En México, a diferencia de Cuba, que es muy frontal, aunque puede equivocarse, la relación con Estados Unidos es compleja, y se le teme, por lo que con frecuencia resulta opaca. Lo dicho no quiere decir que no haya en Cuba quien esté dispuesto a una apertura en grande a Estados Unidos, mundillo intelectual incluido. En México, el nacionalismo es fuerte, pero menos aguerrido y más proclive a buscar soluciones de compromiso con Estados Unidos. A diferencia del pasado, cuando no se quería mucho al "gringo", salvo para sacarle algo, ahora hay un grado muy fuerte de "americanización" de México, si bien ya pasó la fiebre TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).
Como ya ha habido ocasión de decirlo, el hecho de que algunos presidentes mexicanos, tres (Adolfo López Mateos, muy recordado "de Oro", Gustavo Díaz Ordaz, más tenebroso, y Luis Echeverría) fueran informantes de la CIA (Central de Inteligencia Americana) no quiere decir, como en su momento lo señalara el ex agente Philip Agee, que fueran propiamente agentes "de". Parecen haber considerado que tratar con la CIA era ineludible.
Las dificultades para hablar del tema crecieron a principios de los '80 con el asesinato del periodista Manuel Buendía y con el trato público dado al caso del asesinato del agente de la DEA estadounidense (Agencia de Control de Drogas), Enrique "Kiki" Camarena, pocos años antes de la firma del TLCAN. El asunto se volvió no de denuncia desde el nacionalismo, como con los tres presidentes mencionados, sino de una mezcla de temor e imitación. Las cosas se complicaron por la diversificación de agencias de seguridad estadounidense, y no parece que la DEA juegue siempre un buen papel, aunque era a la CIA que se temía en el pasado. Parte de la actitud confusa está en la negativa a reconocer el papel jugado por Estados Unidos en el 68 mexicano, pese a muy buenos trabajos al respecto y sobre el orquestamiento de provocaciones para una intentona de golpe. Habría que salir del estereotipo sobre la "juventud inocente", pero como sea ya casi todo está dicho sobre el tema, salvo por el papel de uno que otro líder estudiantil.
Rara vez se quiere mencionar las nuevas formas de influencia estadounidense, o simplemente ya es visto como de lo más natural, ni se diga en el mundo universitario, o en parte de la oposición que actúa por consigna, por ejemplo al hablar de "narcogobierno". Menos aún se reconoce cuando México se convierte en lugar de pleito o diferencias entre agencias de seguridad estadounidense.
Hay al mismo tiempo una extraña credulidad, por bueno y eficaz que, a ciertos niveles, sea el aparato de Justicia estadounidense. Se cree tontamente que la gente colocada en el "congelador" va a dar nombres y grandes sorpresas que "conmoverán al mundo", como Joaquín "El Chapo" Guzmán o Ismael "El Mayo" Zambada, llevados en realidad a callarse (por cierto: como Rafael Caro Quintero), y que en algunos casos han actuado en connivencia con los estadounidenses, que no siempre han querido ninguna "guerra contra las drogas" o "contra el narco", sino tener control para servirse del fenómeno, entre otras cosas para chantajear a gobiernos. O que pregunten por el despeñadero de Evo Morales y Luis Arce en Bolivia.
Desde las "Certificaciones" de los '80, el tema de la droga sirve para comprometer -en el pésimo sentido- a gobiernos latinoamericanos. El venezolano Nicolás Maduro y el "Cartel de los Soles" es un invento, y lo fue en gran medida el "caso Noriega" en Panamá en 1987-1989. El miedo sí debe hoy andar en burro, porque algunos se creen cualquier cosa, salvo que sea conveniencia, en realidad.
Ya se ha dicho aquí que nunca hubo "guerra contra el narco" con Felipe Calderón en la presidencia mexicana (2006-2012), sino el ánimo de monopolizar el negocio con un Cartel. El entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, trabajaba para ese Cartel -el que todos querían- y uno más, por lo demás infiltrado por la DEA a través de Edgar Valdéz Villarreal, "La Barbie" (otro tema intocable). García Luna se creía protegido en Estados Unidos, pero fue turnado al "congelador".
El tema de la relación entre García Luna y Estados Unidos también es tabú, porque difícilmente tomó solo la decisión de asociarse con dos Carteles para retirarse después en Estados Unidos. Hace poco, la FGR (Fiscalía General de la República) afirmó que García Luna fue a Tijuana a rescatar al "segundo tirador", Jorge Antonio Sánchez Ortega, agente del CISEN (Centro de Investigación en Seguridad Nacional), cuando en marzo de 1994 fue asesinado Luis Donaldo Colosio. El periodista J.J. Lemus sostiene, en el libro El Licenciado, que es un invento de la Fiscalía, todo lo que debiera ser aclarado con Sánchez Ortega. Al mismo tiempo, J.J. Lemus ofrece datos tempranos sobre García Luna en el CISEN, sus contactos y algo más: su pronta y fuerte relación con la CIA. No se puede afirmar más, fuera de lo dicho de los "amarres perros" del chief of staff con la seguridad estadounidense (Brent Scowcroft), para ver si hay algo más que un asunto de "hacerse bolas", o si pudiera ser que Colosio fuera considerado un estorbo para un proyecto que, además de transexenal, era transnacional. O sea, que Colosio fuera visto como algo más que un pobre tonto despistado. El presidente Andrés Manuel López Obrador, nunca exento de "colmillo", habló de crimen de Estado y de no indultar a Mario Aburto, el llanero solitario, mientras no diga "lo que sabe", porque algo no va: hay elementos para pensar que Aburto y su familia optaron por ocultar bastante pensando primero en "Mario" y no en el valor de la verdad completa, no a medias. O nada tiene relación con nada y sólo es cosa de resultar "ganón" en cada ocasión. Con el agravante de que, como lo indicó el periodista Carlos Ramírez en El Independiente (además de que Colosio no era muy TLCAN), ni a varios cercanos ni a descendientes parece importarles que sí haya cuando menos modo de acercarse a lo más plausible, si se opta, a diferencia de gente previa, por algo que no sea salvar todas las apariencias -hasta las de Aburto- y por atar cabos. (da click en el botón de reproducción).