Mi lista de blogs

lunes, 17 de julio de 2017

EL QUE SABE, SABE

Eso que tú quieres, éso tengo yo. Tal vez ha caído en el discurso del Otro, Big Mother. Y lo vive a plenitud.
     El perverso no tiene falta en ser, no le falta nada, no está nunca en falta, no es, a diferencia del común de los mortales, un ser incompleto. Vive a plenitud, a todo lo que da, al máximo, como si se tratara de velocidad, de estar a full. Es feliz, diríase que a ultranza, y lo ostenta con estetización en su Facebook. No hay grietas, no hay fisuras, ni fallas, ni "lapsus". Un neurótico puede envidiarlo. De hecho, el perverso se le cruza en el camino al común de los neuróticos para que éste lo envidie, para que envidie el saber-gozar, porque el perverso "sabe cómo hacerlo", y busca demostrarse y demostrar que "sí se puede". El tiene el saber sobre lo que tú necesitas. "Lo que tú necesitas es...".
     ¿Cómo le hace? Tapando la falta con poder y con la puesta en escena del poder. No, no está en decadencia. No, no hay graves problemas sociales, por ejemplo en la educación y en la salud, o en una industria en muchos lugares en ruinas, o por la violencia. No pasa nada, porque son "accidentes" o "daños colaterales", no muestras de que algo falla adentro. Adentro todo está completo, y hay que seducir al otro para "capturarlo" en la hipnosis ante ésta completud. Pervertir es, por etimología, "darle la vuelta", digamos que "sacarle la vuelta". El poder es el del "excepcional" y el de la "nación indispensable", Big Mother lo dijo. El poder te escucha, mientras no tengas nada qué decirle de alguna falla, ya que en éste caso le "sacará la vuelta" con un discurso de puesta en escena prefabricado, una desmentida o una denegación. No importa qué es la falta, importa taparla, no importa la "falta en ser", importa taparla con algún "tener". Eso que tú quieres, éso tengo yo. Pobres de los países y de las personas que no son, sino que aún tienen por hacer.

viernes, 14 de julio de 2017

ARROJADOS AL MUNDO...

Y arrojados a la victoria, nacidos para la gloria. El sistema que se declaró vencedor y el país que lo encarna muestran, cada vez que pueden, que no se trata de transformar nada, sino de garantizar el Dasein, el "estar en el mundo", el "estar-aquí", un "plantarse", para decirlo de modo más prosaico. La esencia del ser del vencedor consiste en "existir", en ser real y no ideal, en rechazar este ideal o lo que se le parezca (una convicción, un principio) y en reivindicar cualquier cosa que sea real, hasta un reality show. "Al ser le va el ser", así que al ser le va el american way of life. Se está "al modo de la existencia" en un mundo que "mundea" (!).!Pues que mundee!
      Así las cosas, a pesar de estar arrojado y caído, a pesar de la angustia (tal vez por el hecho de que el "ser" del campeón y número uno algún día no lo sea más), no hay de qué preocuparse, ni mucho que justificar ni argumentar (el que argumenta es porque no es). Se es para sí en tanto que se es único. Sólo hay que "develar lo oculto" del ser, con maneras estéticas, con algún "arte"o un "manifestarse" que sea tomado como tal. El ser se puede develar con el bello espectáculo bélico, la puesta en escena, al modo de la operación Tormenta del Desierto. Nada de razones. Simplemente un "i am tired of Saddam Hussein" ("estoy cansado de Saddam Hussein"), al modo de George H.W. Bush. O mostrando alguna fotografía de armas de destrucción masiva inexistentes. Ni quien reclame, porque lo que es, es, y cada quien es lo que es, "lo que hay", como diría mi compadre. Sí, "es lo que hay", así que toma lo mejor y manifiéstate, exprésate, pregúntate what's in it for me (que hay para mi en éste "estar aquí"). Quien diga que "no es lo que hay", sino que algo falta, que en realidad podría ser de otro modo o volver a ser de otro modo, está, como lo sugería Barack Obama, hoy ex mandatario estadounidense, en el "lado equivocado de la Historia". No es que Estados Unidos deba volver a ser algo en grande. Es que lo es y a "este ser le va su ser", por lo que sólo hay que existir.

miércoles, 12 de julio de 2017

EN ARAS DE LA PAZ

El fin del equilibrio bipolar creó la creencia en una paz universal (se hablaba entonces de los "dividendos de la paz"), algo así como la "paz perpetua" de Kant que Domenico Losurdo discute en Un mondo senza guerre (Un mundo sin guerra). ¿Es posible un mundo sin guerra?
       Estados Unidos ha estado inmiscuido en prácticamente todos los conflictos bélicos desde 1989-1991. Pero esta presencia no ha aparecido -ni siquiera entre la intelectualidad, la izquierdista incluida- como agresión imperial, sino como ánimo de preservar la paz, el "orden mundial" y "la seguridad" contra toda suerte de amenazas, entre las cuales no falta ahora "la amenaza rusa". Dicho de otro modo, Washington no aparece en esta serie de actos bélicos (Panamá, Iraq, Somalia, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania...) como un atacante y un factor de desestabilización, sino como una gran potencia que tiene que -por deber- intervenir militarmente para preservar la paz, evitar todo tipo de discordias (étnicas, religiosas, etcétera) y por "razones humanitarias". En otros términos, las intervenciones y ocupaciones de Estados Unidos y sus aliados y socios parecieran destinadas a preservar la paz y evitar conflictos. ¿Cuál paz? La del vencedor de 1989-1991, desde luego. Desde este punto de vista, las acciones militares de Estados Unidos resultan ser, a los ojos de la supuesta "opinión pública", un factor de estabilización, y entiéndase que de paz. No hay imperialismo, salvo el ruso en Ucrania y Siria; y no hay un gran trouble maker (perturbador), sino "amenazas" de "parias" y "canallas" para un mundo como el de Imagine, de John Lennon, de fraternidad universal y sin fronteras. En este orden de cosas, una agresión -un primer golpe nuclear, pongamos por caso- contra la Federación Rusa o contra China sería un acto defensivo contra "el zar hackeador de la democracia" o, muy secundariamente, contra el "peligro amarillo". ¿Acaso ese "zar" no amenaza nuestra seguridad y, sobre todo, nuestra paz? La "opinión pública" está lista para creérselo, entre otras cosas gracias al modo en que los medios de comunicación masiva y las presstitutes presentan el mundo: un lugar lleno de "peligros" para la pax americana.

lunes, 10 de julio de 2017

PRETTY BLUE EYES

Desde principios del siglo XX, Estados Unidos no ha podido recuperarse de sus crisis económicas sin guerra. Como lo recordaba hace algún tiempo Myléne Gaulard en una conferencia sobre Rosa Luxemburgo disponible en la Web, en 1914, al inicio de la primera Guerra Mundial, Estados Unidos se encontraba en recesión y la tasa de desempleo sólo pudo bajar espectacularmente para 1918 gracias al conflicto bélico. También según Gaulard, el New Deal de Franklin D. Roosevelt sólo pudo funcionar a medias y los niveles de actividad económica (como la inversión) a finales de los años '30 no eran mejores que los del comienzo de la Gran Depresión. El asunto puede seguir: aún recuperándose con la segunda Guerra Mundial, Estados Unidos volvió a tener tendencias a la recesión en la posguerra y salió a flote parcialmente gracias a la guerra de Corea y luego a la de Vietnam. A principios de los '80, el entonces presidente Ronald Reagan llegó con una recesión y lanzó la "Guerra de las Galaxias"-aunque no se concretó- contra la Unión Soviética; algo similar pasó en vísperas de la primera guerra de Iraq.
      Cabe señalar que Estados Unidos ha ganado casi todas sus guerras (incluyendo las de Iraq y Afganistán), salvo en Vietnam. La primera guerra del Golfo estuvo destinada a que los estadounidenses se deshicieran del "síndrome de Vietnam". Esto quiso decir "volver de nuevo aceptable la guerra" (make war great again!) siempre y cuando volviera a ser rentable (con todos los inventos a prueba en la operación "Tormenta en el Desierto").
       La guerra ha sido propuesta por varios economistas -John Maynard Keynes incluido- como una forma de salir del atolladero de la crisis. Hace poco (2011) lo proponía medio en broma medio en serio (contra una "amenaza alienígena") el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman.
     El armamentismo (la industria militar) supone, según Rosa Luxemburgo, una "punción" -vía impuestos - sobre el salario para trasladarlo al gasto que crea demanda para las empresas militares, una nueva "salida" de inversión. Es por este motivo que terminar con los complejos militares-industriales podría ayudar en cambio a gastar en otras prioridades para salir de la crisis (sacando a mucha gente de la pobreza), según la argumentación que defendió largamente, por ejemplo, Fidel Castro. Pero el capitalismo prefiere resolver antes los problemas de ganancia, recuperándola, cuando tiende a caer, con la guerra, el negocio con la muerte, digamos que "el último negocio" (contrarrestar con la muerte la caída tendencial de la tasa de ganancia, incluida la que puede provocar la sobre-producción en la industria bélica). La guerra permite efectivamente destruir la sobre-producción, el exceso de mercancías y (supuestamente) de hombres, y "recomenzar el ciclo" de acumulación. Es probable que el capitalismo deje de incluir entre sus negocios las grandes guerras -que no son una fatalidad histórica- cuando se le aparezca que no son rentables, sino que pueden conllevar más costos que beneficios.

viernes, 7 de julio de 2017

SEDUCCION

La destrucción de la Unión Soviética y el bloque socialista no fue violenta, salvo excepciones. Se pareció más bien a un acto de seducción en el cual, con tal de estar a la moda, buena parte de los habitantes del otro lado de la Cortina de Hierro no tuvo ninguna dificultad en dejarse persuadir. El mundo capitalista venía construyendo un escaparate desde tiempo atrás: se sabía así, por ejemplo, que Berlín Occidental era una "vitrina" para deslumbrar al Este "gris".
       En la seducción, el ser de quien seduce parece perderse escondido en el parecer. Así que el mundo capitalista no enseñó los dientes ni las garras, sino las mercancías y el dinero, al punto que en 1991, poco antes de ser objeto de un "golpe de Estado", el líder soviético Mijaíl Gorbachov estuvo cerca de conseguir algo así como un Plan Marshall para su país en una reunión del G-7. Y es probable que muchos soviéticos lo desearan. Tenían ante sí, más allá de escaparates locales semi-vacíos o vacíos, un gigantesco "mercado del deseo" exterior, hecho más de publicidad y de mensajes subliminales que de propaganda directa, a diferencia de la propaganda soviética, que nada o casi sabía de mercadotecnia. Si el apoderarse del bloque socialista fue una "promoción de venta", funcionó a la perfección. Fue al mismo tiempo una "promoción de venta" y una compra (algo así como una OPA, Oferta Pública de Adquisición), más que un acto de guerra.
      Después cambiaron las cosas. El ser despuntó detrás del parecer, con su naturaleza y sus propiedades. Acabaron tocando a las puertas de la otrora Rusia soviética no los Reyes Magos ni Santa Claus cargados de regalos, sino tropas, buques de guerra, cazas, escudos "anti-misiles" y toda una parafernalia bélica, sin que los rusos tengan una explicación convincente, porque decir que el mundo capitalista "se quedó  en la época de la Guerra Fría" y que "los tiempos han cambiado" no es un argumento, sino una pirueta retórica o un mal intento de revire. Simplemente, aunque existan otras posibilidades y tendencias hoy, la guerra es inherente al capitalismo, no por cuestiones de "mala intención", sino de sobre-producción, exactamente el mismo motivo por el cual hubo la "promoción de venta" previa que tanto encandiló a los soviéticos y los atrajo por lo menos desde los años '70.

jueves, 6 de julio de 2017

ESPECIE DE...

Hace algunos años, no tantos (por lo menos hasta la década de los '70 del siglo pasado), no se estilaba, mucho menos con la frecuencia de hoy, hablar de "la especie", en referencia a los habitantes del planeta. Hoy no escasean las preguntas sobre "la sobrevivencia de la especie", el "futuro de la especie", etcétera, de un modo claramente darwiniano. ¿Está "apta" la "especie" para sobrevivir? Es posible pensar, por lo demás, que dentro de la "gran especie" hay distintas "especies", para beneficio del "pluralismo". Dicho sea de paso, al hablarse de "especie" se deja suponer que se está en "evolución", como todas las especies, y no en "revolución", algo que no ocurre "en todas las especies", salvo en la humana.
      Hasta los años '70, en efecto, muchos preferían hablar de "la Humanidad", con mayúscula. ¿Iba a sobrevivir la Humanidad a un conflicto nuclear, por ejemplo? Hoy, muy llamativamente, casi nunca se habla de "la Humanidad", ni se dice de alguien que tiene "humanidad" (con minúscula), sino que se menciona su "lado humano", como si el otro fuera animal -lo propio de la especie biológica. Así, tal o cual "dejó ver su lado humano", o tal o cual tiene "un lado muy humano". Esta forma de hablar asocia "lo humano" con el Bien, aún cuando el siglo XX demostró que el ser humano -no la especie- es capaz de los actos más inhumanos, de comportarse peor que un animal (ningún animal crea cámaras de gas para matar en serie, industrialmente, por ejemplo).
      Se habló de "Humanidad" cuando existió la idea de que el ser humano se distingue por su capacidad para hacerse consciente y emanciparse -del comportamiento inhumano- y cuando el peligro del aniquilamiento nuclear requería un grado de conciencia muy alto para evitar lo peor., lo que se logró gracias al periodo de Mijaíl Gorbachov en el liderazgo soviético.  Cuando había Humanidad, era además en común, por la destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) en caso de guerra nuclear. La vuelta a "la especie" es a la "sobrevivencia del más apto", incluso en caso de conflicto nuclear, por lo que "la especie" busca deshacerse de "los más débiles", o los que cree tales. Se perdió de este modo la idea de una Humanidad compartida entre iguales, para que quede claro que, al mismo tiempo que unos creen ser más aptos que otros ("excepcionales", "indispensables"), en realidad pueden estar mostrando que son más inhumanos, o simplemente humanos inhumanos a quienes, por lo demás !los vasallos reclaman liderazgo! La vuelta a "la especie" es así, desde los privilegiados, una petición -aunque recubierta de moralina o incluso involuntaria- de deshumanización. !Vaya evolución!

lunes, 3 de julio de 2017

DE POSTRE

Es mediante el lenguaje -y el "significante"- que se encuentra en la universidad pública el modo de "deslizar", pero sin decir. Hay que estar en el significante y hacerlo circular. En apariencia, no hay modo de establecer significados, pero no importa demasiado: en efecto, se ha instituido la moda de que, ya que la realidad no se puede conocer, lo que cuenta son los "juegos de lenguaje" y las convenciones (por lo demás arbitrarias) sociales que deciden el punto en el cual, para decirlo en términos del psicoanalista francés Jacques Lacan, la palabra/discurso se "atornilla" o se "acolcha" (por ejemplo, socialismo=escasez o mercado=riqueza).
     Gracias a la intrusión de estas "corrientes" en la universidad pública, ésta terminó por no definir por sí misma el significado y el sentido de lo que hace, delegándolo, supuestamente, en "la sociedad a la que se debe", aunque se trata en realidad de los medios de comunicación masiva y los organismos internacionales. Son ellos los que determinan mediante ventrílocuos "la agenda". El eco que encontraron estuvo en la filosofía universitaria en MBP, los filósofos analíticos, los de los "juegos del lenguaje" e incluso, a final de cuentas, entre los nietzscheanos sueltos por ahí, puesto que para Nietzsche, la "lectura" del mundo (por llamarla de algún modo), un mundo que no se puede conocer, no es más que un interminable juego de metáforas, metonimias, etcétera. ¿Qué es lo que importa? Cuando no el informe experto (algo sí como el briefing), el comentario del opinólogo o cafetólogo ante los reflectores, en ambos casos "en torno al significante" designado desde fuera. En medio queda -sobre mujeres, jóvenes, indios, negros, gays, etcétera- la exégesis o la glosa que inventara el franquista catalán Eugenio d'Ors. Es también desde fuera -puesto que ya no se produce en función de necesidades internas, las disciplinarias incluidas- que se lanzan los temas de consumo, por lo general, de coyuntura. Los universitarios públicos consumen los objetos designados desde fuera por el neo-fascismo cultural de los medios de comunicación masiva y las redes, confundiéndolas con "la sociedad". Se va "de caso en caso" como en la canción se va "de golpe en golpe": en la sincronización y con ritmo por las urgencias de competir ("no quedar fuera") y por la atracción del neo-fascismo cultural, al grado que, volcados hacia fuera, los académicos suelen ser los primeros en lanzarse contra la academia y contra el raciocinio, vendiéndolo para comprarse algo en el consumo foráneo.

VUELVE SARAMAGO

 Mire usted el señor Rafael Correa acusado de muchos actos de corrupción dice que los latinoamericanos somos noveleros pero aquí no le conta...