El problema suscitado recientemente en la universidad pública, por los alumnos que pasaron el examen de admisión utilizando Inteligencia Artificial (IA), ha sido pretexto para incluso "fuego amigo" contra dicha universidad, que tiene a varias generaciones podridas y para las cuales los privilegios lo son porque los ingresos no corresponden a trabajo real realizado, y limitándose las críticas a la "burocracia dorada", cuando suceden a veces cosas más graves, pero se cree que un académico es un ser sagrado. Parte del problema, que tardará en subsanarse, es la disputa por ingresos muy altos y propios del privilegio (si bien hay excepciones) a partir de la formación de clientelas y de un ambiente cortesano. Es probable que, pasando generaciones intermedias (las peores), las de reciente incorporación, pese a algunos defectos, puedan dejar trabajar y gestionar bien, y sin tanta "política", por la sencilla razón de que se trata de un oficio que no es propio de la "sociedad política". Varios medios de comunicación, a estas alturas, tampoco dan visos de entender: el problema es "qué", no "quién", por lo que no se trata de ver cómo se reparte entre qué "grupos" y si el del obispo de Copilco está de vuelta o no.
El problema de los "chavos" -aspirantes o estudiantes- no es "de valores", ni es posible seguir en que son tramposos porque "buscan rendimiento" (menos mal). No queda claro por qué no utilizarían IA si creen que obtendrán la respuesta correcta. No son peores que los de los tiempos de los llamados "acordeones" o de copiarle al de la banca de al lado, y es algo que existía antes del llamado "neoliberalismo". Si no fuera por la asfixia que provocan generaciones viejas e intermedias, al menos los problemas se podrían hablar, en vez de alternar cargos y multiplicar comisiones. Como los privilegios de muchos no corresponden a trabajo, las generaciones intermedias ya ni siquiera saben de la utilidad de lo que hacen y están en pleno neoporfirismo, como lo describió el otrora presidente Andrés Manuel López Obrador: midiendo cada palabra para no decir más de lo necesario y conveniente para evitarse el menor problema y en una grave mezquindad. Lo anterior no impide que sea necesario terminar con la práctica de "negreros" contra parte del profesorado, y en lo personal es posible lamentar los cambios hechos en tiempos del seductor de la patria a nivel bachillerato, y la desconexión con la investigación. Así como hay administrativos que de verdad "se ponen la camiseta" y entienden todavía qué es la universidad pública (aunque tampoco falta la negligencia), alumnos los hay de buena fe y esforzados y otros que ya no tienen la menor idea de nada y, sin siquiera necesidad de hacer trampa, sin que sea entendible qué hacen en un salón de clases y cómo pueden haber llegado a una Licenciatura, en particular. No es "de la pandemia", sino ya anterior. Se trata de dos carencias: de educación y de lo que se conocía como "cultura general". La falla no está en los dispositivos técnicos. Eso es, hasta donde se ha podido observar, algo de hace tiempo de algunas universidades privadas, tampoco todas.
Como la Web, de la que se alimenta, la IA puede ser un remedio o un veneno. En algunas áreas de ciencias sociales, por ejemplo, no tener educación en términos de conocimiento suficiente y cultura general es arriesgarse a que se reciban respuestas estereotipadas, inútiles o incluso erróneas, según lo advierte la propia IA. Lo mismo sucede con sitios de noticias o de opinión. Se puede desde conseguir cosas útiles hasta acabar en un simple basurero si no hay criterio ni forma de discriminar, lo que requiere justamente de educación y cultura general. No hay "solución tecnológica", ya que la tecnología es una "técnica" y un medio, y un fin solo para gente que se conoce como "alienada" o "enajenada", lo que tampoco es nuevo. O dicho de otro modo, sin educación y cultura general la técnica, como la bélica, puede servir para un tipo de destrucción que es parte de el proceso de "des-civilización" que se vive desde hace tiempo, cuando menos desde la televisión y su hábito de desprestigiar la educación hasta que sea ostensible que con frecuencia ya no hay límites a la pérdida de lo que era el civismo. La "cultura general" ya ni siquiera cuenta para jugar a "la pregunta de los 64 000 pesos" con Pedro Ferriz o programas por el estilo; un maestro y un científico hace rato que son motivo de burla, lo que va hasta el Profesor Jirafales, y no por algún problema con el "maistro Longaniza", sino porque desde entonces se entiende que la escuela debe ser un lugar más de entretenimiento con adultos infantilizados y alumnos que van a ser "lúdicos", con la educación como "juego" y sin disciplina. Mientas, salvo los que preceden en los '30, hasta donde quedan, creen en la seriedad, los que siguen están en el neoporfirismo universitario o la hipocresía del centro metropolitano, salvo excepciones, criando seres "de derechos y libertades" para que evadan la seriedad por "aburrida" y no conozcan lo que se conoce como "la gravedad", en el sentido de las posibles consecuencias. Ahí están legiones de comentaristas y expertos dedicados al consumo y la especulación de y con palabras, y en plano de juegos como Monoply o póker.
Lo que se ha ido colando es la creencia -desde hace rato- de que lo "interesante" y "entretenido" es poner los límites a prueba, en nombre del deseo o de la fantasía-, y hacerse "el interesante": no faltan en las aulas -aunque en algunos casos ya es francamente más cavernícola- quienes justamente van a ver hasta dónde se pueden poner a prueba los límites de un maestro -o no, profesor Jirafales-, hasta dónde es posible "hacerse el interesante" y hasta qué hora habrá entretenimiento. Esto es lo que predomina y la actitud, también, del perverso narcisista. El problema no es técnico, sino de pérdida del sentido de las referencias en el tiempo y el espacio, referencias que dan justamente la educación y la cultura general. Si se va a tomar lo elemental por "aburrido", es lo propio de los desconectados del valor por estar en el consumo y la especulación -relaciones incluidas- que no CREAN nada. Entonces el problema está en saber si la IA se utiliza para crear o para creerse cualquier cosa que diga la última máquina de novedad. Los "chavos" pueden haber creído que lo fácil es creativo: una creencia errónea para nada ajena a lo que carcome en varias generaciones, no todas, a la universidad pública. Deben creer que tuvieron el privilegio de usar IA, pero se les ha ido quitando el privilegio de la educación para el conocimiento y la cultura general, extraviándolos. Y aún así, hay quienes siguen deseando y valorando la educación y no se merecen lo que les ofrecen quienes están más ocupados -pretextando el "bajo nivel de los alumnos- en repartirse privilegios a costa del erario, o quienes desde el exterior no piensan más que en el siguiente botín de grupo (da click en el botón de reproducción).