Como ya ha habido ocasión de mencionarlo, la aperura de China, que data de 1978, y luego el desplome del bloque soviético en gran parte del Este europeo y en la misma Unión Soviética, en poquísimos años (1985-1991) es una derrota insoslayable para los trabajadores, obligados a competir con millones más y a carecer de alternativa, porque no hay más que "escasez y terror" en el socialismo, salvo que ni siquiera haya sido éso, sino pura ilusión. Ilusión no es llevar ya más de medio siglo sin salir de la crisis, por lo que un poco más y se alcanzará la duración de más de un régimen salido de una Revolución. Ilusión es creer que hay "de otra". El mundo "es lo que hay", con variantes para escoger o, como lo dijera el estudioso francés Michel Clouscard, "donde todo está permitido, pero nada es posible".
Ante el hecho de que no hay alternativa para los trabajadores, no existe mayor movimiento comunista internacional (encima, es de grupúsculos que se dividen, salvo excepciones) ni renovación teórica alguna, pese a tanteos, y más de un trabajador vota a la derecha (no se trata nada más de los obreros, que no constituyen la clase trabajadora y explotada, sino una parte de ella), lo que ha sucedido no es el "fin de la Historia", sino la fractura dentro de la clase dominante, llámese burguesía o como se quiera, empresariado si se prefiere, entre el que se mueve internacionalmente, para algunos "globalista" (aunque no existe ni "capital global", ni trabajador "global"), y el que persiste en una base más nacional, ya que el Estado nación es una creación capitalista. En un marco que antes se conocía como de economía mixta, algunos quieren "más", otros "menos", pero no es secreto que algunos "pugnaces", como los ha llamado un analista de geopolítica, no pierden la muy añeja expectativa de hacerse del país más grande del planeta. Entre ellos están especialmente tres: el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el laborista Keith Starmer, del Rey no Unido, que ya ha tenido gente de mal gusto como el "tercera vía" Anthony Blair o Gordon Brown, partidario de un "gobierno mundial", y el alemán Friedrich Merz (derecha, como Helmut Kohl o Angela Merkel), al que habría que sumar la alemana Úrsula von Der Leyen, encargada de la Comisión Europea (para no hablar de otros de la OTAN-Organización del Tratado del Atlántico Norte). La drecha conservadora británica no es mejor cuando, como Theresa May, no le incomoda amenazar a Rusia con el arma nuclear. Estos "pugnaces" están ideológicamente entre azul y buenas noches, cuando no hay socialistas de temer, como los alicaídos franceses (de los italianos, griegos o portugueses como el llevado y traído Mario Soares no queda gran cosa). El PSOE no tiene de socialista (ya pasaron las glorias de Felipe Sánchez), ni de obrero, ni de español si sigue con las autonomías. Para estar en el centro se necesitan extremos fuertes o equilibrados. Nótese cómo no los une el amor, sino el espanto (Merz es demócrata-cristiano).
De entre todos, la parte frágil es la decadente Francia, ya que ante la no muy lejana salida de Macron, ni la derecha de Marine Le Pen (Agrupamiento Nacional) ni la izquierda de Jean-Luc Mélenchon estarían muy dispuestos a seguir el juego de la alta finanza, sin ser propiamente "Trump" (no lo es Le Pen, por ejemplo, pero ha dicho que no hay que ir a Meterse a Ucrania, como también lo ha dicho Mélenchon, pese a que es todo menos adorador del presidente ruso, Vladimir Putin). El prblema está simplificado por el Ministerio de Defensa ruso: si Ucrania va a seguir como plataforma de agresión a Rusia y se va a seguir gastando en grande pra apoyar con armas a los ucranianos, puede llegar el momento en que los que se ponen "pugnaces", como dijo el otro, sean considerados como "retaguardia del agresor", por lo que pueden convertirse en blanco para los rusos. Ya se ha mencionado aquí: cuando menos con drones. Ucrania ha llevado la guerra a suelo ruso, civiles incluidos. "Retaguardia estratégica", es en parte la UE (Unión Europea) Es una escalada que coloca a varios países europeos en la mira, por estar, a fin de cuentas, provocando "por encargo". Ya son "objetivos potenciales" las cuando menos 20 empresas europeas que fabrican drones para Ucrania. 10 empresas están en Alemania, España e Italia, hay tres británicas, una danesa, dos bálticas, una polaca, una holandesa y una checa. Nada más, junto a la idea -repetida ante Irán mientras se sabotea al presidente estadounidense, Donald Trump, de irla a armar "multinacionalmente". ¿Italia? Ningún "antifascista" menciona a la italiana Giorgia Meloni. La española es UAV Navigation, por si Sánchez es amante de la paz antes que de lo ajeno (empresa en Madrid, San Sebastián de los Reyes, calle Teide, 3). También en Ucrania se sabotea el "congelamiento" de Trump para seguir en otra cosa. Si se trata del ex presidente Dmitri Medvedev, hay que tomar las cosas de quien vienen.
No se puede adelantar nada, salvo la salida de Macron, y mientras se decide qué en Estados Unidos. Nada más cabría hacer notar que no es lo mismo amenazar con hacer saltar Irán por los aires que, muy en concreto, estar desquiciando Rusia central y hasta los Urales, como lo hace el amiguis de Macron, Merz y Starmer, el "presidente" ucraniano Volodímir Zelenski. Habría que saber, ya que "no hay de otra", si cuando menos es posible driscriminar, por ejemplo entre Trump y los pugnaces o entre "globalistas" y "soberanistas": no para ir a pelear con el nombre de algún patrón en la boca, sino para alcanzar a distinguir que una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. A "escala mundial", es sin fin y sin nada en el horizonte para los trabajadores, mientras parte muy concentrada del capital hace y deshace a su antojo. No parece que lo haga Trump, aunque se ha vuelto menos claro. No se vaya a linchar sin medir consecuencias. Una parte de los trabajadores, aunque desorientada, quiere parar y volver a una escala menor, por si todavía se puede incidir, o encima, tras el descalabro laboral, viene o la escalada o más caos, porque la clase que explota ya no puede gobernar, o nomás poquito. Está al principio de un texto llamado Manifiesto comunista: la posibilidad de hundimiento de ambos contendientes, trabajo y capital. Falta el segundo, o hay otro mundo posible -pero no tan probable (da click en el botón de reproducción).