El perverso narcisista es alguien equivalente de lo que se festejaba hace algún tiempo: !ay, pero si es un niño grandote! Jean-Charles Bouchoux, quien se dedicó a analizar la patología, la comparó con la propia de un niño malcriado. Esto corresponde a una era de "maternización", según otros: a dicho niño, que algunos llamarían también, muy psicoanalíticamente, "el falo de la madre", se le perdona todo, se lo mima y se le hace creer que es lo máximo, sin nada superior a su ego. Así, a falta de "castración", como la llamara el psicoanalista Jacques Lacan, no hay límites. En el límite, se asoma casi un psicópata del que hay que saber lo siguiente: todo lo que no sea su ego o que no le rinda pleitesía le es indiferente, así tenga la fachada que se quiera (amable, simpático, etcétera), pero tiene miedo de que ese mismo ego se pierda, y es lo único que lo puede detener. El temor a la pérdida, a sufrirla en carne propia. Se empeora todo con los seres de lo que ha sido un mundo en transición: el gran señor de antaño, el rey, con dinero o sin dinero, etcétera, con dependientes "para servirle" (lo que empieza a desaparecer de la forma de hablar), o hasta al frente de una clientela de aduladores (a la espera de su propia corona o de algún privilegio), y el hombre de éxito con dinero y ganas de protagonismo, el estrellato como privilegio de cierto mundo de negocios, para saber "cotizarse" y ganar -al estilo financiero: sin costo.
Ni son toda la sociedad, ni están exentos de muchas críticas en redes, ni hay por qué creerse que son eternos, o que van a "trascender" por decisión de los amiguis. A pesar de que se sigue extrañando la profesionalización de la función pública, ya hay en México, entre "ellos", gente para servir antes que para servirse, en parte por el camino que abriera el presidente Andrés Manuel López Obrador y que no tiene que ver con el antiguo régimen, que correspondió a otro México. Se han perdido en el mal gusto algunas generaciones, de los boomers para acá, pero hay transformaciones y excepciones debidas al capitalismo y la urbanización. Como ya se ha dicho, no todo es "cacahuatero" ni asunto de "grupos" en el Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) y sus aliados (Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista Mexicano), que se ha buscado dividir. A medio camino puede estar el venido de abajo con ciertos gustos como los del petitsta Gerardo Fernández Noroña: no se le pueden empero menoscabar cosas como haber sido de los pocos en haberse enfrentado a Genaro García Luna, cuando el país estaba en realidad gozando del dinero narco, o haber visitado en la cárcel en el Ecuador a Jorge Glas (además de haber visitado en México a Florence Cassez). Lilly Téllez no tiene los méritos de lealtad del "diputado changoleón" y sí el problema de atender más al micrófono y las cámaras que a la gente. Así tenga Noroña casa en Tepoz y cierto disfraz folclórico y toque de "qué bonita vecindad", cuando en el mundo de hoy la gente se "olfatea" el estatus como algunos animales la cola.
Así que no todo en el MoReNa es "disfrutar y gozar" del erario, ni siquiera con todo y servicio público, ya que en parte lo hubo en el antiguo régimen, pero con grandes propiedades como recompensa, entiéndase que privilegio (y se podría hablar del presidente Luis Echeverría o del "súperpolicía" Fernando Gutiérrez Barrios, por ejemplo). Por más que le rasquen, los medios de la oposición no hallan mucho, y van a encontrar cero en la actual presidencia al lado de La Chingada en Palenque. Ni siquiera, probablemente, escándalos como el muy "tapado" de Julio Scherer Ibarra. De ahí que parezca que el actual gobierno es "mediocre", tal vez porque así se habitúa todavía entre algunos considerar no solo al honrado, sino al discreto en un lugar con hábitos añejos de ostentación. Y tampoco hay ya lugar para hablar de algún "autoritarismo" rayano supuestamente en lo siniestro, que hace rato que, por ejemplo, la secretaría de Gobernación no es éso. Puede ser que, por lo amplio de la alianza, haya que preguntarles a algunos en el MoReNa con la proverbial pedantería del antiguo psicólogo argentino que quién sabe a cuántos autóctonos mexicanos timó: ¿lo estamos entendiendo?, dicho en tono de "a ver, imbécil".
Ni no se puede con la Cartilla Moral (Ah no, cada quien su moral, ni que la vaya a dictar el gobierno), si se echa a perder la Guía Ética para la Transformación de México porque López Obrador queda deslumbrado por libertarios, si ni quien haga caso del "humanismo mexicano" o la "revolución de las conciencias" ni quiera ponerse en el terreno de los valores (al que ya invitó por ejemplo en la música la presidentA Claudia Sheinbaum), o si hay quien cree que Acción Nacional es la decencia, no todo ha sido en vano. Recientemente, desde el buen gusto de la discreción, Rosa Icela Rodríguez, hoy secretaria de Gobernación (y a quien López Obrador apoyó en un difícil momento cuando la captura de Ismael "El Mayo" Zambada), conminó a no servirse del MoReNa para obtener privilegios, proteger intereses personales o vulnerar la ley". Una invitación incluso contra quienes sirvieron a la institucionalidad del PRI (Partido Revolucionario Institucional), pero se atribuyeron fortunas, o lograron permanecer con intereses personales muy transexenales -algunos llegaron hasta la presidencia de López Obrador-, o están en burocracias doradas después de haber delinquido (y también hasta hoy).
Para aprendizaje de la izquierda: la unidad no implica uniformidad de pensamiento ni silencio (!ni autocensura para quedar bien, habría que agregar!), sino franqueza y luego acatamiento de los acuedrdos. Con la pena, pero contra lo que alguna vez dijo el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa, las discrepancias no son para "el día después de la victoria". Por lo demás, siempre según Rodríguez, ni posición, ni cálculo por encima de la soberanía nacional, la estabilidad del país (frente a la irresponsabilidad de la oposición) ni el bienestar de las mayorías. Dicho sea por si hay quienes van y vienen "según se ofrezca", entiéndase según donde pueda aparecer el "hueso" y por ende posición o cálculo de ventaja a la sombra del poder. Allá con quienes son "críticos del poder" por "principio" (y entonces, sin jamás un "final", o tan siquiera una pausita). Como se dice a veces, "se les está hablando bien", y habrá quien aprecie en diversos sectores sociales que se tome en cuenta lo que Rosa Icela Rodríguez llamó la "frontera ética". Que cada uno haga lo que quiera de su persona: se trata de transformación de la VIDA PÚBLICA y no se usa para fines que no le sean propios, es decir, ni para fines particulares de ninguna índole, ni privados, ni personalistas y de grupo, porque hay por definición cosas que se excluyen y que excluyen los antiguos hábitos en nombre de la "sociedad política", que no es la vida pública. No es ya para "poseídos por el poder" ni "qué querían que hiciera" para no quedar en ridículo en la honrosa medianía (que no es la "justa", ni entendiendo "justo" a la vieja usanza de "la Revolución me hizo justicia"...con una casita que tengo, allá por el Pedregal).
Es muy pronto para saber qué es "lo que hay", entiéndase que de nuevo, pero no vaya a ser que, creyendo en la ignorancia de la gente y que es también ceguera, se crea que a los "tontos" del MoReNa, problemas ciertos aparte, se les puede atribuir cualquier cosa porque "los muy nobles" encima de honrados no se andan con aspavientos ni alardes. Se les está hablando bien a los candidatos. Con los malandros perversos narcisistas no hay modo de hablar. Son la pared, pero no son la sociedad, contra lo que creen o quieren crear de "mientras yo y mi familia estemos bien...". Fue casi medio siglo hasta extremos bochornosos y nada es eterno en el mundo (da click en el botón de reproducción).