Cada vez que cae para Estados Unidos lo que se conoce como "un pez gordo", se da a creer que va a hablar y "decirlo todo", por la tradición legal de Estados Unidos. Sólo que esa tradición cierta, que puede llegar incluso a cosas extremas (pise el césped-pasto del vecino y será demandado por cantidades fabulosas), termina donde empiezan los intereses imperiales. Por lo general, los juicios temidos se muestran en dibujitos y no se sabe en realidad gran cosa, salvo que el reo apareció con aspecto demacrado, vigilado por un equipazo de policías y ante un jurado con caras gruñonas. ¿Que van a aparecer los nombres de todos los coludidos? Por principio de cuentas, no es tan obvio, porque con frecuencia el principal coludido son los propios Estados Unidos (salvo excepciones), que, como ya se ha sugerido aquí, deciden "congelar" a alguien, del tipo parecido a lo que el antiguo agente de la CIA (Central de Inteligencia Americana), Philip Agee, llamaba "activos" (en el sentido económico): la clase de gente de la que la potencia puede servirse para deshacerse después, a lo que se agrega una sección llamada casi "Cantares", de "testigos protegidos", de los que puede salir cualquier cosa que "se ofrezca". Para quien rebaja la condena, por ejemplo. Así se pueden echar a perder trayectorias como la de la ex periodista mexicana Anabel Hernández.
Si Joaquín "El Chapo" Guzmán, Genaro García Luna o Ismael "El Mayo" Zambada dijeron algo de interés, no es gran cosa la que se sabe. Con frecuencia, sirve más el periodismo de investigación que se hace en México. García Luna era un "activo" estadounidense, y "El Chapo" y "El Mayo" no estuvieron desligados de intereses estadounidenses, para lo que basta ver el número de familiares de cada uno que está tranquilamente en "el gabacho" (los mismos Estados Unidos).
No ocurre sólo en México. En Colombia, por ejemplo, más de un "paraco" (paramilitar) fue extradito a Estados Unidos también para ser "congelado" y evitar "cantares" sobre vínculos con políticos y empresarios, Se evitaron así grandes escándalos en Colombia o, dicho de otro modo, se trata de procesos selectivos para decidir qué se dice y qué no en función de los intereses mencionados, no de ninguna pasión por la justicia. Hay más, por ejemplo, cuando inventos como los de la empresa brasileña Odebrecht -que los reconoció tranquilamente como tales- sirven como parapeto de Estados Unidos y su Departamento de "Justicia"- para fabricar culpables si estorban, como en el Ecuador o en el Perú. ¿La justicia estadounidense? Un día descubre al ex presidente hondureño Juan Orlando "Robando" Hernández como narcotraficante, lo condena y lo encarcela y al poco rato, al estilo Colosio, da un "giro completo" y Juan "Robando" literalmente "quitado de la pena" sale libre porque conviene para meter de nuevo las manos en Guatepeor (Honduras).
Que Estados Unidos se meta en territorio ajeno, a veces de modo no solo poco discreto, sino también con descaro y sin dar cuenta de los motivos de fondo, no es tan nuevo, puesto que ya le había sucedido en 1989 al líder panameño Manuel Antonio Noriega. El fondo del secuestro del hoy ex presidente Nicolás Maduro difícilmente se puede saber, fuera del espectáculo tropical del venezolano, que no parece haber creído lo que iba a sucederle (y Noriega tampoco lo creía). Simplemente, como la llamada "pérfida Albión" (Inglaterra), Estados Unidos, pese a "Míster Amigou", no tiene amigos, sino intereses. Así que tampoco sería de extrañar que "El Mayo" haya sido secuestrado en México en una operación de inspiración estadounidense. Por cierto, con los Demócratas. Dicho sea de paso, el entonces embajador estadounidense en México (que se paseaba sin el menor recato como Pedro por su casa, sin que se le llamara la atención), "Ken" Salazar, no se llama "Ken", sino "Kenneth", y no es méxico-estadounidense, sino de los "hispanos" llegados al actual suelo americano antes de que existiera México, de ascendencia española, uno que otro sombrero bueno del rancho y de habitual desprecio por los mexicanos, llegando a la negativa a hablar español. Por cierto: ¿una operación para capturar al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya? Si acaso algo así se hiciera, sería por completo fuera de cualquier ley. Para el caso, la ley la lleva el aparato judicial, no un medio de comunicación que se anticipe a declarar culpable o inocente antes de algún proceso. O entonces se trata de intento de linchamiento con fines políticos que, desafortunadamente, llevan a la desorientación incluso de periodistas serios.
"La tirada", como se llega a decir, es cuando menos "meterle un calambre" al gobierno mexicano para desprestigiarlo y que, como decían los malos patrulleros, "se orille a la orilla", jugando algo ya de bastantes años: "los políticos son....". Ya captó bien la idea "civilista", no sin habilidad, "Somos México", por ejemplo, con la pena tremendísima para el actor Joaquín Cosío. En el Consejo Consultivo Nacional de esta nueva agrupación hay delincuentes (no es broma), académicos tramposos (es frecuente, contra los que creen que la inteligencia impide ser sinverguenza, por lo que vale aquéllo de "y para colmo, tiene talento"), gente con problemas de personalidad patológicos, norteños extraviados que nunca faltan, gente de alcurnia (faltó nada más algún Espinosa Lascurraín de los Monteros), cínicos electorales completos, gente de "relaciones peligrosas" y "amarres perros", intelectuales conversos de la más refinada mala fe, analistas para gente sin el menor criterio y fantasiosos y, para variar, gente que debe ser de buenas intenciones. La "idea" debería verse no por los payasos, sino por los dueños del circo: "dispersar" (atomizar) el voto lo suficiente para obligar a "alianzas al centro" de tal forma que el cambio consista en no mover nada en serio, mientras el PRIAN (Revolucionario Institucional-Acción Nacional) no tiene de revolucionario (ni lo mande Dios), de institucional (ni como "se las gastan" entre ellos), ni de nacional. Pero, fuera de los "siempre fieles" al patrón, parece que no se termina de salir del todo de "la maña": hacerse pasar por "pueblo" con una vendedora de gelatinas, servirse de un apellido o hacerse pasar por "la ciudadanía", recalentado de "gente de la sociedad civil" como si fuera "los de abajo" contra "los de arriba" (mismo chiste de la vendedora de gelatinas). Primero, el marketing: "somos ciudadanos como tú", acto seguido la demagogia de moda con sesgo antigubernamental (en nombre de "como tú, no confiamos en la política de siempre") y "que no te tomen el pelo: pásalosno", junto con delirios del tipo nada de politizar la educación, pero la queremos plural (¿la educación plural?).
Reto para el Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) evitar que en nombre de "la pluralidad" se trate de cuando menos dos que creen que México es caperucita roja. Y no, nadie en Estados Unidos va a destaparla cloaca, menos para aceptar ensuciarse, frente a un país donde más de uno cree que en Estados Unidos todo es ordenado, abundante y sobre todo, muy LIMPIECITO. ¿No? Si tienen tele... (da click en el botón de reproducción).