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viernes, 21 de agosto de 2026

AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reacciones: no había papel higiénico, salvo el periódico Pravda, e imperaba el terror. Hasta los años '70, antes de que a principios de los '80 llegara el presidente estadounidense Ronald Reagan a referirse simplonamente al "imperio del mal", los libros de texto de algunos países de Europa Occidental le reconocían logros a la Unión Soviética, como potencia que era, y no nada más la victoria sobre el nazismo, sino hechos como la colocación del primer hombre en el espacio, en 1961 (fue Yuri Gagarin). Además, era sabido que Estados Unidos había sido capaz de utilizar el arma atómica en 1945, y que las cosas cambiaron cuando en 1949 la Unión Soviética consiguió su propia bomba. La Unión Soviética aparecía como potencia y entre los vencedores, aunque ya se ha argumentado hace mucho que, con tales daños que en realidad salió perdedora, demográfica (20 millones de muertos) y económicamente (la parte europea en ruinas). Había que estar con "la embriaguez de la victoria" para no ver que era imposible el "los enterraremos" que lanzó Nikita Jrushchov, para referirse a una "victoria" del socialismo sobre el capitalismo, calculada para los años '80 (y un poco más tarde para Cuba, según Fidel Castro).Nunca fue un secreto, en tiempos de Stalin, que Jrushchov tenía un cerebro un poco limitado. Encima vino la trampa, en parte tal vez por los efectos de la guerra: un sistema en principio más avanzado queriendo "alcanzar"...al supuesto perdedor, en vez de crear otra cosa.

      La Unión Soviética tenía desde tiempos de Stalin fallas internas (no, no se trata del conteo de muertos), a lo que se sumó la deformación de posguerra, con todo a la industria pesada y cierto descuido -tampoco fue así todo el tiempo- de la producción de bienes finales. Lo clave fue, sin un cambio importante en algunas cosas de mentalidades, el paso del país rural al urbano, el surgimiento de una importante "clase media" -le dirían "aspiracionista"- y el deseo de "alcanzar" no ningún comunismo, sino el estilo de consumo de europeos occidentales y estadounidenses. El modelo no era el propio ya, sino el mundo "occidental": si lo era incluso del presidente Vladimir Putin, al grado de querer entrar a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y ni se diga de Mijaíl Gorbachov y su "regreso a la civilización". Como sea, no hay modo de hablar mucho. Cuando desapareció la Unión Soviética, en México el señor Juan Brom declaró que quien diera una explicación era forzosamente "un farsante". Acto seguido, Brom publicó un libro intitulado ¿Por qué desapareció la Unión Soviética?. Luego, España produjo algunos buenos estudios sobre el pasado soviético -como los hay en Estados Unidos y en Rusia-, hasta llegar, como recientemente Rafael Poch de Feliú, a cuando menos cierta desorientación, por ejemplo al no entenderse que no se haya llegado a una paz duradera y se haya desperdiciado entre otras cosas la mano tendida del mismo Gorbachov.

       Ahora resulta que nada es comprensible, como para más de un ruso no lo es Putin, porque se alargó el conflicto en Ucrania y es tal el culto a la paz heredado de tiempos soviéticos que no se entiende que no es paz a cualquier costo, ni que no se trata de "la amistad de los pueblos" ni de seguir en la "globalización" para consumir, viajar y pasársela bien, "a lo pasota". Ahora resulta que todo hay que pagarlo, incluidas educación y salud, y que si bien hay posibilidades de consumo, lo que no hay es dinero suficiente para esa "clase media". Como si el capitalismo -ya ni en Suecia- fuera gratis. O como si -como sucedió en Cuba y se ha tardado en buscar rectificar- el socialismo de Estado no fuera sino un enorme Estado de Bienestar al que le faltó -sin irse- dar oportunidad de enriquecerse. Debe ser lo que se cree de China, mientras ni los comunistas tienen explicación clara ni para atrás, ni para adelante. 1991 es un "año cero". Fuera de lo anterior, no se sabe tampoco qué era la Unión Soviética, caricaturas aparte, no se recurre a Marx porque es para viejitos -lo demás es fracaso y hay que ser un "ganador" en esta vida-, y ni idea de a dónde va Rusia, salvo para los que creían y siguen creyendo en el "renacer de la gran potencia" y el no tan nuevo "chovinismo de gran potencia".

     Para irle como se dice coloquialmente en México "bajándole dos rayitas", parte del problema, al menos el interno, se ubica en otro lugar y no cambia con ir dejando el dólar para acercarse al yuan, según lo ha hecho notar el portal Rebelión. Se inició el asunto alrededor de los 60s y 70s, como lo mostrara el filme "Siberiada": con el descubrimiento de hidrocarburos en la Unión Soviética. Y en grande, de tal modo que sirvieron para mantener a Cuba y al bloque socialista europeo a cambio de manufacturas (ah, las botas yugoslavas) y azúcar con los cubanos, lo que no hace ningún imperialismo (vender materia prima y barata para comprar artículos industriales y de alta tecnología). Claro que Rusia no es "una gasolinera" y que tiene lo suyo en ciencia y tecnología. Pero la estructura de base no cambia: se le venden a China petróleo y gas y se le compran artículos industriales variados, lo que no es ventajoso para Rusia, pese a que sirva para limitar el impacto de un alud de sanciones. Los oligarcas rusos se hicieron en el sector primario (incluyendo Boris Titov, que asesora a Cuba, y se anda por los vinos, u Oleg Deripaska, que ayuda a Vietnam y se dedica al aluminio). El tan llevado y traído Román Abramovich campea en el petróleo y el níquel. Pese a la actual superioridad militar, a Rusia le falta la etapa de productos electrónicos y semi-conductores, además del autpmóvil. Apenas ahora, con el nuevo ministro de Defensa, Andrei Belousov, se piensa más en que la industria bélica tenga buenas repercusiones civiles    y en el uso de las llamadas "tierras raras" para crear un ciclo interno cerrado  de producción de chips (aprovechando por lo demás las nuevas riquezas con el deshielo del Ártico).  No hay cadena soberana de producción de electrónica. El hecho es que es un "hueco" que China supo llenar, pero Rusia no. La estructura del comercio exterior y de las grandes fortunas tiende a ser la de un país saqueado.    Rusia puede fabricar semiconductores para un sector limitado, y faltan cuadros; no es sino hasta 2022 que se animó la contratación de personal para semiconductores. Dicho sea de paso, parte de los logros militares actuales -no todo- datan de avances hechos en la época soviética (en materia de estudios aerodinámicos de vuelo a altas velocidades).

      El problema, entonces, se remonta a muy atrás, en la época soviética, y lo aprovechó Reagan -en acuerdo con Arabia Saudita- para hacer caer los precios del petróleo en los '80 y "secar" el presupuesto ruso. Al rato será más de medio siglo de dependencia de riqueza primaria y era sorpresa en los '80 -cuando ya había calculadoras en "Occidente"- que en Rusia se siguieran haciendo cuentas con ábaco. Salvo en el sector agrícola, el saqueo del propio país en los '90 por parte de los oligarcas no remedió en lo que ya son casi 40 años una deficiencia estructural de cuando menos 20 años atrás. Es algo en concreto que contribuyó a la caída de la Unión Soviética y que crea hasta hoy una relación desigual con China. El tiempo corre si algunos consideran que Rusia no debe alcanzar la autosuficiencia en este terreno y dejar de ser un país semi-periférico. Como sea, hoy es de mayor importancia que hacer caso del estado cavernícola de Europa y Estados Unidos en su visión del pasado soviético y -en lo que se puede coincidir con Daniel Estulin- del estado igualmente primitivo de una parte de la sociedad rusa  . Un poco más de espiritualidad, tal vez, pero si de paso se puede ir saliendo de la dependencia de algo tan material como los hidrocarburos y los minerales . "Espiritualmente", la imitación de "Occidente" -que empezó en el mercado negro- está desde los '70. 

      Decía el conde Serguei Witte, ministro ruso de dos zares, que "con 15 años de paz Rusia puede convertirse en una potencia". Se volvió en cierta medida tal con menos de dos décadas de autosuficiencia, para caer después en manos de un payaso y luego del llamado "estancamiento", por medir mal y temerariamente sus fuerzas. Con la presidencia de Boris Yeltsin empezó el conflicto de Chechenia (el segundo duró hasta 2009), habría de seguir luego el de Osetia del Sur y, sobre todo, desde 2014 (sin quince años de paz luego de lo ocurrido en Chechenia), el de Ucrania convertida en plataforma de agresión de distintas formas contra Rusia. Tanto el terrorismo checheno como los drones ucranianos llegaron a Moscú. 

       Las disquisiciones sobre "lo que algún día fue no será", que si hubo o no hubo, y-sobre-todo-no-vayan-a-creer-que-fui-estalinista, sin tomar en cuenta el factor bélico como principal, pueden ser un poquito vagas...o de farsa. Fuera de la hecatombe demográfica derivada de la Conquista de América, no hay catástrofe comparable a la causada por el nazismo en la Unión Soviética. Y Alemania en este momento no va camino a pedir perdón, sino a apoyar a sus amigotes neonazis ucranianos que declaran abiertamente, como el "presidente" Volodimir Zelenski sobre los rusos, "y ustedes les dicen seres humanos"... (da click en el botón de reproducción).


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...