Los Republicanos suelen tener un estilo particular en Estados Unidos, país que, pese a sus ventajas materiales, no tiene mayor tradición humanista o "ilustrada". "Falta de ilustración" es justamente lo que caracteriza a las administraciones estadounidenses, aunque puede haber quien prefiera con los Demócratas que se le repita que Estados Unidos es "la nación indispensable" y "excepcional", como clara muestra de sensación de superioridad.
El presidente George H. W. Bush era capaz de justificar así una agresión contra Irak: " i am tired of Sadam Husein" (estoy cansado de Sadam Husein). Pues vámonos a largar bombas.
Previamente, el periodista argentino radicado en México, Gregorio Selser, llegó a demostrar la cantidad de tonterías que lanzaba Ronald Reagan, presidente estadounidense en los '80 y actor, ignorante como él solo. No fue la única causa de la erosión de la Unión Soviética, pese a la carrera armamentista de entonces, en particular con la llamada "Guerra de las Galaxias", pero los soviéticos temían a quien tenían enfrente, dada la escasa inteligencia de Reagan (mientras su esposa Nancy se las arreglaba con astrólogos). Para Reagan, admirado por ejemplo por el presidente estadounidense Barack Obama, la Unión Soviética era simplemente "el imperio del mal", como más tarde otro Republicano, George W. Bush, se inventó un "Eje del mal". Reagan justificó en 1983 la invasión de Granada con que se necesitaba nuez moscada "para el pavo de Navidad": luego entonces, a largar bombas. Reagan no sabía ni dónde estaban los países y se apersonaba con chistes como el de "acabo de declarar la guerra nuclear". Primero, para los soviéticos la carrera aludida se hizo insostenible pero, además, temieron que, francamente por bruto, Reagan fuera a desatar una catástrofe, más allá de que la "Guerra de las Galaxias" fuera o no blofeo (algunos afirman que sí). Reagan era cerril. Probablemente George H.W. Bush menos, pero "estoy cansado de Sadam Husein" no es un argumento.
El hijo, George W. Bush, era un "born again christian" igualmente tonto y bruto, aunque útil para los llamados "neocons" que incubaron el proyecto del "Medio Oriente ampliado". Cuando el desastre del huracán "Katrina", al hijo Bush no le quedó más comentario al sobrevolar Nueva Orléans que "ah sí, recuerdo que había aquí un bar que...". Cuando le anunciaron el atentado contra las Torres Gemelas, Baby Bush se quedó un buen rato con cara de tonto. Como sea, es frecuente que los Republicanos se rodeen de gente poco diplomática y brutal: América Latina seguramente puede recordar a Alexander Haig, el "halcón" por excelencia, y el mundo a gente de George W. Bush como, entre otros, los siniestros Richar Cheney o Donald Rumsfeld. La pregunta que se hacen algunos es si el actual presidente estadounidense, Donald J. Trump, no terminó cediendo a ideas "neocons" que sirven a Israel.
Los Republicanos no siempre fueron así. Dwight Eisenhower llegó a lertar contra el "complejo militar-industrial" Pero ya el presidente Richard Nixon se hizo una reputación por la frecuencia de su estado (etílico).
Donald Trump no escapa a ciertos rasgos Republicanos: llega a ser ignorante (tampoco sabe bien donde están algunos países y puede confundir el Caúcaso con Indochina) y puede estar rodeado de gente bruta, como antes John Bolton en Seguridad Nacional o como el "secretario de Guerra" Pete Hegseth. Según se desprende de The art of Deal, del mismo Trump, lo que le gusta es "hacer algo", el doing. Así que entre el bruto de Hegseth y el premier israelí Benjamin Netanhayu, que puede salir como el ganador del conflicto con Irán, Trump fue convencido de "hacer algo". El estilo es la máxima amenaza de "hacer algo" para arrancar concesiones, por lo general, aunque a riesgo de caer en su propio "juego". Para el portal Sin Permiso, el ganador es Netanhayu, del que se habla menos que de Trump, pero que es un criminal. Lo "logrado" en Irán fue empujar a la radicalización del Cuerpo de Guardias Revolucionarios, que no tiene nada de "amigable" y que Israel pretendería terminar de liquidar para dejar a Irán más o menos "acéfalo", para que lo que quede de Irán caiga en el caos. Trump, por su parte, empezó mandando a negociaciones a gente que de Irán no sabe gran cosa, si no es que nada.
El problema -pese a lo que se creyó incluso Trump al decir "voy a liquidar una civilización" como quien dice "hoy voy a desayunar corn flakes"- no es "Ciro el Grande contra los jázaros" (por interesante que sea el texto La invención del pueblo judío), salvo que la discusión final sea quién tiene mayor parentesco con el Australopithecus. Del mismo tenor son los inventos del presidente ruso Vladimir Putin sobre Ucrania la de Rurik y Yaroslav el Sabio. Es lo que sucede cuando se ha cortado con la historia reciente, en la cual el régimen iraní nunca fue especialmente fiable ni puede presumir de mayores logros para su población, además de haber caído en manos de un grupo militar-religioso (el de "la Firmeza") muy represivo. No todo es de pura malevolencia ni de "asuntos ancestrales" ya pésimamente usados para liquidar a Yugoslavia (ah sí: "odios ancestrales"). También existen los errores de cálculo, y es probable que Trump no haya sido el único: por "milenarios" que sean los persas, Irán no es Vietnam. Cuando Trump dice "toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás", no es que suceda, como tampoco cuando uno de los líderes iraníes mandados al otro mundo hablaba erróneamente de "Estado civilización".
Es que, si bien se dice que Estados Unidos "subcontrató a Israel" (si se tratara de los "neocons"), pareciera lo contrario: destruir Irán -en términos militares y de infraestructura- es lo de Israel, que ha llegado hasta infiltrar el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Iraníes; es repetir las provocaciones "a lo Hamas" -totalmente injustificables- para legitimar la destrucción "furiosa" y muy poco "épica", incluso sin importar que, como se dice coloquialmente en México, Trump "pague el pato" (o "los platos rotos"). Lo que está por verse es hasta dónde se entrecruzan Trump -que puede estar interesado en cerrarle el paso a China, hacia donde va el 90 % de las exportaciones petroleras de Irán- y los "neocons" y el "Estado profundo": entre negociar y sembrar el caos, cerrándole en casi todos los casos el paso a la protesta de la gente de abajo en Irán. Más que de malévolo, Trump fue a dar en algo bastante Republicano: lo bruto e ignorante. Tampoco hay que sumarse "subiendo las apuestas" para ver si Israel esta vez le hace caso a la extinta periodista Erika Vexler y se pone "nuclear". Menos aún es justificable un régimen como el iraní. La polarización es entre Israel e Irán, sin que se sepa por qué hay que cebarse sobre Trump y no sobre quienes no paran de provocar para obstaculizar negociaciones antes de que no quede de Irán más que un desastre de gran alcance (Israel no va a perder mayor cosa). No queda claro si cuenta reclamar derechos ancestrales, milenarios o civilizatorios a balazos y si, ideología aparte, se trata siquiera de éso o de que los vencedores sigan siéndolo. Es Irán que está en riesgo, y no se trata de parar a Trump hasta el último iraní, o de que gane Israel hasta el último apoyo a Trump, y todo en nombre de pasados a cuál más grandioso, y para "cronistas" a cuál también más "grandioso". Ya todo es great again (da click en el botón de reproducción).