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lunes, 21 de septiembre de 2026

YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por diversos motivos, entre ellos el de las fallas teóricas, cuando se sigue asimilando trabajo a trabajo manual y a "obreros". Dicho mundo esta sujeto a la extorsión del capital, que es libre de moverse si no puede imponer sus condiciones y ha creado toda una "ideología" del más puro y simple cálculo de conveniencia. Esto data de los '80, en parte con el arranque de la apertura china (se inició en 1978 con las "cuatro modernizaciones" del líder chino de entonces, Deng Xiaoping, que agregó un bochornoso "enriquézcanse"). China lanzó a millones a la competencia internacional. Por otra parte, gracias a lo sucedido en la Unión Soviética, desde el último líder, Mijaíl Gorbachov, no hay alternativa ("helado de vainilla o Corea del Norte"): una alternativa socialista es terror y escasez. Sin que falte el toque de clasismo al estilo de algunos mexicanos de dinero: el socialismo es para "muertos de hambre" que encima "quieren todo gratis". De todo lo enumerado no se saldrá en mucho tiempo. Por lo demás, la fuerza de trabajo no tiene la movilidad internacional del capital. Las formas de organización están por los suelos -como el sindicalismo- y los de "cuello azul" están con frecuencia hacia la derecha.

        Así, lo que cobra más fuerza hoy es la disputa entre fracciones del capital, según sean, como lo dicen algunos, "globalistas" o "soberanistas", y además en cierta división entre "financieros" y "productivos" El auge de los globalistas, que es también, además de la internacionalización, el del consumo y la especulación, comenzó en los '80 y se convirtió en el gran espejismo de masas, remplazando a la iglesia por la torre financiera y el centro comercial, que en algunos casos ya despuntaba a finales de los '70. El "soberanismo" es la parte del capital golpeada por la apertura y la internacionalización, como en varias regiones industriales de los centros del capitalismo y como en sectores de añejas producciones, como el petrolero. No es seguro que se logre articular una alternativa "soberanista" cuando quienes la representan terminan subordinándose, como le ocurrió al presidente estadounidense Donald J. Trump, que a estas alturas es parte de lo que la estudiosa argentina Ana María Ezcurra llamó desde los 90 "consenso bipartidario", que lleva a buscar salvar la clase como un todo. Trump ha terminado haciendo el trabajo del llamado "Estado profundo", por cierto que no siempre mal: con el petróleo venezolano para la reserva estratégica estadounidense, asunto que se discutía desde los '80 a propósito de México, y con el control militar de Groenlandia, amarrado no sólo finalmente con Dinamarca, sino, como ya se había establecido antes a través del secretario general Mark Rutte, con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). "Amarrar a Trump" ha llegado a funcionar, algo hecho también en las finanzas estadounidenses. Diversos principios de "asociación" -como entre Canadá y la UE (Unión Europea)- dan cuenta de que el "soberanismo" no va muy lejos. No se trata de diferencias resueltas. Pueden simplemente desembocar en un "consenso" precario y caótico, en el que, como sea, el beneficiario es el que el estudioso egipcio Samir Amin (ya fallecido) llamara "el imperio del caos". Pasará tiempo antes de que Rusia termine de ver si se decide por la autosuficiencia con una burguesía propia -no un grupo de oligarcas soñando con el exterior- y antes de que se vea si China puede sacrificar el mercado nacional al exterior indefinidamente. Muchas gracias a los medios de comunicación masiva por anunciar algo "histórico" 24/7 los 365 días del año, pero si no se desempata la diferencia de fracciones o si no se resquebraja la Tríada (Estados Unidos-UE-Japón), la inercia seguirá. Por si acaso, y en medio de las tensiones con una parte de Europa Occidental, la "globalista", el presidente ruso, Vladimir Putin, fue a plantarse frente a los japoneses en las islas Kuriles. Considerando a Japón y lo que hace, no tiene mayor sentido hablar de "Occidente colectivo".

       Ya se ha explicado de mil maneras que, junta, la Tríada no tiene paragón y seguramente no lo tendrá, pese al desafío industrial-comercial chino. Tal vez tenga para algunos alguna gracia jugar con la diferencia en el uso de los números entre términos absolutos y relativos. El Sur Global no es gran cosa. Por lo que hace al tan llevado y traído "mundo multipolar", el Banco de los BRICS (Brasil-Rusia- India-China-Sudáfrica) tiene el 60 por ciento de su portafolio...bueno, en dólares, agregando euros, francos suizos y tantito yuan chino, rand sudafricano y rupia india (vaya, ni rublos seriamente hablando). Que cada vez que se reúne el grupo salga alguien a decir, como de la reunión reciente en Nueva Delhi, capital india, que es "histórico", es parte de la megalomanía al uso. Suficiente para olvidar qué clase de persona es por ejemplo el primer ministro indio, Narendra Modi, o qué clase de política hace en Brasil Luiz Inácio Lula da Silva.

         Los líderes de más de un lugar, aunque de ninguna manera todos, no son representativos (Trump ya no lo es). Más de un líder europeo, como el repugnante presidente francés Emmanuel Macron, la nueva "dama de hierro" Úrsula von Der Leyen u otros no tienen mayor respaldo abajo y sirven a intereses económicos que nadie votó.

      Los "nuevos órdenes" que no se atreven a decir su nombre no están, e incluso cabe preguntarse si Trump no ha finalmente optado por su propio "modo" de "caos controlado", a juzgar por sus intentos de injerencia en México y el apoyo a gente que, en lo que sí tiene razón el ex vicepresidente Álvaro García Linera, se caracteriza -como la oposición mexicana- por destruir en lo inmediato sin programa de nada para más allá del corto plazo. Lo penoso es ponerse, trátese de "yo estuve en Isfahán", de "Putin es un traidor que no tiene proyecto civilizatorio" o de las elucubraciones de Alexandr Duguin, al estilo Samuel Huntington buscando -como acaba de hacerlo penosamente Duguin sobre India, por la reunión de Nueva Delhi- "la esencia eterna". Es propio del capital que, disfrazado de "mercado" y con una victoria pírrica en 1991, ahora se cree de hoy, mañana y siempre, mientras da más de un síntoma de putrefacción, lo que puede durar, y mucho. Pocos son los que no están, después de todo y no sin demagogia, "administrando la crisis" y, como se dice coloquialmente en México, "campechaneándola"- Crisis que es en mucho de contrarrevolución y en la que, por haber ganado, la clase dominante en general ya no tiene gran cosa qué pensar, sino gestionar, "ofreciendo plata", para que la gente mire hacia arriba, porque hacia adelante, ni cómo. Si la vida está hecha de "momentos". Memorables. Sublimes. Y eternos. El tipo de fiesta que, como decía el húngaro Georgy Lukács, le gusta a la gente cuando sabe que el barco se está hundiendo, o digamos que encalló o no sabe ni a dónde va. Mientras se crea que aún así hay "para dónde hacerse" y ningún límite, no hay para qué cambiar en realidad nada, salvo para el gatopardismo.



        

YA LLEGAMOS A DONDE ÍBAMOS

 Como ya ha habido ocasión de explicarlo, el mundo del trabajo no representa hoy una alternativa ni tiene gran cosa que proponer, por divers...