Mi lista de blogs

sábado, 23 de mayo de 2026

DE PENA AJENA

 En México, y sobre todo entre los principales "comentaristas" en los medios, no se divulgan bien las noticias, sino que se "entresaca" lo que se cree conveniente para obtener tal o cual ventaja. Está ocurriendo algo muy penoso, con la derecha buscando "raja" de los errores del presidente estadounidense Donald J. Trump, no pocos, y la tontería y brutalidad de más de uno en el equipo gobernante estadounidense. Aunque hay de por medio un asunto de salud, (en este caso, del esposo) acaba de renunciar Tulsi Gabbard como Directora Nacional de Inteligencia. Para recordarlo, no es sólo que Gabbard viniera del partido Demócrata, sino que fue cercana a Bernie Sanders por oposición del belicismo de la señora Hillary Clinton. Gabbard llegó a respaldar a Edward Snowden (ex empleado de la CIA-Central de Inteligencia Americana, y de la NSA- Agencia de Seguridad Nacional, y refugiado en Rusia) y se opuso al involucramiento de Estados Unidos en Ucrania y en Siria. No es difícil de entender que, con un nombramiento como éste, al igual que con el del arrumbado Robert Kennedy Jr. en Salud (alguien opuesto a la CIA), hay pruebas de que Trump buscaba distanciarse del "Estado profundo". Lo que sucede ahora es que Trump se ve presionado por Israel -que quiere seguir golpeando a Irán- y por "halcones" republicanos, algunos contrarios a un arreglo en Ucrania, como en el caso de Lindsey Graham. Tampoco parece que Trump haya logrado zafarse de la alta finanza. Si se tiene memoria, Trump fue molestado todo su primer mandato con más de un asunto fabricado -del tipo "injerencia rusa en Estados Unidos" y asuntos legaloides, etcétera. En rigor, no se trataba de Trump en sí, sino de la posibilidad de distanciarse del "Estado profundo".

      Como ya se ha observado, no hay solución posible a la crisis actual desde el mundo del trabajo, que está gravemente derrotado, no puede presentar alternativas y tiende a votar en más de una ocasión hacia la derecha, al menos en lo que concierne a los obreros (que no conforman todo el mundo del trabajo, que tampoco se reduce al trabajo manual). Lo que apareció fue una fisura en los sectores dominantes entre "globalistas" (partidarios de seguir con el expansionismo vía internacionalización del capital) y "soberanistas" (partidarios de que el capital vuelva a tener una base neacional más o menos sólida). Sobre esta última base, tal vez el trabajo tendría mayores posibilidades de incidir, sin ser chantajeado sistemáticamente desde la libre circulación del capital y "entonces, nos vamos a otra parte", sostenida por la alta finanza. Es mucho más complicado hacer valer el mínimo derecho frente a una doble presión: irse a otra parte, y presionar vía inmigración. Aunque pase en parte por asuntos de raza o similares, desde los '70, o incluso un poco antes en algunos casos, es sabido que la inmigración es utilizada por parte de la patronal para empujar a la ruptura de huelgas, la contención salarial y la obtención de ventajas incluso con sobreexplotación de ilegales. Gracias mil al "Sur global" por servir de "esquirol" o por creerse, en serio, que "nuestra gente" va a hacer los trabajos que el "hombre blanco" no quiere ("ni los negros", dijo el presidente mexicano Vicente Fox). Magnates "a lo George Soros" saben que es otra cosa (y ya fueron sorprendidos organizando caravanas por México desde Centroamérica hasta Estados Unidos, o en algún momento desde Siria con montajes mediáticos). Una cosa es migrar y otra es ir a presionar al empleo y el salario locales, por lo que no se trata de la migración "en sí", a tal grado que Trump ha expulsado menos gente que su predecesor, el Demócrata Joseph Biden, según lo dió a conocer recientemente el periódico mexicano Milenio, siendo que por lo demás no se cierra la puerta a gente cualificada. Así pues, salvo otra opción (como parcialmente la mexicana), no toda derecha cae en el mismo saco, aunque gran parte ya se desprestigió y dió en la franca delincuencia.

       No tenía caso caerle a Trump desde un principio: era crear una "pinza" entre "halcones" republicanos y "progresistas" y/o Demócratas, no sin cierta tendencia socialdemócrata. Actualmente, queda por ver si en la Unión Europea (UE) se puede "romper la cadena", aunque la derecha de Marine Le Pen ha variado de posiciones, y si es como "eslabón débil" el de Francia, país que con el presidente Emmanuel Macron está de dar pena ajena. Si hubiera aquí ruptura de la "cadena",  el Rey No Unido y Alemania perderían en parte impulso en lo que ya es una agresividad cada vez más desatada -y como la maldad, "gratuita"- contra la Federación Rusa. 

      No se trataba de "entre Coca y Pepsi", y la partida de Gabbard no dice nada bueno, como otras que estuvieron en desacuerdo, desde el equipo de Trump, en ir a liarse a golpes con Irán sobre la base de acusaciones falsas. La base de Trump está erosionada y, después de todo, el mismo Trump puede acabar siendo responsable de haber cedido al ala derecha de su equipo, hecha de gente bruta. Es menos sencillo saber si es el fin de la fisura en los sectores dominantes y, también, entre la gente que está muy dividida en muchas partes. Podría ocurrir que, a fin de cuentas, no se imponga duraderamente liderazgo alguno desde los sectores dominantes, y que se vayan pudriendo luego de la derrota del mundo del trabajo. Aquí, en todo caso, no se consideró que serrucharle "por principio de cuentas" el piso a Trump fue "lo que hay que tener", y tampoco se celebra que Trump se vaya equivocando. Debe tenerse al menos en claro qué intereses ganarían con lo que ya es el creciente debilitamiento de Trump. El riesgo "globalista"/Demócrata acerca el de algún tipo de guerra grave, aunque es sólo una tendencia entre otras, y algo está claro luego de la reunión de Barcelona a iniciativa del español Pedro Sánchez: nada o casi hay de "nueva ola progresista", salvo por ver qué puede lograr en Francia el Nuevo Frente Popular, si no se desliza también hacia la demagogia, tema tabú, pero propio de democracias que se descomponen. Falta de liderazgo claro en la derecha, junto a derrota del mundo del trabajo, es lo que Marx y Engels dejaron como posibilidad en el Manifiesto Comunista: el hundimiento de ambos contendientes. Es lo que ha sucedido con frecuencia en la Historia, aunque tendencias hay varias y no se trata de sentencia de nada (da click en el botón de reproducción)






DE PENA AJENA

 En México, y sobre todo entre los principales "comentaristas" en los medios, no se divulgan bien las noticias, sino que se "...