, y si habrá repliegues nacionales fuertes, considerando que el presidente estadounidense, Donald J. Trump, extravió el rumbo.

       La "globalización" es internacionalización del capital, sobre todo, y con acento financiero y de cambio tecnológico. Algunas cosas ya estaban latentes desde los años '80, como podía verse en la universidad pública en la tendencia a viajar, y bastante, entre los académicos, y al poco rato a colocar a sus vástagos en el exterior y en ámbitos "culturales"/artísticos. La nación se desdibujó en parte de la sociedad, lo que en el caso de México y su capital ya era notorio en los '80, y al rato también el Estado y el sentido de lo público, hoy muy mermado. Hay algunas generaciones en México, por ejemplo, que están desconectadas de la realidad nacional, salvo por algunos lazos familiares, y son pocos los hijos de universitarios que optaron por quedarse, pese a las dificultades existentes y la falta de oportunidades en muchos aspectos.

       El fenómeno ocurrió no solo en México, sino que se dió a su manera en lo que fuera la Unión Soviética (recuérdese que el ascenso del líder Mijaíl Gorbachov es de mediados de los '80, aunque muy a la mexicana podría decirse que ni tuvo tiempo de montar en su caballo, cuando pistola en mano se le echaron de a montón y a la vuelta de muy pocos años todo se derrumbó). Al rato, lo que vale también para el actual presidente ruso, Vladimir Putin, Rusia -y no sólo ella en la ex Unión Soviética- también se entusiasmó con reforzar vínculos con el exterior, "apostándole" a la Unión Europea (UE), y con una oligarquía, nacida del saqueo del erario, a la que hasta hoy -y en esto tiene razón el analista Daniel Estulin- le cuesta creer primero en Rusia antes que en una supuesta "abundancia" de una parte de Europa Occidental, Estados Unidos y lugares como Canadá y Australia, antes de que, encima, después de la súper limpia Singapur, se pusiera de moda Dubái. Para algunos, España se puso de moda y Alemania no perdió del todo interés. Pese a conocidas barreras, desde los '80, sino un poco antes, no faltó quien quisiera irse a alguna parte de Escandinavia, igual de limpiecito, ordenado y aséptico (no: no se trata del vídeo que tiene el Cochiloco de una sueca con un burro). Antes a veces que Suecia, se pusieron un poco de moda Noruega y Dinamarca. Y hasta alguno de Panamá creyó que el mundo le alcanzaba para sentirse maorí o koala en Nueva Zelandia. En realidad, no todo tan nuevo: algunos países "semi-vacíos", como Canadá y Australia, ya tenían cierto hábito de hacerse de inmigrantes de no muy buen ver, digamos colaboradores de los nazis, por ejemplo, y ya había tradición -hitleriana, para más señas- de migración en masa de ucranianas a trabajar en Alemania. Ucranianas, no rusas. Alguien dijo que el "sálvese quien pueda" (agregando el "sí, pero yo primero") empezó en los '80 con los ajustes estructurales en el otrora Tercer Mundo, a lo que uno más agregó: "las ratas huyen del barco", porque para los '80 ya era el síndrome TINA (There is no alternative).

       Los años previos a los '80 y de Leónid Brezhnev se conocían como los del "estancamiento" en la Unión Soviética, donde el ideal de la vida en la "abundancia" y el entretenimiento ya estaba en el mercado negro y en la tendencia a la corrupción de algunos burócratas que ya paseaban en yates frente a Leningrado o seguían el poco edificante tren de vida corrupto de Galina Brezhneva: lujos, contrabando de diamantes y divisas, matrimonios con militares (como Yuri Churbánov) que eran dados a aceptar sobornos y toda una escuela de verdadera delincuencia, no de desayunos a lo Monreal, Mario Delgado o Andy en el extranjero. No: no solo era a lo grande, sino que con enorme entretenimiento. Pero había más cosas: la televisión, en particular, para contrastar el estancamiento con "lo bien que se vive" en el capitalismo. Así que de lo primero que promovió la apertura en una revista de los '80 fue irse a broncear en playas del Adriático, como lo sugería la revista Sputnik.

     Ya con el fin de la Unión Soviética y la aparición de Internet, se promovió buscarse "chicas del Este", un poco como lo que se había buscado con la apertura y el fin del bloque soviético europeo: algo (igual que la mano de obra) en el mercado a la vez relativamente barato y al mismo tiempo educado (bien cualificado). En Ucrania, el negocio viró a otra cosa, con charters para "papás de azúcar" (sugar daddies) y el desliz hacia asuntos peores, como la trata (con involucramiento turco), y mujeres temerarias hasta para aprovechar la prostitución masculina turca. Desde otros lugares, como México y otros países latinoamericanos, no hubo tal viraje mafioso, y menos con rusas (pese a la llegada a América Latina de las mafias rumana y albanesa, pasada ya la rusa). Sin embargo, en una parte de estas generaciones quedó el negocio apenas disimulado, aunque no siempre, y algo que hace pensar que algunas generaciones rusas se echaron en parte a perder, "entrando al mercado": Internet es un lugar donde no faltan damitas chejovianas y temerarias con un agudo sentido del interés mal entendido y pésimo. En nombre de "las rusas", suele ser, además de una tendencia a denigrar lo propio, otra a tener exigencias y caprichos sin fin, como suele ocurrir en el resto del mundo entre quienes crecieron con el consumo, la finanza y el anhelo de salir de "es que éramos muy pobres", sin que se hable de miseria. Ucrania ya está empeñada. Pero a Estulin no le falta una parte de razón: en algunas generaciones, Rusia no tiene nada "civilizatorio" que proponer, y más bien es igual de "neoliberal" que otros, con encima la temeridad. "Las rusas" no es más que una marca, como "el latino"., y con gente lo suficientemente extraviada -aún creyéndose astuta- para salir a hablar no de persona alguna, sino "del producto". Como en otras latitudes, hay excepciones y cambios que llaman la atención en las generaciones más jóvenes, porque se trata en el capitalismo de algo -como todo-contradictorio.

      Como parte del acto de marketing, ya no es muy cierto el "todos los hombres son borrachines", ni "todas las rusas son unas muñecas" (también las hay para reality show), ni siquiera "hay mucho más mujeres que hombres", lo que ya no es verdadero entre los menores de 30 años (hay más hombres que mujeres). Si una parte de los hombres rusos se pone exigente en materia estética, suele ser porque el grado de imitación de los países centrales no es menor y hay influencia del estilo oligárquico. Hay algo más: no el "autoritarismo" en general, sino una historia hasta hoy marcada por la influencia militar frente a un exterior amenazante, y que hace un gran daño al impedir la evolución en paz del interior ruso. Como lo señalara una televisora francesa independiente, lo que hay en países centrales ya no es ni siquiera RUSOFOBIA: es RUSOPATÍA. Es lo característico de algunas generaciones -y también hay "quinta columna" en Rusia- y de la contraparte, la "marca femenina Rusia" que es la misma que, fuera de la marca misma, estereotipada, ya no tiene en realidad sentido de nación. Es simplemente la presentación propia del producto en la feria del cosmopolitismo. Es algo que se fue creando desde los '80, y es muy pronto para dilucidar el futuro de la tendencia, como saber si Putin -que hacia el interior no da mucho- conquistará para su país lo que le permitiría una evolución más igualitaria, la paz, para no sacrificar la evolución interna latente a la necesidad (por ahora existente) de evitar una agresión mayúscula. Esto se plantea en términos de nación y Estado, frente a una horda cosmopolita que ya perdió noción de ambas cosas y no tiene más creencia que la de una "zona de confort" para sí indiferente a lo que no sea una vida de pasota. Aspiración de más de alguna rusa extraviada, por extraviada y no por rusa, ya que es ideal de quienes desde los '80 y sobre trasfondo de boomers optaron por trepar e instalarse para "gozarla". Como Galina Brezhneva. (da click en el botón de reproducción).



     

!NO PUEDE SER!

 El hoy ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reapareció en estos días para anunciar, sermón de por medio, un nuevo libro, P...