La izquierda no debate con la derecha: le ha dado por etiquetarla y con frecuencia por reducirla a "fascismo", de la misma manera en que la derecha ve "comunismo" donde no lo hay. Dos fuerzas, así, que se combaten tomando nombres prestados porque "causan sensación" y llegan a las emociones, en particular al miedo.
Como parte de la ausencia de debate, no se ha tomado en cuenta que, a diferencia de la izquierda, la derecha ha llegado a plantear a veces problemas de valores que no se resuelven de "sí" o "no". Como parte de la derecha, fue el caso del argentino Agustín Laje, quien planteó una "batalla cultural", lo que ya habían hecho los Republicanos estadounidenses a finales de los '80 en los Documentos de Santa Fe, incluso recurriendo al italiano Antonio Gramsci. Como el mexicano Juan Miguel Zunzunegui, Laje terminó de mercenario, al servicio del anarcocapitalista presidente argentino, Javier Milei.
Ahora bien, Laje dejó planteados en el camino varios debates, desde el del delicado y no tan sencillo problema del aborto hasta el de la llamada "ideología woke". A pesar de las embestidas contra "los progres", el "marxismo cultural" o hasta "el comunismo", más de una causa reprobada ha sido asumida por magnates cercanos a los Demócratas estadounidenses, sin que la izquierda articule nada propio, por una razón sencilla: al desconocer la experiencia (no "el experimento") socialista, no hay más que rechazar el "neoliberalismo" y no el capitalismo. La izquierda se ha negado, como sea, a una posición propia, en términos de valores (y no de "amor contra el odio" o "felicidad"), en asuntos que van desde el LGBTTTQI+a o lo que se acumule esta semana hasta el invento más reciente de los therians (humanos que se creen animales), pasando por la bien o mal llamada "ideología de genero" o el tema del maltrato animal (contra los llamados "animales no humanos"). Todos estos asuntos no tienen absolutamente nada que ver con marxismo o leninismo, pese a las amalgamas en las que terminó desafortunadamente Laje. A lo sumo, el marxismo-leninismo planteó la emancipación de la mujer y no tuvo una política definida sobre la homosexualidad. Tampoco sobre los bestias, los burros, las víboras tepocatas, los perros, etcétera. A más de un llamado "progre" no le interesan mucho estos asuntos, salvo el Orgullo a Mariela Castro en Cuba o el Mejunje al líder cubano Miguel Díaz-Canel. En Nicaragua o en Venezuela no son "temas", como se dice ahora. Al presidente ecuatoriano Rafael Correa, cristiano, no se le pudo arrancar nada a favor del aborto y, contra lo que lanzó el estudioso Heinz Dieterich, aquél tan no es misógino que no obstaculizó la candidatura de Luisa González, por cierto protestante.
Algunos asuntos de "discriminación positiva" son simplemente contrarios a la igualdad ante la ley y no debieran ser tomados en cuenta en el servicio público, como la "paridad de género". No debiera dejarse de considerar que por momentos pareciera tratarse de feminizar al hombre y masculinizar a la mujer, según Laje. En rigor, son cosas de deseo convertido en derecho a hacer realidad cualquier fantasía, y algo "digno" de un reality show, al gusto estadounidense. No es algo que responda a la izquierda, y si lo hace suyo es por demagogia, a regañadientes a veces (como en el caso del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador), por "falta de sujetos" y hasta por el "populismo" inventado por Laclau/Mouffe para hacer las alianzas más amplias posibles. Como decretar "es tiempo de mujeres" y anotarse el voto abrumador de las amas de casa.
Dos problemas clave han sido planteados por Laje. Primero, el de las "generaciones idiotas", en el sentido del "idiota" de la antigua Grecia, decidido a estar fuera de la política y a retirarse a la esfera privada (con frecuencia, para echar pestes contra "los políticos" y deambular entre "que se vayan todos" y el odio a "la casta"). Esto no tiene que ver con marxismo o comunismo, aunque, en el sentido descrito, el socialismo de Estado es en parte también una fábrica de "idiotas". Este "idiotismo" es contrario a una idea capitalista, la de ciudadanía, participante en los asuntos de la "política": es bajo el capitalismo que se ha pulverizado la participación, por ejemplo en sindicatos o en términos de militancia en los partidos políticos. Los medios de comunicación masiva oscilan entre la promesa del paraíso y el apocalipsis Now para crear entre miedo e indiferencia ante los asuntos de participación política: el día que estalle una guerra nuclear, seguramente se sentirá en mi casa y, mientras tanto, que el mundo ruede.
Segundo asunto planteado por Laje: la ciudadanía es parte del Estado soberano, y éste se ha visto debilitado por toda clase de instancias dizque "globales" a las que se obedece, pero que nadie eligió, o a "agendas" como la 2030 o lo que se les ocurra a unos cuántos en Davos. Se desprende de lo argumentado por Laje que no queda claro a qué responden los políticos: ¿al pueblo o la nación, bases del Estado soberano, o a instancias "globales" que se visten de "Humanidad", aunque no sean más que los intereses de unos pocos, de "los mercados", de la "gobernanza global", del "desarrollo sostenible" y así por el estilo?¿Los políticos son entonces intermediarios entre estas "agendas" y "el pueblo" o "la nación", como ocurre por ejemplo en más de una universidad o en parte del gabinete mexicano?¿Quién decide? La izquierda se ha subido en buena medida al "carro", y está a remolque, sin que se sepa bien a bien por qué. Los planteamientos de Laje están en La batalla cultural, Globalismo y Generación idiota. Si Laje termina monologando y cayendo bajo con caricaturas -como Zunzunegui- y la izquierda está en "un fascista en cada hijo te dió", la ausencia de debate y la reducción a "sí" o "no" indica que, como parte del debilitamiento del Estado, está el del interés público (y "cosa pública"). Ya es ago saber que no se está en una república, y como la derecha también suele agarrarse de afuera, ni en un Estado digno del nombre. Si nadie en un principio promocionó el socialismo de Estado, es el capitalismo -sobre todo por el consumo y la alta finanza- el que cree, lo que se cuida de decir Laje, que todo Estado es la antesala del colectivismo. Lástima: no se responde, salvo excepciones mediadas, ante el pueblo o la nación, sino ante los medios y ante "agendas" que desembocan en lo que Luismi llama "el desmaye" y en la "gestión del desmaye". En espera de paraísos o apocalipsis que ya se están tardando. A ver a qué hora. En cuanto a "la conversación", ya es chacoteo, como se dice coloquialmente en México, y especulación para "causar impresión" (hace rato que lo entendió el presidente estadounidense Donald J. Trump, sin que se sepa por qué nadie se atreve a sugerirle que no es quien pone o depone jefes de Estado, por ridículos que sean, mulas o mollahs). (da click en el botón de reproducción).