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domingo, 4 de enero de 2026

ESE HOMBRE ES MÍO

 Venezuela no acaba de ser colonizada ni esclavizada por nadie. El presidente estadounidense, Donald J. Trump, tampoco derrocó bruscamente a ningún régimen. Pese a cierto parecido, no es lo sucedido en Panamá en 1989, cuando se destruyó al ejército panameño (FDP-Fuerzas de Defensa de Panamá), se utilizaron armas desconocidas con saña contra población civil, en particular en el barrio El Chorrillo, en Ciudad de Panamá, se abatió la resistencia de los Batallones de la Dignidad y se pasó a un buen momento de ocupación, algo de lo que Panamá hasta hoy no se repone. Salvo excepciones, la izquierda se puso a mentir, incluyendo sobre Manuel Antonio Noriega, capturado y llevado a prisión en Estados Unidos para ser silenciado, y con verdades a medias. Es probable que haya parte de lo mismo en la captura del hoy ex presidente venezolano, Nicolás Maduro, de entrada con un mensaje para algunos cubanos de su círculo de seguridad, como lo reconoció el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. 

     Algo similar ocurrió cuando Estados Unidos intervino en 1983 en Granada, luego de una traición izquierdista -de Bernard Coard- al gobierno de Maurice Bishop. El problema con Noriega fue, en parte, el fracaso de un golpe de Estado previo, de Moisés Giroldi, desde dentro de las FDP. No hubo "golpe de Estado" estadounidense. Tampoco es nuevo que el aparato venezolano tuviera fisuras, y es menos creíble la acusación de "narco" contra Maduro, aunque la "primera comandante" Cilia Flores no se destacara por su probidad, dadas sus tendencias al nepotismo y sus narcosobrinos. Ya se sabe que Trump se pasó por alto el Derecho Internacional, como George Bush padre en Panamá, sin que se hiciera nada. No es el regreso ahora de la Doctrina Monroe, como se verá, porque viene de antes, como lo probó toda la actuación de los Demócratas en el Ecuador desde hace años. La diferencia es de grado.

     Pocos panameños a la izquierda quisieron reconocer lo que sin embargo reveló en su momento la estudiosa británica Charlotte Elton: empresas japonesas muy grandes estaban metidas de lleno en Panamá, y el gobierno panameño veía en ellas una alternativa a Estados Unidos, en un momento en el que se creía que Japón podía autonomizarse, aunque sin una alianza frontal de Panamá con Japón. La invasión de 1989 fue, además de un mensaje a Cuba y a parte de las FDP, para Japón, que en lo sucesivo bajó su presencia en América Latina. Es falso que la empresa estadounidense Bechtel no quisiera los contratos para la ampliación de Panamá, y regateó hasta el último, pese a que dicha ampliación se le dió en particular a la empresa española Sacyr. Esta empresa va ahora en retirada frente a Estados Unidos, al no poder ganar en este país un arbitraje por sobrecostos en la ampliación. Si bien a raíz de la invasión no se le dieron los contratos a la Bechtel, contra lo erróneamente dado a entender, el sindicalista (hoy extinto) panameño Luis Anderson no dijo la verdad de los intereses de la empresa estadounidense en el periódico mexicano Uno más Uno. La Bechtel siguió presionando. Por lo demás, nunca hubo idea de "colonización de Panamá" en 1989, sino de captura o secuestro de Noriega -además de destruir las FDP, y el Canal y zonas aledañas fueron devueltas, salvo que Estados Unidos se reservó el derecho de intervenir militarmente la vía. Se sustituyó la presencia formal por la informal y hoy Panamá no tiene economía propia.

      Trump no escondió los intereses imperialistas de Estados Unidos en Venezuela, al volver sobre el "rancho de los Rockefeller" -el interés por el petróleo-, sin que sea lo principal, o en todo caso no lo único: Maduro no paraba de acercarse a China. Aunque el petróleo venezolano es un cuatro por ciento de las importaciones chinas, entre 2023 y 2025 el ingreso en divisas en Venezuela osciló entre 55 % y 80 % de exportaciones hacia China. Este país se estuvo preparando cada vez más para refinar petróleo venezolano e ir creando una "reserva estratégica". Trump fue claro en señalar que Estados Unidos no quiere permitirse que Venezuela "caiga en otras manos". La captura de Maduro fue un mensaje a China: se puede admitir cierto condominio, pero no un desequilibrio a favor de China. Por lo demás, fue también un mensaje para el aparato venezolano. La presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez,  por lo pronto, reaccionó entre otras cosas diciendo que se extiende "la invitación al gobierno de Estados Unidos en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido (!), en el marco de la legalidad internacional y una convivencia comunitaria duradera (!)". Como sea, es muy pronto para saber del papel de Rodríguez o de "transición": como Trump tampoco quiso hacer en lo inmediato un show como el de Bush padre para instaurar un gobierno títere, ni poner a María Corina Machado, hay que evitarse las "pastillas demasiado grandes para ser tragadas", como dicen los rusos. Delcy Rodríguez tiene un abanico de interlocutores en Venezuela y con empresarios nacionales e inversores extranjeros. A ver: el "halcón" Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, dijo que Maduro era alguien "con quien no se podía trabajar".

       Para relativizar "el petróleo", con Maduro ya había regresado la empresa Chevron a Venezuela, y el mismo Maduro estaba ofreciendo más a petroleras estadounidenses. Hay empresas como Repsol en el golfo de Venezuela. Además de Repsol, operan en Venezuela empresas como Telefónica y un banco español. Se trata de crear un entorno de lo que se conoce hoy como "más amigable" para los negocios estadounidenses, no para salvavidas de Cuba o penetración china. Dado el carácter " quirúrgico" de la operación estadounidense, se parece más a lo hecho durante el primer mandato de Trump contra el líder iraní Qasem Soleimaní.

      Como sea, lo hecho por Trump tiene el dejo de la ley del Viejo Oeste, como una invitación a hacer negocios, pero una carta de presentación a balazos. El "modito" es suficiente para ser rechazado, y lo que es penoso es que no falten quienes, en América Latina, vean con buenos ojos que les saquen las castañas del fuego. Es parte de lo que Maduro, con su Teoría de la Dependencia a cuestas, nunca entendió, porque lo suyo no es la inteligencia: no basta con el problema del imperialismo, sino que es necesario saber si desde adentro de algún país latinoamericano puede surgir una clase dirigente que haga de tal, con menos boconería, menos entreguismo -a cualquiera: no es cuestión de cambiar de amo o maniobrar a los patrones- y menos corrupción. Y las "revoluciones de la libertad" tampoco se hacen con la llamada "diplomacia de las cañoneras". Es mejor, como si dice coloquialmente en México, ponerle "un ojo al gato y el otro al garabato". No hay más que 32 cubanos y algunos venezolanos que optaron por la lealtad personal: no se puede rápidamente conocer el alcance y la seriedad de lo sucedido, más allá de algunos antecedentes, a la espera de saber qué sigue después del chacoteo mediático. (da click en el botón de reproducción=).



         

SE SOLICITA DISCRECIÓN

 El "modito" del presidente estadounidense Donal J. Trump ante Venezuela llega a provocar el olvido de que no es algo nuevo, y sí ...