La ligera ventaja adquirida en las elecciones peruanas por Keiko Fujimori puede llevar a tener en cuenta de quién es la candidata, dejando de lado su "!vuelve el orden!" que sirve para tomar prestada la reputación -algo maltrecha- de papi y deslizar que hay desorden armado, ahora por la delincuencia. Ya ha habido ocasión de describir aquí como el gobierno de Alberto Fujimori acabó sirviendo al crimen organizado, y cómo Keiko Fujimori fue saliendo de la cárcel.
"La embajada" está a cargo de Bernie Navarro, que no es un diplomático, sino gente de negocios, csado con una peruana de dinero y cercano a Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado, para quien el mismo Navarro recaudó fondos. De lo que se trata es de sacar a China del negocio del puerto de Chancay para desplazarlo hacia el de El Callao, para beneficio estadounidense. Cerca de 600 empresas estadounidenses operan en el Perú, con el respalde la AmChamPerú (Cámara de Comercio); hay otro espacio de competencia con China, el de la minería, que se lleva casi el 70 % de la inversión estadounidense. China es el principal comprador de cobre peruano. Empresas chinas se han metido en los sectores de infraestructura y comunicaciones.
Hay fuerte presencia estadounidense en los medios peruanos, a través de organizaciones no gubernamentales (ONGs), y en parte en la Oficina Nacional de Procesos Electorales, donde se había ido a meter la USAID (Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional). Bernie visita mesas y autoridades electorales, como el Jurado Nacional de Elecciones. Con todo, el favorito del presidente estadounidense era Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, capital peruana, pero de todos modos Keiko Fujimori estudió en Estados Unidos, y Rubio se encargó de limar asperezas para que se aliaran los dos derechistas. Fujimori estuvo casada con un estadounidense. En suma, es el "ala Rubio".
Los orgamis electorales no parecen seguros de ser independientes. El candidato peruano de izquierda, Roberto Sánchez, alegó fraude con el voto de los peruanos en el exterior. El problema que se plantea, pruebas o no, es del recién nombrado canciller del Perú, Carlos Pareja: cercano al partido de Fujimori, Fuerza Popular, y a Carlos Díaz-Rosillo, asesor de Keiko Fujimori, y quien ocupara cargos de confianza con papi, Alberto Fujimori.
Cuando cayó el presidente Pedro Castillo, la sucesora, Dina Boluarte, corrió a coordinarse con "la embajada", en tiempos Demócratas. Otro presidente, José Jerí, fue defenestrado por coquetear con China. Fue ya en tiempos de Trump, con mayor injerencia militar en el Perú. Navarro se comprometió en el Congreso estadounidense a "erradicar" la creciente influencia china.
Otros gobiernos sudamericanos se han visto envueltos en problemas similares, como el de Venezuela y el de Ecuador, que busca a través de el ex vicepresidente Jorge Glas un chivo expiatorio para un escarmiento antichino. No parece que el Perú pueda decidir soberanamente sobre su economía ni, a partir de ella, sobre su política, dada la injerencia poco disimulada de Estados Unidos. Quien habló de "puertorriqueñización" de América Latina no se equivocó. Hasta Argentina lo hace, nada más que "a lo grande", sin que quede claro si las diferencias que quedan son las propias de un Estado Libre Asociado o algo parecido, al no haber ya quien confíe en la auténtica independencia , de la que no se sabe bien en qué consiste, sobre todo en lo económico. Por lo demás, si Keiko Fujimori quisiera realmente arreglar algo, en serio, tendría que vérselas con los dos poderes corruptos que la han ayudado, el judicial y un legislativo que controla desde hace rato. O sea que, si "!vuelve el orden!", la señora se tendrá que meter un buen balazo en el pié. (da click en el botón de reproducción).