Lo que acaba de hacer el presidente estadounidense Donald J. Trump en Irán no sale de una línea anterior, cuando fue asesinado en Bagdad, capital iraquí, el líder militar iraní Qasem Soleimaní, sólo que esta vez fue bastante más grave, al ser muerto el ayatolá Alí Jamenei y desatarse un conflicto más complicado. Pasemos sobre un Derecho Internacional que hace mucho que es letra muerta y pone las cosas en la ley del más fuerte. Puede pasarse también sobre el pretexto salido de la nada para agredir a Irán. Trump, no es un secreto, se inclina por Israel, que no responde a los intereses del presidente estadounidense, así se lo hagan creer, sino al "Estado profundo", asunto no arreglado entre Republicanos desde el 11/S.
Uno de los errores de Trump fue allegarse el apoyo de los globalistas, los líderes del Reino Unido, Francia y Alemania, dispuestos a "defender sus intereses" (contra Irán), cuando nadie se está metiendo con ellos. Si se trata de agredir, no tardan en subirse al carro, al poco tiempo de haberse quejado en Davos de que el mundo de hoy "no tiene normas" y es "el del más fuerte": eso decía por ejemplo el primer ministro canadiense Mark Carney, cuyo gobierno decidió de inmediato apoyar la agresión contra Irán. Parece que entonces hay que sumarse. La Comisionada europea, la alemana Úrsula von Der Leyen, pidió rápidamente "una transición creíble en Irán". Del mismo estilo quienes echan pestes contra Trump y lo aplauden cuando se mete con los ayatolás, para lo que se puede sacar la causa de las mujeres o amenazas nucleares inexistentes. No importa que se esté en el Viejo Oeste. Hace poco tiempo se estaba hablando de algo sí como "las naciones civilizadas"..
Ya desde su primer mandato, Trump tenía a su lado a "halcones" republicanos convencidos de que la fuerza bruta es lo que cuenta. Esta vez, cabe señalar que Trump ha ido en contra de su mandato anterior, del mandato de buena parte de quienes lo eligieron, y de gente del gabinete como Tulsi Gabbard o JD (James) Vance, a quienes se les está pidiendo cuentas, porque apoyaron al Trump contrario a las guerras. Directora Nacional de Inteligencia, Gabbard se había mostrado abiertamente contra un ataque a Irán. Vance acababa de declarar que Trump iba a optar por la diplomacia, y era en gran parte el camino elegido. Como en el mandato anterior, hay cosas que no van en el equipo de Trump y en sus amistades, porque fue empujado por el primer ministro israelí, Bejamín Netanyahu, que está en "otra cosa".
El régimen de los ayatolás fue a partir de finales de los '70 un error de la izquierda, si por izquierda se entienden "esperanzas" como la de Michel Foucault, y por el fallido rescate de rehenes en Teherán, capital iraní, por el presidente estadounidense James Carter. Irán llegó a sostener posiciones aberrantes en su choque con Israel, como la negación del Holocausto, y votando tonterías en Naciones Unidas cuando era líder iraní Mahmud Ajmadineyad, para quien Israel debía ser "borrado del mapa". Enésima demostración de palabrería del Sur global, por más que los persas sean de los pocos realmente "milenarios" en el mundo. Que se recuerde, los funcionarios iraníes tenían dificultades para escuchar y tolerar la menor discrepancia sobre el tema del Holocausto.
Parte de lo que han buscado Estados Unidos e Israel es remover a los "duros" del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, los Pasdarán, cuerpo que no es el ejército (el Artesh). ¿Hasta dónde importan los problemas internos de Irán? Parte debe permitir salir del capitalismo de feudo a uno más moderno, pero abortando alternativas desde abajo. El de los ayatolás era por lo demás anticomunista y con Ahmadineyad aliado de fuerzas de extrema derecha no presentes con Trump, dada la inclinación de este por Israel. Las amistades de Ahmadineyad eran para quedarse lívido, si se recuerda quiénes por supremacismo desataron odio a los judíos.
Como en otros casos, aunque ya bastante fuera de la "Doctrina Donroe", probablemente se haya tratado -como en Venezuela- de cerrarle el paso a China de distintas maneras, dada su dependencia del petróleo de Medio Oriente y del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del petróleo comercializado internacionalmente. Ya se ha estado operando en el mismo sentido a la vuelta, en la entrada del Mar Rojo. Con el control en grande en la región, se cierra un proyecto más de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (a través de Pakistán y el sur de Irán), además de colocar más en la dependencia a la Unión Europea (UE), que se asume como el vasallo en nombre de "sus" intereses.
Irán derrocó al Shá y tenía cierta tradición de izquierda en los '50, con Mohammad Mossaddeq (años '50), pero lo que no se dice tanto es que algunos países colocaron al ayatolá Ruhollah Jomeiní en 1978 (llegó a Irán desde Francia escoltado por cazas franceses) para encabezar una gigantesca limpia de comunistas del partido Tudeh. No quita que Jomeiní haya creado su propia guardia y una crisis con Estados Unidos, para irse "por la libre" y crear una casta militar enriquecida. A la larga, Irán creó un grupo de un 10 por ciento de la población beneficiado mientras el resto cayó en serias dificultades sin ayuda social, con una diáspora de ocho millones de personas, una burguesía comercial antigua reticente al régimen (los "bazaríes"), el bloqueo al cambio buscado por el presidente Masud Pezeshkian -cercano a Rusia, al igual que Alí Larijaní, y renuente a culpar de todo a Israel -y otros males.
No se trata de exculpar a Trump, que ya perdió la oportunidad de hacer caso de gran parte de su propia base y de sus propios colaboradores más moderados. Antes bien, Trump asumió un riesgo interno, le sirvió la mesa al belicismo y puede abortar un cambio desde abajo en Irán. Trump se está metiendo en problemas, actúa con el peligro de que se le prolongue un conflicto innecesario y que dará bombo y platillo al globalismo y al izquierdismo. Una pifia (da click en el botón de reproducción).