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sábado, 3 de enero de 2026

VIENTOS HURACANADOS

 Más allá de un par de desmitificaciones, sobre la Conquista y la Independencia, la "revolución de la libertad" del divulgador Juan Miguel Zunzunegui, de habla fácil y ojos claros, suficiente para ser creído en un país como México, y del empresario Ricardo Benjamin Salinas Pliego, muestra sin quererlo uno de los problemas mexicanos: la incapacidad de la clase dominante para dirigir la nación. Esta incapacidad, se creyó un tiempo, debía ser suplida por el Estado. Esto no tiene nada que ver, en lo absoluto, con Marx, quien dejó escrito que no se trataba de tener gobiernos grandes y/o fuertes, y esperaba a largo plazo la extinción del Estado para pasar a la "administración de las cosas".

      "Muera el mal gobierno" no es nada más grito popular, sino también empresarial, por más que gran parte de las funciones del Estado se hayan dedicado a subsidiar al sector privado, como hasta hoy, entre otras cosas con infraestructura pública y prestaciones y ayudas sociales que liberan dinero para el consumo privado. Ni así. Como ya se ha señalado, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa ha demostrado cómo un buen nivel de vida -como el escandinavo- coincide con un gasto público bastante importante. Si se escucha a Salinas Pliego, quien además parece detestar muy a la gringa el menor impuesto, el ideal, para seguir a Correa, es Sudán del Sur, donde el Estado no gasta casi nada y se acerca a la inexistencia, salvo para cosas mínimas. Estarse ya sin Estado y sin gobierno es Puerto Príncipe, capital de Haití: toda una "revolución de la libertad", como la de matar impunemente.

        Las caricaturas del estilo Cuba-Nicaragua-Venezuela como futuro dizque "comunista" son un fraude. Es una pena que coincidan izquierdistas universitarios -a costa del erario- con Salinas Pliego (a costa del erario, hasta prueba de lo contrario) en la creencia de que el gobierno mexicano es una "secta política", que para el señor Salinas Pliego permite el despilfarro y el despojo de las arcas públicas" (¿por no querer pagar impuestos?), además de que en México no se han perdido "libertades de los ciudadanos", por lo que el mismo Salinas Pliego puede decir lo que se le antoje. Por lo demás, en Venezuela no ha habido ningún socialismo y, como ya se ha explicado aquí, hace rato que se abandonó -desde Hugo Chávez- la creencia en el "socialismo del siglo XXI". No se trata del significado de las palabras, sino de usarlas para su "efecto" persuasivo: asustar, si hay quien se deje, y para que más de alguno repita sin saber.

       No tiene ningún caso hablar con sofistas. Parte del problema del Estado ha sido, en México, su uso clientelista, para acaparar poder político, y su ineficiencia, en el sentido de no operar ligando el salario a la generación de excedente en la empresa pública. Aún así, se ha llegado a liquidar empresas que no estaban en números rojos. Partir de problemas reales para hacer de la parte el todo o para llamar a liquidar el "mal gobierno" es sofística. Al mismo tiempo, como parte del "capitalismo político", la costumbre ha sido llegar al gobierno para desde este hacer negocios, con corrupción, y para beneficio de empresarios beneficiados desde arriba -como Salinas Pliego en 1993. Así, el gobierno sirve también de "pararrayos": se lleva la crítica por robo y el empresario se evita la crítica por explotador. Simplemente, la costumbre en el capitalismo "político", donde un empresariado incapaz delega, es caerle al gobierno y no tener idea de la explotación. Igual maldicen al "mal gobierno" desde abajo, desde en medio y desde el empresariado, en plena rebatinga, a ver qué saca cada uno, en plan buitre. Es a lo que le apuesta la oposición mexicana, que sabe muchísimo de "cómo hacerlo": a que el actual gobierno haga lo mismo, aunque desde ya la escala es bastante menor.

      Las ideas de Salinas Pliego en economía no existen: repite teoría de finales del siglo XIX, a lo que con Zunzunegui agrega un recetario de Tus zonas erróneas y cosas por el estilo. Zunzunegui averigua poco: oye "comunismo" y siente la irrefrenable necesidad de ponerse al sofisma, adulterar, falsear sin rubor, etcétera, y ni caso tiene hablar. No se trata de debatir nada, sino de sofismas para "persuadir". La idea de que todo empezó con el jacobino francés Robespierre data de los '80, uno que otro filme del polaco Andrzej Wajda ("Dantón") y de la historiografía francesa de la época (Francois Furet, Stéphane Courtois), ya varias veces demolida desde dentro. La "batalla cultural" en nombre del italiano Antonio Gramsci data de los '80 con el Comité republicano de Santa Fe I y II. Nada nuevo bajo el sol, ni la creencia de que la Revolución se reduce a una camarilla de tontos ambiciosos que buscan tomar el poder. Tal vez como el grupo de tecnócratas que ascendió en México en los '80, o como los Demócratas estadounidenses a partir de los '90. De remate, Zunzunegui alaba mal a la Rusia de Putin, surgida de una camarilla de ambiciosos de San Petersburgo y de los servicios secretos para, en parte, el bochorno del saqueo en los '90, e ir a caer en la trampa de la Tríada (Estados Unidos, Unión Europea, Japón). El ropaje da igual: comunista o anticomunista, por lo que no se entienden mal Rusia y China.  Teorías del siglo XIX, ni siquiera a la altura de Marx, o de los '80, hace casi medio siglo.

       El dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, "soldado de la revolución", decía que México era un "país de jodidos" (de "clase modesta jodida, que no va a salir de jodida"). Zunzunegui y Salinas Pliego llegan a más, con la cabeza en inglés: México es un país de losers que no han leído La mentalidad ganadora y tienen miedo de salir adelante. Son "traumados" por la historia oficial, "fracasados" y no manejan más de 250 palabras, de las diez mil que tiene el español, mientras que Salinas Pliego, como su "Escorpión Dorado", es seguramente exquisito, salvo que crea que hay que ganarse audiencia entre los jodidos. No es que al empresariado y el capital extranjero no les importe educar -ni Salinas Pliego tiene educación-, sino que una "bola de revoltosos" de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación)  lo echan todo a perder (en Oaxaca y Guerrero). Los mexicanos se victimizan de Cuauhtémoc para acá y casi resulta que tienen miedo al éxito y a ser emprendedores y winners. Mentalidad de perdedores, fracasados, traumados, derrotistas, analfabetas y revoltosos. Si fuera así, ya Benito Juárez había dicho que el pueblo mexicano no está contento con nada que no sea un mitote. Ni Azcárraga Milmo era tan ojeis, como se dice coloquialmente en México.

        Ya que los jodidos ni leen, tal vez alguno que otro de clases medias se quiera creer ya no a Salinas Pliego, sino el alud de disparates de Zunzunegui, que no entiende conceptualmente nada. Ni importa en realidad ningún "comunismo" ni "socialismo", que no hay ni por asomo en México. Lo que importa, además de hacerle fraude al fisco, es hacérselo a la gente explotada para que, encima de que la explotan, se sienta "emprendedora", es decir, que en vez de tener intereses propios, los confunda con los del patrón. Para ponerse la camiseta y echarle muchas ganas, pero además, bajo chantaje: la alternativa es el terror y la escasez. Si quieres ser parte de "la familia Azteca", sígue echándole muchas ganas y viéndote a tí mismo como un ganador, quien quita y un día seas como el jefe. Si no, te espera una pandilla a la salida para timarte y matarte o dejarte todavía peor. En suma: soy tu peor es nada, así que eres libre de escoger. Zunzunegui tendrá sus motivos para no temerle a la llegada al fraude intelectual. Y luego por qué no se sale de un país de jodidos: porque no se sabe cómo, de la misma manera en que el mexicano digamos "promedio" trabajo mucho, pero no siempre sabe cómo, porque dirección no hay, ni lo es el discurso de la guatemalteca Gloria Álvarez, del mismo nivel. Del estilo "sé libre de ser atontado". Presentando las cosas al revés. Lléguenle a la secta Azteca, a los fans de "Zunzu" (!) y a los lamentables espectáculos de Lilly Téllez: nunca falta un roto para un descosido, o quien tenga interés en dejarse impresionar. (da click en el botón de reproducción).



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