Alguien dijo alguna vez de Freud que fue "maestro de la sospecha", como Marx (?) y Nietzsche. No es tal vez la expresión más afortunada, pero Freud ciertamente ha servido para que cualquier afecto sea visto como "sospechoso": ¿un hijo quiere a su madre? Bien: hola, Edipito. ¿Una madre quiere a su hijo? Ok: es que quiere tener un falo.
Hay que considerar algunas circunstancias, que ya describiera hace tiempo el escritor mexicano Ricardo Garibay: después de sufrir el machismo del señor, llega para la señora, madre de "sus" hijos (como si los hubiera tenido sola), la hora de la revancha, con la inutilización desde el ámbito doméstico (la amenaza de retirarle la "base material" al tipo, perdido en la "superestructura"), social (una amplia red de comadres, amistades y parientes de la tía Cuquis que aíslan al proveedor) y sexual ("si te portas bien, puede que..."). El hijo varón es criado por la madre, por ser la dueña del ámbito doméstico, y porque el padre termina ausente (el invisible de la foto) o agotado en el deber de proveer; para él, el mundo de los cuates, las aventuras y las "canitas al aire" toleradas porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa. No es asunto cultural, sino hábito social (tampoco de todos los sectores) resultado de la Historia. Al final, la parte de telenovela: el tipo repartirá entre mujer e hijos. Hay casos extremos: el clan de San José de Gracia presidido por la abuela, o la "matrona" (la "Mamma" italiana). Si el hijo varón no tiene pareja, entonces se refugia en casa de mamá. Tal vez a cantar "Yo nací en el Mediterráneo". Un hombre solo no es posible: ah sí, "soltero maduro, maricón seguro". Por algo el 10 de mayo es más importante que el 8 de marzo, nada más para sindicalizados. Nótese que la entrada de la mujer al mercado de trabajo y la reducción del tamaño de la familia (menos tías Cuquis) está cambiando las cosas.
Como sea, la familia se entiende en principio -sin que sea forzosamente así- como soporte, y previsión en caso de vulnerabilidad, como vejez o enfermedad, salvo que el origen del padecimiento esté en alguna relación familiar misma (y hay casos graves). Si lo último no es el caso, el soporte familiar es más o menos natural, a condición de que no remplace calidad en los servicios de salud con los que debe repartirse la carga si lo es. "Valores familiares" no es recargarse en el familiar más cercano hasta llevárselo de corbata. Pero, en fin, Edipito o la "madre falito" también existen en algunos sectores (no todos) de ciertas sociedades (no todas), sobre todo a condición de que la señora no trabaje y/o no sea el sostén del hogar. Saber discriminar no está de más. Pero se supone que Freud tiene "un esquema": y para algunos, es sentencia firme y condena. Una cercanía o un apego madre-hijo, al margen de toda realidad, es una tara que hay que erradicar. Es palabra de Dios.
La psicología cognitivo-conductual añade que "no es el mundo el que nos afecta, sino cómo lo interpretamos". Y sí, parece que a una legión de psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras no es el paciente el que los afecta, en lo más mínimo, sino el modo en que lo interpretan según "las Enseñanzas". Pueden así lanzarse ciegamente a tratar de destruir el único soporte de un paciente (por ejemplo, del hijo de una madre sola), porque, al margen del juicio de realidad, el esquema dice que "está mal" y "fuera de lo normal". Nada cuenta: entorno social, trabajo, orígenes, etcétera. Varios tomos de la Biblia freudiana ya resolvieron todo y no se trata sino de "aplicar el modelo". Sospechoso hasta prueba de lo contrario, en vez de presunción de inocencia. A lo que se agrega el hábito social: se le puede proyectar al paciente. De hecho, es bastante cómodo. Sepárese de su madre y busque con quien coger.
El sub-D tiene agravantes. Hijo de madre sola es el blanco bastante ideal de la maniobra. Para asegurarse la impunidad propia del machismo, ya se tiene el "flanco débil" sobre el cual maniobrar si no hay red del paciente. Un error de interpretación o de medicación no trae consecuencias, porque nadie se mete en "lo que no es normal", salvo para encajarse con que "no es normal". Mi Súper-Yo es mi última lectura del Doctor Freud y mi trayectoria de "clasemediero".
Alguien puede tener, por genética, y después de los 25 años, epilepsia, por ejemplo del lóbulo temporal-parietal, que es una displasia cerebral focal y provoca accesos de ansiedad severa, descontrol y agitación motora, además de (por el parietal) obsesión con figuras geométricas y problemas sensoriales. Desde cuando menos 25 años, hay formas de detectar el problema y tratarlo. Pero si alguien tiene ansiedad y la situación familiar descrita, está en una posición ni mandada a hacer para que se presente un largo tour en el que, además de recibirse el esquema, no queda más que agradecer que por ceguera y garantía de impunidad se proceda a lo más cerca de una conducta criminal que elimina al testigo: la ayuda o el soporte son el problema. No sólo se procede sin expediente, al margen de la Ley General de Salud en México y sin tener que rendir cuentas: en pleno arcaismo, para variar entre ignorancia y un sesgo de mala voluntad ("fue sin querer queriendo, claro"), importa más que salve el pellejo el psicólogo, psicoanalista o psiquiatra que el trabajo tenga valor (en horas) y utilidad (para el paciente). Si había algún derecho, lo primero es ser despojado de él para asegurar "el margen de maniobra" del "galeno".
Si el paciente tiene doctorado, la nota del sub-D la ponen quienes aseguran que con este título no se puede tener un padecimiento que vuelva ansioso. Quítese todos los medicamentos y búsquese con quien coger, o "ya madure". O si los medicamentos tienen resultados inesperados, podemos pasar al engaño en lugar del trabajo: "es que usted tiene reacciones idiopáticas" (de origen desconocido). Mismo principio: no pienso detenerme a pensar, tengo un esquema para todo -sacado de una que otra lectura-, esto no es más que una "ciencia experimental" y, salvo despojarlo de sus derechos, de su bolsillo y convertirlo en ratón de laboratorio, no puedo hacer nada porque "su caso da para todo" o "tiene usted de todo un poco". Tdo mientras se cuela de mil y un maneras que la relación de soporte es dañina. No porque lo sea (aunque como cualquiera, no esté exenta de problemas), sino porque "el esquema dice" y es de un "maestro de la sospecha". Ya no se es paciente, sino "sospechoso" y con familiar "presunto culpable". Como si buscar ayuda fuera el equivalente de ir a dar en el MP o con la Judicial, y con "lo suyo es emocional" como modo de sembrar la culpa -neurólogos incluidos. Pese a que el carcelero tiene el remate de ofrecerle "las puertas abiertas del consultorio".
En algunas sociedades, el psicólogo es visto como un extorsionador. No faltará quien exonere arguyendo que es charlatanería y que todo se resuelve con un té de tila. Heinz Dieterich dijo alguna vez que los pacientes mexicanos son malos: tienden a irse, buscar alternativas y volver cuando ya es más difícil atender. Pero la medicina del sub-D no cree en el valor ni en la utilidad: como el de la necesidad es el paciente, el otro cree con omnipotencia que tiene "el poder" y que se vería mal si no lo muestra. No es ningún asunto de charlatanería: psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras dependen de "cómo los interpretamos", y si los hay honestos, sobre todo entre los más jóvenes, también hay legiones de enfermos que creen curar y que, poses aparte, no pueden ir más allá de su más pobre subjetividad, creyendo ser dueños de la del paciente -por el "inconsciente"- y de "lo que el Hombre tiene en mente". Ahora se cobra por ser ocioso y tener cochambre en la cabeza e insidia en la boca. (da click en el botón de reproducción).