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domingo, 27 de septiembre de 2026

TÍMIDO ATRÉVETE

 Frente a las dificultades con el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá), México puede voltear a ver hacia el interior de la economía y buscar algunos resortes endógenos, a lo que está dispuesta una parte de la iniciativa privada, pese a fuertes tendencias de concentración (monopolios, duopolios, oligopolios...). Al mismo tiempo, la presidentA, Claudia Sheinbaum, sin contar con la asesoría de Altagracia Gómez, ha recibido personalmente más de una buena orientación, a diferencia de lo que ocurrió con el presidente Andrés Manuel López Obrador (Alfonso Romo no tuvo visión de país, para no hablar de las sospechas que acabaron recayendo sobre él). No se trata nada más de crecer y de PIB (producto interno bruto), sino de cómo utilizar los recursos, y no en términos de "a cómo nos toca", a lo que el antiguo régimen acostumbró a la población en un simple plano de distribución (con criterios no muy meritocráticos y que una parte de la autodenominada "Cuarta Transformación" entendió pésimo). De entre los elementos a tomar en cuenta, varios han sido señalados por economistas como Mariana Mazzucato y Viridiana Ríos.

         Un elemento importante es el fiscal, ya que a los ricos no se los toca ni con el pétalo de un impuesto, pese a que se le atribuye al magnate Carlos Slim el ánimo de pagar. Es muy grave que, según lo ha dicho Ríos, México funcione prácticamente como un paraíso fiscal, más incluso que las islas Bahamas (y sin controles fuertes, hasta hace poco, para el lavado de dinero). No todos los empresarios son tan naquitos (vulgares)  como Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Azteca, y según Mazzucato se puede explorar qué otros tipos de impuestos cobrar, porque son diversos, y no nada más a una población cautiva entre la cual se acostumbraba pagar para evadir, de tal modo que el sistema fiscal funcionaba como el de Justicia, dejando impune al delincuente y cebándose sobre el honrado. No basta con lograr que no se evada. La estructura de recaudación puede mejorar.

        De acuerdo con un dato de Ríos retomado por la seria Sabina Berman (a tiempo se alejó de Tiro Loco McGraw) en Canal Once (no escandaliza pero usa la cabeza, no nada más la boca sin conectar las neuronas), el empresariado mexicano es de los más voraces del mundo y, en vez de irse, como se dice, "a michis" con lo ganado, que es el promedio internacional (50/50), se queda con una tajadota del 70 % y deja a los demás que trabajan un 30 % medio mísero. Como se ha sugerido a partir de estudios de Sin Permiso, cualquier pretexto es bueno para ir anulando alzas salariales a través de aumentos de precios, otra vez por voracidad, lo que puede incluir a comerciantes/intermediarios. No es nada más que el precio del aguacate o del limón se pone alto porque incluye el impuesto al delincuente agregado y su "derecho de piso". Simplemente, la costumbre -como la del clientelismo- es acaparar para abusar sobre la necesidad de la gente y estarse a algo así como "fíjense que Dios aprieta pero nunca ahoga". Resígnense.

        Lo tercero -y primero para Mazzucato- es el bajísimo grado de atención a la innovación. Se puede intuir que la inercia clientelar estorba, porque no sólo no da derechos, sino que se los bloquea al mérito, como sucede en el deporte. No es cosa de jugar a ver la tele "¿y si sí?". Eso es "no pus a ver qué sale", o "chicle y pega". Tampoco se trata de dar más dinero si es para despilfarro cuando lo que ocurre, según lo sugiere Mazzucato, es desorganización, falta de coordinación (para no hablar de "duplicación" -cuando menos- de funciones). Hay tradición retórica, pero también de apragmatismo: para resolver un asunto, al menos en el centro, cinco en vez de uno, para estorbarse entre sí, sin capacitación (se nota a leguas), y "ahogar" el problema, porque tal vez cuente más platicarlo que resolverlo. Ya se sabe en distintos deportes y las grandes delegaciones que acompañan al del mérito para colgarse ellas la medalla: aparece como corrupción, pero es de nuevo los "derechos" del clientelismo a parasitar el esfuerzo. Talentos científicos hay, pero no prosperan por la carga de parásitos encima que devoran presupuestos, y se trunca así el hábito de innovación científica/tecnológica, prefiriéndose además importar cualquier cosa.

        Por lo demás, con Berman, la estudiosa Mazzucato encontró lo mismo que otros desde tiempo atrás (como José Manuel Valenzuela Feijoó): el sector financiero se dedica mucho a sí mismo y poco a actividades productivas.

       Ideas no faltan -incluyendo en parte en el Plan México, pese a las formas de dependencia de la inversión extranjera-, ni talentos, pero algunas estructuras debieran modificarse orientando (y ya dejando de lado tonterías sobre "el mercado"): en el plano fiscal, en el de la innovación e I&D (Investigación y Desarrollo), con gasto pero de calidad (y no demagogia educativa), control sobre la rapacidad empresarial y a lo que ya están dispuestas las generaciones más jóvenes: a salir del "capitalismo de compadres", entiéndase que a creer que todo es asunto de "política", a tal grado que hay, en la oposición, gente que no tiene capacidad de distinguir entre un problema a resolver y los lazos personales a "tejer" o "deshacer" -al infinito- hasta no saber ni de qué iba el problema. Ese es el privilegio bloqueando o anulando el esfuerzo. Como se dice, mucho ayuda el que no estorba. Que algunos por lo menos NO JUSTIFIQUEN SUS PRIVILEGIOS DE CLIENTELA ESTORBANDO, ahora que ya nada más los "nostálgicos del pasado" -!sí, en la oposición!- creen que todo es de quebrar la voluntad que no se deje cooptar (da click en el botón de reproducción).



        

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TÍMIDO ATRÉVETE

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