Entre las cosas de valía que llegó a decir el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador está el hecho de que alguna gente tiene "cultura, pero no educación", en referencia a la gente "culta". Al mismo tiempo, el hoy ex presidente parecía creer que la gente "de pueblo" tiene una "gran cultura" y es "la más politizada del mundo". En realidad, como ya ha habido ocasión de decirlo, México no tiene una "cultura milenaria" (en el mundo son muy contados los países que la tienen, por cierto que Irán incluido).
Hasta hace poco, y acentuado por privilegios de décadas y el acaparamiento y la monopolización, más de un intelectual podía ser culto, o incluso erudito, pero carente de educación, y menos aún en el sentido de un comportamiento ligado al interés público. Para sectores intelectuales y algunos académicos, la educación es cosa de "maneras": lo probó Octavio Paz, cuyo amaneramiento era llamativo. Paz estuvo en el origen de un grupo que predica la "democracia sin adjetivos" y que practica el clientelismo a todo lo que da, llevando a faltas de educación como la zalamería o adulación y el nepotismo. Son hábitos señoriales, no democráticos: digo una cosa, pero practico otra, y el liberalismo no es más que de fachada o la creencia de que todo lo extranjero es forzosamente mejor, por lo que se publica a los amiguis y a extranjeros a veces salidos de Dios sabe dónde, pero como parte de las "maneras". Algunos le llaman erróneamente a éso "burguesía cacahuatera", pero son hábitos de oligarquía que no entiende la educación burguesa con lo que conlleva de igualdad cuando menos formal. Las "maneras" más variadas acompañan prácticas propias de un origen oligárquico que desconoce la libre competencia, por lo que es incomprensible que hable de "libre mercado" cuando de lo que se trata es de concentrar poder al máximo, y, como ya se ha dicho, acaparar y, cabe agregar, intermediar ante el extranjero. En estas circunstancias, el relevo generacional es poco probable, como tampoco lo ha habido en lo que el escritor Juan Rulfo llamó "los encomenderos del otro lado". "Liberal" es el amaneramiento para estar en la moda y acaparar, como ir a lisonjear al extinto Daniel Cosío Villegas. Como no es de libre competencia ni de meritocracia, más allá de algunas virtudes ornamentales, lo que cuenta -como para los "encomenderos del otro lado"- es el poder y colocarse a la sombra del mismo para traficar favores e influencias. Gente culta, muchas veces, y a veces para ser escuchada: pero incapaz de igualdad en el sentido de ver en el otro, si contradice, alguien que merezca ser CONSIDERADO y no nada más descalificado de entrada desde la aspiración al monopolio. Los dos grandes grupos intelectuales en México monologan y no salen del monólogo más que para golpear, y no exentos de saña. ¿Acaparar? Es copar y copar; copar y copar. Los Fidel Velázquez del mundo intelectual.
Algunos académicos pasan a intelectuales" y reproducen los prácticas descritas, con privilegios y séquitos. La educación termina donde con frecuencia el privilegio es tomado como fuero e impunidad para dar tratos majaderos, humillar (como decirle "pendejo" al presidente, o sino que le pregunten a Come in), rebajar y otros manifestaciones de "poder" agravadas por la creencia en "la libertad" y la ignorancia de la igualdad formal: buena coartada la del llamado "neoliberalismo". El clientelismo, por ser de grupo, está reñido con el interés público. Lo que entendieron muy bien lo que el colmillo de López Obrador llamó "mafias del poder" es que el debilitamiento del Estado podía dar cabida en el "capitalismo de compadres" al clientelismo más desembozado, y con un cinismo también ajeno a la educación en lo que supone de respeto no a la diversidad, sino a la diferencia real y al espacio público como lugar no de "conversación", sino de debate. "Nadie tiene la verdad absoluta", pero pobre del que discrepe o plantee una contradicción: no es un competidor, sino un rival a destruir o incluso, a la vieja usanza, a aniquilar moralmente. No hay aquí ninguna tradición plural, porque la fase liberal decimonónica fue abortada. El gusto es "la voluntad de poder", si es necesario con Nietzsche, del mundo de señores, de disfraz en disfraz, hallazgo feliz de la presidentA Claudia Sheinbaum maltratada -por leal- como la "prolongación de", a lo que se suma cierto grado de misoginia de quienes al mismo tiempo, de ser necesario, se harán los feministas, si es "éso que anda"., con tal de no soltar.
Parte del "carril izquierdo para rebasar" no está exento de rasgos similares de adulación, "voluntad de poder" a cualquier precio y al de ponerle el suyo a quien se deje, midiendo la capacidad para dar o no entrada a "relaciones". Hay también más de una figura fabricada e "inflada" para que reparta entre quienes "inflan", y el desdén para quien "no reparte". También pasará, aunque con la peculiaridad del delirio: la crítica al poder, dizque por principio, con una apenas disimulada ambición de poder, para hacer lo contrario de lo que se dice, que es lo propio del delirio, y del miedo de fondo al ingrediente de soledad que hay en la independencia de criterio. Como en los otros, la personalidad escindida: no inteligente, sino lúcida, para destruir en los hechos y la conducta lo defendido en la palabra y las "maneras", las morales incluidas: no quedar fuera...y "haz lo que te digo, no lo que hago". Desde un grupo, critico los grupos (y espero turno...). Sin educación como consideración ni evitar convertir al otro en medio, así sea potencial (ah sí: "quedar bien"); con lucidez (¿luciferina?), ademanes y "buenas maneras", cuando no simulacros de "cercanía" como ganchos. Pero educación, no fue del interés dominante y no lo es hasta hoy. Gente "de cultura" con grandes maestros de la patanería y la pobreza de la personalidad. Dedicada desde fantasías de poder a pobretear (otra falta de educación). (da click en el botón de reproducción).