Es estas alturas es poco probable que el presidente estadounidense, Donald J. Trump, entrampado por el premier israelí Benjamín "Bibi" Netanhayu en Oriente Medio, pueda hacer algo serio para mediar en el conflicto entre Rusia y Ucrania. De nueva cuenta, cuando Trump se estaba acercando a alguna forma de arreglo con Irán, Israel lanzó una nueva ofensiva en el Líbano y "recalentó" la situación, por lo que Trump tuvo que pedir que se parara. Si muchos ven la debilidad de Trump y se regocijan, para coincidencia del izquierdismo y del "globalismo", no condenan a Netanhayu.
Como sea, parte de la lentitud del avance ruso en el Este ucraniano se debe a la voluntad deliberada de no dañar a civiles, a diferencia de lo que ya ha mostrado en varias ocasiones el ejército ucraniano, desde Bucha y Kramatorsk hasta Starobelsk. Rusia estaría dispuesta a soltar una parte de Jersón, pero no a dejar de tomar toda la región de Donetsk, faltando de ésta menos del 20 %. Serían alrededor de seis meses más para dar por terminada la "operación militar especial", mientras el ejército ucraniano se sostiene con dificultades y mientras recibe armas "a lo grande" desde países europeos y Estados Unidos. En perspectiva, Ucrania ya ha perdido la guerra y ello se nota en cierto silencio sobre el tema entre sus aliados. Rusia ya ha hablado de terminar de ir asegurando una línea de seguridad en el frente.
Viendo lo que sucede y las consecuencias de atacar territorio ruso -respuestas más duras desde Rusia-, Volodímir Zelenski, "presidente" de Ucrania, por lo demás metido en un gran escándalo de corrupción- volvió a la maldad como resorte de acción al mandarle al presidente ruso, Vladimir Putin, una oferta de "diálogo personal". Se trata de tomar en cuenta al testigo: aparecer como de buena voluntad, cuando desde el principio no la hay, hacerle un guiño engañoso a Trump y dejar a Putin como el "duro" que no "quiere por las buenas". Curiosamente, Zelenski saca esta oferta cuando, por las condiciones descritas, lleva todas las de perder y no se debería tratar de hablar nada, sino de rendirse honorablemente. Lo otro es también lo de siempre: tratar de ganar tiempo para seguir buscando rearmarse. Y ni siquiera en función del Donbás, sino de agredir a Rusia. Putin ha endurecido los ataques contra la logística ucraniana, pero no ha cedido a los "acelerados" que desde Rusia piden largarle un bombazo a Alemania y sabrá Dios cuántos más. Se trata de cerrarle el camino a la escalada que algunos propugnan irresponsablemente -y también en Rusia. La misma escalada que ha tratado de provocar Zelenski.
Lo dicho tiene lugar en un marco en el que, por ahora, "Europa" no tiene los recursos para agredir a Rusia directamente, menos ante el riesgo de la superioridad militar rusa, y encima, la misma "Europa" no puede contar con hacer de mercenaria de Estados Unidos, porque a Trump no le interesa. Lo que se puede hacer con los "aliados" a través de Ucrania es limitado. Dicho sea de paso, "Europa" es una generalidad: hay más de un país que no quiere una aventura contra Rusia -como Serbia- o que se ha ido alejando, dentro de la UE (Unión Europea), de la política antirrusa, como Hungría (incluso después de la salida de Viktor Orbán), Eslovaquia y ahora Bulgaria. De la misma manera en que hay que tomar en cuenta que Zelenski no es Ucrania -"gobierna" como DICTADOR con una ley marcial recurrente- y Putin no es "Rusia". Para quienes conozcan la definición exacta de la palabra "dictadura", es lo que hay en Ucrania, donde hay un Parlamento con pocos parlamentarios y están prohibidos todos los partidos de oposición, además de que la única obsesión que les queda a dichos parlamentarios, a Zelenski y su entorno es la de agredir a los "moskali" (moscovitas). Ucrania tiene sin cuidado a Zelenski y su gente: el "bolsón" por tomar en la región de Donetsk es de neonazis y decenas de miles han desertado del ejército de Ucrania. Parte del silencio es que han bajado las giras de Zelenski vestido de militar o, peor si es de negro, lo que ya motivó -según lo recordó Putin- que el ucraniano se llevara un regaño en la Casa Blanca por su comedia -recuérdese que Zelenski es comediante de origen. Si Putin no es Rusia, es porque adentro se ha desgastado y tampoco es el "ala dura". El desgaste viene de una política interior sacrificada a la exterior. Por lo que respecta a la UE, el presidente francés Emmanuel Macron ya no representa gran cosa.
La definición de Putin, si se reafirma, "concretaría" antes o cerca de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, con Trump desgastado, aunque hay que recordar que, a diferencia de alguien como el secretario de Estado Marco Rubio, Trump mostró en Anchorage, Alaska, ante Putin, buena disposición. Dicho sea de paso, al meterse erróneamente con Irán, Trump contribuyó a la radicalización de posiciones de los Guardianes de la Revolución y de Israel; por cierto, tampoco logró Trump, con la salida del hoy expresidente Nicolás Maduro en Venezuela, un aumento significativo de los suministros de petróleo, aunque se le venda a India y ya no a China. Para un supuesto "fascista", va de tiro en la culata en tiro en la culata sin que quienes no paran de querer debilitarlo puedan decir en aras de qué intereses y de qué significado para una mayor paz. O deshacerse de Trump es un fin en sí mismo" porque es "lo que hay que tener". Creyendo estarse al gran póker, "la Historia" o el casino, más de uno se confunde con caricaturas. Del estilo "Europa", "Occidente", el "Occidente colectivo" (en Rusia), el "Occidente liberal" (también en Rusia") o "la amenaza rusa" y obnubilaciones con Putin. Para Bugs Bunny: ¿qué hay de nuevo, viejo?