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viernes, 13 de febrero de 2026

GRACIAS POR PARTICIPAR, BAD

 En algo preparado desde antes, entre otros por los errores de análisis del historiador argentino Sergio Bagú, la Teoría de la Dependencia, formulada entre finales de los '60 y principios de los '70, desconoció por completo el marxismo latinoamericano previo, en particular, como ya hubo ocasión de señalarlo, del peruano José Carlos Mariátegui (y su discusión con Víctor Raúl Haya de la Torre, también del Perú). La Teoría de la Dependencia estaba "urgida" de poder, por las creencias de la Revolución Cubana, y contra el "desarrollismo" de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), cuando, al cabo de los años de posguerra, resultaba más o menos claro que el desarrollo no era posible: ningún país periférico latinoamericano se había convertido en "centro". El debate ayudó a encontrar algunos elementos importantes, como el de las fallas en la industrialización.

       La Teoría de la Dependencia se centró en factores externos y en el antiimperialismo. Partía de la constatación de que, a diferencia del supuesto de Marx, en América Latina no había burguesía, o si la había, era débil. Sin embargo, sin que en ningún momento lo viera dicha Teoría, ello no quería decir que no hubiera clase dominante, lo que más de un historiador -no parece que Bagú-sabía: existía, y era una poderosa oligarquía, de rasgos señoriales, intermediaria con el capital extranjero, aunque con frecuencia incapaz de dirigir. Esto se volvió en un asunto de tener el poder, pero de delegar con frecuencia el gobierno en formas de cesarismo (dictaduras, o gobiernos con un fuerte jefe militar), tema que por cierto fue bien tratado en Venezuela hace décadas, incluso a propósito del "cesarismo democrático", antes que, para corregir, "bonapartismo", salvo en ciertos aspectos. Se creyó en otros casos que se podía delegar la tarea del desarrollo en el Estado, a falta de burguesía (y sin preocupación mayor por desarrollarla). Sin embargo, dada la fuerza de los antecedentes oligárquicos y la debilidad de la burguesía, por la fuerza de los grandes terratenientes (antiguos encomenderos, luego hacendados y después latifundistas), el mismo Estado se tiñó de estos rasgos, aún delegando en clases medias. Como la industrialización de posguerra funcionó a medias, los rasgos de "hacienda" persistieron, como lo hicieron por lo demás en la izquierda. Los partidos comunistas habían sido llamados a una alianza imposible con algo inexistente o débil, la burguesía, por lo que no había otro antecedente del Estado más que el oligárquico. Sólo en parte perdió esos rasgos en México, y a su modo en Costa Rica. Cuba es otro asunto, porque no tenía oligarquía propia fuerte al estar todo en manos extranjeras, y sí en cambio tradición cesarista, por lo que se siguió con la eternización de Fidel Castro en el liderazgo, admitiendo que era, como lo era en otros cesarismos, un fenómeno en gran parte de clases medias.

        Los más variados nacionalismos-populares, o nacionalismos-revolucionarios, se tiñeron de rasgos señoriales, sobre todo que los de América Latina seguían siendo países predominantemente rurales. Al mismo tiempo, dada la alianza con el capital extranjero, reforzada desde finales del siglo XIX -para que fuera penetrando la esfera productiva-, con frecuencia, siempre y cuando no se soltara el poder político, se generó la creencia de que lo extranjero (para lo que jugó después el llamado "efecto demostración") es por antonomasia mejor que lo nacional. Arreglando siempre desde arriba y por la espalda, se creó una personalidad escindida: a la vez con tendencia a la cortesía (o incluso ceremoniosidad) señorial y otra al uso de conveniencia del más estricto cálculo costo/beneficio; la escisión se dió por oscilación entre ésto y la otra cara de lo señorial, nacido de la Conquista: el hábito del engaño o, donde hubo mayor penetración del cálculo de conveniencia, la naturalización del acto de traición, creyendo por igual en un ademán cortés y en la posibilidad de pasar tranquilamente por encima del otro con tal de "salvar intereses propios". En la perspectiva señorial y oligárquica, esos intereses fueron la familia -como núcleo de socialización- y el "grupo" entendido como clientela, colocando al servicio de ésta, no ajena a elementos militares ("maniobrar" al otro) y religiosos, el cálculo costo/beneficio.

      Como parte de la personalidad escindida, se vió a la gente de abajo, un vago "pueblo", como algo extraño, casi extranjero, para ser violentado y, alternativamente, siempre desde arriba, como recurso contra el extranjero de ser necesario negociar una mayor rebanada del pastel -entre ganancia foránea y renta local- desde el poder político nunca soltado, por ser justamente el medio de acceso al reparto, y a echar mano del pueblo, por vago que fuera como noción, cooptándolo, pero limitándole la participación: recurso, entonces, de ocasional presión para "maniobrar" y arrancarle concesiones al extranjero, en nombre de la soberanía política -entiéndase de que del poder político. Esta personalidad escindida se exacerbó por un tiempo en la crisis que arrancó hace ya más de medio siglo, y que expresa bien la oposición de derecha mexicana, entre otras: no creer más que en el extranjero y buscar engañar y maniobrar al "pueblo" en su propio nombre, pero siempre en la perspectiva desde arriba. La escisión se nota por lo demás en otros rasgos, como el de la cantinela "liberal" de grupos intelectuales con las peores prácticas señoriales de clientelismo, amiguismo, favoritismo, endiosamiento de "cabezas", lambisconería (zalamería), práctica ritual y arcaica del chivo expiatorio y engaño, estando al mismo tiempo sin rubor al servicio de intereses extranjeros, y desconociéndolo todo del "de abajo" nacional, salvo para tratarlo como algo extraño. Son algunas generaciones de oligarquías y hábitos señoriales en decadencia y que supieron al mismo tiempo, en aras de esos privilegios arcaicos (como los más impudorosos acaparamientos) servirse del cálculo costo-beneficio. No es falso que sean "mafias del poder", como las llamó el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. Así como hay familias que son famiglias.

       Parte de esta herencia, de larga data en la dimensión señorial, incluye a los de abajo y explica por qué se insiste una y otra vez en el "pueblo", que no tiene nada que ver Con Marx. México logró cierto grado -parcial- de institucionalización y se ahorró el cesarismo, de lo que ya cumple casi un siglo, a diferencia de toda América Latina, aunque en cambio hubo formas del llamado "bonapartismo", sólo que la figura de Lázaro Cárdenas está mitificada, pese a ser el creador del populismo mexicano, distinto de cualquier posible demagogia. Costa Rica es un caso aparte, y Cuba también, a su modo, pese a que no escapó al cesarismo, en la fase del socialismo de Estado con Fidel Castro (cerca de medio siglo sin soltar el micrófono, como se dice a veces, pero sin que incumba a todos los hermanos Castro, ni a todos los vástagos).

       Una parte de la "resistencia" hoy desde el llamado "Sur global" y cosas por el estilo ya ha sido bien vista por algunos. Es "anticapitalista" (sin proponer demasiado alternativas sólidas), sin ser pro-socialista, porque: 1) tiene lugar desde resabios señoriales y pretensiones precapitalistas, con pueblos originarios y negros idealizados, los nuevos "peones" y 2) no entiende el capitalismo como algo contradictorio y que, por lo mismo, no es puramente negativo. Si acaso quepa lamentar que, encima, parte del capitalismo adoptado sea el de la alta finanza, que toma sin dar nada y desconoce el intercambio, por lo que no queda claro a qué tipo de "mercado" hay que referirse cuando se trata de recibir sin "dar el cambio" ( o como decía una pinta en México: "no queremos monedas; queremos el cambio").

       Fuera de este mundo patológico de transición, que se remite a los baby boomers y probablemente a una generación previa, nacida en los 20), dos factores están operando un cambio: el demográfico, dada la reducción del tamaño de las familias, contra la creencia casi clánica de respaldo; y la urbanización, que va dejando atrás al mundo predominantemente rural todavía a principios de la crisis, o a "medias" rural, lo que llegó a trasladar costumbres rurales a la ciudad. Ambos factores disminuyen el peso del mundo señorial y oligárquico, y han ido introduciendo formas de trato distintas, de síntesis con el capitalismo, e incluso al margen de las extravagancias multiculturales, y que implican dos cosas: mayor respeto de la "propiedad de sí", del derecho del otro a lo mismo y menor uso de cortesías y ceremoniosidades o seducción para engañar o dar en el abuso de confianza, porque a menos clan, más individuo. El mundo del latino aprovechado -como si no fuera parte de una reputación bien ganada- se resiste haciéndose pasar por "cultura", pero no lo es: el señor Bad Bunny se inventó un estereotipo que no tiene mayor cosa que ver con Puerto Rico, sino con un "trópico" para el consumo de quienes, como parte de los cambios de las últimas décadas, ya no están más que en el mismo consumo y en la alta finanza. Guarda cierto parecido con la Cuba burdelera que la misma Cuba intentó fabricar para el turismo desde los '90 (Buena Vista Social Club, Compay Segundo, etcétera), como parte de la regresión en la transición. Hay en la juventud tendencias distintas y de remplazo a los auténticos decadentes de décadas, en algo que se acentuó en los últimos 30 años y que, en parte, tampoco es ajeno a los nacidos en los '50, pese a sus limitaciones. Expresiones culturales aparte, cuando lo son, es probable que ya no sea tan fácil hacer pasar el mundo señorial, en lo que tuvo de nocivo, como "lo nuestro", ni la decadencia de ese mundo es "Nuestra América". Ni se trata de "hacer Historia" todos los días. El desafío está en saber si hay condiciones para abonar a un cambio que recoja como parte de una síntesis lo mejor del capitalismo y que permia salir no de la "lumpenburguesía" (otro error de la Teoría de la Dependencia), sino de la triple alianza entre restos oligárquicos, alta finanza y lumpen. Para pasar a otra cosa que "el poder" y su ostentación de la transgresión (de afuera y de arriba). (da click en el botón de reproducción).



GRACIAS POR PARTICIPAR, BAD

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