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jueves, 29 de enero de 2026

CHICLE Y PEGA

 ¿Cuántos de la derecha, además intelectualmente deshonestos, como Francisco Martín Moreno, no se disfrazan de la Gran Moral, cuando se trata de Cuba, que no les importa en lo más mínimo? Según denuncias recientes de Aquiles Álvarez, de la RC (Revolución Ciudadana), alcalde de la gran ciudad portuaria de Guayaquil, centro económico del Ecuador, hay en este lugar brotes de tuberculosis y lepra, enfermedades supuestamente erradicadas, y el personal sanitario guayaquileño no tiene con qué atender. ¿Qué van a hacer los fariseos? Dar una clase de Gran Moral sobre algo real: la escasez de medicamentos en Cuba, donde, aún así, no se han registrado brotes de tuberculosis o lepra. No es doble moral: es mala voluntad, porque encima se piden cuentas sobre el petróleo mexicano enviado a Cuba.

        Cuba no se ha metido en la embajada mexicana. Sí lo hizo a la brava el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, para secuestrar al ex vicepresidente Jorge Glas: un acto delictivo contra un supuesto "delincuente". No se trata de palabrear para ver quién marea el punto. Veamos: según varias fuentes, empezando por el propio Álvarez y autoridades británicas, el 80 % de la cocaína que entra hoy a Europa lo hace desde puertos ecuatorianos. No es un tráfico en lanchas, para que no haya error del presidente estadounidense Donald J. Trump. ¿No bloquea los puertos ecuatorianos porque la droga va a Europa, no a Estados Unidos, o qué? Desde hace mucho se sabe cómo se envía esa droga: junto con banano.Por cierto que, como no todo es cuestión binaria, no todo tampoco anda mal en Venezuela y llega a suceder que la cadena Telesur informe lo que otras no. Por ejemplo, de los vínculos de empresas de Noboa con el tráfico de droga, no de los de Nicolás Maduro con un "Cártel de los Soles" que sólo existe en la maliciosa grosería de Pedro Ferriz de Con. Si no se quiere una fuente como Telesur, entonces la ecuatoriana Radio Pichincha: "los contenedores de Noboa Trading aparecen en chats de narcos", balcánicos, metidos "hasta las cachas" en el Ecuador. Están metidos -luego de la mafia albanesa en la provincia ecuatoriana y bananera de El Oro y los vínculos con el antiguo presidente Guillermo Lasso- el fugitivo serbio Nikola Dordevic y el capo montenegrino Darko Saric, según investigaciones el Investigative Journalism Bureau (periodismo colaborativo canadiense). Hay bastante más, como la empresa Blasti S.A., cercana a Noboa pese a las disimulaciones de los "sistemas matrioshka" y paraísos fiscales, a las que se les encuentran toneladas de cocaína. Cuando se quitan las "capas de muñecas", aparece la familia presidencial, empezando por la tía,- Isabel Noboa Pontón, y siguiendo con Isidro Romero Noboa, Casandra Sicre Noboa y Nastassia Sicre Noboa.-- El puerto es DP World Posorja, en la provincia de Guayas. Por lo demás, ya que a Francisco Martín Moreno le preocupa qué se hace con el petróleo y qué con la electricidad, un hermano de Daniel Noboa (Santiago Noboa) está metido en un asunto de corrupción y Ecuador a duras penas puede cubrir su demanda de energía (asunto que Glas había resuelto bien). Muy bien: por tercera vez, el Ecuador tiene al frente a la delincuencia, con Noboa, luego de Lenín Moreno (Ina Papers) y Lasso. Ah, ese no es el problema: es el ex presidente Rafael Correa. Esa es la "evidencia". ¿Alguien puede probar que Cuba se dedica a traficar droga y está gobernada por el crimen organizado?

         No es todo. Hay corrupción en Cuba, pero Noboa nada en corrupción. caso Porsche, con los Noboa tal vez ligados a un atentado, caso Cachorro por cocaína en una hacienda del grupo Noboa (Juján, Guayas), y más. ¿Salarios bajos en Cuba ? Sí, pero en el Ecuador policías y militares se dan de baja porque no tienen el más mínimo equipo para combatir el crimen organizado. Por si alguien se cree la Grave Represión contra El Pueblo Oprimido de Cuba, no hay nada más difícil que encontrar un policía en La Habana, y no porque haya cámaras (seguramente estarían descompuestas), sino por el grado alto de civismo de la población. Ah no, perdón: debe ser "totalitarismo".¿Electricidad? Noboa, como dice Álvarez, no ha construido ni un centímetro de línea eléctrica. Si gustan, los señores indígenas pueden seguirse así otros 500 años.

      Para tener una idea de cómo funciona la Justicia ecuatoriana, si mañana un sujeto asalta una joyería en Quito, capital del Ecuador, se abrirá un caso contra Correa por "influjo psíquico" (que es el que tiene), es decir, porque algo en la cabeza del asaltante hizo que la voz de Correa le dijera, pues: "ese diamante es tuyo". ¿Que los Noboa delinquen? La típica del oligarca ecuatoriano cuando "yo hago lo que se me pega mi gana": que allanen la casa de la ex candidata presidencial, Luisa González, por supuesto "financiamiento de Maduro". ¿En cajas o contenedores de banano?

       !Qué viva Marco Rubio, presidente de Cuba!!Viva la prócer de la Patria, Lilly Téllez, que vive en una dictadura contra la que pega de gritos a diario (por si es chicle y pega...)! ¿Maduro? Bien, gracias, como todo el que cae en la congeladora estadounidense. Debe haberse puesto demasiado prochino, no como Noboa que seguramente sabe de las razones de la saña contra Glas, porque ése es el estilo no de burguesía, sino de oligarquía zalamera con el poderoso e inmisericorde con el de abajo. Para hacer ideología y ponerse inmisericorde con Trump, a ver si la Santa Cede, y adular al pueblo de Cuba, por si quiere poner la sangre contra "la dictadura": todo, desde la comodidad del hogar, sin que se pueda saber si gran parte de la derecha es peligrosa sabiéndolo o porque "no entiende que no entiende". Si el resultado es el mismo, es de esperar que Trump se mantenga como hasta ahora: majadero, limitado en sus intromisiones y dando el menor número de muestras de amistad a gente como el ex presidente hondureño Juan "Robando" Hernández, este chico Noboa y sus "grandes cosas" y otras groserías, por más que se las pidan a gritos en el sub-D (subdesarrollo). Y por cierto: donde trabaja Aquiles Álvarez, de la RC ecuatoriana, baja del 70 % de los homicidios, en pocos meses. Si tienen tele, ahí se ven (da click en el botón de reproducción).




miércoles, 28 de enero de 2026

NO ME AYUDES, COMPADRE

 Como lo ha señalado en estos días una articulista de RT en español, los medios de comunicación masiva y las redes, con una posible "sobreabundancia" de información, si fuera el caso, están creando una atmósfera de confusión. El éxito de los negocios, según considera la articulista, no garantiza el de la información, lo que es fácil de considerar: no se busca la verdad ni entender, sino el sensacionalismo porque vende. Quien quiera no cierta previsión, sino especular o hacer apuestas y construir escenarios (siendo que la prospectiva es muy difícil), el lugar es Wall Street, las Vegas o Hollywood, y además "a lo grande". Vamos a decir que aquí se es "no binario", en el sentido de que no es "o, o": se trata de dar información y proponer análisis como servicio, sin retribución alguna, ni en dinero ni en reputación.

        Quienes consideran que el presidente estadounidense Donald J. Trump es "fascismo", que armen su organización para resistir y griten "!No pasarán!", aunque quepa preguntarse si no están parasitando la antigua causa republicana española. Por cierto, pasaron.

       Quienes desde la derecha está buscando complicarle la vida a Cuba, para lo cual tocan a la puerta de Trump, si acuden a la mayor potencia del mundo contra un país del tamaño de Cuba, lo menos que se puede decir es que no es una actitud valiente. Eso no es todo. Si en Cuba hay "dictadura", debe suponerse que es por un régimen de partido único, además "comunista" (por el nombre del partido) y que reprime cualquier disidencia. Si éste es el criterio, debe de solicitarse de inmediato, absoluta y perentoriamente, un bloqueo contra China: régimen de partido único, "comunista", cabe decir que censura y reprime más que en Cuba. O entonces se trata de otro asunto. De negocios, aunque parezca de prosperidad: aunque no hay pobreza extrema, la mayoría de la población china vive en la pobreza y las clases medias son minoritarias, aunque, eso sí, China es un paraíso para el capital transnacional (Cuba lo es, en ciertos sectores limitados, como el gran turismo).

       Si el problema es otro, "la escasez", debe argumentarse. No basta con seguir al señor Juan Miguel Zunzunegui, quien ya pasó al lado de la mezcla de mala voluntad e ignorancia, al decir que quien defienda la autodeterminación de Venezuela defiende el "derecho" del régimen a reprimir y a instalar "la escasez", por lo que no se conduele de cada venezolano concreto. Aquí NO sabemos mayormente sobre la situación interna de Venezuela. Pero sí se ha podido observar la de Cuba, en parte. La población cubana, en términos generales, se ve en mejor estado físico que -también en términos generales- la mexicana, pese a la reciente mejora de ésta, que es notoria. Después de unas pocas décadas de las llamadas "neoliberales", aparecieron en México desde una población enflaquecida y empequeñecida hasta la monstruosa por comer comida chatarra, para no hablar de alcohol y droga. En Cuba NO hay nada de ésto, aunque se aprecie cierta baja en el aspecto físico. Si de lo que se trata es de ayudar a la gente en situación de "vulnerabilidad" -y en Cuba sí hay gente pobre y también marginal-, porque se quiere ser "humanitario", entonces que se vea también por Haití. O entonces otra vez se trata de otro asunto, porque no es de "muertos de hambre" en general. Cuba NO necesita asistencia humanitaria: no debe darse ayuda con esta palabra, porque no es Somalia, Sudán del Sur, Afganistán, Irak, etcétera, donde -como ya se hizo en Haití- en nombre de la "ayuda humanitaria" terminan empeorándose las cosas. Cuba no es un país de "muertos de hambre", así sea imaginados para creerse que "al menos no estamos como en Cuba". Lo anterior, pese a que hay retrocesos serios en Cuba en materia de indicadores de calidad de vida. Bolsones de miseria, son mínimos: casi pareciera que uno que otro anciano para vista turística en La Habana Vieja. Esto en términos de "cada" cubano.

        Contra lo que dice el "experto" "Rafa" Rojas, no son las reformas de Raúl Castro -hoy fuera del gobierno- las que llevaron a una mayor desigualdad en Cuba, que es por lo demás relativa, pese a que hay gente sin duda acomodada y con privilegios, aunque poca. Dichas reformas no se pudieron llevar a cabo, en parte por una burocracia inepta, y en parte por un problema delicado: ¿hasta dónde se puede crear un empresariado "libre" sin que se lo trague Estados Unidos? Si no se quiere tanta rigidez del Estado, que molesta a muchos en Cuba, que se deje de hostigar, porque la centralización fuerte es, en parte, una necesidad de mantener la mayor unidad posible frente a un exterior bastante hostil. Todos los socialismos de Estado reaccionan igual, y es un problema que da en el inmovilismo.

      Tampoco, si preocupa "cada" cubano, se juega irresponsablemente con el riesgo de dividir aún más a un país que, de hecho, lo está. Hay quienes atribuyen los problemas al bloqueo, pero también quienes ya se hartaron de "ellos", los que están en el gobierno, y es probable que ambos sectores tengan su parte de razón. El bloqueo existe como un buen grado de ineptitud gubernamental, que llega a serias irracionalidades. Esto se discute por lo demás en Cuba, pese a que la inercia arriba escucha poco o nada -ni a Raúl Castro. ¿Qué provoca un secuestro como el del ex presidente venezolano Nicolás Maduro? Que el líder cubano Miguel Díaz Canel, además de decir tonterías, ponga al país en estado de guerra, como mensaje disuasorio: va en serio, pero al mismo tiempo es la enésima ocasión para hacer recaer las dificultades nada más en el exterior.

       Sí, en Cuba, a diferencia de Ixtapaluca, no hay tres centros comerciales por tres cuadras; el único centro comercial digno de este nombre, y en dólares, en realidad es una porquería; el problema de la moneda da en un desorden mayúsculo; hay fallas de electricidad que dan en las situaciones más absurdas, y sí, la gente se cansa. Hay vivienda en mal estado, y no sólo en La Habana Vieja; pero lo que cabe recordar es que no hay país donde haya metido sus narices Estados Unidos o algo "humanitario" y "multinacional" que no haya dado en una gigantesca regresión. Se le puede decir a la derecha que suelta toda suerte de bulos: !gracias por participar!, y si en verdad les preocupa "cada" ser humano y no "abstracciones", dejen de arriesgar a la población cubana nada más porque no resulta entendible que Cuba mantenga su independencia -y conste que incluso mermada. Casi no hay lugar "liberado" por Estados Unidos que, fachada de prosperidad aparte (sí: no la hay en La Habana), no la haya pagado por décadas o que, desde los '90, no sea un Estado fallido. Por lo demás, que no sea en Cuba como en otros lugares: que se aborten las posibilidades de cambio, que pide gran parte de la población, y que debieran ir surgiendo DESDE ADENTRO Y DESDE ABAJO, no en aras de satisfacer a los de ARRIBA Y AFUERA, cuyo único interés de fondo es el negocio, dejando lo demás a la confusión y el caos. Ni siquiera les importa contradecirse.  Como ha sucedido en gran parte de América Latina. (da click en el botón de reproducción)



domingo, 25 de enero de 2026

AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Si los líderes de Francia, el Reino Unido o Canadá creyeran en lo que fueron a decir en el Foro Económico Mundial de Davos, contra la "ley del más fuerte", hubieran hecho algo concreto -lo hicieron en Groenlandia- para detener la ocupación israelí en Gaza. En realidad, ni siquiera es asunto de doble moral, sino de perversión y de fariseísmo, al permitir la delincuencia y al mismo tiempo los golpes de pecho. Síntoma de toda una época de adoración equivocada, que consiste en creer ante todo en el gran negocio.

     Fue con el presidente estadounidense Joseph Biden que Israel, sionista y no "fascista", se lanzó no sólo contra Gaza, sino también contra el gobierno sirio de "Bashar". ¿Reacción? Ninguna. El presidente entrante en Estados Unidos, Donald J. Trump, pidió a Israel parar, y lanzó un plan de paz cuyos detalles se conocen mejor a raíz de Davos.

       Israel lleva mucho tiempo desconociendo por completo el Derecho Internacional, pero le está permitido en los hechos. ¿En algún momento los líderes de Francia, el Reino Unido y Canadá pensaron en interponer una fuerza de paz en Gaza, como la propuesta para Ucrania?¿O en sanciones contra Israel? ¿En algún momento alguna izquierda confrontó a Israel en serio por lo hecho en Siria, sin el "pero" de "Bashar"? Ya hubo ocasión de referirse a cómo terminaron varios movimientos del antiguo Tercer Mundo. La "causa palestina", muy olvidada por décadas, resurgió en parte, como ocurrió en la universidad pública mexicana, por influencia de sectores de magnates interesados en bloquear a Trump. Desafortunadamente, hay enfrentamientos en los que no es obligatorio tomar parte: como hubo ocasión de explicar, la "causa" palestina se terminó junto con la Guerra Fría, el liderazgo prolongado del hoy extinto Yasir Arafat y los Acuerdos de Oslo de 1993 que significaron lo que la izquierda no quiere reconocer: una DERROTA. Lo que siguió fue, en parte misma por el efecto de la derrota y la desorientación, la corrupción creciente de la dirigencia palestina (Autoridad Nacional Palestina) y la radicalización a la derecha, especialmente en Gaza, con Hamas, una agrupación de lo más dudosa. Pagó la población palestina, pero "causa" no hay desde hace tiempo: además de condenar a Israel, no estaría de más señalar que algo no es tan inocente entre los palestinos, y que "el Sur" no basta para justificarlo todo. Ni es cuestión de repetir "resistencia" al infinito: como dijo alguna vez el panameño-nica José de Jesús Martínez, no se trata de ir "de victoria en victoria hasta la derrota final" (de la que Panamá, por ejemplo, ya no se repuso). Vaya actitud de familia acomodada: cae la Unión Soviética y "aquí no ha pasado nada". A la causa palestina le pasó, y hubo por lo demás gente para advertir sobre las consecuencias y los males internos de los palestinos y sus dirigencias. La agresión sionista es sólo una parte de la historia.

        Tal vez alguna gente de buen corazón haya decidido ayudar a la población palestina, y atenderla debió ser la prioridad, ante la falta de fuerza real para detener a Israel. Aunque por lo pronto signifique algo de paz, el plan de Trump para la "nueva Gaza", un "espectáculo digno de ver", es más de lo mismo: promoción inmobiliaria desaforada -hasta 180 rascacielos- y urbanización en la zona de Rafah, a lo largo de la costa mediterránea, con infraestructura para el turismo. "Riviera Gaza". Un puerto junto a la frontera con Egipto y un aeropuerto. El yerno de Trump, Jared Kushner, encargado de presentar el proyecto en Davos, condicionado a una paz duradera, habló de una "nueva Rafah" y una "nueva Gaza" con viviendas, escuelas e instalaciones médicas. La "nueva Gaza" debiera ser un centro industrial. El estilo es "a lo Dubái". ¿Se cumplirá? Es ante todo un plan de negocios y, como tal, es imperialista, para completar el sionismo israelí que controla más de la mitad de Gaza y la ciudad de Rafah.

      De los males, es el menor, antes que la polarización entre el sionismo y el extremismo de Hamas. Todavía no está dicho que el plan se cumplirá. Pero culmina la derrota palestina en medio de una cierta vocación de supuesta "resistencia" que incluye la negativa a reconocer las consecuencias de la caída de la Unión Soviética sobre la causa palestina y lo sucedido dentro de ésta y la relación entre dirigencias y población. Todo el mundo habla de ella, pero se quedó sola. Que es frente a lo que se preferirá "aquí no ha pasado nada". Si es que además el asunto no se pudre o no aparece una Gaza de "dos velocidades" con corporativos y hoteles gigantes medio vacíos. Que el plan estadounidense aparezca como el menor de los males no impide que aparezca también la idiotez de la ganancia, cuando hay cosas más apremiantes que crear fachadas de prosperidad,suponiendo que funcione la Junta de Paz (da click en el botón de reproducción).



viernes, 23 de enero de 2026

COMO NUNCA ANTES LO HABÍAS VISTO

Como ya se ha observado antes, lo que existe actualmente en las relaciones internacionales es, a muy grandes rasgos, una pugna que, en rigor, no es del interés de los que trabajan: entre globalistas y "soberanistas", como división de la clase dominante sobre el modo de intentar salir de una crisis que se inició a finales de los años '60, y que no ha desembocado en ningún periodo de relativa estabilidad y prosperidad -también relativa- similar al de la segunda posguerra, que es el referente de quienes pregonan el "bienestar" o el "orden con reglas". Cuando una crisis dura tanto y no tiene más que momentos episódicos de "recuperación", cabría pensar en algo más que la coyuntura: ¿qué puede estar sucediendo a largo plazo, si la crisis tiene ya casi 60 años de duración, y se inscribe en una comprobada larga baja tendencial de la tasa media de ganancia (no lineal, con esporádicas recuperaciones)? Hasta ahora, contando lo sucedido entre los años '70 y 90 del siglo XIX y los años 30, es, de lejos, la crisis más larga del capitalismo, el mismo que se presenta como vencedor, pero que no atina a nada equivalente a la "Edad de Oro" de los 50-60. ¿Para adelante, qué? Desde 1991, algunos pronostican un "orden mundial" a la vuelta de la esquina, otros la "decadencia de Estados Unidos" -que no es más que relativa-, y algunos un "mundo multipolar" que no llega.

       El mundo de los trabajadores se hundió, cuando menos desde los '80, si no es que desde los '70, cuando apareció el desempleo estructural en los países centrales. La deslocalización se aceleró en los 80, entre otras cosas con la apertura china desde 1978. El remate vino en 1989-1991: como hay, ciertamente, un vencedor en términos sociales, cualquier alternativa está desacreditada por "terror y escasez", y no puede haber por lo demás tampoco alternativa mientras persista la creencia en que el capitalismo puede "derramar" o "redistribuir", junto a la nostalgia de la "sociedad de los tres cuartos" de posguerra en Estados Unidos, cuando se consideraba que la gran mayoría de la sociedad estadounidense era de "clase media". Si bien suele persistir esa "nostalgia del pasado", idealizado, salvo excepciones, más allá de proyectarlo al futuro no hay alternativa social, sino a lo sumo remiendos, por temor instintivo a un desbordamiento de descontento. No hay mayor teoría, ni capacidad para detectar contradicciones y tendencias de estructura, que muchas veces ya no puede ser pensada, en particular en materia de Estado: los "soberanistas" piensan más en materia de nación, y Estado y nación no son lo mismo. No toda derecha es "soberanista": algunas derechas están en realidad muy asociadas al capital transnacional y a Estados Unidos.  El globalismo actúa de varias maneras y, a diferencia del "soberanismo", haga lo que haga creer perdió toda medida del límite, como está perdida en la alta finanza y en parte en el sector militar, junto a la creencia en que las nuevas tecnologías lo pueden todo. La nación ya no existe más que como lugar para hacer negocios. Como lo advirtiera en su momento el estudioso francés Michel Clouscard, lo más parecido a una salida "fascista" a la crisis es el globalismo, aunque pese a sí mismo es en realidad una utopía.

       Si se remiten las cosas a su secuencia sin "editar", el globalismo ha provocado desde los '90 una guerra tras otra, sin contar la intervención de 1989 en Panamá; la primera guerra del Golfo Pérsico, la intervención fallida en Somalia, la guerra de destrucción de Yugoslavia, la segunda guerra del Golfo, la intervención multinacional en Afganistán, el bombardeo de Sudán, la invasión de Libia y la destrucción de Siria, a cada vez logrando anuencias y complicidades, en la izquierda incluida, lo que llevó a Domenico Losurdo a escribir La izquierda ausente . Se le podría agregar el silencio sobre la secuencia de lo ocurrido en Ucrania. Para más señas, ponerse a pegar de alaridos o hacerse el indignado por Groenlandia o porque el presidente Donald J. Trump "no es el de la paz como nos dijeron" es hasta ahora una falsedad y fariseísmo: en cinco años (primer mandato incluido), Trump, pese a más de un aspaviento, no ha desatado una sola guerra, ni siquiera por la operación quirúrgica de secuestro del ex presidente venezolano Nicolás Maduro, y la doctrina "Donroe" es DEFENSIVA, en el sentido de no querer ver en la esfera de influencia propia manos ajenas, a diferencia del OFENSIVO Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC) de George W. Bush, que llevó a meterse desde Medio Oriente hasta adentro de Eurasia y a concebir el Prompt Global Strike. Cabe recordar que una parte de los Republicanos coincide con los Demócratas en el ánimo de supremacía MUNDIAL, lo que "coincide" con no decirle nunca nada a China, que es globalista, con tal de no cambiar de "modelo". En cambio, Trump, sin ir a provocar a China (a diferencia de "Nancy la loca" Pelosi en Taiwán), para lo que debe recordarse por lo demás el entendimiento anterior con el gordito norcoreano (¿ya se olvidó?), no quiere que aquélla le coma la retaguardia y lleve la delantera tecnológica, todo en términos básicamente económicos. Como ya se ha observado, los Demócratas se estuvieron metiendo a fondo en varios lugares de América Latina, Sudamérica incluida, con el suficiente sigilo (como todo el avance hacia las fronteras rusas) sin que "los indignados" dijeran ni pío, además de que George W. Bush se alió tranquilamente con el ex presidente Demócrata Barack Obama contra Trump. Fue Obama quien amagó con el pivot to Asia.

      Desde los '90, hay a grandes rasgos un consenso bipartidario Republicano y Demócrata. El problema con Trump es otro: su no pertenencia al "club" de la expansión "global", que es en realidad del capital transnacional entrelazado de las potencias de la Tríada (Estados Unidos Unión Europea Japón), en la que la Unión Europea (UE) acaba de mostrar toda su buena disposición hacia China, según lo demostró el presidente francés Johnny Halliday -perdón, Emmanuel Macron. Los globalistas controlan por lo demás los grandes medios de comunicación. No es seguro que los "soberanistas" puedan salir adelante, y los globalistas le apuestan al desgaste de Trump y a chantajearlo, lo que ya funcionó sobre Groenlandia para PERVERTIR la idea económica inicial de Trump y expandir aún más a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), según lo logrado por su secretario general, Mark Rutte, quien entiende muy bien la importancia de no fracturar a la Tríada. El segundo punto ha sido el sabotaje a Trump en el intento de arreglo en Ucrania, frente a la cual no reclama ningún "antifascista", salvo excepciones. Tampoco se trata de "péndulo" ni de "oleadas", como se desprende de que la "segunda ola progresista" no se produjo. Tampoco se trata de alianza con Trump, menos cuando algunos Republicanos son de cuidado, pero sí de ir un poco más allá de la captación de la atención en la coyuntura y considerar lo siguiente: hasta ahora, en perspectiva, la "línea Trump" (como excepción entre los Republicanos) es mucho menos belicista que el consenso Demócrata-Republicano y sus aliados en el armamentismo de algunas antiguas potencias europeas y en el desaforado Japón, y es preferible recuperar la escala nacional para hacer más, como recuperar parte del capitalismo, a carecer de la idea de límite y poner las cosas en una escala de gigantismo y desmesura -con "los mercados" orientando y mediando- que, luego de haber debilitado al Estado, también considera que la nación puede irse fragmentando en Lander federados, de donde en parte el sueño de Alemania (ya hace rato conocido, por ejemplo por el estudioso Pierre Hillard, pese a sus limitaciones ) o la creencia de algunos en que es para "ya" la "guerra civil" en Estados Unidos. Como no parece tampoco "el fin de la globalización", lo que apenas puede aventurarse es que llegará tal vez el día -si antes no se antepone la disyuntiva grave de la guerra y la paz- en que se vea la época como la de cualquier cantidad de apuestas de casino malhadadas, para el "orden" o La Gran Catástrofe.

        Nada más podemos decir que, si Trump es majadero a la estadounidense, es preferible ubicarlo como tal y evitar hacerle el caldo gordo al interés "globalista" que, aunque tampoco pueda triunfar -hay crisis sin salida-, no entiende más que de lo que le atribuye al otro: la ley del más fuerte. Desde luego, hay crisis para largo y sin salida cuando se ha cancelado toda alternativa y se ha hecho el equivalente de cerrarla bajo llave para, además, perderla. La sensación claustrofóbica, en los medios, ya está: y todo por "no quedarse afuera" (da click en el botón de reproducción).





miércoles, 21 de enero de 2026

HAREMOS COCHINERO

 En el Foro Económico Mundial de Davos, después del amago del presidente estadounidense Donald J. Trump sobre Groenlandia, más de uno se ha descubierto una nostalgia por el "orden basado en reglas", a nivel internacional, algo que ya había mencionado hace algún tiempo ya el presidente ruso Vladimir Putin. Otros, como el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, se han referido a lo mismo.

        Esta creencia es en parte cierta, a raíz de los más diferentes acuerdos logrados al final de la Segunda Guerra Mundial, y las instituciones que surgieron, desde Naciones Unidas hasta el patrón oro-dólar (el sistema monetario de Bretton Woods) y el FMI (Fondo Monetario Internacional), entre otras formas de regular las relaciones internacionales. La entonces Unión Soviética faltó dos veces a la regla de Naciones Unidas, al intervenir en 1956 en Hungría y en 1968 en Checoslovaquia, si no es que también al actuar con imprudencia durante la crisis cubana de los misiles en 1962. Es posible que fueran más muestras de anquilosamiento e ineptitud que de capacidad ofensiva, salvo en Cuba, ya que Hungría y Checoslovaquia formaban parte del Pacto de Varsovia.

       Para quienes como García Linera se quejan hasta hoy, durante el "orden basado en reglas" de la segunda posguerra Estados Unidos intervino en reiteradas ocasiones en América Latina: en 1954 en Guatemala, causándole a este país un daño de décadas; en 1961 en Cuba (Bahía de Cochinos/Playa Girón), de la mano de la dictadura nicaraguense de Anastasio Somoza, y en una incursión de mercenarios derrotados en poco tiempo; y, de manera brutal, en 1965 en República Dominicana, con otro daño duradero que desembocó en el autoritarismo de Joaquín María Balaguer. Lo hecho en Cuba en 1961 y en República Dominicana en 1965 fue con presidentes estadounidenses Demócratas (John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson). Recientemente, se ha documentado como actuó Estados Unidos en 1964 en Brasil para derrocar al gobierno de Joao Goulart, que no era radical. Siempre durante el mismo periodo "basado en reglas", Estados Unidos metió sus narices en el conflicto armado interno colombiano y vejó a estudiantes panameños el nueve de enero de 1964 (Día de los Mártires). Salvo en Cuba, en ningún otro lugar se trataba de movimientos radicales. Por lo demás, a Estados Unidos no le hizo problema apoyar a dictaduras como las de los Somoza en Nicaragua, los Duvalier en Haití -que hasta hoy tiene secuelas- y la de Alfredo Stroessner en Paraguay, también con secuelas hasta hoy. La regla, con Republicanos o Demócratas, era que Estados Unidos podía hacer lo que se le viniera en gana en "su" esfera de influencia: no era la Doctrina Monroe, pero sí el panamericanismo. De lo que eran capaces gente como los Duvalier, los Somoza, Balaguer o Stroessner no tiene nada que ver con las muy supuestas "dictaduras" que se atribuyen o a tal o cual, incluyendo Nicaragua y Venezuela, donde más bien fue la derecha proestadounidense la que recurrió al paramilitarismo (como con las "guarimbas"). La regla, a lo sumo, es que en contraparte la Unión Soviética podía entrar a tiros en Hungría y Checoslovaquia, en la "esfera de influencia" propia, por lo establecido en los Acuerdos de Yalta (1945). Esto ocurría pese a que, gracias a Yalta, se había buscado que los conflictos se resolvieran lo más pacíficamente posible a través de Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad.

         Así, sí se ejercía la ley del más fuerte y se violentaban soberanías que, para muchos, fueron difíciles de conquistar. Como parte del derecho a la soberanía y la autodeterminación (que no son exactamente lo mismo), en la segunda posguerra se dió la descolonización en Africa y Asia: baste recordar cómo desde mediados de los '60 entendió Estados Unidos el "orden basado en reglas" en Vietnam, para no hablar del tipo de régimen instalado en Corea del Sur, brutalmente dictatorial, o las narices en gigantescas masacres en Indonesia por Suharto a mediados de los '60. Si acaso, a partir de Yalta, el acuerdo era no escalar al grado de que las dos súperpotencias -Estados Unidos y la Unión Soviética- llegaran a las manos. Era la regla que culminó ya en los '70 con la MAD (Destrucción Mutua Asegurada) y la llamada "distensión". Pero en perspectiva, ese "orden basado en reglas" fue más violento que el mundo actual, y no siempre por la creencia china de la relación entre los más grandes como dispuestos a servirse del Tercer Mundo, al menos no hasta los '70. En el momento actual, los conflictos locales y regionales son mucho más limitados: no hay equivalente de la guerra de Biafra o de crisis como la de Suez en 1956. Al mismo tiempo, el riesgo nuclear es hoy más alto: no por la "amenaza Putin", sino por la amenaza que se llevó a las fronteras rusas.

      Lo que ocurre es que la Tríada (Estados Unidos Unión Europea Japón) sacó del "modito" del presidente estadounidense Ronald Reagan y de la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética la creencia exactamente contraria a lo que van a decir varios líderes europeos en Davós: los conflictos se resuelven por el chantaje, la extorsión y, si hay ocasión, por la fuerza. Se le atribuyen estas características a Trump, descubriendo tal vez el hilo negro, pero las principales potencias europeas no han hecho otra cosa hacia Rusia e incluso cuando menos desde 2014 en Ucrania (otra vez, con Demócratas a la cabeza de Estados Unidos). Ya se ha explicado aquí que lo propio del perverso narcisista es presentarlo todo al revés: es lo que hace la más refinada mala fe del presidente francés Emmanuel Macron al decir en Davos que rechaza la "ley del más fuerte", las "ambiciones imperiales" y el hecho de que el mundo se dirige ahora "sin ley", cuando es lo que hizo Francia con los Acuerdos de Minsk o es lo que hace al desconocer a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), que prohíbe aumentar la seguridad propia a costa de la ajena. Ya no es la hipocresía burguesa o el tartufismo (el del falso devoto), sino la patología de quien quiere ponerse con otros a ver con Rusia "quién es más fuerte", creyéndola débil o haciéndolo creer para "el público", o hablando de "independencia" cuando se sacrifica a Francia a la UE a ciegas. Ya no es asunto de "reglas del juego", sino la presentación invertida de la creencia omnipotente en un mundo sin límites, pero además con la malicia de colgarse de errores ciertos de Trump para actuar en función de la Europa de la alta finanza. La coartada o licencia sirve en realidad, como lo ha hecho el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, para chantajear a Trump y no ocuparse del problema económico del Ártico, sino del militar, como en Ucrania. Por lo demás, quejarse de un "intento por subordinar a Europa", creyendo en lo que no es, no suena bien cuando, si es con los Demócratas, la UE se apresura a ser el vasallo que se espera de ella y al que incluso se le grita "!fuck you!", como lo hizo -sin que nadie la criticara- Victoria Nuland en 2014 en Ucrania.

        El orden basado en reglas surgió de una guerra y del acuerdo por evitarla lo más posible cuando menos entre los antiguos dos grandes y en Europa: con antecedentes desde principios de la crisis, a finales de los '60 y en 1971 (fin del sistema monetario de Bretton Woods y del patrón oro-dólar), no hay reglas, salvo las que cree instaurar con "los mercados" la alta finanza: por lo mismo, de inmediato sale Úrsula von der Leyen, jefe de la Comisión Europea, a prometer no sólo invertir en Groenlandia (lo que no es del interés prioritario de Trump), sino a ofrecer mayor "seguridad y defensa" para el Ártico: el negocio de las armas por delante -ofreciendo de entrada rompehielos-, no una que otra acción para ampliar ante todo el negocio a costa de los competidores ECONÓMICOS.

       Por lo que respecta a lo que se dice, es del nivel primitivo de la Guerra Fría, cuando salirse así fuera un poquito "del huacal", como se dice coloquialmente en México, ya era ser "comunista". Moverse un poquito -y qué tanto es tantito- de la norma de la alta finanza es caer en todo un catálogo para evitar el menor debate y ser descalificado, que por "dictador", "autócrata", "populista" y lo que sea que se "desvíe", después de haberse creído la eternidad y la omnipotencia. Por éso no hay más que una cosa que tema el perverso narcisista, bajo diversas formas: perecer. Ante quien se cree inmortal, cualquier límite -como en el niño malcriado- es motivo de lloriqueos, berrinches (como se dice también coloquialmente en México), gritos y pataletas, además de chantajes. No es lo que se aprendió como "regla", sino como "natural" o "lo que corresponde". El "orden sin reglas" tal vez sea el que deja a más de uno quieto, que es lo que en más de una ocasión se necesita, además de saber detenerse. Ningún líder de potencia europea ha pensado recurrir a Naciones Unidas, por ejemplo: si el niño malcriado no cree en la autoridad, un negociante como Trump nada más calcula en cuánto le va a salir, y qué pérdidas y beneficios ECONÓMICOS (da click en el botón de reproducción).



     

lunes, 19 de enero de 2026

HAZTE PAYASITO

 Ahora se puede partir de que el mundo funciona al revés. No es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) la que avanzó hacia Rusia, al grado de tener presencia de hecho en Ucrania (además de que este país solicitó su adhesión al organismo militar  desde 2008 y mencionó este paso como "objetivo estratégico" desde 2005), sino que es Rusia "la amenaza" que avanzó hacia la OTAN al meterse en el Este de Ucrania. El siguiente paso puede ser, para el globalismo hoy afianzado en parte de la Unión Europea (UE), ofrecerse en Groenlandia como antiimperialista y en defensa del derecho a la autodeterminación, en este caso, de Dinamarca. A las tres grandes potencias de la UE no les importa en lo más mínimo la autodeterminación: si así fuera, hubieran cumplido desde hace muchísimos años con los Acuerdos  de - Minsk, el Donbás hubiera tenido autodeterminación DENTRO de Ucrania -en lo que Rusia estaba de acuerdo- y no se hubiera llegado a la situación actual.

       Si ya todo es cuestión de disparate, de meterse por la fuerza en Groenlandia, territorio danés, un país de la OTAN, Estados Unidos, agrediría a otro y, en rigor, por fin podría activarse el capítulo 5 de la Carta de la OTAN, que obliga a todos a reaccionar en defensa del agredido. De hecho, ya está: como "no dan chance" los de la UE, el presidente estadounidense les lanzó a varios una andanada de aranceles a la que los agredidos respondieron, y Dinamarca reforzó su presencia militar donde se pueda, porque Groenlandia es casi un enorme macizo de puro hielo. No deja de resultar algo extraña la situación actual, tanto por la extravagancia del presidente estadounidense Donald J. Trump, que cree que todo es cosa de "compra-venta", como el muy supuesto interés de la UE en "la soberanía", cuando es un asunto entre aliados.

       En rigor, además de que el interés estadounidense -en lo militar- en Groenlandia no es ninguna novedad, es muy difícil buscar entender si se parte de que Trump, como acostumbran decir algunas generaciones, "está loquito" y que por momentos es un "loco peligroso". Tal vez más de alguno calculó que "ya pasaría" o, como se dice coloquialmente en México, "darle el avión" con sus aranceles. No es tan simple: ni es un "loco", como lo demuestran los pasos calculados desde Panamá hasta Venezuela, ni parece que tenga por completo perdido el juicio de realidad. Ya hubo espectáculo parecido con George W. Bush y la vociferación contra "el fascismo", el peligro de "guerra mundial" y asuntos por el estilo, siendo que Baby Bush, por lo demás, no se caracterizaba por su cordura, ni su sentido del cálculo: era ÉL quien, rodeado de "neocons", proyectaba a nivel internacional un "nuevo siglo americano" que ya no fue. Trump es algo distinto, y las personas cuentan (si no, que le pregunten vía espiritismo al difunto líder soviético Mijaíl Gorbachov): a diferencia de varios de quienes lo critican, Trump no tiene por único interés dárselas de interesante, y hasta ahora no es el "gran garrote". Ojalá y la creencia de que Trump es un niño malcriado no sea una proyección. No es George W. Bush. Tal y como actuó en Venezuela, no es obvio que Estados Unidos vaya a emprenderla militarmente en México, Colombia o Cuba. No lo hizo en Panamá y fue "quirúrgico" en Venezuela.

       El deshielo de parte del Ártico ha facilitado la navegación, y tan lo sabe la OTAN que está muy posicionada en Noruega. Lo que no se puede obviar es que, dejando de lado la presencia de Rusia en la parte que le corresponde y que no debiera incumbir a Trump, China tuvo la idea de incluir el Ártico entre sus rutas de la Franja y la Ruta. Es algo así como una "ruta de la Seda Polar" y una ruta marítima muy corta. China ha llegado a autodefinirse como "país cercano al Ártico". (2018), lo que es un sinsentido. Como el Canal de Panamá o el de Suez (cerca del cual Israel está haciendo su parte), la ruta polar Ártica, aunque en ciernes, podría a cierto plazo convertirse en otra "llave" disuasiva, al igual también que el estrecho de Malacca, del que China dependería menos. Como ya se señaló, no es nuevo que Groenlandia sirva para alerta en caso de problemas con Rusia, para lo que está el plan de la "Cúpula Dorada" antimisiles. Tan es así que Estados Unidos tiene base militar en Groenlandia (Thule, aeroespacial Pituffik), y no hay por lo demás mucho por invadir.

       El problema que se plantea está en saber por qué de repente la UE "se le pone al brinco", como se dice también coloquialmente en México, a Estados Unidos, cuando Trump, fiel a su costumbre, lleva al límite para lograr un acuerdo, tal vez considerando el grado de autodeterminación que tiene Groenlandia dentro de Dinamarca. El mensaje de Trump, en términos comerciales, tiene un destinatario que es seguramente el mismo que el que se le mandó a Panamá y a Venezuela, y que Panamá entendió. Pero en una de esas, Trump se acelera, secuestra a un esquimal y lo pone a celebrar el Día de Acción de Gracias en una cárcel estadounidense, para repetir que económicamente China no puede irse comiendo el comercio a su antojo. Si Trump dice que ve en el círculo polar "puros barcos chinos y rusos", la pregunta, si la UE es antirrusa, es ¿qué ve, más allá de la Cúpula Dorada, que sí ve?¿Lo mismo que los globalistas en China? Por lo que respecta al "pueblo de Groenlandia", al "proletariado de Groenlandia" y la cantidad de gente que con tal de hacerse la interesante cada día anuncia algo "histórico", un "gran peligro" o el "fin del mundo" y la "locura del poder" (¿por qué nunca con alguien como Ronald Reagan en la presidencia estadounidense, siendo que era por lo demás actor?), está para quedarse helado. Trump quiere acuerdos concretos, no arranques de fariseísmo. Por lo demás, es el tipo de asuntos que se arreglan internacionalmente, dado el problema marítimo que implica, y no, tampoco, "a lo chino". Otro asunto, soberano, es el corredor transártico ruso, aunque el gobierno ruso mida mal y persista en la temeridad ciertas asociaciones internacionales. Por cierto: si en más de una ocasión Trump da la impresión de no pensar lo que dice, los globalistas la dan de no decir lo que piensan. Ya nada más falta un !Fuera Manos de Groenlandia!, que es lo mismo...que considera Trump (da click en el botón de reproducción).



     

!HEY CANTINERO!

La atmósfera creada en los medios de comunicación masiva es ambigua, por parte de los "globalistas": hay andanadas reiteradas contra el presidente estadounidense Donald J. Trump, pero es apoyado cuando va en el sentido esperado por los propios globalistas, que prosiguen sin idea alguna del límite, y como si fueran eternos. La atmósfera descrita está cargada de violencia, y más de un analista medianamente serio pierde la cabeza y la serenidad. Hasta ahora, como acostumbrado, Trump se ha caracterizado por llevar verbalmente las cosas lejos para buscar luego negociar y obtener lo más posible en términos de dinero. Es por lo mismo que ya se ha observado que, por lo pronto, lo ocurrido en Venezuela es equiparable en parte a lo hecho con el militar iraní Qasem Soleimaní. No más.
       Lo dicho no es una justificación de Trump, sino el ánimo de indicar que deben sopesarse las alternativas, y no se trata de ver quién escandaliza más, entre otras cosas para no seguir en el tono que llegar a poner el mismo presidente estadounidense. No ha atacado, invadido o colonizado Venezuela, ni por cierto que tampoco Panamá, donde el gobierno entendió de inmediato que no tiene soberanía real, y cedió a la exigencia de ponerle límites a China. Es probable que ahí termine el asunto. A falta de soberanía real, parece que también la opositora venezolana María Corina Machado no encontró nada menos ridículo que regalarle su Premio Nobel a Trump. Prácticamente no hay explicación sobre por qué Trump prefirió seguir con el actual régimen venezolano y la presidente encargada Delcy Rodríguez. ¿Qué no permitía el ex presidente Nicolás Maduro que parece por lo pronto permitir Delcy Rodríguez?¿Por qué la alharaca sobre Panamá cuando lo primero que hizo el presidente panameño José Raúl Mulino fue obedecer y poner límites a empresas chinas?¿Por qué la renuencia a señalar que la "doctrina Donroe" no puede estar dirigida sino contra China?¿Porque con China se puede hacer grandes negocios?
         Trump, como en el mandato pasado, no ha mostrado mayor interés en el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá), que considera irrelevante para su país, y que en parte lo es, salvo porque las autoridades económicas mexicanas no saben del significado de las estadísticas o no quieren saberlo. La economía estadounidense, como ya se ha demostrado anteriormente, no depende de la mexicana, mientras que sí sucede al revés: por algún problema en parte ideológico, se cree que Estados Unidos necesita de México, y a tal grado que "los tenemos agarrados". No es así. Los efectos del libre comercio sobre la economía mexicana son, por decir lo menos, contradictorios, pero, en vez de mirar hacia adentro, se prosigue con el añejo "efecto demostración", por el cual se cree que lo de afuera es forzosamente mejor, y se llega a formas algo bochornosas de colgarse del exterior, mientras que, luego de entregar el cuerpo u ofrecerlo, se repite que se conserva el alma propia, libre, independiente y soberana, para lo que ya nada más faltaría agregar que hay que "ganarse la vida" y que "se hace por necesidad". Ya se sabe que es un oficio como cualquier otro, pero además tal vez se tema que de no salirse a "talonear" se quede el país en la pobreza. A pesar del plan México y de algunas otras iniciativas, que datan del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, no hay ningún paso fuerte hacia la soberanía real. El discurso sobre la soberanía y la independencia se acompaña de lo que se conoce coloquialmente en México como "andar de ofrecido", sin que haya manera de saber si se entiende o no el SENTIDO de lo que se hace, y hasta qué grado no se tiene confianza en fuerzas propias, a lo que seguramente debe agregarse alguna creencia del tipo "es libre comercio o Corea del Norte". Para colmo, se cree que México está en condiciones de "dictarle" a Estados Unidos, como se cree por "Un día sin mexicanos" que la economía estadounidense sin inmigración mexicana se terminaría o sabrá Dios qué más que no tiene sustento estadístico. Todo está en la incomprensión parcial de que sin autonomía económica no puede haberla en la política: sólo "intermediación" para negociar alguna "tajada". Eso sí, es imperativo, y se puede lograr, que Estados Unidos no meta sus narices en México con armas, ya que la política mexicana de seguridad está dando muy buenos resultados, y tangibles. Lo que no va es la escuelita generacional de economistas formados en los '80, ni la intelectualidad "postmexicana" (!) cosmopolita y que reduce México a la corrupción y el autoritarismo. Tampoco es así.
        Incluso pese a lo proferido por Trump sobre Groenlandia, el presidente estadounidense atiende los intereses estadounidenses, en parte, y no los del capital transnacional ni los de la alta finanza que parece haberle declarado la guerra. En cambio, hay otros países en donde alguna gente confunde los intereses propios con los ajenos y, es más, los de dicho capital y dicha finanza, cuya apuesta, por lo demás, ha estado ligada a China. Actualmente no existe alternativa ligada al mundo del trabajo, debilitado, cuando no inerme. No se trata de "escoger al patrón", pero sí cuando menos, escándalo aparte, de saber qué está en juego en la división en la clase dominante y qué es posible hacer con fuerzas propias. El fariseísmo no ayuda en nada. (da click en el botón de reproducción)


CHICLE Y PEGA

 ¿Cuántos de la derecha, además intelectualmente deshonestos, como Francisco Martín Moreno, no se disfrazan de la Gran Moral, cuando se trat...