Hace un buen rato que, como ya se ha sugerido aquí, Ucrania está llevando, entiéndase que por encargo, la guerra al territorio ruso. Para no dar muchos rodeos, lo que se debate ahora en Rusia no es el Donbás, sino hasta cuándo tolerar lo verdaderamente nuevo, que no ocurre en suelo ucraniano. Algunos, no pocos (en los medios, entre los militares y en la sociedad), sugieren golpear ya, y no se trata sólo de Ucrania. Allá con quienes, luego de, como dice el analista Rafael Poch de Feliú en Rebelión, meterle el dedo en el ojo al perro, lo acusan de ser "una amenaza" si ladra o muerde. En Francia se dice: "quien quiere ahogar a su perro lo acusa de tener rabia". Para ahorrarse a todos los que en los medios de comunicación masiva seguramente están como "materia dispuesta" para repetir lo que sea, o para creer que otra posición es simple "rusofilia". Una cosa es la defensa de Ucrania. Otra ir adentrarse en territorio ruso, porque no se trata de acción defensiva, sino ofensiva. Ya fue llevada un tiempo atrás a cabo en la región rusa de Kursk.
Es de nuevo por la prudencia del presidente ruso Vladimir Putin que las cosas no pasan a mayores. Con sus drones, Ucrania ya ha afectado instalaciones petroleras rusas, por ejemplo cerca de San Petersburgo; ya ha obligado a cambiar el tipo de festejo del Día de la Victoria (9 de mayo), por amenazas de agresión por parte del "presidente" ucraniano Volodímir Zelenski, un enfermo capaz de sugerir un "primer golpe nuclear" contra Rusia; ha logrado trastornar, por ataques contra un centro de control de navegación aérea de Rosaviatsia, toda la navegación por aire en el sur de Rusia, en 13 ciudades; ya ha pegado en Kazán y provocado muertes entre civiles, sin contar con atentados bomba mortales en Rusia contra jerarcas militares rusos. Nada de esta agresión puede tener lugar por cuenta propia de Ucrania y sin ayuda de la Unión Europea (UE) y en parte de Estados Unidos. Ucrania está saboteando los intentos de arreglo, desde un principio (entiéndase que desde 2022). Putin ofreció en Alaska un arreglo, ante el presidente estadounidense Donald J. Trump. El mismo Putin afirmó hace poco que estaría cerca de consolidarse una "línea de seguridad" entre Ucrania y Rusia, para no pasar a mayores. Pero lo que ocurre entretanto es que Ucrania está desquiciando tanto como puede la vida en Rusia.
Se tiene por sabido que Rusia se reserva el derecho al golpe, incluso nuclear, si una agresión contra territorio ruso pone en riesgo la existencia del Estado. Tal vez no sea exactamente el caso, pero lo que se debate es otra cosa: ¿hay que golpear ya para evitar una escalada o evitarla al no golpear más allá de lo necesario? El problema se complica si se está ante gente que pudiera creer que la prudencia es debilidad. Y algunos ya lo están creyendo TAMBIÉN dentro de Rusia, y no sin argumentos como el del ex presidente Dmitri Medvédev, para quien sólo el miedo a ser destruídos puede detener a quienes alientan provocaciones y agresiones contra Rusia. Es probable que sea lo único que algunos entienden en la UE, como entienden en Estados Unidos que es mejor no recibir féretros de soldados propios. Más de uno parece creer en la capacidad para crear las condiciones de una agresión a Rusia sin mayores consecuencias: no es de la nada que sale lo que hace Zelenski, mientras desde Rusia se sugiere a los extranjeros en Kíev, capital ucraniana, que mejor salgan. Es un aviso tras otro. Pero también vale lo que ha dicho Rafael Poch de Feliú: si quien te dice "tranquilo, no pasa nada" te tiene la cabeza apuntada con un revólver, lo que cuenta no es lo que dice. Hace mucho lo dijo el militar ruso Leónid Ivashov: hay gente ante la cual es preferible no bajar la guardia. Entiéndase que a la que hay que apuntar también con un revólver a la cabeza. Lo que algunos en Rusia sugieren es ya algunos tiros de advertencia muy en serio para parar. Otros están a la espera de lo que suceda entre Estados Unidos y la UE, lo que tampoco es una "bobada": es para la eventualidad de soltarle tremenda cachetada al niño malcriado europeo sin que intervenga Papá Washington. Aún dicho así, lo grave es que lo que está en juego es pasar de lo frío a lo caliente. No es difícil saber quién se calienta la cabeza y quien la mantiene fría. Es una pena, pero más de uno en el mundo "democrático" no tiene amigos, por más que "eche montón": ni uno que recomiende ser precavido ante Rusia. Y Trump en Ucrania no está dando el ancho. Mucho tiempo no queda para decidir (da click en el botón de reproducción).