El presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) abrió un camino de cambio en México, pese a sus limitaciones, e incluso pese a ciertos fenómenos de amiguismo -sobre todo, más que de influyentismo, nepotismo o tráfico de favores, lo que conocía bien el antiguo régimen- y de complejos frente a una intelectualidad cuya importancia ha estado sobredimensionada, por herencia del pasado. La oposición ha buscado hacer creer en corrupción ligada al nepotismo, sin lograr probarlo a fondo, como en los casos de Andrés Andy López Beltrán, la "casa de Houston" y los dineros de Pío López Obrador. Si acaso, el amiguismo se reflejó en concesiones -que la oposición no quiso tomar en cuenta- a Betty Muller, en la cancillería (con gente sin trayectoria diplomática en situaciones delicadas) o en el Fondo de Cultura Económica (FCE), pese por cierto a que, aún a pesar de intentos clientelistas, a los que la izquierda no es ajena, hay buenas publicaciones (no todas, pero por fin sin puro tecnocratismo). No se trata de la facilidad de atacar a un grupo de radicales en el MoReNa (Movimiento de Regeneración Nacional), a diferencia del socio de Giselita. Ni interesa ese grupo en minoría a Estados Unidos, pese a que hay gente que fue cercana a Venezuela. Por más que se crean "dueños de la causa", no lo son. Y como los orígenes sociales cuentan, salvo en contadas tonterís, no van a deslumbrar a la actual presidentA de México, Claudia Sheinbaum. No hay ya propiamente "lópezobradorismo" ni pruebas de que Sheinbaum carece de independencia. De lo que se ha trado, para Estados Unidos, salvo excepciones, es de debilitar en general al MoReNa para dividir y restarle fuerza a quienes no aceptan empresarios como Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Azteca, así como estuvo molestando todo el sexenio anterior Claudio X. González. López Obrador tenía influencia limitada en el empresariado, y con gente dudosa como Alfonso Romo. Sheibaum, hija de empresario y científica, tiene más flexibilidad con el empresariado, aunque no lo deja mandar donde no debe (por ejemplo, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación).
Por lo pronto, y más allá de figuras de clases medias, no queda claro quién pudiera tomar las riendas de un México más autónomo en lo económico, ya que no está resuelta la negociación del TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá). Si México no crece o, incluso, si no tiene perspectivas claras de "desarrollo", no es todo por la política económica gubernamental, sino también por una clase empresarial a la vez inepta, voraz y que parcialmente se suicidó como clase, desde el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), en 1994, para subordinarse al capital transnacional. No viene al caso buscar otra "burguesía de compadres" entre los amigos -reales o supuestos- de Andy. A lo sumo, hizo alguno que otro negocio con los proyectos estrella de López Obrador, que aún con las dudas que susciten, fueron en parte pensados para cubrir la brecha entre el norte y el sur del país (aunque no siempre sean los mejores, como el Tren Maya) y resolver problemas de abastecimiento de crudo (refinería de Dos Bocas). Es, por lo menos, lo que quedó de "desarrollismo" en López Obrador. Si a alguna gente le parece "de compadres" y "cacahuatero" (el aeropuerto de Santa Lucía está por verse), que proponga, constructivamente. Algo que no sea lanzarse a los brazos de Estados Unidos en nombre de la "postmexicanidad" y de una pura apariencia de "decencia" que se compara con "los jodidos" (ah, se conforman con migajas asistencialistas). Tampoco todos los empresarios con cierta cercanía a López Obrador son ineptos ni los amiguis de Andy. Lo que quiere reforzar Estados Unidos es la parte de empresariado aliada con capital transnacional. Ni queda claro por qué hay que persistir -ahora sí, como si no hubiera mañana- en apostarle todo a la inversión extranjera.
Que una part ede las clases medias no da, lo muestra el "movimiento naranja" (Movimiento Ciudadano), que cree, o así lo esperarían algunos, que los nombres tienen algo así como "espíritu vivo" (como lo cree Miguel Ángel Mancera), por ejemplo en el caso de Luis Donaldo Colosio Riojas. Nadie ha dicho que su nahual sea el mismo de su padre, pese a haber sonado como otra carta contra el MoReNa en modo "vámonos Kiko, no te juntes con esta chusma" (a lo que siempre queda invitado el actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, y vaya que en la última no cayó, pese a la tontería de querer una secretaría...para Andy: ¿no se recuerda lo que contestó éste, o lo que cuenta es que no tenga visa para Disney, la isla del Padre, Vail, y otras aficiones de lo que Carlos Fuentes llamó "las generaciones de chicanos nacidos acá de este lado?.
No queda claro cómo despejar la incógnita, pero sí hay dos cosas a considerar, porque son más propias del gobierno actual (aunque siga metiendo texanos en el Zócalo) que del anterior. Ya quedó claro que no se está protegiendo al góber -precioso o no- de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ni por ser de MoReNa ni por ser cercano a López Obrador. Lo que cuenta es lo que dijo la presidentA: los intereses personales no pueden estar por encima de la nación y del pueblo. Es a lo que nos referimos al principio con los amiguis del "cabecita de algodón", como se le dice a López Obrador: no son "dueños" ni de "la causa", por lo que no viene al caso, por parte de quienes en el pasado creyeron que de éso se trataba ("los encomenderos del otro lado", al decir de Juan Rulfo). No: vamos a ponerlo así, se trata de hacerse casi un "accidente" frente a la "serenidad augusta de la nación".
Esto está en relación con la tentativa de cooptar al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien trabaja para hacer su trabajo e ir para adelante, no para arriba (y ni "arriba y adelante"): afirmó, para cesar especulaciones propias de quienes se dicen "demócratas-liberales" y no piensan más que a qué árbol arrimarse que "los cargos son efímeros" y que, por lo mismo, hay que cumplir bien en memoria de quienes en el ejercicio de ellos perdieron la vida ("Tenemos la obligación de hacer más porque estamos vivos"). Que se repita: "nuestros cargos y el poder son efímeros, pero nuestra responsabilidad no".
Pifias le quedó una a Sheinbaum, ya fuera Juan "M..ón" de la Fuente, quien vivió como buen universitario público de la renta de su prestigio -por cierto, bien o no tan bien merecido. No es tiempo de ser "carita", como Juan Miguel Zunzunegui que se quedó en la época de darse todas las licencias por el color de su piel y de sus ojos (por si alguno cree que también "tiene nahual"). Aunque sea lento, hay un cambio, pese al debilitamiento de instituciones (desde hace mucho) y la incógnita sobre el país de leyes, si ya se avanzó en casos como el de Israel Vallarta o el de Brenda Quevedo, víctimas de usos personales y de clientela del aparto judicial (como lo hacía Norma Piña y como hubo prácticas que siguieron con López Obrador, algunas en nombre de "alianzas políticas").
Que falta visión de país, sí. Pero no puede ser de iluminados como "Quetzalcóatl" López Portillo. Si los indicios son correctos, algo nuevo, lejos de intereses personalistas y de grupos -que los ven en el rival- tal vez esté asomando, por encima de "uno soñaba que era rey" -o la reina de la casa- para tratar a los demás como súbditos -y menores de edad. Las piedras rodantes de los medios masivos ni siquiera ven ni oyen ni entienden, creyéndose que están de eternos -también poseídos por su nahual- y de "protagonistas". Mi-ego-por-encima-de-todo ya es burla en más de un lugar en redes, para los que -incluyendo una generación intermedia de zalameros, hasta en el sentido tabasqueño- creen que el tiempo es de libertades de adultos y responsabilidades de niño. Como dijo el Peje: "fuchi, guácala". Por la peor de las mezquindades y lo que tomará que pase tan mal gusto(da click en el botón de reproducción).