Lo declarado por el actual líder cubano Miguel Díaz-Canel, en el sentido de que hubo una decisión colegiada, que incluyó al retirado Raúl Castro (94 años), puede indicar una deferencia, en parte, porque, a diferencia de lo sucedido con "Fidel", no hay ningún culto escandaloso a la personalidad de "Raúl", descubierto a destiempo. Lo otro es la presencia del nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, que puede ser en parte simbólica, ya que dicho pariente no tiene ningún cargo. Ya en negociaciones previas, en tiempos del presidente estadounidense, Barack Obama, estuvo un hijo de Raúl Castro, Alejandro Castro Espín, sin que sea reprochable, porque tiene muy buena formación. No pasa lo mismo con el nieto. Y ninguno de los dos está dirigiendo nada, como tampoco Raúl Castro, tal vez en la decisión a título consultivo (otra vez: apenas ahora incluso gente cercana anteriormente a Raúl Castro se ha percatado de lo que propuso, y que no tiene nada que ver con "vamos a movilizar a las masas" -"modito" que Díaz-Canel parece haber puesto a remojar). Como se desprende de lo dicho, Raúl Castro está ligado a formas de apertura y de cuestionamiento de las trabas burocráticas. O entonces, como parte de la burocracia cubana, se hace fidelismo como forma de gatopardismo. Hay tanta desinformación como la que viene en la repetidora del "narcogobierno" mexicano, a lo que la presidentA de México, Claudia Sheinbaum, respondió que el mandatario estadounidense, Donald J. Trump, está desinformado. O es su nueva manera de llevar al límite cuando empieza la renegociación del TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá).
Los medios de comunicación masiva raramente informan. Recientemente, Cuba abrió la posibilidad de buena parte de lo que quiere Trump: que cubanos del exterior inviertan en la isla. No es meramente declarativo, sino que está precisado cómo, cuándo y dónde.
Hay que considerar que la relación entre Cuba y Estados Unidos, Florida en particular, tiene la fuerza de varias oleadas migratorias (a las que es ajeno Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado). Una parte se fue después de la Revolución de 1959, y es conocida como la de los "gusanos", que pudo incluir gente a quien se les confiscó algo, aunque mucho era, sobre todo, estadounidense. Después apareció otra generación, la de los llamados "maceítos", interesados desde Estados Unidos en ayudar a Cuba, y sin relación con la mafia y el terrorismo, por si Trump no sabe quién volaba (en pedazos) aviones cubanos de pasajeros u operaba en distintos países de América Latina de manera siniestra (como para matar agentes de la DEA por ejemplo, la Agencia de Control de Drogas, en beneficio de la Central de Inteligencia Americana, esto en México). Después, los "marielitos", no todos delincuentes, aunque sí bastantes, a principios de los '80, cuando ya más de una cosa no iba en Cuba ni con su esbozo de apertura al turismo. Después, los que salieron a medida que las condiciones de vida en Cuba se fueron degradando. De donde la importancia de las remesas desde Estados Unidos para Cuba y de los lazos familiares. Salvo para alguno de tour perdido en La Habana Vieja, Cuba ya no es el país del rón para satisfacción de Ernest Hemingway ni del tabaco en la boca de "Fidel". Ahora, pese a la importancia del turismo (y los errores monumentales en el rubro), no es parque temático, y la tercera fuente de ingresos para Cuba son servicios profesionales, por más que los médicos internacionalistas no sean bien pagados. Ya se sabe desde John F. Kennedy que la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana. Pero Cuba logró un desarrollo médico notable y comprobable en varios rubros y también en el de la alfabetización. Ahora que la salud y la educación no son negocio y si lo son, peor. Para no hablar, como ya se hizo antes, de carreras en el deporte.
La apertura se está proponiendo en infraestructura y agricultura, para cubanos del exterior, sin necesidad de residencia. Se incluyen también en parte las finanzas, con la apertura de cuentas en divisas, e inversiones no limitadas a pequeñas empresas. Como esta, pueden haber algunas medidas más que respondan a la realidad de la diáspora. No sería sino "desburocratizar" lo que ya existe. Y si se ha hablado del turismo, adelante si quieren afear más La Habana e inventarse "la pequeña Dubai". El punto está en que se encuentre al mismo tiempo la manera de relanzar un calidad de vida más o menos general que sí fue una realidad, por más que los riquillos crean que el socialismo de Estado es cosa de "muertos de hambre".
Si Trump va a cometer otro error -y véase cómo lo presionan quienes están contra él para "sacar al castrismo" (¿para dejar a los más ineptos y una caquistocracia más?) y las castañas del fuego, que invada de día, porque con tanto apagón de noche todos los gatos son pardos. En cuanto a "tomarse Cuba", Trump da signos de la vanidad del que no entiende que está mal rodeado, gente criminal incluida, del primer ministro de un país hasta presidentes de otros. O el asunto es en serio y entre Estados o es de los grupos de presión y los "duros" de turno, porque ni Rubio debiera estar donde está. "Tomarse Cuba" y considerarlo un honor es vetusto, como el "i took Panamá" de Theodore Rossevelt hace 121 años. Así, si no hay aprendizaje de lo ocurrido con Irán: "volver a Estados Unidos grande otra vez" está bien, no multiplicar los pleitos en el exterior ni la patanería. Ni que el gringo anduviera solo por el mundo haciendo y deshaciendo, cuando a lo sumo se le pasan sus exabruptos de chivo en cristalería. Corre tiempo. No vaya a ser que Trump haga lo que Bad Bunny dice. Sepa. (da click en el botón de reproducción).