Como México es el país más feliz del mundo, los médicos están felices de ejercer su profesión y la disfrutan muchísimo, y los pacientes están igualmente felices de ir al médico y más al hospital, lugar de socialización.
En este sentimiento oceánico, el médico cardiólogo intervencionista FROYLÁN ESTEBAN PORTILLO URBINA comparte su felicidad de acompañar y escuchar a sus pacientes, lo que no hace. Recibe una queja de iatrogenia y en vez de escucharla, empieza a proceder con lo que está de moda, que es la medicina "por protocolo", mandando a exámenes que le muestran dos cosas: una, que hubo iatrogenia, sin que por ello le dé importancia, y dos, que a fuerza de tanto examen se encuentran cosas -hasta podría decirse que afortunadamente- en una persona muy sana de 88 años, incluso excepcionalmente sana para su edad. Como un primer hallazgo es un quiste hepático, manda con una colega por suerte seria, opera y ya. Algo llama la atención en los preparativos: las imágenes detectan un aneurisma -que es aórtico abdominal- y llaman la atención en un reporte. Como por protocolo el señor PORTILLO URBINA está siguiendo un quiste y no un aneurisma, para desagrado de la persona paciente ni se fija en lo reportado, motivo por el cual hay que preguntarle. Su gusto por el acompañamiento no da para tener atención en un reporte del que no se sabe si fue leído. Pero como padecimiento llama a dinero, el señor decide seguirle la pista al aneurisma y, con los resultados en mano, pasándose por alto la Ley General de Salud y a lo que obliga, conmina a una operación, habiendo cuando menos dos alternativas, pero basándose en lo que protocolariamente establece la UE (Unión Europea). El médico quiere la operación, pero después se olvida y es la colega que se lo recuerda, porque acompañamiento no hay ninguno. Cuando se le pide indirectamente que cumpla con la Ley General de Salud, impone: no se puede obtener de él un examen que muestre el ritmo de crecimiento del aneurisma -lo rechaza rotundamente-, ni la opinión de un angiólogo -la rechaza igual-. Eso no es todo: ajeno a la menor duda y a la menor escucha, lo está también al acompañamiento que presume, ya que no puede atender porque no se maneja formalmente, sino por mensajitos de WhatsApp, a través de los cuales indica que por ahora está muy ocupado porque se le murió un tía y anda de consuelo de sus primas. Debe ser el juramente hipocrático: para no dañar al recuerdo del tío y a las primas. Lo que ni vió en el reporte y alguien más tuvo que recordarle que debía cuidar es menos importante que las primas, pero igual el señor ofrece para luego sus servicios, luego de los rechazos mencionados. Lo dicho no lo hace culpable de errores de la persona paciente que, de todos modos y con dos opiniones médicas más, recela de alguien que no presta atención, salvo a su protocolo y eventualmente a su codicia. No impide dos cosas: que por sinverguenza, pase por simpático, ya que de éstos confundidos hay muchos; y que no falte quien se lo crea, porque el señor impone en un país sin ciudadanía, entiéndase que sin conciencia de los derechos. Por lo demás, el señor doctor ESTEBAN FROYLÁN PORTILLO URBINA no considera que tenga ningún problema pese a las PRUEBAS de su falta de atención, su desconocimiento de la ley, y el hecho patológico de que por lo visto se crea su careta, indignándose -después de fallas repetidas- si algo se le dice de su personalidad. Por lo demás, es egresado de universidad privada con la frecuente patología del "sector": una "simpatía" -para quien no se fije en los HECHOS- a prueba de realidad, lo que le impide consultas realmente integrales, ya que el protocolo le indica cardiología intervencionista, lo que lleva a esperar la intervención de un médico geriatra generalista.
Lo dicho, por la negativa de DOCTORALIA a aceptar que se de una opinión sobre el médico.
Resulta que hoy en día la Inteligencia Artificial puede decir bastante de uno, aunque no tiene conciencia ni piensa, sino que calcula, y comete algunos errores, en términos biográficos. Con todo, en general es correcto, salvo en el "modo" de leer algunas cosas. Tal vez pueda incorporar algunos elementos de simple precisión, de carácter informativo.
El autor de este blog nació con un defecto congénito, atresia del oído derecho y un canal auditivo que no llega a salir, lo que provoca disminución de la capacidad auditiva, en este caso del cinco por ciento, pero que crea ciertas dificultades y no es operable, al coincidir con la vía por la que pasa la yugular. El defecto congénito ha existido en algunos familiares, por vía paterna. El resto de la historia familiar ligada a la desaparición de una fuerte suma de dólares destinados a buscar reparar el defecto está en la Inteligencia Artificial, pero no interesa mayormente señalar con el dedo.
-Con algunos problemas previos, el año 1997 se desató una enfermedad atribuida -como facilidad o comodidad- a lo que se llama "un problema emocional", lo que permitió conocer los enormes riesgos de la medicina mexicana ya en tiempos llamados "neoliberales", además de los estereotipos clasemedieros y el modus operandi de la casi totalidad de los psicólogos y psicoanalistas. En 2001, y previas experiencias de hospitalizaciones reiteradas y paso por médicos de "renombre", que también optaron por el "problema emocional", se descubrió un foco epiléptico en los lóbulos parietal y temporal, con el primero que tiende a crear fijaciones con figuras geométricas y el segundo a provocar descontrol, desesperación y formas de ansiedad. Parte de la dificultad para lograr ese diagnóstico fue la negativa de la neurología al uso de ciertos instrumentos que permiten hallazgos como el habido. A raíz de una recaída fuerte en 2017 y de un largo internamiento, se precisó el avance del padecimiento (a frontales), además de encontrarse una especificidad de una ruta metabólica en el hígado (y seguramente mucha gente tiene esas especificidades: en todo caso, el examen fue solicitado a un laboratorio español, considerando que fallaba reiteradamente la medicación psiquiátrica). Con el uso de medicamentos adecuados contra la epilepsia, las fallas quedaron corregidas, para lo que también se necesita un "cocktail" atinado. Las causas exactas u origen de la enfermedad, crónica, no se conocen y los detonantes pueden ser varios, aunque coinciden en la edad de surgimiento. Llama la atención que, fuera de su extensión dopaminérgica a otros lóbulos, el foco esté en el mismo lugar del defecto congénito.
Dados los antecedentes genéticos, no es de descartar que el foco epiléptico sea igualmente originado por una "malformación neuronal" (displasia cortical). Hecho el hallazgo y con medicación correcta, se puede llevar una vida bastante normal. A pesar de que los instrumentos correspondientes son de uso en psiquiatría, se recibió en dos ocasiones una buena orientación de un neurólogo, en el sentido de guiar hacia personas adecuadas. Fuera de ésto, la psicología y el psicoanálisis, salvo excepciones, pueden quedar en el orden de lo fantástico si no fuera porque tienden a dañar, en algunos casos llegando a la saña, por lo que algunos ajustes de cuentas no están de más, entre otros con los psiquiatras de peligro HÉCTOR ORTEGA SOTO, ALFREDO VALENCIA MEJÍA, GILBERTO PEÑA GAMBA, RICARDO COLÍN PIANA y el sonowacho MARCO ANTONIO ROCHA ROMERO, en referencia a quienes se llenan los bolsillos poniendo en riesgo la integridad de otros, si acaso la conocen, siendo el caso más patológico el de PEÑA GAMBA, y los de mayor mala voluntad (por prejuicio) e ignorancia los de COLÍN PIANA y el sonowacho ROCHA ROMERO, a quienes debe agregarse el neurólogo mafioso GUILLERMO GARCÍA RAMOS, con el agravante -de ahí que sean nombrados- de que algunos han ocupado cargos, como ALBERTO LIFSHITZ GUINZBERG.
El asunto de la iatrogenia y la negligencia, tratándose por lo demás de medicina privada (en la medicina pública hay cierto "tino", pero carencia de recursos y de individualización), sería propio y algo "pasable" si no fuera el motivo de lo que desembocó en la muerte del familiar más cercano, por ruptura de un aneurisma aórtico abdominal, al término de una cadena ya alguna vez mencionada de errores médicos graves, atribuibles a codicia junto a ignorancia y mala voluntad, con el agravante de que los médicos desconocen la Ley General de Salud, los pacientes sus derechos y no hay, para la medicina privada, mecanismos adecuados de reclamo, pese a la creación de la CONAMED (Comisión Nacional de Arbitraje Médico) a finales de los '90 y otras vías. Por lo demás, México no es Estados Unidos y en situaciones de gran dificultad no se está para emprender demandas, sino para tratar de garantizar y proteger la salud, sobre todo cuando se sabe de la ineficacia del aparato judicial mexicano. No se trata de ningún resentimiento, sino de pesar -pero sin resignación.
Sirva lo dicho de protección ante cierta tendencia de la Inteligencia Artificial, por momentos, al uso de palabras apresuradas. Por lo demás, el problema de los mencionados no es personal, pese a la saña de algunos, sino que está en el hecho de que, habiéndose formado como parte del sector público (o incluso militar), salvo el cura de Tlaquepaque, pasaron a la consulta privada no exenta de lujos al servicio de la codicia propia y a la vez, en algunos casos, del sector público (en el que ha sido discrecional y sujeto a extorsión el pase a Nutrición) y el privado al mismo tiempo contribuyendo al deterioro del primero. Es el principio de Bernard de Mandeville del siglo XVII: a menor número de enfermos, menor necesidad de atención médica, entiéndase menos pacientes y menos dinero, para lo cual, entonces, es preferible "enfermar" al máximo, recetar igualmente al máximo -es la época ya del contubernio con laboratorios farmacéuticos-, y llegar a cosas fantásticas como la enfermedad de Lyme por picadura de mosquito (sí: ¿qué mosca me picó?) o punciones lumbares para saber "por qué el paciente tiene los pies fríos". Probablemente, además, sea el tipo de gente cuya prepotencia le impida ver hasta qué punto contribuye o contribuyó desde "su" bienestar a que "esa" medicina sea la de un país que, por más que hable de su "grandeza", tiene las taras características del sub-D. Y el que no la hace la paga.
Alguna vez, en un libro tirado al olvido, La nueva metafísica y el socialismo, por lo demás farragoso, Pablo González Casanova hizo notar que en la época actual los enemigos o adversarios, como se prefiera, se combaten de modo extraño: incluso, con las armas del otro. Ha pasado así que se ve comunismo o fascismo donde no lo hay, con tal de "impresionar". El ex presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, recientemente se lanzó a llamar "neofascista" a la periodista Carmen Aristegui, quien reaccionó con un enojado: "cuide sus palabras". Es otro de los errores de López Obrador a la sombra de sabrá Dios qué influencia intelectual, y para supuestamente advertir contra gente del MoReNa (Movimiento de Regeneración Nacional) que consideró correcto el espacio de Aristegui, que viene, ella, del exilio republicano español (y tiene un toque de "españolita"). Con Carmen Aristegui han estado por ejemplo, cercanos al MoReNa, los fallecidos Heinz Dieterich y Enrique Dussel (Ambrosini), que se recuerde. Tiene cualidades, pero no es intelectual, y no se sabe si tendría algún interés serlo: en un programa propio, Sabina Berman se ha preguntado qué sentido puede tener estarles contestando a "los intelectuales", asumiendo que son la "conciencia de la nación", cuando no es seguro que se les haga mucho caso. Otra vez fue López Obrador a meterse donde no parece que lo llamen, y no le faltaron "nombres" por revisar con el paso del tiempo, como Monsi (¿qué vamos a hacer sin tí, "Monsi"?, del estilo de la boxeadora Martha Elena Munguía Zatarain, sonowacha, preguntándose qué hacer sin la "reina del ensayo"), o La Poni. No, esta vez, en este punto, "la españolita" tuvo un correcto "!no pasarán!" con su "cuide sus palabras".
Para abreviar, y sin meter a Joseph Goebbels, lo que tiene Aristegui llega a ser una forma de "tic" mental. Cuando se hablaba de Florence Cassez, por ejemplo, Aristegui no paraba de repetir "la francesa Cassez". Era estereotipado. Refiriéndose al ex presidente peruano, Pedro Castillo (hace poco que llegó asilada a México la política peruana Betssy Chávez), Aristegui mostró de nuevo un "tic": no paró de machacar con "el golpista Castillo". Cassez es francesa y Castillo intentó un golpe de Estado, pero otra cosa es estarse duro y dale a recordarlo con algo de estigmatización. ¿Qué sentido tendría, porque lo tendría, ponerse insistentemente a "la españolita" Aristegui? Una cosa es cierto "toque de origen", pero puede incluso pasar desapercibido en la diversidad mexicana, salvo que Aristegui es "guerita", y no precisamente "guerita color de llanta", como diría algún rockero.
No hay mayor secreto en que Aristegui está ligada a ciertos intereses no menores en los medios de comunicación. Ella sabrá. Pero otra cosa sucede cuando sienta en la misma "mesa" -o ante la misma pantalla- a la sensual e inteligente -tirándole un poco a "color de llanta"- María Idalia Gómez y a una persona cuyos resortes psicológicos o de personalidad no son nítidos y que hace cosas no sólo sin mayor valor, a diferencia de antes, sino de mercenaria, al grado que López Obrador en otro lance la trató de "gente de la DEA" (Agencia de Control de Drogas): Anabel Hernández. No es que ataque a AMLO: es que es sin pruebas que convenzan. Y no es del todo nuevo, aunque sí ahora orquestado: algunos dichos de Hernández sobre "lo que le dijeron sobre Lucha Villa" o sobre Joan Sebastian ameritaron, en el caso del segundo, que la actriz Maribel Guardia pidiera pruebas. Es del tipo de cosas en que la influencia mediática busca USURPAR un lugar que no le corresponde, el del aparato judicial, y predisponer, mientras a Aristegui tal vez le da rating, sólo que no profesionalismo. Sobre Joan Sebastian hay otros elementos distintos, pero el caso es vía muerta. Lo dicho sobre Lucha Villa no demuestra mayor cosa. Sin olvidar lo que el ex presidente Rafael Correa ha descrito como gusto "novelero" del latinoamericano: desde el que jurará que sí, que con sus propios ojos vió a Lucha Villa con "Don Neto", hasta el que afirmará que sí, que Joan Sebastian traficaba sirviéndose de caballos y jaripeos, y que "todo Juliantla lo sabía". ¿Por qué el Departamento de Justicia cerró el caso de "AMLO y el dinero narco" hace rato, si tenía un "pez gordo"? ¿O como ya se ha llegado a decir, hasta en el gabacho se cansaron del informante "la Jennifer"? Lo de Lucha Villa, "dichos". Pueden ser muchas cosas, y hasta una verdad a medias. De un encuentro a un romance, hay que irse con cuidado. De Joan Sebastian, dichos de testigos protegidos. Lo del cuidado es para no ir a dar de un invento a otro como los armados por Odebrecht en algunos países sudamericanos. Y encima con "nado sincronizado" de los medios, lo que le puede dar audiencia a Aristegui, pero no credibilidad. Se puede volver un bodrio de ventas (para perjuicio de Gómez, dicho sea de paso).
Lo cierto es que no es periodismo independiente. Tampoco neofascismo. Una cosa es la noticia y, como lo demostró Luisa María Alcalde, otra que haya "línea" de "amplificarla digitalmente", y en vez de ponerse al victimismo, si lo afirmado por la misma Alcalde está probado, quienes participan deben asumir las consecuencias. Y también cuidar sus palabras, o las de algunas invitadas, para aportar pruebas serias o estar conscientes de que DAÑAN. Como los "tics" de la conductora. Hartan, al igual que el teatro de Hernández, cuando no está de momia.
El daño está en servirse de la ignorancia de la gente (aquí tiene sin cuidado lo que López Obrador quiera contarse sobre "el pueblo feliz") para corromperla y degradarla moralmente, rebajándola, lo que alguna vez mencionó el mismo López Obrador, pero sin seguirle la pista. Es como vender el Metro para que no falte quien, creyendo el rotativo muy superior a la Pravda, se regodee de gusto en vez de sentir repugnancia ante un muertote ("tiráronlo en el río de Los Remedios") al lado de un par de chichotas o nalgotas . Ya deben estar por ahí quienes clarito vieron cuando Andy le pasó la merca a Ovidio: ¿o por qué creen que ese operativo lo pararon?. (da click en el botón de reproducción).
El hoy ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reapareció en estos días para anunciar, sermón de por medio, un nuevo libro, Pueblo. De entrada, López Obrador puede hablar de la autodenominada "Cuarta Transformación" de la vida pública mexicana porque es el "padre fundador" y el que, como se ha dicho a propósito de otros, "abrió camino", con tesón. Lo que nadie puede predecir "a ciencia exacta" es en que desembocará el proceso echado a andar a partir de la elección de López Obrador en 2018.
Se dice en la oposición que mal hace la "4T" en culpar de todo al pasado. Sin duda, llegará el momento en que esta autollamada "4T" tenga que sacar conclusiones y lecciones propias. Al mismo tiempo, unos casi 40 años del llamado "neoliberalismo" no pueden desaparecer en seis ni en ocho años, lo que no implica que la "4T" deba ser autocomplaciente. Pero tampoco que la oposición esté como disco rayado con la contraparte del antiguo régimen: todos los días y a todas horas contra el "mal gobierno". Es patológico como intento de ganarse con algo muy manido a la gente, y en algunos casos en nombre de la "crítica al poder", porque hay de críticas a críticas, de la constructiva a la destructiva y deturpadora (encargada de afearlo todo). No hay -si es dizque "conversación pública- juego limpio posible, y se debe partir entonces de la creencia -no siempre verdadera- de que "la política es muy sucia". La conclusión de la oposición es que, si es así, hay que ponerse, como se decía hace poco en otro país, a "echar mierda con ventilador", y encima con un agregado, que en la guerra, como en el amor, pero parece que también en la política, todo se vale. Incluso atribuirle esta fantasía al de enfrente.
Los libros de López Obrador son desiguales, y dicen las malas voces que no los hace él. Investigador, no es. Lo que acaba de hacer es aventarse en su presentación otro ritmo que en Brasil se llama "choro", y habrá que ver de qué está hecha la novedad. Hay algunos libros previos o farragosos, o de un simplón para llorar. López Obrador no es el Todopoderoso: es tesonero y de colmillo, pero, como ya se ha dicho una y mil veces, acomplejado frente al primer "intelectual" que pasa (lo que la presidentA, Claudia Sheinbaum, como universitaria, no es y no se deja apantallar). López Obrador no está exento de amiguismos, y a veces malas influencias (lo que le puede suceder a cualquiera); Sheinbaum, menos.
Donde las cosas se vuelven peliagudas es en lo siguiente. López Obrador -y lo volvió hace muy poco a decir- está retirado de la vida política. Una cosa es que, desde Estados Unidos y con repetidores lenguaraces como Loretito, se trate de separar a Sheinbaum -creyéndola débil, incluso por machismo- de López Obrador, con la idea de evitar cualquier veleidad de radicalismo. No faltan malditos -como ha dicho el socio de Giselita sobre Enrique Krauze- para prestarse al "divide y vencerás", con refinada mala fe y, dicho sea de paso, una idea muy aproximativa de la historia mexicana, aunque no se conoce aquí lo que alguna vez refutó Manuel López Gallo, ni es factible "al cien" que Krauze sea un plagiario. Pero por pasos.
Si se afirma que López Obrador sigue como "jefe político" y que Sheinbaum apenas y "administra" el proyecto, hay que afrontar las consecuencias y decir de López Obrador que engaña, puesto que acaba de decir que no aspira a ser cacique, ni caudillo, ni "jefe máximo", ni poder tras el trono. No solo sería mentira, sino engaño por hacer creer lo contrario de lo que se le atribuye. Haría falta saber qué "movidas", "jugadas", etcétera hace y con quiénes el ex presidente, y en qué momentos. Si no es el caso, como tampoco de ningún "Maximato", no es más que fantasía heredada del antiguo régimen -que tampoco era exactamente así- o creencia en historias de tipo monárquico. El detalle: las pruebas. Porque si no, el engaño está en dar por bueno lo que no está probado, o es cuando menos autoengaño. Tampoco estuvo exento quien casi juró que el "ganón" era Adán Augusto López Hernández colocado para tan presidenciable fin por López Obrador.
Lo otro. ¿Llega López Obrador al nepotismo más descarado y estaba con otra carta, la de Andrés Andy López Beltrán? Entonces se pasa a demostrar que López Obrador es completamente cínico. O el problema está en otra parte: en creer que no se escoge, sino que se BARAJA en espera de que aparezca el as bajo la manga o sabrá Dios qué otra de cantina. O es de nuevo fantasía del dedazo. ¿Sheinbaum era entonces "lo que diga mi dedito"?¿O es que alguien no se da cuenta de que se quedó con costumbres "a la antiguita"?¿O que se cree que todo es más de lo mismo? Vale para las críticas a grupos reales o supuestos en el oficialismo. Una cosa es escoger (pero además, ahora va por encuesta): otra creer que persiste el Gran Elector, que hace fintas, no muestra su juego, anda de póker face, entre que destapando y no su juego, y así en lo que escribe tabiques. No queda claro el límite entre la realidad -insistamos, a falta de pruebas- y la fantasía. El trasfondo es la inexistencia de proyecto, en cuyo caso ni se entiende que se le llame "4T": no queda más que un asunto personal con el poder, a riesgo de ponerse a decir cosas que ameritan un "y así se hacen los chismes". Como el del "silencio estratégico" que a todos "les sabe cosas" ("no me has decir...", etcétera). ¿No será entonces mejor irse a cafetear con las señoras en lo que los peques salen de la escuela? (da click en el botón de reproducción).
Francia, que en algunos aspectos fue en el pasado un país generoso, en particular en la educación y, dentro de ciertos límites, en la integración, vive hoy lo que algunas personas consideran "violencia social" más o menos "insufrible", por la frecuencia de las protestas contra medidas gubernamentales. En Francia, esa generosidad estaba ligada al trabajo, el desarrollo de la personalidad individual y el sentido del mérito, pero hace bastante tiempo que las cosas cambiaron. Después del periodo del general Charles De Gaulle, Francia se dió un rato de buena vida en los '70, los años "Chaban-Delmas", para comenzar a adentrarse en el deterioro desde los '80, con el socialista (entiéndase socialdemócrata) Francois Mitterrand. Este era ya un ejemplo acabado de falsedad, y en parte Francia se fue convirtiendo en un país de bastante hipocresía y de creciente subordinación a Estados Unidos, con la excepción de la presidencia de Jacques Chirac, pero ya tarde. Jacques Chaban-Delmas no estuvo demasiado tiempo en muy altos cargos, pero era todavía el rebote de la segunda posguerra: seducción, poco esfuerzo y quedar bien con todos.
Las protestas más recientes, de trabajadores, funcionarios y estudiantes, son por hartazgo con los "recortes presupuestales" del presidente Emmanuel Macron, electo para hacer la política de la alta finanza (trabajó para los Rothschild). Macron considera -eso dice o da a entender- que el país es de privilegiados por servicios y prestaciones sociales, que "cuestan demasiado". Más de un latinoamericano cree que los países centrales son lugares de privilegiados incluso entre los pobres, en comparación con el Sur global o lo que haya de similar. Así que hay "tela de donde cortar", por el problema de la deuda pública, que exigiría reducir gastos. ¿Por qué no gastar menos en los "privilegios" sociales? En realidad, es el parásito -y hay que ver la clase de gente que está al frente, como el también degenerado primer ministro Sébastien Lecornu- que se va comienda al huésped. Parásito, porque se trata de cubrir una deuda e intereses con la alta finanza que en nada ha beneficiado a Francia. Para que unos puedan seguir así, hay que "meter tijera" en la educación, la salud, las pensiones y otros "privilegios", porque no son "privilegios" los de la alta finanza ni sus chantajes con "calificaciones". El "privilegio" es el de servicios antes de calidad que se deterioran.
Una parte de la "violencia social" es de inmigrantes que en vez de integrase crean mentalidad de gueto, "racismo al revés" -algo que también se conoce en México y América Latina- y vandalismo. El "racismo al revés" hace que un blanco no pueda tener mérito, sino que se lo deba a su color de piel (la primera creencia del que quiere blanquearse), como otros creen que "el privilegio de ser blanco" remplaza el mérito -o, en algunos lugares, el "privilegio del apellido". A la vuelta, como lo que cuenta es a fin de cuentas tener algún privilegio, es el de ser víctima, desde la real hasta la supuesta, lo que alguien como Macron sabe al dorarles la píldora a los inmigrantes, incluso de modo obsceno. El privilegio, por ejemplo, de poder vandalizar sin ser demasiado incomodado, porque esta "violencia social" es entendible, aparentemente, a diferencia de la protesta social.
Así están por ejemplo los "privilegios" de los estudiantes: sobrecarga "a lo chino", pero sin condiciones materiales tipo China, sino en pleno deterioro, y sin buenos docentes o plantas suficientes, porque son otros tantos "privilegios": la calidad resulta un "privilegio" -así suele ser en los bodrios estadounidenses, salvo de élite-; hace rato que un estudiante chino -o de más de otros países- rebasa al estudiante francés mediocre. Más inepto se es, menos privilegios se tienen, o si no gente como Macron o Lecornu no serían retorcidos. ¿Dinero? Para crear problemas con Rusia sí hay. Olas de calor o problemas como el del Covid-19 ya han mostrado que tener buenos médicos y cuidados de enfermería es también un "privilegio".
Los grandes medios de comunicación son caja de resonancia, aunque subsisten buenos medios realmente independientes. Ahora resulta que el Nuevo Frente Popular o La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon son "izquierda radical" (!), o que el RN (Reagrupamiento Nacional o Agrupación Nacional), tímido ya, es "extrema derecha", o que los comunistas son "extrema izquierda" (lo que se reservaba para grupúsculos trotskistas y fauna parecida). Con tal de orillar al "centro" para más de lo mismo, con "retoques": evitar que el RN se lance contra la Unión Europea (UE) y contra la alta finanza, lo que ya está en otro tonto, Jordan Bardella, segundo de Marine Le Pen, o cerrarle el paso a ésta llevando, si fuera posible, a "cohabitar" a Mélenchon con lo que quede de la república de la Macronía. ¿Cañones o mantequilla? Esta es un "privilegio"; los cañones, pura necesidad. Si los hambrientos piden pan, pues no les dan, y si hay quienes protestan para no perder conquistas sociales, quieren el privilegio de no ser otra generación Kleenex, desechable. Ya no hay mucho de seductor, de relax en la abundancia ni de "pasársela bien", sino descomposición social en la que, encima, no falta el que vea en la protesta el "privilegio", cuando se podría hacer colmo en el gueto: recargarse en la parentela y ponerse a traficar de todo. Cosas de gente de tradición milenaria para que el blanco y burgués "sepa lo que se siente". A lo Frantz Fanon: el privilegio de andar pobre y jodido, pero auténtico y, eso sí, muy de trafiquitos y pequeños "expedientes" para, además, hacerle la vida de cuadritos a la policía, como otros a la salud, la educación y las pensiones. Porque Marianne, la de la república, ahora sale siempre debiendo: todo servicio público, a pagar la factura de un problema que se origina en otro lugar, ese en el que la alta finanza no quiere ser la pobre víctima de la incertidumbre y la "falta de confianza" en "los mercados". Pobres Rothschild, caray, y de la Galia rentista, egoísta, mezquina e hipócrita; !pobres aves de rapiña, pobres amantes de lo ajeno! Y ni como despedirse por si hubiera Ave Fénix, aunque ya se verá en elecciones cercanas de 2027 (da click en el botón de reproducción).
El recientemente extinto economista Meghnad Desai probablemente haya tenido razón en dos cosas: el socialismo que existió fue de Estado y no había agotado las posibilidades de despliegue del capitalismo, lo que el líder ruso Lenin había tratado de hacer con la NEP (Nueva Política Económica) en los años '20.
No es válido hablar de "que hubiera pasado si...". El capitalismo se sintió desafiado, en contradicción con la apertura de una alternativa, y se le fue encima con todos los medios, la guerra incluida. El único caso de no acoso fue el de China. Con la Unión Soviética fue prácticamente sin tregua, salvo en los '70 y en parte con el "deshielo" previo, con Cuba se prosigue hasta hoy, a Nicaragua se le hizo la vida imposible -incluso, como en Cuba, recurriendo a las armas, de la "contra" al minado de puertos, con Corea del Norte (que como sea tiene de extravagante) también es hasta la actualidad, y a Vietnam del Norte se le bombardeó con todo.
La necesidad de protegerse del exterior llevó a lo contrario de lo previsto para el adelanto del socialismo, con la disminución del peso del Estado, salvo para conservar una administración lo menos onerosa posibe. El estudioso Carmelo Mesa Lago lo vió a su manera sobre Cuba: una centralización casi hasta el absurdo, en vez de una descentralización de decisiones hacia abajo (no de entrometimiento de CDR -Comité de Defensa de la Revolución), y hasta llegar a temer descentralizar por miedo a la sanción desde abajo. En la Unión Soviética, hubo que dar un vuelco desde que, a partir de 1925, se anunciara con Hitler, y fuera en ascenso, la opción de agredir militarmente al régimen naciente, llevándolo a querer hacer "en poco tiempo lo que Inglaterra hizo en cien años", con la colectivización forzada para crear una industria poderosa. Se fue otra vez en dirección del reforzamiento del Estado, contrario a la idea del socialismo avanzado, y se fortaleció la propiedad estatal antes que la social. Se recreó así, en particular en la Unión Soviética, una tradición previa de "Estadolatría" y de "trepadera" -el autoritarismo no lo es todo- dentro del mismo Estado.
Para mantener la unidad nacional frente al acoso extranjero, no se dió luz verde a la desigualdad que debía existir más allá de la igualdad formal: desigualdad según las necesidades y según las capacidades, poir más bases que haya de equidad, y por ende desigualdad en los ingresos según el trabajo, lo que podía querer decir desigualdad FUERTE. No todo el mundo trabaja igual, ni tiene las mismas capacidades (salvo en abstracto, pero intervienen circunstancias y trayectorias de vida), ni las mismas necesidades, por ejemplo según la edad, o según se tenga o no familia y cuánta, según las actividades para el desarrollo de la personalidad, etcétera. En vez de esta necesaria y fuerte desigualdad, cubierto lo básico, se instauró en parte un pernicioso igualitarismo -criticado en Cuba hace ya casi cuarto de siglo-, el paternalismo (ajeno al mérito) y en parte formas de apertura para algunos privilegios entre funcionarios al margen del mérito (hasta fabricando grandes poetas al vapor para tapar la corrupción conocida, de lo que debe haberse sabido entre los agregados culturales por ejemplo de Cuba y la molicie y el oportunismo de sus protectores y corruptores mexicanos). Privilegios de sobra conocidos entre diplomáticos, gente con acceso a ciertas tiendas y al extranjero y sus vitrinas, y a sectores de funcionarios con distintas formas de relación con el exterior, hasta el contrabando, el tráfico con divisas y la adquisición de productos de lujo. Desde los '80 no era un secreto la existencia de "hijos de papi" dispuestos a todo entre los funcionarios soviéticos, como hoy existen algunos en Cuba o como algunos se fueron a enriquecer en Nicaragua. Esta capa y la ineficiencia de la "casta maldita" -burocrática se sumaron a algo que tampoco debiera ser secreto: con las formas de "vistazo" al exterior, la aparición del equivalente de sectores clasemedieros más interesados en el pantalón bluyín que en el socialismo o en enterarse de un mínimo de marxismo o leninismo, lo que aparecía como horrendamente aburrido y farragoso, y más difícil de "colocarse" y de presumir como estatus que el ya mencionado pantalón bluyín.
No les pasó a muchos por la cabeza que, para los '80, el capitalismo llevara ya un rato en crisis. Hay algo más, en referencia a lo dicho por Desai: hechas las revoluciones en países no centrales, no solo había déficit de las virtudes del capitalismo, sino reminiscencias de precapitalismo que llegaron a sustituirse al mérito en el trabajo, más en situaciones de dificultades, como las "relaciones personales", entiéndase que no de respeto a cada uno por la "propiedad de sí mismo", sino de dependencias que llevaron a más de una aberración de culto arcaico. De aquí y de las consecuencias de la agresión externa incesante -ni guerras, ni sanciones, ni bloqueos lo explican todo, pero tampoco se pueden obviar hasta llegar a "culpar a la víctima"-, resultó que, como ya se ha dicho, un sistema que era cuando menos alternativo -y llegó a serlo en muchos aspectos- apareció como que debía "alcanzar" al que supuestamente se había superado o se estaba por superar.
Como sea, es la historia real (incluida la de China libre de acoso). No estaba previsto, pero todo es contradicción, que el Estado se reforzara y que, en vez de permitir una obligada diferenciación social por el trabajo, su intensidad, su duración, su productividad, su simpleza< o complejidad, etcétera y su relación con las necesidades del trabajador, se llegara a un igualitarismo sin solución, ni moral (del "hombre nuevo", que algún gracioso comparó con "el empleado del mes" de Starbucks), ni económica, en parte porque algunos creen que "en casa de comunidad, no hay que mostrar habilidad", u otros que "si trabajas bastante, tu jefe te va a pedir más", o algunos más que para qué esforzarse si de todos modos gano igual. Como si fuera propio del socialismo y no de lo mal hecho en nombre del Estado -que fue del siglo XX y no regresará más como entonces- o de la sobrexplotación en un empleo mexicano muy dizque "de mercado" y ya bien mostrado por la comedia de Alexa Zuarth: la oficina pública o privada como lugar de inoperancia salvo para el abuso.
No es de "vuelta al Estado", sino de administración eficiente y, sí, de verdadera afirmación (en lo que SÍ funcionó el socialismo de Estado) de un fondo suficiente para ciertos servicios de calidad, notoriamente en educación, salud y deporte, más lo necesario para reponer y sustentar la reproducción de la vida material y para atender problemas como los de discapacidades (no es cuento: está en el autor de la Crítica al programa de Gotha, que es Marx). Fuera de ésto, no se trata de absolutamente nada de "todos", sino de cada uno, para que reciba no "los frutos de la sociedad", sino lo acorde con su trabajo, sus necesidades y sus capacidades. O si se quiere, "focalizado", y no vaguedades "a lo Lasalle" de "bienestar" al margen del esfuerzo y como privilegio -para "todos", incluyendo el ocioso, o para los de abajo al margen del aporte real.
Lástima, Margarito, por el que en los '80 no vió venir la persistente crisis capitalista que, como se dice, "llegó para quedarse", sin historia ni futuro, y por el que se traga "terror y falta de papel higiénico". El mismo texto mencionado llama como sea a apoyar las reformas que vayan en el sentido de mejoras para los trabajadores, lo que incluye los costos de la administración de la sociedad, el buen uso del "fondo" para servicios básicos y, como lo ha propuesto por ejemplo la ya mencionada Mariana Mazzucato, para la reproducción de la vida material de calidad, en lo posible. Ningún Estado grande. Ningún comunitarismo, tampoco, en el que, por encima del individuo y su esfuerzo desde cierta equidad, se premie la incondicionalidad "política"/personal (de clientela), al margen del trabajo y su aporte, desconociéndolo o, en discriminación positiva, a minorías y no tan minorías también al margen de su trabajo y lo que conlleve de complejidad. Los fetiches de cada enajenado no son para el futuro. O si lo son, será casa de alienados, del tipo que, como dijo el otro, confundiendo las aldabas, toca a la puerta equivocada y encima se encierra con llave creyendo encontrar la salida (da click en el botón de reproducción).
Frente a las dificultades con el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá), México puede voltear a ver hacia el interior de la economía y buscar algunos resortes endógenos, a lo que está dispuesta una parte de la iniciativa privada, pese a fuertes tendencias de concentración (monopolios, duopolios, oligopolios...). Al mismo tiempo, la presidentA, Claudia Sheinbaum, sin contar con la asesoría de Altagracia Gómez, ha recibido personalmente más de una buena orientación, a diferencia de lo que ocurrió con el presidente Andrés Manuel López Obrador (Alfonso Romo no tuvo visión de país, para no hablar de las sospechas que acabaron recayendo sobre él). No se trata nada más de crecer y de PIB (producto interno bruto), sino de cómo utilizar los recursos, y no en términos de "a cómo nos toca", a lo que el antiguo régimen acostumbró a la población en un simple plano de distribución (con criterios no muy meritocráticos y que una parte de la autodenominada "Cuarta Transformación" entendió pésimo). De entre los elementos a tomar en cuenta, varios han sido señalados por economistas como Mariana Mazzucato y Viridiana Ríos.
Un elemento importante es el fiscal, ya que a los ricos no se los toca ni con el pétalo de un impuesto, pese a que se le atribuye al magnate Carlos Slim el ánimo de pagar. Es muy grave que, según lo ha dicho Ríos, México funcione prácticamente como un paraíso fiscal, más incluso que las islas Bahamas (y sin controles fuertes, hasta hace poco, para el lavado de dinero). No todos los empresarios son tan naquitos (vulgares) como Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Azteca, y según Mazzucato se puede explorar qué otros tipos de impuestos cobrar, porque son diversos, y no nada más a una población cautiva entre la cual se acostumbraba pagar para evadir, de tal modo que el sistema fiscal funcionaba como el de Justicia, dejando impune al delincuente y cebándose sobre el honrado. No basta con lograr que no se evada. La estructura de recaudación puede mejorar.
De acuerdo con un dato de Ríos retomado por la seria Sabina Berman (a tiempo se alejó de Tiro Loco McGraw) en Canal Once (no escandaliza pero usa la cabeza, no nada más la boca sin conectar las neuronas), el empresariado mexicano es de los más voraces del mundo y, en vez de irse, como se dice, "a michis" con lo ganado, que es el promedio internacional (50/50), se queda con una tajadota del 70 % y deja a los demás que trabajan un 30 % medio mísero. Como se ha sugerido a partir de estudios de Sin Permiso, cualquier pretexto es bueno para ir anulando alzas salariales a través de aumentos de precios, otra vez por voracidad, lo que puede incluir a comerciantes/intermediarios. No es nada más que el precio del aguacate o del limón se pone alto porque incluye el impuesto al delincuente agregado y su "derecho de piso". Simplemente, la costumbre -como la del clientelismo- es acaparar para abusar sobre la necesidad de la gente y estarse a algo así como "fíjense que Dios aprieta pero nunca ahoga". Resígnense.
Lo tercero -y primero para Mazzucato- es el bajísimo grado de atención a la innovación. Se puede intuir que la inercia clientelar estorba, porque no sólo no da derechos, sino que se los bloquea al mérito, como sucede en el deporte. No es cosa de jugar a ver la tele "¿y si sí?". Eso es "no pus a ver qué sale", o "chicle y pega". Tampoco se trata de dar más dinero si es para despilfarro cuando lo que ocurre, según lo sugiere Mazzucato, es desorganización, falta de coordinación (para no hablar de "duplicación" -cuando menos- de funciones). Hay tradición retórica, pero también de apragmatismo: para resolver un asunto, al menos en el centro, cinco en vez de uno, para estorbarse entre sí, sin capacitación (se nota a leguas), y "ahogar" el problema, porque tal vez cuente más platicarlo que resolverlo. Ya se sabe en distintos deportes y las grandes delegaciones que acompañan al del mérito para colgarse ellas la medalla: aparece como corrupción, pero es de nuevo los "derechos" del clientelismo a parasitar el esfuerzo. Talentos científicos hay, pero no prosperan por la carga de parásitos encima que devoran presupuestos, y se trunca así el hábito de innovación científica/tecnológica, prefiriéndose además importar cualquier cosa.
Por lo demás, con Berman, la estudiosa Mazzucato encontró lo mismo que otros desde tiempo atrás (como José Manuel Valenzuela Feijoó): el sector financiero se dedica mucho a sí mismo y poco a actividades productivas.
Ideas no faltan -incluyendo en parte en el Plan México, pese a las formas de dependencia de la inversión extranjera-, ni talentos, pero algunas estructuras debieran modificarse orientando (y ya dejando de lado tonterías sobre "el mercado"): en el plano fiscal, en el de la innovación e I&D (Investigación y Desarrollo), con gasto pero de calidad (y no demagogia educativa), control sobre la rapacidad empresarial y a lo que ya están dispuestas las generaciones más jóvenes: a salir del "capitalismo de compadres", entiéndase que a creer que todo es asunto de "política", a tal grado que hay, en la oposición, gente que no tiene capacidad de distinguir entre un problema a resolver y los lazos personales a "tejer" o "deshacer" -al infinito- hasta no saber ni de qué iba el problema. Ese es el privilegio bloqueando o anulando el esfuerzo. Como se dice, mucho ayuda el que no estorba. Que algunos por lo menos NO JUSTIFIQUEN SUS PRIVILEGIOS DE CLIENTELA ESTORBANDO, ahora que ya nada más los "nostálgicos del pasado" -!sí, en la oposición!- creen que todo es de quebrar la voluntad que no se deje cooptar (da click en el botón de reproducción).