Como ya ha habido ocasión de explicarlo, es frecuente que hoy en día las palabras se usen no en función de su significado, sino para "impresionar" y "causar sensación", que es en lo que están los medios de comunicación masiva, en estado de excitación permanente, lo que por lo demás llega a notarse en la manera de subir el tono de voz, como si no fuera suficiente con un micrófono.
El alcalde de la ciudad estadounidense de Nueva York, Zohran Mamdani, siguiendo por lo demás a la ex candidata Kamala Harris, igualmente Demócrata, tildó de "fascista" al presidente Donald J. Trump, lo que está de moda en la izquierda y extrema izquierda, como ya había sucedido en parte en el pasado con George W. Bush. Lo anterior no impide que Mamdani se haya declarado dispuestos a colaborar con Trump en aras de Nueva York. El asunto no acaba ahí, porque Trump, a propósito de otro tema, se refirió a los Demócratas estadounidenses no sólo como "los peores enemigos", entiéndase en este momento que después de Irán, sino también como "ineptos"... y "fascistas". Algunos, como el alcalde de Tel Aviv, en Israel, se han referido al premier israelí, Benjamín Netanhayu, como "teócrata fascista", y la analista iraní en España, Nazanín Armanian, aunque muy buena, habla de los ayatolás como "fascistas". A este ritmo en el que aparecen "fascistas" por doquier -y con frecuencia no aliados, sino enfrentados entre sí-, ya nada más falta "y tu mamá también". Si se sigue a Inna Afinogenova, el presidente ruso, Vladimir Putin, quien sagradamente festeja cada nueve de mayo la victoria sobre la Alemania nazi, es también "fascista". Cualquiera en la derecha cae en la catalogación de "fascista", nada más que Trump acusa de "fascistas" a los Demócratas porque los considera "de izquierda radical" (?), aunque el fascismo tocaba en apariencia a la izquierda, y bien que se llamaba "nacional-socialismo" o que habría que buscarle sus antecedentes al fascista italiano Benito Mussolini. En fin: todos fachos. Se trata hoy de lo innombrable: demagogia.
Trump cometió un error de cálculo en Irán (nos dejamos del Derecho y de Naciones Unidas), y la "decapitación" del liderazgo del ayatolá desató a un Cuerpo de Guardias Revolucionarios "resistiendo" un tanto sin ton ni son (y vaya que Irán no es un país "amigable" con la población cuando ésta protesta). ¿Hay alguna razón de peso para defender al actual "gobierno" iraní o lo que resulte? No, aunque haya motivo para estar contra el proceder de Trump y Netanhayu. Lo simpático es como cada uno la "hace más grande": Trump, no exento de vanidad, declaró hace poco que salvó al planeta de una guerra nuclear. Ni idea de cuál, porque ya más de uno "que sabe" declaró que Irán no tiene armas nucleares. Conflictos regionales en Medio Oriente los hay desde hace décadas, también por el especial gusto Republicano por el petróleo, pero no como para una guerra nuclear, salvo que Israel haga un mal uso de su monopolio en la materia. En fin: fascistas con artefactos nucleares. Suena "terrorífico" o terrific. La creencia está en que cada uno está más chiflado que el otro. Lo cierto es que Netanhayu sí sabe a qué apunta: como lo ha sugerido Armanian, a instalar el "caos controlado", si es posible también en Irán.
Después de todo, es lo que hizo y "dejó hacer" Netanhayu en la Franja de Gaza al tener contactos con Hamas (así lo indicó el ex premier israelí Ehud Barak) y permitir el financiamiento para éste por parte entre otros de Qatar, hasta llegar a la provocación de la que son artistas los israelíes. ¿Resistir? No tiene mucho sentido si es para pasar por alto la tragedia interna palestina, por la corrupción y el descrédito de la ANP (Autoridad Nacional Palestina) y el sucísimo papel de Hamas. "Resistir" sin proponer ni plantear alternativas es "actuar" sin importar que haya cabeza o no. Como si la "causa justa" bastara para justificar la falta de análisis y la renuencia a ver lo que es derrota. "Resistir" es a veces una penosa negativa a aceptar la derrota. O incluso que se está ante el riesgo de perder más que una batalla.
Gracias a Trump por salvar al planeta de una guerra nuclear y gracias a toda mediación que evite la Tercera Guerra Mundial. Como es su costumbre, Trump ha reconocido que está más o menos maravillado porque Irán no ha terminado de caer. En cuanto a Netanhayu, es un as de la manipulación: si es necesario, afirma que Irán "pone en peligro al mundo" porque tiene misiles que pueden llegar a capitales europeas y más. Razón para seguir destruyendo brutalmente a Irán, que a diferencia de Israel no tiene arma nuclear.
Para simplificar, como decía el ex disidente soviético Alexander Zinoviev, la Tercera Guerra Mundial no puede empezar sin el acuerdo de Rusia. Tal vez la afirmación sea difícil de entender. Rusia no se va a meter en Oriente Medio para arriesgar una escalada. No queda claro si a cada rato hay que tomarse todo a "global". Ya no es más que una falla reiterada de una diplomacia inexistente, por lo que se alterna el garrote y la zanahoria. No hay nada "global" que empuje a negociar salidas honorables en Gaza o ante Irán, porque no hay más que tomas de partido precipitadas: contra los ayatolás, en cuyo caso golpear es legítimo (así resuelve todo el señor Agustín Laje, de derecha), sin importar la ley o "resistir" tipo "mi honda es la de David" (contra Goliat), sin que tampoco se pueda hablar de la opresión interna en Irán. En algo tiene razón el analista Daniel Estulin: bienvenidos a un nuevo desorden mundial en el que todos pierden mientras, habría que agregar, no falta el que vea qué pesca a río revuelto. Vaya idea de Trump de armar otro vacilón. Cuando no hay alternativa y se hace todo para que no la haya, lo que incluye a la izquierda cuando se pone a "no me confundas, compadre", la decadencia puede ser larga y caótica, sin más visión que el corto plazo y, eso sí, con cada coyuntura convertida en fenomenal revulú. Aunque, a diferencia de Netanhayu (!mis respetos: el arrasatodo!), Trump no sepa bien "de qué va" y le aviente la pelotita al halconcito de Defensa (Guerra) Pete (Hegseth). Un bruto. (da click en el botón de reproducción).