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domingo, 3 de febrero de 2013

¿Y EL RELEVO GENERACIONAL EN CUBA?

Durante años, la Revolución Cubana se dedicó a granjearse apoyos intelectuales adulando. No se ganó mucho. Los adulados, ya engreídos, se dedicaron apenas pudieron a criticar a Cuba. Otros, dentro de la isla, se han hecho monumentos a sí mismos jugando a la incondicionalidad. Son incondicionales del Gran Líder y quieren para ellos incondicionales. Después de todo, junto al Gran Líder está el Gran Intérprete -de Martí y de Fidel- con su propia clientela.
     A esta intelectualidad revolucionaria no le importó educar ni crear desde abajo. Algo parecido ha ocurrido en parte de la burocracia. Contra lo que dice gente como Pablo Milanés, el problema no está en "los históricos" ni en quienes tienen más de 70 años. El problema es que atrás vienen pocos y los intermedios son adulones. No hay relevo generacional y Raul Castro ha sido el primero en decirlo: "no haber resuelto este último problema en más de medio siglo es una verdadera verguenza, que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años". Según el menor de los Castro, Cuba sufre "las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados, con suficiente experiencia y madurez para asumir las nuevas y complejas tareas de dirección en el Partido, el Estado y el Gobierno". Raúl Castro no se anda con rodeos: "o rectificamos -ha llegado a decir- o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos y nos hundiremos".
     Eso sí: con Raul Castro, los problemas se hablan. En Occidente, no. La nave, va. Los problemas aquí parecen solucionarse comprando. A los que vienen atrás se los compra, y el joven, a su vez, se acostumbra a que todo le sea debido sin el menor esfuerzo, o a que las cosas se consigan con chantajes. En vez de cargar con un problema en la conciencia (dicho sea siguiendo a Raul Castro), el occidental pone dinero y paga. Lo fantástico es el joven occidental lleno de derechos -que repite: "yo tengo derecho, yo tengo derecho, yo tengo derecho"- que no tiene posibilidad de un buen trabajo, ni de un oficio, ni de educación de calidad, ni de estabilidad en las relaciones personales, ni de saber de valores, nada. El resultado es el joven al estilo estadounidense: un arrogante -por narcisista- que es al mismo tiempo un simple de espíritu (!bienaventurado!). ¿Derechos del joven en Occidente?A no ser maltratado (igual que el animal), lo que significa muchas veces a que no se le exija nada; y a divertirse. En Cuba, al menos, la actitud de algunos es distinta y de inquietud, no de complacencia ante el irresistible ascenso de la idiotez y la falta de saberes.