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martes, 5 de marzo de 2013

¿HAY CARIBE SIN PIRATAS?

Hace poco, Raúl Castro dijo que haría un anuncio importante. Nadie hizo mayor caso. El anuncio era tal vez el de la llegada de Miguel Díaz-Canel, de 52 años, al cargo de vicepresidente primero del Consejo de Estado.
     Que Díaz- Canel - con 30 años de trayectoria política- sea o no el delfìn, es lo de menos. Fidel Castro ya mostró que no se aferra al poder porque sí. Raúl Castro tampoco: no se eternizará (no puede hacerlo por ley) y ha dicho que está en su derecho a renunciar, por edad. Cuba no es una dictadura, y menos la de "los Castro".
     El problema es otro. Salió a la luz cuando algunos años atrás Carlos Lage y Felipe Pérez Roque fueron destituidos. Los habían encontrado "conspirando" al estilo "perestroika". Fidel Castro consideró que estos "delfines" habían jugado un papel "indigno": en concreto, "la miel del poder, dijo, por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones". El discurso reciente de Raúl Castro parece un eco: Díaz Canel es descrito como alguien que no es ni "improvisado" ni "advenedizo". Asoma la posibilidad del relevo generacional sin ruptura.
     Hoy, el promedio de edad de los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular es de 48 años. 70 por ciento de los integrantes nació después de la Revolución.
     Cuba no fue ajena -y la perestroika tuvo algo que ver- a un fenómeno que existe en otros países de América Latina. En medio de una crisis de varias décadas (que llevó a los cubanos a pasar por un duro periodo especial), los hay que se encumbraron, medraron y se hicieron de privilegios. Estaban listos para la apertura. Cuba sabe de ésto del privilegio: la isla fue refugio de quienes hicieron su agosto en la larga crisis mexicana.
     El actual presidente ruso, Vladimir Putin, nació en 1952. Alexander Lukashenko, que tiene a Bielorrusia en bastante buena situación, nació en 1954. Ninguno es de los '60s. El "arte" está en haber evitado un sesentaiocho de mecha retardada. Algo similar podría estar sucediendo en Cuba, que podría preservar, estabilizar y modernizar un Estado de Bienestar exitoso, con las garantías mínimas a las que tiene derecho cualquier población . Son garantías sociales de base (alimentación, salud, vivienda, educación, deporte), no el derecho a ser gay, negro, indio o mujer. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Toca a los nuevos crear -sin improvisar, y con cultura política- y no hacer caso omiso de lo sensato en la dirigencia histórica cubana. La "perestroika" o la revolución de colores las puede seguir intentando Yoani Sánchez, otro producto de la Revolución, y no el mejor.