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miércoles, 6 de febrero de 2013

FUMAROLAS

La periodista rusa Anastasia Popova acaba de mostrar en el canal 24 (ruso) un contundente documental sobre Siria.
     El documental reproduce las imágenes que filma la oposición siria, favorita de Occidente. Por ejemplo, cada vez que ejecuta a un prisionero de guerra desarmado, esa oposición lo filma y se asegura de que el video se vea: es una forma de sembrar el terror entre la población civil, desarmada. El nombre de este tipo de acto es terrorismo, tal cual.
     Entre sus "joyas", la oposición tiene un video de un niño pateando a un prisionero de guerra desarmado, poco antes de ser ejecutado. Este émulo del "Ponchis" de Jiutepec no es un psicópata, es el "legítimo representante del pueblo morelense", no.
     Cada vez que esta jauría ejecuta a prisioneros desarmados, pega de alaridos, con que "Allah es grande". Como lo dice un testigo, habría que saber si es religión ejecutar a prisioneros o a civiles desarmados, o incluso cortarles la lengua, degollarlos (filmando las cabezas decapitadas) y mutilarlos. ¿Está en el Corán? El testigo oficial sirio, filmado por Popova, sostiene que el Islam no tiene nada qué ver: dicen "Allah es grande" para acallar la conciencia cada vez que hacen una fechoría. Siendo peor que animales, se cuentan que van a "trascender".
     Como Allah no es suficiente y la verdadera religión poco tiene que ver, estos héroes de la "primavera siria" se meten bastantes drogas, de tal forma que otro testimonio oficial cuenta que, cuando a los drogados se les dispara (para herirlos levemente y capturarlos), no sienten nada y siguen con que "Allah es grande". La droga es tan grande como Allah (y seguramente, permite verlo). Ya drogados, los "legítimos representantes del pueblo sirio" pueden matar a cualquiera sin conciencia siquiera de lo que están haciendo. Tratar este asunto como religioso es ponerse a teorizar sobre un pasón, pero bueno, por qué no.
     A fin de cuentas, estos amigos de Occidente son la versión pobre, informal y aldeana del psicópata estadounidense que se fuma otra cosa: la idea de que es el "número uno", poco importa de que no pase de asno del Middle West. Bueno, los otros se meten droga en serio para matar y una experiencia religiosa que de humano no tiene nada. Ni de islámico, por cierto.
     Ahora, fumémonos un discurso contra Bashar, que al fin y al cabo el principio de realidad, frente al placer del poder, sale sobrando.