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viernes, 8 de marzo de 2013

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, CHAPULINCITO

Según información que circuló, él no quería morir. Seguramente amaba lo que hacía. Su vida familiar no fue fácil. Era un ser humano. La derecha lo diabolizó y sacó la saña: muerto, al fin se había callado. La izquierda lo convirtió en "arrollador", aunque no pasara mucho más allá de la mitad de los votos y la oposición los tuviera por millones. Es más fácil "abrumar" que hacer un mínimo análisis. O que tener un minuto de silencio.
    Luego, los otros. Ya que además de petróleo, exportamos labia. La que lo comparó con el Che Guevara. El que lo comparó con el Libertador. La decisión de embalsamarlo. Los intelectuales que no tardaron ni un segundo en las loas. La adulación también es una forma de deshumanizar. Una corte de aduladores no hace cuadros políticos, ni formación, ni cultura, y él, la verdad sea dicha, no tenía mucha, aunque la buscaba.
     Hace rato que en su país las cosas se estancaron. Quienes en algún momento lo asesoraron, para distanciarse en los últimos años, llegan a decir que el proyecto ya no tiene que ver con socialismo ninguno: aquél es desarrollista, keynesiano, si se quiere. Pero no más.
     Problemas, los sigue habiendo. Cultura política no es salir a la calle a gritar que él vive, que vivirá por siempre y que la lucha sigue (y seguirá por siempre). Que más temprano que tarde. Que la Historia ésto y que la Historia lo otro. Que nuestros pueblos y que la Patria Grande que se confunde con el Rancho Grande (lo que no hizo por cierto el presidente mexicano, que algo positivo guarda de un añejo sentido del protocolo: la forma es fondo).
     Lo cierto es que, entre el año 2003 y el 2012, el desempleo en el país del difunto bajó: de 18 % a 8 %. No es poca cosa en un país que los ricachones sumieron en la marginalidad. Cierto, antes no se caía la infraestructura: pero lo que se estaba cayendo era el país, con todo y sectores populares. En el año 2003, cerca del 16 % de la población vivía en una pobreza lacerante. La cifra había caído a cerca de 8 % para el año 2009. El alcance de la políticas redistributivas fue significativo. Como lo fue la cooperación cubana.
     La continuidad del proyecto, con quien sea, está por verse. Sigue añorándose un proyecto más colectivo, más de equipo, menos dependiente de un solo ser humano, o que en todo caso lo respalde con trabajo, respeto y afecto, no con zalamería y ambiciones apenas disfrazadas. Ya se verá: es difícil adelantar vísperas.