Como ya se señaló aquí, fue Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado, quien concluyó que el ex presidente Nicolás Maduro era alguien "con quien no se podía trabajar". Decir que, como presidente, Maduro tal vez cometió errores no lo convierte en víctima propiciatoria, como se verá. Simplemente, como otros, a lo mejor no conocía lo que decía el general panameño Omar Torrijos: "se juega con la cadena, pero no con el mono".
Desde tiempo atrás, se venían abriendo canales de negociación, entre otros a través de Jorge Rodríguez, hermano de la actual presidente encargada venezolana, Delcy Rodríguez, y presidente de la Asamblea Nacional, y con representantes de petroleros texanos (Richard Grenell, con quien Maduro siguió insistiendo en habla). A juzgar por lo que afirmó parte de la prensa europea, sobre todo española (El País), Rubio, en cambio, estuvo empujando en otra dirección, hacia la solución de fuerza, por considerar que Maduro se dedicaba a "ganar tiempo" y a "engañar", lo que no es del todo descartable. Por motivos propios, Estados Unidos, como ya había sucedido en el primer mandato de Donald J. Trump, la agarró en especial con Venezuela, como se recordará de lo sucedido con el "presidente encargado" Juan Guaidó, lo que siguió por lo demás con los Demócratas. ¿Cuál fue el contenido de las conversaciones entre Trump y Maduro? El segundo ofreció apertura a inversiones estadounidenses, en el petróleo incluido. Pero podría decirse que fue casi "pillado" in fraganti: antes de ser capturado -y secuestrado-, Maduro acababa de reunirse con un alto funcionario chino, Qiu Xiaqi, enviado por el presidente de China, Xi Jinping. A las pocas horas de celebrar con los chinos "la unión perfecta (!), a toda prueba y a todo momento, siempre victoriosos", Maduro estaba camino a Nueva York en manos gringas. Y de paso, se impuso Rubio.
Las acusaciones de narcotráfico o "narcoterrorismo" contra Maduro se desvanecieron. El "Cártel de los Soles" es una invención mediática de los años '90, y el Departamento de Justicia estadounidense ya no volvió sobre el asunto, limitándose más bien a acusar a Maduro de "clientelismo" y "corrupción", lo que no debe ser del todo falso, en parte al menos del aparato estatal venezolano. Los "soles" son insignias militares, pero el tal "Cártel" no existe. Como Manuel Antonio Noriega en su momento en Panamá, Maduro ofreció colaborar contra el narcotráfico, en medio de otro problema: el "Tren de Aragua", crimen organizado venezolano, es algo surgido de la emigración venezolana y, para no variar, en parte de dicha emigración en Estados Unidos. No es nada nuevo. Más de un allegado de Noriega hasta el último momento no creyó en la invasión de 1989 a Panamá, pese a las advertencias. Tal vez Maduro no entendió, y se puso a "maniobrar", lo que terminó por llevar a Trump a seguir a alguien cerril como Rubio, que no es el primer "halcón" alrededor del mandatario estadounidense. Ahora, Venezuela se despertó como país tutelado. Sin embargo, es preferible no escandalizar, ya que es una forma de tutela e injerencia, pero no una invasión comparable a la de Panamá u otras muchas, además de Granada (República Dominicana en 1965, Cuba en 1961, Guatemala en 1954, Haití en varias ocasiones). Ni se trata de neocolonialismo: Venezuela nunca ha sido colonia estadounidense. Como se dice coloquialmente en México, Trump podrá "decir misa", pero es preferible analizar y no ponerse a la alharaca en el "capitalismo del póker".
El problema está en saber si del actual régimen venezolano puede surgir una alianza con algún empresariado no tutelado (o es nada más un grupo compradore), y por lo demás pese a las "horcas caudinas" estadounidenses, lo que es difícil, pero es la rendija abierta. Después de todo, es en parte lo que hay en Nicaragua, y que no puede haber en Cuba, dada la cercanía con Estados Unidos y la "gusanería" cubano-estadounidense. Salvo cuando hay algún Mijaíl Gorbachov en juego, el "dominó" no existe -y ni siquiera le funciona plenamente a la Unión Europea (UE), con cuya iniciativa Global Gateway, dirigida a parar a China, trató Delcy Rodríguez. Una cosa es "capitalismo político", y otra encontrar un grado de autocentramiento que permita relativizar la tutela estadounidense, entendiéndose por "tutela" hacerse cargo de menores de edad o incapacitados. Ni la oposición venezolana, ni el oficialismo son totalmente monolíticos en Venezuela. Hasta ahora, hay algo inusual: nadie está en el "todo o nada".
Estados Unidos puede pensar que se puede poner a la "técnica del salami" para obtener una concesión tras otra, pero el tiempo tampoco está a favor de Trump, menos cuando los globalistas y cosmopolitas se despiertan como supuestos "soberanistas". En sentido estricto, Maduro es inocente. Pero no brilla por su inteligencia y se puso a jugar con el mono, exasperándolo, cuando hay además gente de riesgo como Rubio. Menos tontería se le pone al asunto, mayores posibilidades habrá de evitar un conflicto violento entre venezolanos. Para que no sea el pueblo en cuyo nombre habla medio mundo el que, como se dice coloquialmente en México, el que "pague el pato". Por lo pronto, quienes se creen en un casino y apostaron a "Maduro o no Maduro" se equivocaron, pese a que hay un mensaje para el aparato estatal venezolano y lo que pueda tener de clientelista, corrupto y personalista. Lo sucedido muestra que no todo es "nación contra imperio", u "oligarquía vendepatria", porque también cabe esperar lo que sigue y es, en parte, incógnita, tomando en cuenta la bravuconería de Trump, quien como sea no se apresuró a poner de títere a María Corina Machado, salvo cambio de opinión (puede haberlos), a diferencia de lo sucedido en Panamá en 1989, para arruinar a este país, que pese a un intento de empresariado propio en los '90, al centro (Ernesto Pérez Balladares -Partido Revolucionario Democrático), ya no se repuso del tutelaje, pese a tener el Canal.
Pese a lo sucedido y la inocencia de Maduro y, en lo que cabe, de Cilia Flores, quien optó por ir con él, y pese a las bravatas de Trump, hay consenso contra él entre Republicanos "halcones" y Demócratas cuyos planes van de manera mucho más peligrosa más allá de América Latina: sería preferible no agarrarse de Venezuela para hacerles el caldo gordo a quienes en los hechos, desde los '90 -y como parte del consenso bipartidario- han escalado diversos conflictos. Al menos que haya una alternativa a lo que por lo pronto es, en parte, división de las clases dominantes. Si se cree en algo distinto a "no hay más que de dos sopas", como se dice coloquialmente en México, al menos hay que explicar qué es. Como alternativa, no como otros 500 años de resistencia. La división es muy fuerte, en los países centrales o...en lugares como Venezuela. Las reacciones "de campanario" no son forzosamente prudentes.
Por lo demás, no es Trump que se impuso al Pentágono y al "Estado profundo", sino que éste considera periódicamente asegurarse la retaguardia para una proyección más internacional, a riesgo de que allegados de Trump sigan cometiendo errores graves. Nada de todo lo anterior es un asunto bursátil, de especulación y derivados ni por ende de "escenarios", extrapolaciones al vapor, vacaciones en Las Vegas para apostar ni juegos de mesa. Con la pena, pero es frecuente que más de un líder latinoamericano se crea con fuero, y por lo tanto una excepción. Noriega en su momento se lo creyó, y probablemente Maduro también. No funciona sí. (da click en el botón de reproducción).