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miércoles, 15 de julio de 2026

CON LA SONRISA FRANCA

 Como hubo recientemente ocasión de decirlo, el líder militar panameño en los '80, Manuel Antonio Noriega, fue un "activo" (asset) estadounidense, de la CIA (Central de Inteligencia Americana) y de la DEA, por cierto (Agencia de Control de Drogas), y no propiamente un "narcodictador" o siquiera  "narcotraficante", pese a que hubo la finta con el libro rápidamente difundido en México de John Dinges, que llevó a caer en el garlito de Washington, capital estadounidense. Como ya se señaló, Noriega y lo que él mismo llamó "un grupo" militar en  Panamá se dedicaron a lo que se conoce coloquialmente en México como "moches": en algunos casos, habría que saber hasta dónde, pedir dinero a narcotraficantes para "dejar pasar".

       Sin embargo, no fue todo, y era hasta cierto punto entendible que, como principal jefe militar y de inteligencia, tuviera contacto con la CIA y la DEA, más siendo el  panameño  un territorio "poroso" en la frontera con Colombia y para el lanzamiento de droga hacia el Caribe. Cuando ha habido ocasión, Cuba también ha colaborado con autoridades estadounidenses. Ya se ha explicado que fue otro el motivo para hacer una caricatura de Noriega y emprender una campaña contra Panamá. Una cosa es la actuación de Noriega y sus errores o su parte de corrupción; otra cosa es que se haya convertido en chivo expiatorio para que más de uno pudiera colocarse con "yo te aseguro  que yo no fuí".

      En mayo de 1987 -estaba por empezar la campaña de sanciones contra Panamá-, la DEA le mandó a Noriega una carta de felicitación por haber tomado parte en una fuerte y exitosa operación contra el narcotráfico y el lavado de dinero ("Operación Pieces").  La agencia estadounidense reconoció el profesionalismo del ejército panameño. Ya en el juicio contra Noriega en Estados  Unidos, el ex jefe de la DEA, John C. Lawn, reconoció ante el Congreso y en el juicio que la misma  DEA había tenido una relación duradera "exitosa"con el gobierno de Panamá y Noriega, al grado que éste entregó a Estados Unidos a  varios fugitivos buscados por la agencia. Dicho sea de paso, Dinges sostuvo que Noriega llegó a recibir por su colaboración a veces hasta 10 mil dólares mensuales de Estados Unidos. Noriega llevó a cerrar bancos del narco y laboratorios en la provincia de Darién, fronteriza con Colombia. Entre 1983 y 1987, Noriega ayudó a la DEA a rastrear fondos ilícitos a través de la  "Operación Negocio".

        Dinges (Nuestro hombre en Panamá) consideró los vínculos de Noriega con el narco como "de tercera categoría", por los "moches", por ejemplo para escalas de droga en el aeropuerto de  Tocumen (a mil dólares el kilo ahí o 400 dólares por coca, casi como "cobrador de aduanas clandestino"), de la  capital panameña y otros "libres tránsitos" (a través de una pequeña aerolínea comercial, con biyeyes de a medio millón en pago y según un testigo comprado): lo del  lavado no cuenta, porque involucra a parte de la oligarquía financiera panameña, considerando que Panamá es un paraíso fiscal. En cuanto a dictador, Dinges afirmó que Noriega tampoco era "de catego", porque no hubo dictadura ni represión mayor. Para el juicio por narcotráfico, Estados Unidos dependió de acusaciones a cambio de rebajas de pena, por parte de gente del cártel de Medellín  entre los que destacó Carlos Lehder, además de Luis del Cid, ex guardaespaldas de Noriega que vió maletas repletas de dinero (no muchas). Del Cid obtuvo la residencia permanente en Estados Unidos y el descongelamiento de sus cuentas bancarias en Panamá. Lehder se deshizo de la cadena perpetua, fue soltado en 2020 y vivió en Alemania (por doble nacionalidad)., antes de irse tranquilo a jubilar en Colombia (Quindío).

        Como lo dijo en sus Memorias, Noriega fue ante todo un prisionero de guerra. Cosa no infrecuente en  el  querido "Sur global", el general no fue ajeno a la corrupción y prestó el flanco para que se le acusara utilizando parte de la verdad (no toda) para mentir, "hacer creer" (hubo que caer) y ocultar lo de importancia. Ya se ha observado que parte del trasfondo fue una derrota para la gente de abajo en Panamá, y como siempre, está el  dicho de John F. Kennedy sobre "la victoria que tiene cien padres y la derrota que es huérfana").

       Además de quienes "recuperaron la vista", hablaron de "dictaduras" y "narcotraficantes", colocándose, en particular con el gobierno de Martín Torrijos, están los involucrados en el tráfico real -Noriega recibía el dinero- que vendiendo al ex jefe (como Del Cid) o "aduanero" pasaron en esta tierra a mejor vida. Ciertamente, lástima por la corrupción  de Noriega al no medir -como tampoco en vísperas  de la invasión de  1989- la perfidia estadounidense: también credulidad del querido "Sur global". Pero lo que "le pasó factura" fue oponerse a Estados Unidos desde 1986 en Centroamérica y ser de las FDP (Fuerzas de Defensa de Panamá) para tener autonomía sobre el Canal. No es un asunto de caricaturas ni de "dictadores tropicales" de película de Woody Allen, sino que cabe distinguir entre los errores de la persona y la actuación del líder de las extintas FDP y responsable de una soberanía que se fue al traste, al ser cortada de cuajo, a la mala, con muchas vidas de por medio, la posibilidad de aliar nación y gente de abajo. De ahí lo dicho por Dinges sobre el malhadado retrato sobre Noriega, supremacista y racista, según el autor: un buen escarmiento de Estados Unidos y un buen número de "torrijitos" -no todos- que entendieron que participar del ritual del chivo expiatorio era manera no de sobrevivir, sino de trepar. En un "aparatito" de lo que se llama arribismo. Y  como dijo el final de Canaima "!esto fué!"

        Para aprender, dicho sea de paso, sobre la perfidia de la CIA y la DEA y dejarse de creer que Estados Unidos  "es la ley": si hay grandes ganancias de por medio, "la ley" llega a plegarse, en particular porque es para estadounidenses, no para "Bananas". La última ocurrencia legal estadounidense no es "la ley" y, mucho menos, fuera de Estados Unidos, que más allá de la propia, de soberanía no entiende, en el mejor de los casos, porque en el peor no le incomoda violarla. Contando con la mezcla  del querido "Sur global" de sumisión ante "el mero chingón" -por arcaísmo señorial-, credulidad y corrupción - no pus el jefe no se da cuenta si nos quedamos con una parte de la merca-. Se equivocó, y contradictoriamente, y para enojo de Carlos Puig, no, Noriega no perdió la dignidad que le quedó como responsable militar, y que Estados Unidos, sin  lograrlo, intentó quitarle hasta por presuntamente usar "calzones rojos". Sin interés. (da click en el botón de reproducción)



CON LA SONRISA FRANCA

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