El hoy nonagenario Raúl Castro no puede ser acusado de "castrismo", entre otras cosas porque no se eternizó en el gobierno, y, hasta cierto punto consciente de ello, fue visto y tratado no como un ser en sí, sino como "el hermano menor de" ("pulguita"), en lo que entonces era "fidelismo", no "castrismo", conforme a una tradición bastante hispánica. Tan es así que más de uno tomó a Cuba por "la isla de Fidel" (la "Numancia", como la llamaba el escritor mexicano Carlos Fuentes), sin incomodarse por el culto a la personalidad. Aunque a la sombra de Raúl Castro, en probable confusión de disciplina y obediencia, el actual líder cubano, Miguel Díaz-Canel, arrancó repitiendo un pensamiento inexistente, el de "Fidel" y la "continuidad". Sólo de manera reciente, parte de la dirigencia cubana, no exenta de adulación, se descubrió cierta vocación por "obras escogidas" de Raúl Castro.
El menor de los Castro, en el tiempo que estuvo al frente del gobierno, siguió -porque lo había hecho con el ejército- con la búsqueda de institucionalización de la Revolución, a partir de una nueva Constitución, ampliamente discutida desde abajo antes de ser aprobada: el texto es claro en términos de ley, derechos de la ciudadanía e igualdad, para excluir la discriminación (que racialmente salta a la vista en Cuba entre blancos y negros, muy llamativamente). y fortalecer la participación de la gente, que es lo que implica la democracia, no que cada uno se vaya a su casa a despotricar contra la caquistocracia (gobierno de los ineptos). Había dicho Raúl Castro que era necesario pasar de la letra a hacerla efectiva. El último discurso de Raúl Castro al respecto, habiendo ya pasado a retiro, fue el 10 de abril de 2019, y sin presos políticos, como el mismo Castro se lo demostró en gesto de apertura al presidente estadounidense Barack Obama. ¿Los lobitos se encontraron con las "obras" de Raúl Castro para buscar salir de aprietos y seguir en el gatopardismo? También con Raúl Castro se llevó adelante un nuevo Código de las Familias, en más de un aspecto de avanzada, y que no trataba en lo fundamental de las ocurrencias de Mariela Castro, pese a la importancia de la educación sexual. Y finalmente, Raúl Castro intentó una fallida reforma económica que implicaba descentralizar el poder, algo tal vez no muy del gusto de una dirigencia "clasemediera".
¿Hay conversaciones hoy entre Estados Unidos y Cuba? Es un misterio, pero involucrarían a un nieto de Raúl Castro e hijo de la pésima Deborah Castro Espín, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un junior, cuyo padre fue importante directivo de la empresa militar GAESA. El secretario estadounidense de Estado, Marco Rubio, no quiso decir nada. Entretanto, empresas cubanas privadas pueden comprar hoy petróleo en Estados Unidos. El presidente estadounidense, Donald J. Trump, dejó hacer. Parte de los intereses de Trump estaría justamente en venderle petróleo de Estados Unidos a Cuba, y en invertir en el turismo, con cadenas hoteleras gigantes (Hyatt, Marriott, etcétera), para seguir metiendo la pata -con hoteles semivacíos- y en el sector inmobiliario, además, repetido expresamente, de abrirle más puertas a los cubanoamericanos en la isla.
De repente, y no por "rendirse ante Trump", Díaz-Canel se despertó y despabiló un rato y llamó a medidas económicas y sociales urgentes -ya lo eran muchos años atrás- para permitir inversión extranjera, lo que puede tender un puente con Estados Unidos, aunque también es un riesgo sempiterno, al menos en el turismo; pero, también, para lo previamente buscado, la "autonomía empresarial", la descentralización hacia los municipios y, lo que cuenta y debió hacerse hace ya rato, la diversificación energética (en vez de colgarse de Venezuela) y el rendimiento de la producción nacional de alimentos, lo que también es factible. Díaz-Canel volvió sobre lo planteado por Raúl Castro: un Estado más achicado y más eficiente. No se trata sino de lo siguiente: completar una etapa que se quiso saltar desde 1959-1961, y aprovechar capacidades endógenas, de ser posible teniendo más cuidado en no dedicarlo todo al turismo en nombre de los ingresos en divisas, un antiguo problema desde los '80 y que se agravó después. Hay gente en Cuba con ganas de aportar, pero que no puede hacerlo porque el Estado estorba con mil y un regulaciones, incluso cuando no hay explotación de por medio. El vínculo con los cubanoestadounidenses es un hecho, a través de las remesas, pese a las limitaciones recientes con Trump. Probablemente Trump debiera limitarse a ciertos negocios -que no sirven para gran cosa, como en Gaza, sino para "hacerla más grande", como se dice coloquialmente en México- y los puentes con los cubanoestadounidenses que son un hecho, pero sin pretender "tomarse todo" a expensas de varios proyectos soberanos cubanos; y parte de la burocracia puede dejar de querer arreglarse con palabras y sin hechos y, además de reservar un lugar para la iniciativa nacional y la descentralización, dejar de temerles por temor a la gente de abajo, y reservándose arbitrariedad burocrática. Se trata más de ver qué es posible sin permitir que siga el deterioro social y, si "le apetece", en términos ibéricos, que Díaz-Canel suelte a unos cuantos que no deben ser del todo inocentes pero tan malosos como en las protestas de julio de 2021. Antes de que Trump influenciable por amiguis de lo peor se ponga a lo Carole King (da click en el botón de reproducción).