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lunes, 13 de julio de 2026

TODOS QUEREMOS VER A OLGA

 Pasados  pocos años después de la invasión de Estados Unidos a Panamá, a finales de 1989, no fueron pocos los del régimen de los '80 que encontraron una u otra forma de acomodo, dado que el Partido Revolucionario Democrático (PRD) volvió al gobierno pronto, con el presidente Ernesto "Toro" Pérez Balladares. Entre los que tenían funciones y se acomodaron, más ya con el gobierno de Martín Torrijos, a principios de los años 2000, hubo militares como Daniel Delgado Diamante, líderes de los Batallones de la Dignidad, como Benjamín Colamarco, sindicalistas como Héctor Alemán, empresarios como el muy vitalicio Carlos Duque  o economistas como Alejandro Cordero Clark. Mejor para quienes guardaron silencio, pero más de uno no lo hizo y prefirió inventarse sobre el pasado una "dictadura" que nunca existió, o retratar una invasión como "golpe de Estado" que tampoco fue: como ya se ha observado aquí, intentona de golpe previa a la invasión fue la de Moisés Giroldi, que fracasó. De igual modo, no hubo presidente que no fuera civil (por cierto que el último, Francisco Rodríguez, a la postre también encontró acomodo). Entre las excepciones que se negaron tanto a ser silenciados como a escupir sobre el pasado destacan dos, la de Julio Yao, y la de Balbina Herrera. Por lo que hace al líder militar Manuel Antonio Noriega, pidió perdón a quien hubiera sido agraviado y se ubicó como el último de un ciclo de "un grupo" militar. Y vivieron felices por muchos años, salvo que Noriega ya falleció hace un rato.

        Recientemente, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa recordó el secuestro de Noriega como el de un "hombre de derecha", pero es inexacto. Noriega fue ciertamente un activo estadounidense en Panamá, de donde la omisión de un libro de John Dinges de la época. Noriega se enriqueció y sacó partido de su vigilancia sobre el cártel de Medellín, del que exigió dinero, aunque, al mismo tiempo, fue la CIA (Central de Inteligencia Americana) que decidió infiltrarlo en ese cártel. Error frecuente del querido "Sur global" de pedir lo que se conoce en México como "moches", pese a que, así fuera por órdenes estadounidenses, Noriega tampoco dejara pasar todo y fuera felicitado desde Estados Unidos por sus decomisos. La historia es la de un "activo", no  la de un narcotraficante, y al ser juzgado en Estados Unidos, todo lo relativo al asunto no fue admitido a juicio. No fuera aparecer qué exactamente hacía el militar panameño para Estados Unidos, que por cierto negó hasta el final alguna relación con el asesinato del ex guerrillero Hugo Spadáfora. Este punto no es fácil de resolver y no favorecería mucho a Noriega. Como sea, no hace falta repetir que los muy legalistas Estados Unidos se pasaron sabrá Dios cuántas leyes por el Arco del Triunfo al invadir Panama para "distorsionar" los Tratados Torrijos-Carter, el Tratado de Neutralidad y abolir el ejército panameño (Fuerzas de Defensa de Panamá), así se devolviera el Canal y sí, pese a lo dicho por el sindicalista Luis Anderson, de la dudosa ORIT, hasta entrados los 2000 la empresa constructora estadounidense Bechtel (también metida en Irak) estuvo pidiendo para sí la ampliación del Canal de Panamá.

         La historia que nunca te quisieron contar, ahora, dejando de lado que Estados Unidos intervino entre otras cosas para que Japón dejara de meter sus narices en Panamá (para entender al ex presidente venezolano Nicolás Maduro y China). Noriega se opuso a la propuesta estadounidense de sumarse a un ataque contra Nicaragua, en ese momento sandinista bajo inmensa presión, y obtuvo como respuesta  "aténgase a las consecuencias", lo que derivó, además de los Documentos de Santa Fe, en un Memorándum "sensitivo" para desestabilizar Panamá.

        Cuando se trató de detallar esta historia, que abarca de 1987 a 1989, hubo bloqueo  de la extinta Sara Gordon y de Carlos M. Vilas para "cerrar el asunto", aunque es de interés y guarda cierta relación con lo hecho en Filipinas para deshacerse de Ferdinando Marcos y lograr un show con Corazón Aquino, que se ganó el mote en México de Corazón, Aquí No. El militar panameño Roberto Díaz Herrera, desplazado  por Noriega, y el diplomático en Nueva York, José Isabel  Blandón -motivo de ciertas burlas en Panamá por aquello de "Isabel"- armaron el escándalo del "narcogobierno", a lo que Díaz Herrera agregó que Noriega había atentado con el avioneta  del general Omar Torrijos, lo que Noriega desmintió y atribuyó a los propios  estadounidenses.  para que Estados Unidos jugara dos cartas: sanciones duras y apoyo a sectores de la sociedad panameña que se autodenominaron "civilistas" /Cruzada Civilista), de "gente bien", que empezó a manifestar en la calle en nombre del "bien", contra el "narcodictador" (además,  "cara de piña"). Otra parte de la sociedad panameña, en buena medida nucleada por sindicatos importantes, se manifestó por la defensa del país y el cese de los  ajustes estructurales que se venían implementando.  El ejército panameño reprimía a los "civilistas", aunque tampoco de manera demasiado sórdida,  pese a una pequeña amenaza de golpiza (lo sucedido se distorsionó) al opositor Guillermo Ford. Era una situación de empate social. No era nada más "la nación contra el imperio", sino la fractura de la nación, bajo la fachada de "sociedad civil contra dictadura". En una situación complicada al no tener Panamá su propia moneda, no era sencillo aguantar las sanciones ni buscar rutas alternativas, ni encontrar con claridad al sector social que encabezara alguna de estas rutas.

       Para las elecciones de 1989, el PRD oficialista seguía aliándose con parte de la oligarquía, y esas elecciones fueron acusadas de fraudulentas, cierto o no, pero parte de un guión repetitivo (del tipo Maduro el dictador y el fraude). Ante el vacío, y -también parte del guión de siempre- la actitud poco solidaria de América Latina y poco amistosa de la OEA (Organización de Estados Unidos), el gobierno panameño armó a parte de la gente de abajo en los llamados "Batallones de la Dignidad", que en parte habrían de resistir la invasión, a diferencia del ejército y de gente como el militar Luis del Cid, destacado en Chiriquí, que acabó en Miami testificando contra Noriega y de amigote de militares estadounidenses. Por sí solos, sectores de clases medias no alcanzaban a "desempatar" y los trabajadores tampoco (pese a la gran fuerza del CONATO-Consejo Nacional de Trabajadores Organizados, y de la FENASEP-Federación Nacional de Servidores Públicos) pero entonces se tomó en Panamá otra medida, la de reactivar la Asamblea de Corregimientos, un poder de abajo. No se puede decir "que hubiera pasado sí", y se puede hacer constar que algunos irresponsables no parecían tener presente el riesgo real  de invasión. Tampoco es seguro que lo midiera Noriega. Pero lo que estaba sucediendo dentro era "abajo"- "poder popular" y "Batallones de la Dignidad"- contra gente acomodada y de clases medias pudientes, la llamada "rabiblanquera" (de "rabo blanco"). Si  hubo "golpe", fue contra el regreso del "poder popular", y para restablecer  el de las clases dominantes amenazadase incapaces -lo habrían de probar después- de liderear un proceso alternativo y sobre todo soberano: la oligarquía financiera (que sabe mucho de "lavado de activos"), comercial y agraria interiorana, a falta de burguesía nacional y haciendo  negocios a cuenta del Estado. Desde entonces, e incluso con Martín Torrijos, Panamá pasó a explorar -sin la menor autonomía económica, y considerando quien preside la  ACP (Autoridad del Canal de Panamá)- el "menú de opciones" entre ricos, que por cierto en los momentos de la invasión salieron con el lumpen a  saquear, tan decentes ellos. El mismo PRD se convirtió en facción, más cuando finalmente fue desbancada Balbina Herrera.

        Como se verá, no fue la historia "de Noriega", ni tampoco se reduce a "nación vs Imperio". Fue el remate de lo que se venía preparando desde los '80 en el PRD aliándose con sectores de esa oligarquía y sacrificando a la gente de abajo, hasta dejarla sin  poder de negociación fuerte. Así volvió el PRD ya directamente empresarial con Pérez Balladares y como degeneración con "torrijitos",  mientras otros se acomodaron a la sombra de una facción de entre las dominantes. Más de uno "recuperó la vista". Queda el problema  del "faltante", un empresariado de vocación nacionalista y la debilidad de lo que quedó abajo, por ejemplo en las bases de Balbina Herrera en San Miguelito.

      Pérez Balladares (1994-1999) se formó en negocios en Estados Unidos y estuvo ligado a un empresariado en parte transnacional. El  PRD terminó de desmoronarse con Laurentino "Nito" Cortizo, otro empresario, y también formado en Estados Unidos. Martín Torrijos fue favorable al empresariado y también está formado en Estados Unidos. Como el torrijismo se dividió en dos agrupaciones y el PRD lidereado  por Balbina Herrera provoca el fantasma   del "coco" de Noriega, el voto se fragmentó, algo también bastante esperado por parte de Estados   Unidos.

        Quede como recuerdo, Noriega aparte, el golpe propinado  por la invasión a la gente de abajo, para evitar el menor asomo de radicalización, como la mencionada; el privilegio para cualquier variante de riqueza, y el guión repetitivo: una caricatura del  de arriba ("narcodictador") para que la gente acomodada pueda hacerse pasar por "gente bien", limpiecita (rabiblanca), "proveedora" de dinero, enemiga de "confrontaciones" -esa debe ser Balbina Herrera con "su" gente-y garante de una inversión extranjera que ha hecho de Panamá un país ya casi sin empresariado realmente nacional. 1987-1989 fue un periodo importante por lo que significó socialmente, y por los problemas de indecisión del PRD: cuando optó  por abajo, "pistola en mano se le fueron de a montón". El espectáculo de "la sociedad contra el régimen" (dictatorial,  narco, etcétera) no cambia, trátese de Venezuela o incluso del empresariado suicida que sin siquiera pruebas y pasos legales para UN presunto "narcogóber" ya habla de "narcogobierno", de "fin de la democracia" (en la feria de Zedillín), de trucos electorales y de "los mexicanos como tú y yo" que "somos víctimas de los de siempre". "Nosotros los comunes y corrientes" contra "ellos los privilegiados": el mundo al revés y la "creatividad del caos" para...y que gane el más fuerte. A riesgo de hartar y de dividir en dos en nombre de "lo que queremos todos" (ver a Olga, será...). (da clicken el botón de reproducción).












        

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