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domingo, 29 de marzo de 2026

AL BAILE

Puestos a la cultura, en la que cabe la religión, es poco probable que algún conflicto se resuelva. Irán, en lo que tiene de Persia, es (a diferencia por ejemplo de México), una de las pocas civilizaciones milenarias del mundo. Como Estados Unidos en apariencia no tiene nada o casi de realmente ancestral, se supone que "la resistencia" está del lado iraní, y que, como lo sugiere Thierry Meyssan en Red Voltaire, en nombre de la democracia no hay derecho a destruir la civilización. Con la salvedad de que el presidente estadounidense, Donald J. Trump, ha dicho que "quiere el petróleo", no la democracia, que al menos formalmente no le interesó mucho en Venezuela (que se espera la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machada). En cuanto a Israel, tampoco parece insistir mucho en ninguna democracia.

       Hace rato que no se trata de democracia si ésta pasa por encima de la ley. No se lo inventó Trump. En la destrucción de Yugoslavia, en los '90, se desembocó en el bombardeo de Serbia (lo que quedaba de Yugoslavia) por parte de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) contra sus propios estatutos, en particular el capítulo 5, que obliga a todos los integrantes a entrar en acción si uno de ellos es atacado. Yugoslavia o Serbia nunca atacaron a la OTAN. El asesinato del líder libio Muamar el Gadafi en 2011, tan festejado por la Demócrata Hillary Clinton ("venimos, vimos y vencimos") fue contrario a la resolución 1973 de Naciones Unidas y el capítulo VII de Naciones Unidas, ya que se impuso una zona de exclusión aérea y se excluía el uso de una fuerza de ocupación extranjera "de cualquier clase en cualquier parte del territorio libio" (por decisión del Consejo de Seguridad). Tampoco se sabe si bombardear una fábrica de aspirinas en Sudán, por parte del presidente estadounidense William Clinton, tenía alguna legalidad, como fabricar en 2014 -con el presidente Demócrata Barack Obama- un golpe de Estado (el "Euromaidán") en Ucrania contra un presidente legalmente electo (Viktor Yanukovich). No es excusa, sino explicación: Estados Unidos y "socios y aliados" hace rato que van de pleito en pleito a nivel internacional sin considerar en lo más mínimo reglas del juego, creyéndose los más fuertes y limitándose mediante los medios de comunicación a legitimar sus acciones, aunque parece reprochársele a Trump que no "consensúe" sus ambiciones. Los Republicanos ya se han saltado a la torera la ley como cuando en 2003 se inventaron armas de destrucción masiva para atacar Irak. En términos de legitimidad, todo lo saben, y lo que no, lo inventan, no quedando sino la ley del más fuerte. Ir a secuestrar un presidente no tiene nada de legal, aunque ya será cuestión olvidada: que el ex mandatario venezolano Nicolás Maduro no destaque por su brillantez no quiere decir que se deba festinar su secuestro. Desde 1989, con la invasión de Panamá, Estados Unidos y "socios y aliados" entendieron que habían ganado y que podían pasar a actuar como vencedores, sirviéndose del cariz de "legitimidad" para andar por el mundo haciendo y deshaciendo, por lo que írsele en exclusiva a Trump por imperialista -como lo hacen en Mexico los dos principales grupitos intelectuales- no es más que retorcedura.

      Un favor: no importan las mujeres iraníes, o habría que volver a Afganistán a punta de pistola, como tampoco importa algo así como "la democracia afgana". Ni Trump ni el premier israelí Benjamín Netanhayu están interesados en lo más mínimo en la mujer en Irán, como no se tuvo el menor respeto por los derechos adquiridos por la mujer en el antiguo régimen de Irak ni por los de las afganas en tiempos soviéticos. Tampoco se tiene respeto alguno por un islam que se instrumentaliza jugando sobre sus divisiones, como se hizo al momento de crear el Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), apoyado entre otros por un típico bruto Republicano, el hoy extinto John McCain.

       ¿Alguna sanción contra Estados Unidos y amiguis en casi medio siglo? Ninguna. Y sin contrapeso. Queda por ver si Trump termina peor, mientras Netanhayu tiene como plan destruir al único contrapeso que le queda en Medio Oriente, a lo que se prestó el "milenario Irán" yendo a crear su propio "panislamismo" -sacando ventaja de la destrucción de Irak- hasta Siria (aunque el depuesto presidente sirio Bashar al Asad no se prestó a varias maniobras de Irán) y el Líbano (Hezbolá), y hasta llegar a Palestina con el sórdido Hamas, con el "Eje de la Resistencia", e incluso Yemen con los hutíes de Ansar Alá (dicho Eje fue una completa violación de soberanías vecinas). No queda mayor cosa. Algunos en el Tercer Mundo se la creen porque confunden antijudaísmo con antisionismo. El extinto (a balazos) ayatolá Alí Jamenei hizo otras maravillas, como bloquear la secularización de Irán.

      Lo de la democracia queda para el modito Demócrata, mientras, pésimamente mal aconsejado por "halcones", Trump se lanzó "como el borras", como se dice coloquialmente en México, y para hacer negocios. Parte de lo feo, como ya se ha dicho, es cómo lo azuzan, como se hace en los medios contra Cuba con declaraciones de Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado, que por legítimas que PAREZCAN, son de la ilegalidad más completa, para invitarse solo, y encontrando amiguis para festejarlo. Entiéndase que, según parece, no hay reglas del juego ni igualdad ante la ley a nivel internacional: no queda más que la ley del más fuerte y quienes creen que "no hay de otra", por motivos milenarios y ancestrales que deben remontarse hasta la Biblia. No queda más que resistir más siglos.

      Lo de la civilización, no importó cuando se trató de Irak, donde está Mesopótamia, ni importó cuando se voló un gigantesco Buda en Afganistán, ni cuando los takfiristas del EIIL se lanzaron sobre lugares de culto en Deir Es Zor, incluyendo un memorial armenio, o en el ataque contra la mezquita de Mosul. Todo lo sólido se desvanece en el aire, y todo lo sagrado es profanado. O entonces la laicidad -de Siria, Irak o Libia hasta poco tiempo antes de la caída de Qadafi no tiene nada de respetable, como tampoco Naciones Unidas. Libia, por ejemplo, se las da en lo que queda de liberal y democrática e instaura al mismo tiempo la legislación islámica o sharia. Pongan a Rubio de presidente, a Yemanyá de escudo nacional, edificios corporativos y vistan al ejército de taíno: será una Cuba libre donde además Enrique Krauze pueda hablar de libertad -de lo que sea, y de libertad para los vencedores reales o supuestos, sin ley- y de José Martí. Lo demás es "fallido". Y como se tiene cierta religión, el que sea fallido será culpable él solito de su "caída", al no haber sido elegido ni estar predestinado, salvo justamente a caerse. Sí, protesto (da click en el botón de reproducción).


AL BAILE

Puestos a la cultura, en la que cabe la religión, es poco probable que algún conflicto se resuelva. Irán, en lo que tiene de Persia, es (a d...