En los años '80, sobre todo con la administración Reagan en Estado Unidos, la situación se tensó en Centroamérica y desembocó finalmente en la derrota del sandinismo -ya encabezado por Daniel Ortega- en Nicaragua-, luego de un largo acoso, la imposibilidad del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) para tomar el poder en El Salvador, y la invasión de 1989 (ya con George Bush padre al frente en Estados Unidos) a Panamá. Dentro del FMLN, salvo excepciones, ya habían ganado posturas clasemedieras, como en parte del sandinismo, en el que Ortega fue a perder las elecciones asesorado por Jacques Séguéla (con el show del "gallo ennavajado"), gente del presidente francés Francois Mitterrand, alguien muy dudoso. Como Nicaragua prometía "otra vía", a la izquierda de entonces le dolió más la caída de Ortega que lo demás, puesto que para la época ya no se trataba mucho de socialismo y Nicaragua prefería lo que tiene hasta hoy, una "economía mixta" (aunque es un régimen de socialismo cristiano). Panamá parecía asunto "del trópico" y el FMLN había dejado de importar, más después del asesinato de la comandante "Ana María" (Mélida Anaya Montes) por parte de "Marcial" (Salvador Cayetano Carpio), en un asunto truculento en la misma Nicaragua. Parte de la población nicaraguense, tal vez poco consciente, rechazaba el enrolamiento para pelear a la "Contra"; el FMLN, en cambio, tenía fuerte arraigo, pero El Salvador estaba cambiando (como lo observó el líder comunista Jorge Shafick Handal), de país agrícola a otro de servicios, y en parte como efecto mismo de la guerra. Esto se venía dando desde antes de la caída de la Unión Soviética. Como otros, el proceso de descomposición del FMLN, arrumbando al pueblo, ha sido analizado por el salvadoreño Geovani Galeas. El FMLN empezó a dejar de hablar de "pueblo" desde mediados de los '80 (el asesinato de "Ana María" fue en 1983).
Cuba ya venía cargando con dificultades desde finales de los 70, con el fracaso de la zafra de los 10 millones y, a principios de los '80, con el gran "éxodo de Mariel", por más que el líder Fidel Castro hablara de que "en 20 años se llegará al comunismo", en una de tantas fallas por carencia de capacidad conceptual, y mientras creía que América Latina era un "volcán en erupción" por la crisis de la deuda externa. Cuba ya había fallado en "la Revolución dentro de la Revolución", no nada más por idealismo, sino también por anticomunismo (y errores sistemáticos de alguien como Manuel Piñeiro y del Departamento de América del PCC), pero además, luego de empujar a las armas (contra la opinión soviética), luego empezó a empujar en sentido contrario. En medio de ésto, Castro le advirtió al líder panameño, Manuel Antonio Noriega, que no buscara "radicalizarse". Para el caso, por lo demás, medio mundo estaba en la "moderación", incluyendo en México a los admiradores de Mitterrand o del Pacto español de La Moncloa y de Felipe González.
Como parte de la búsqueda de divisas, Cuba cometió un error grave que llevó a la desafección de algunos más. No es posible determinar con toda certeza el papel de los hermanos Castro, Fidel y Raúl, pero sí de un grupo del aparato cubano, ligado al MININT (Ministerio del Interior), que optó por "obtener recursos" como "aduanero" del cártel de Medellín, y haciéndolo además tan mal que el propio cártel dudaba de la "empresa". Para entonces, Noriega, "activo" previo de la CIA (Central de Inteligencia Americana) y en contacto con su director, William Casey, para "echarle un ojo" a Cuba y Nicaragua, pero en pleito con Estados Unidos, llamó la atención de los cubanos de que estaban prontos a ser descubiertos, lo que significaba un desprestigio mayúsculo y una eventual arremetida desde el exterior, por lo que se optó por el juicio al militar Arnaldo Ochoa y algunos más. Para muchos, ya no había duda: el fin no justificaba los medios. La maniobra de "Fidel" sacrificando a Ochoa es creíble. El Minint (al que pertenecían los hermanos De la Guardia, involucrado uno en asuntos de "Moneda Convertible") pasó a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) pero, sea cual haya sido su papel en el asunto, Raúl Castro no pudo con él y se lanzó al vodka, pero en serio. "Fidel" finalmente lo reprendió y cambiaron las cosas. Pero algo humanamente hablando había dolido para Raúl Castro, y no era puro asunto de seguir "en la maniobra". Por cierto, es creíble que "Fidel" vivía con lujos que excedían las necesidades de una fuerte seguridad ante las amenazas constantes estadounidenses de asesinato. No era justificable, y menos entretanto "quebrarse" como lo hizo a Ochoa, ni justificable para alguien como el escritor colombiano Gabriel García Márquez ni para los peregrinos posteriores a ver a "Fidel". La Causa 1 (de Ochoa) tuvo lugar antes de la caída soviética.
Ni culto, ni probablemente colocarse en "es que a mi me decepcionaron". Nadie se enriqueció con la "aduana", que era patriótico, personal...y una completa imprudencia. Otra cosa son los lujos de Fidel y, si acaso, en parte los de algunos otros (parcialmente Raúl Castro), pero no los de una "casta", salvo en la cabeza del actual secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para la cantinela de "ellos, los privilegiados" intentando una mayor división en Cuba y, buscando imponer desde arriba y para beneficio propio, haciéndolo aparecer como "legítimo reclamo del pueblo". Y con apagones y todo: el llamado caso 8-A fue penoso porque Cuba no tiene problemas de tráfico de droga hacia Estados Unidos -algunos libros han explicado como se evita- ni de narcomenudeo interno, ni de mayor delincuencia (aunque haya crecido un poco). No es ave que cruce el pantano y no se manche, pero el plumaje en este tema no está mal, como en otros, pese a más de lo que se conoce como una "metida de pata" hacia afuera, ni se diga en materia intelectual. No puede salirse con que no hay trasiego de droga, narcomenudeo, pandillas ni mayor delincuencia por "represión", lo que equivaldría a decir -muy libertariamente, y pese a que en Cuba hay una estatua a John Lennon- que el régimen cubano es tan "mugre" que no sabe hacer negocios (eso decía el cártel de Medellín) y no ofrece a la juventud un buen menú de porros, grapas, tachas, rayas, anfetas y otras linduras más. Qué aburridos. Se acabó la diversión: llegó el comandante y mandó a parar.
Por lo que respecta a parte de las tonterías hechas, cabe recordar que, pese al nombre adoptado (PCC-Partido Comunista de Cuba), éste tiene en el origen una mayoría clasemediera de "26" (Movimiento 26 de Julio), de otras agrupaciones y una minoría comunista (PSP-Partido Socialista Popular), por lo que es un país, en buena medida, de movimiento de "liberación nacional" y que, por lo demás, acaba de hacer ya buen número de concesiones al capital. Como lo mostrara hace poco Abel Prieto (que no siguió el ejemplo de Silvio Rodríguez), ex ministro de Cultura y encargado de "La Casa", al presentar la obra de Raúl Castro, que es extensa, se fue a detener en el asunto llamado de la "microfacción", de pleito con comunistas. Ni al caso, pero esa es la intelectualidad cubana, con frecuencia, y sin saber nada de marxismo y sí, en cambio, de José Martí hasta para estornudar ("martianamente"). Cuba ha sido un socialismo de Estado de contrastes.. Así como no es de "a mi me desencantó", tampoco es de "aplausos" ni de pura creencia en "la nación contra el imperio", o de "la sobrevivencia del más inepto", pese a más de un inepto. No es de "mugres fracasados" frente a nuestras (¿nuestras?) "historias de éxito", ni tema para vender libros en San Juan de Letrán (Niño perdido/Lázaro Cárdenas). Ni se quiere aquí un like. Es servicio de análisis, no, parafraseando al ex presidente ecuatoriano Rafael Correa, que no se deja, lugar para cheer leaders de tal o cual causa. (da click en el botón de reproducción).