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viernes, 28 de diciembre de 2012

DIVISION COMUNISTA EN RUSIA

Rusia guarda con su pasado comunista una relación errónea, al cabo de décadas de ignorancia y de mentira, aceptada con tal de entrar al consumo. La compensación es una idea de grandeza (aunque no imperial), que está presente por igual entre algunos comunistas y entre quienes defienden o quienes atacan al supuesto "zar" Putin, el actual presidente ruso. Esa idea no es ajena a la religión.
     Hace ya rato que el líder comunista ruso Guennadi Ziuganov ha retomado esta idea no muy alejada del "chovinismo de gran potencia". Dentro del Partido Comunista de la Federación Rusa, algunos miembros han advertido que la línea muy poco tiene que ver con el comunismo, y menos aún con el marxismo. Varios dirigentes de ese partido (Yegor Ligachev, Vladislav Yurchik, Valentin Nikitin, Liubov Oleinik, Tatiana Gudima, entre otros) han criticado a Ziuganov por sus dogmas religiosos (que salen de la esfera de lo privado), por el "nacionalismo burgués" y por descuidos que han llevado a la principal fuerza opositora rusa a perder adherentes. Ziuganov da la impresión de estar más apegado a la supuesta "grandeza rusa" y a símbolos que a valores más igualitarios, propios del internacionalismo. Admirador de Ivan Ilyn, exactamente como Vladimir Putin, el líder Ziuganov parecería haber pasado a formas de compromiso y hasta de oportunismo ante el rumbo del gobierno. A falta de formación política sólida, Ziuganov se ha caracterizado por bandazos y por discursos más o menos grandilocuentes, pero incapaces de canalizar el descontento real de algunos sectores de la sociedad rusa. Aunque hay gente interesada en los destinos ciudadanos de Rusia y contraria a ir a refugiarse en la religión, Ziuganov prefiere las visitas al templo de Cristo Salvador -mezclado con Stalin y el "Che" Guevara. Basta con oir a Ziuganov para comprender que esta "grandeza" es defensiva y llena un vacío.
    También los hay dispuestos a glorificar a Putin, siempre con la idea compensadora de grandeza. Esta idea tiene en parte su origen en la última guerra mundial y sobre todo en el sovietismo, más en tiempos de Leonid Brezhnev. En nada ayuda a situar a Rusia en el mundo, donde Moscú sigue dando sus propios bandazos. Tampoco ayuda mayormente la ignorancia de Putin sobre el bolchevismo y una parte de la historia soviética.