No es que la droga sea buena o mala. Pareciera que se tolera o que debiera ser legal en función de los márgenes de ganancia. No es que la guerra sea buena o mala: se tolera o se evita en función de lo que vaya a salir de beneficio. Vamos, siguiendo a este gran clásico de hoy que es Lady Gaga, no es asunto de hombre o mujer: mientras sea sexo y beneficie con placer, da igual, por lo que la estrella pop considera que el mundo ideal es aquél donde todos le hagan a todo, menos a nada. ¿Alguna prohibición? Papa don't preach!
A los líderes europeos occidentales les encanta recordar cómo fueron liberados por Estados Unidos en el Día D, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, pero olvidan que Washington entró a bombardear -atacando incluso fábricas- cuando ya no era necesario. En realidad, se trataba de destruir para lucrar con la reconstrucción, y que los europeos occidentales recibieran préstamos estadounidenses para comprar artículos estadounidenses. Desde entonces, la guerra es negocio, no el "costo" que creen ver economistas como Joseph Stiglitz, cuya pertenencia a la "izquierda" consiste en buenas intenciones, no más. La invasión a Panamá en 1989 fue negocio: Washington prestó para reconstruir y además ganó saqueando (material militar de las Fuerzas de Defensa panameñas, por ejemplo). La invasión a Iraq también fue negocio: fue subsidiada para beneficio de grandes contratistas de infraestructura y con licitaciones petroleras para corporaciones estadounidenses.
Así, con el fin de la supuesta "amenaza roja", las guerras siguen, en su gran mayoría hechas -directamente o por encargo- por Estados Unidos. El General estadounidense Douglas Mac Arthur, que no era muy suave en sus "maneras" bélicas, afirmaba en 1951: "que nuestro país vaya ahora encaminado hacia un modelo de economía basado en las armas es parte del modelo general de una política desacertada, alimentado con ayuda de una psicosis, inducida artificialmente, de histeria de guerra y nutrida a partir de una propaganda incesante alrededor del miedo". Al despedirse como presidente estadounidense en enero de 1961, Dwight D. Eisenhower alertó contra el poder desmesurado del llamado "complejo militar-industrial" estadounidense.
Estados Unidos no ha dejado de gastar en armas, aunque no hay Unión Soviética. El sector militar estadounidense emplea a cerca de 6 millones de personas y el "gobierno dentro del gobierno" dispone de un presupuesto superior a la riqueza creada por un país como Suecia. Cerca de 30 millones de estadounidenses (hay 25 millones de veteranos de guerra estadounidenses) reciben cheques directa o indirectamente relacionados con el presupuesto militar.
Muy bien, ya no hay amenaza. !Bien! Lo bueno es lo que deja ganancia. Si la guerra lo hace, es buena. No es ya ni siquiera asunto de histeria o miedo: mientras no le toque directamente y en cambio obtenga beneficio, el occidental promedio no está tan loco como para rechazar la guerra si deja ganancia. En lo que tenía razón Mac Arthur era en lo de la psicosis, puesto que lo dicho es tanto como afirmar que "la guerra es un estado de bienestar...". La violencia es un bien si arroja ganancia donde todos se rigen por la ganancia. Que lo diga Paul Craig Roberts, ex funcionario estadounidense del gobierno de Ronald Reagan: "en toda su Historia, el mundo jamás ha asistido a tal idiotismo. Los psicópatas, sociópatas y brutos que dominan en Washington llevan el mundo a su ruina. El gobierno criminalmente perturbado de Washington, sea republicano o demócrata, constituye la mayor amenaza que haya existido sobre la Tierra".
Quien cree que la guerra es buena porque arroja ganancia cree que ser violento es positivo si hay algo que sacar en beneficio propio. Efectivamente, es psicopatía o sociopatía, muy tolerada con la idea de que la pérdida es para otros, los "bárbaros". Desde luego, el mundo es todavía un "lugar inseguro". Así lo dicen los estadounidenses. De remate.
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miércoles, 15 de agosto de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
COME ON BARACK LIGHT THIS FIRE
Entre los años '20 y '30, la Sociedad de Naciones y las potencias occidentales no se perdieron ocasión de hacer el ridículo. Japón se metió a Manchuria, territorio chino, sin pagar las consecuencias. Italia se metió a su vez en Abisinia, y la Sociedad en cuestión no mantuvo mayormente sanciones. Durante la Guerra Civil española, Francia y Gran Bretaña decidieron no intervenir. Italia mandó voluntarios y aviones, sin ser sancionada. Alemania mandó la Legión Cóndor, y nada. La "institución" se hizo de la vista gorda ante la ley del más fuerte y permitió que el nazifascismo actuara a su antojo, aunque se acordó de expulsar a la Unión Soviética cuando este país atacó Finlandia en 1939. En vez de ver qué pasó con el Comité de No Intervención, el anarquismo se fue a discutir si el agente soviético Orlov, quien le hizo "pum" al partido POUM, provocó él solito la caída final de la República.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) no procede igual. Estados Unidos lanza una OPA (Oferta Pública de Adquisición) cuando le interesa liquidar a un país. Muchos, con tal de no quedarse sin su parte de acciones, aceptan la OPA. La Asamblea General de la ONU compra así, por gran mayoría, acciones contra el gobierno sirio. Luego las partes en conflicto son bursatilizadas para especular y hasta alguno discute, en vez de si está o no permitido liquidar la soberanía (o apostar en la desgracia), sobre la cotización del Manaf Tlass o de los "intereses" de Rusia.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, discípulo del ideólogo estadounidense Joseph Nye y egresado de Harvard, se despojó de sus atributos jurídicos con un encanto de streaper. "Ban", como lo llaman cariñosamente las agencias de prensa, pide una "transición" en Siria en aras del respeto a una Carta de Naciones Unidas que no autoriza a meterse en los asuntos de nadie. Los miembros de la ONU están teóricamente en igualdad soberana y no se puede usar la amenaza ni la fuerza contra la integridad territorial ni la independencia política de ningún Estado (artículo 2, puntos 1 al 4, que al parecer no tienen versión en coreano, o Cara de Luna Ki no lee en coreano). Mientras este amigo "Ban" se mete con Siria despojándose sensualmente de toda autoridad, la Asamblea grita "eah, eah, eah" como si la OPA tuviera que tener también de table dance. !Fuera ropa!!Fuera ropa! !Eh, eh, eh!. A su vez, el general Robert Mood, observador de Naciones Unidas en Siria, fue a ejercer el oficio más viejo del mundo, que para el mismo Mood debe ser el de casco azul: verificó instalaciones militares sirias lejos de los lugares de conflicto armado (en Tartus, por ejemplo). Durante las sanciones contra Iraq, Estados Unidos utilizó a observadores internacionales como espías y, como le consta al sueco Rolf Ekeus, los obligó a mentir -"Bill" Clinton lo pedía- sobre armas de destrucción masiva inexistentes.
El secretario estadounidense de Defensa, Leon Panetta, dijo hace poco en Túnez, refiriéndose al líder sirio Bashar Al Assad: "si quiere protegerse a sí mismo y proteger a su familia, es mejor que se largue del infierno ahora". Si a "Ban" le dan la Orden del Burro en grado de Baboso Supremo, a Panetta le pueden dar la medalla al Mérito "Al Capone" por la forma de dirigirse a otros en la comunidad internacional. Ah, y te me vas ahorita, Bashar...Es a la voz de "ya".
En Siria opera el grupo Fatah al-Islam, catalogado ni más ni menos que en Estados Unidos como terrorista y con vínculos con Al-Qaeda en el pasado. Lo mismo ocurre con el Grupo Islámico Combatiente. La civilización occidental que combate al terrorismo lo apoya, así como el amigo "Ban" viola la Carta que defiende. "Eah", "eah", "eah". Mientras el presidente estadounidense Barack Obama autoriza operaciones encubiertas de la Central de Inteligencia Americana, CIA, para apoyar a la oposición armada siria -es decir, al terrorismo-, la cónsul general estadounidense Daria Darnell en Adana, Turquía, supervisa directamente el entrenamiento de estos matones -tal vez hasta cinco mil- con todas las características de las hordas primitivas.
Immanuel 2, Woody Chomsky y Fisk deploran que "nadie hace nada" -!uta!-, aunque hay incluso oficiales turcos y saudiárabes en suelo sirio, y los estadounidenses consideran que Obama es simpático y atractivo, es decir, que es de mucho carisma. Paul Craig Roberts, ex funcionario del gobierno de Reagan, le ha dicho al estadounidense promedio: "fuera de algunos detalles insignificantes, 'tu' gobierno te ha estado mintiendo permanentemente sobre todo lo que sea importante". El mismo estadounidense promedio se compra cualquier mentira, en parte porque no saber sale barato (ay no, qué feo está todo...mejor ni miro), y en parte por sentir el beneficio, ese éxtasis de ser el número uno. Qué importa si es chatarra, total, lleva marca Abercrombie y es muy "fit". Chatarra de marca... !Su mecha, todos queremos una!¿A quién vendemos?
La Organización de Naciones Unidas (ONU) no procede igual. Estados Unidos lanza una OPA (Oferta Pública de Adquisición) cuando le interesa liquidar a un país. Muchos, con tal de no quedarse sin su parte de acciones, aceptan la OPA. La Asamblea General de la ONU compra así, por gran mayoría, acciones contra el gobierno sirio. Luego las partes en conflicto son bursatilizadas para especular y hasta alguno discute, en vez de si está o no permitido liquidar la soberanía (o apostar en la desgracia), sobre la cotización del Manaf Tlass o de los "intereses" de Rusia.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, discípulo del ideólogo estadounidense Joseph Nye y egresado de Harvard, se despojó de sus atributos jurídicos con un encanto de streaper. "Ban", como lo llaman cariñosamente las agencias de prensa, pide una "transición" en Siria en aras del respeto a una Carta de Naciones Unidas que no autoriza a meterse en los asuntos de nadie. Los miembros de la ONU están teóricamente en igualdad soberana y no se puede usar la amenaza ni la fuerza contra la integridad territorial ni la independencia política de ningún Estado (artículo 2, puntos 1 al 4, que al parecer no tienen versión en coreano, o Cara de Luna Ki no lee en coreano). Mientras este amigo "Ban" se mete con Siria despojándose sensualmente de toda autoridad, la Asamblea grita "eah, eah, eah" como si la OPA tuviera que tener también de table dance. !Fuera ropa!!Fuera ropa! !Eh, eh, eh!. A su vez, el general Robert Mood, observador de Naciones Unidas en Siria, fue a ejercer el oficio más viejo del mundo, que para el mismo Mood debe ser el de casco azul: verificó instalaciones militares sirias lejos de los lugares de conflicto armado (en Tartus, por ejemplo). Durante las sanciones contra Iraq, Estados Unidos utilizó a observadores internacionales como espías y, como le consta al sueco Rolf Ekeus, los obligó a mentir -"Bill" Clinton lo pedía- sobre armas de destrucción masiva inexistentes.
El secretario estadounidense de Defensa, Leon Panetta, dijo hace poco en Túnez, refiriéndose al líder sirio Bashar Al Assad: "si quiere protegerse a sí mismo y proteger a su familia, es mejor que se largue del infierno ahora". Si a "Ban" le dan la Orden del Burro en grado de Baboso Supremo, a Panetta le pueden dar la medalla al Mérito "Al Capone" por la forma de dirigirse a otros en la comunidad internacional. Ah, y te me vas ahorita, Bashar...Es a la voz de "ya".
En Siria opera el grupo Fatah al-Islam, catalogado ni más ni menos que en Estados Unidos como terrorista y con vínculos con Al-Qaeda en el pasado. Lo mismo ocurre con el Grupo Islámico Combatiente. La civilización occidental que combate al terrorismo lo apoya, así como el amigo "Ban" viola la Carta que defiende. "Eah", "eah", "eah". Mientras el presidente estadounidense Barack Obama autoriza operaciones encubiertas de la Central de Inteligencia Americana, CIA, para apoyar a la oposición armada siria -es decir, al terrorismo-, la cónsul general estadounidense Daria Darnell en Adana, Turquía, supervisa directamente el entrenamiento de estos matones -tal vez hasta cinco mil- con todas las características de las hordas primitivas.
Immanuel 2, Woody Chomsky y Fisk deploran que "nadie hace nada" -!uta!-, aunque hay incluso oficiales turcos y saudiárabes en suelo sirio, y los estadounidenses consideran que Obama es simpático y atractivo, es decir, que es de mucho carisma. Paul Craig Roberts, ex funcionario del gobierno de Reagan, le ha dicho al estadounidense promedio: "fuera de algunos detalles insignificantes, 'tu' gobierno te ha estado mintiendo permanentemente sobre todo lo que sea importante". El mismo estadounidense promedio se compra cualquier mentira, en parte porque no saber sale barato (ay no, qué feo está todo...mejor ni miro), y en parte por sentir el beneficio, ese éxtasis de ser el número uno. Qué importa si es chatarra, total, lleva marca Abercrombie y es muy "fit". Chatarra de marca... !Su mecha, todos queremos una!¿A quién vendemos?
miércoles, 1 de agosto de 2012
NO ME AMENACES, NO ME AMEN...CES
En 1991 y en los años que siguieron, Occidente se puso a festinar aduciendo que, por fin, ya no había "amenaza soviética". Se repitió ante generaciones enteras y no deben faltar los rusos que se pregunten el motivo de que los agredan cuando ya no son una "amenaza". Desde que ya no hay "amenaza roja", Estados Unidos ha hecho varias guerritas: Panamá, Iraq, Yugoslavia, Somalia, Afganistán y Libia. Cada vez con un cuento nuevo.
El "argumento" de la "amenaza roja" no se sostiene en pruebas. Las bombas atómicas fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, antes de que los soviéticos tuvieran sus propias armas de este tipo. Churchill anunció la Guerra Fría en 1946, en Fulton, antes del bloqueo en Berlín o de que Checoslovaquia pasara al bloque soviético (1948). En 1947, George F. Kennan llamó a la contención contra el sovietismo, pero el mismo Kennan reconoció que pasarían muchos años antes de que Moscú pudiera ser una amenaza real. La OTAN, Organización para el Tratado del Atlántico Norte, se creó entre 1948 y 1949, sin que hubiera amenaza identificable, puesto que el Pacto de Varsovia (organización militar del sovietismo) surgió en 1955. Las fechas indican simplemente una escalada sin contraparte hasta 1955. Por cierto: el Muro de Berlín data de 1961. A lo que suena este tipo de discurso es a que se llama "amenaza" cualquier obstáculo al capricho propio. Toda enseñanza sobre la verdad del pasado está destruida y no hay experiencia de la cual aprender en Occidente. ¿Qué puede hacer alguien armado y sin experiencia ni capacidad para aprender? Pararse al tribunal -luego del crimen- con el pelo color rojo-naranja y cara de narcosis (con la sensibilidad y la conciencia disminuidas). Cara de "what?", vaya.
La verdad no importa por sí misma. Se mide. Frente a la verdad, así sea relativa, el occidental promedio se pregunta "en cuánto me va a salir". Así, la verdad, si incomoda o produce "malestar para la familia", se convierte en costo. Hay que devaluarla, minimizarla, incluso negarla cuando no se quiere pagar ningún costo. ¿En qué lugar se ha visto que un capitalista quiera pagarlo caro? Paul Craig Roberts, estadounidense nacido en 1939 y ex funcionario del gobierno de Reagan, ha escrito: "hoy en día los estadounidenses están gobernados por la propaganda. Los estadounidenses tienen poco respeto por la verdad, poco acceso a ella, y muy poca habilidad para reconocerla". ¿La verdad? "I don't buy it", así de simple. Denegada.
La "idea" es que se pueden conseguir beneficios sin pagar con ninguna consecuencia. !Agrede, es gratis! Si es así, vale más un cuento -"narrativa", dicen los enterados- que produzca placer y ganancia que una verdad incómoda y costosa. Sale "económico" vivir fantaseando. No es pura ignorancia. Es no querer saber, si sale barato ignorar. En suma: es no querer pagar. Lo menos.
Frente a lo que ocurre hoy en Siria, el presidente francés, Francois Hollande, declaró recientemente: "esa crisis se ha convertido en una amenaza para la paz y la seguridad internacional". Son palabras psicóticas, por completo fuera de la realidad: Siria no amenaza hoy a nadie (ni siquiera tiene armas como las que se atribuyen a Irán), ni a la paz de los hogares franceses o estadounidenses, ni a la seguridad internacional. Ni siquiera hay palabras de Damasco contra Israel, que ocupa el Golán. Nada. Hollande está fumado o delirando, como se quiera decir. Es como si el guasón de Colorado saliera con que los asistentes al cine eran una amenaza para su paz y su seguridad. Preventivamente, mató a varios. Por si acaso. ¿no?
¿El mundo está cayendo en manos de guasones? Sí, es lo que parece.
Con el agravante de que este comodín o Joker , Príncipe Payaso del Crimen, cuando están en juego la paz y la seguridad internacionales se presenta -para venderse caro- en batimóvil y con batichicas (tipo la Jolie o la "Shak"), a declarar la primer baticosa que le pasa por la baticabeza.
El "argumento" de la "amenaza roja" no se sostiene en pruebas. Las bombas atómicas fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, antes de que los soviéticos tuvieran sus propias armas de este tipo. Churchill anunció la Guerra Fría en 1946, en Fulton, antes del bloqueo en Berlín o de que Checoslovaquia pasara al bloque soviético (1948). En 1947, George F. Kennan llamó a la contención contra el sovietismo, pero el mismo Kennan reconoció que pasarían muchos años antes de que Moscú pudiera ser una amenaza real. La OTAN, Organización para el Tratado del Atlántico Norte, se creó entre 1948 y 1949, sin que hubiera amenaza identificable, puesto que el Pacto de Varsovia (organización militar del sovietismo) surgió en 1955. Las fechas indican simplemente una escalada sin contraparte hasta 1955. Por cierto: el Muro de Berlín data de 1961. A lo que suena este tipo de discurso es a que se llama "amenaza" cualquier obstáculo al capricho propio. Toda enseñanza sobre la verdad del pasado está destruida y no hay experiencia de la cual aprender en Occidente. ¿Qué puede hacer alguien armado y sin experiencia ni capacidad para aprender? Pararse al tribunal -luego del crimen- con el pelo color rojo-naranja y cara de narcosis (con la sensibilidad y la conciencia disminuidas). Cara de "what?", vaya.
La verdad no importa por sí misma. Se mide. Frente a la verdad, así sea relativa, el occidental promedio se pregunta "en cuánto me va a salir". Así, la verdad, si incomoda o produce "malestar para la familia", se convierte en costo. Hay que devaluarla, minimizarla, incluso negarla cuando no se quiere pagar ningún costo. ¿En qué lugar se ha visto que un capitalista quiera pagarlo caro? Paul Craig Roberts, estadounidense nacido en 1939 y ex funcionario del gobierno de Reagan, ha escrito: "hoy en día los estadounidenses están gobernados por la propaganda. Los estadounidenses tienen poco respeto por la verdad, poco acceso a ella, y muy poca habilidad para reconocerla". ¿La verdad? "I don't buy it", así de simple. Denegada.
La "idea" es que se pueden conseguir beneficios sin pagar con ninguna consecuencia. !Agrede, es gratis! Si es así, vale más un cuento -"narrativa", dicen los enterados- que produzca placer y ganancia que una verdad incómoda y costosa. Sale "económico" vivir fantaseando. No es pura ignorancia. Es no querer saber, si sale barato ignorar. En suma: es no querer pagar. Lo menos.
Frente a lo que ocurre hoy en Siria, el presidente francés, Francois Hollande, declaró recientemente: "esa crisis se ha convertido en una amenaza para la paz y la seguridad internacional". Son palabras psicóticas, por completo fuera de la realidad: Siria no amenaza hoy a nadie (ni siquiera tiene armas como las que se atribuyen a Irán), ni a la paz de los hogares franceses o estadounidenses, ni a la seguridad internacional. Ni siquiera hay palabras de Damasco contra Israel, que ocupa el Golán. Nada. Hollande está fumado o delirando, como se quiera decir. Es como si el guasón de Colorado saliera con que los asistentes al cine eran una amenaza para su paz y su seguridad. Preventivamente, mató a varios. Por si acaso. ¿no?
¿El mundo está cayendo en manos de guasones? Sí, es lo que parece.
Con el agravante de que este comodín o Joker , Príncipe Payaso del Crimen, cuando están en juego la paz y la seguridad internacionales se presenta -para venderse caro- en batimóvil y con batichicas (tipo la Jolie o la "Shak"), a declarar la primer baticosa que le pasa por la baticabeza.
jueves, 26 de julio de 2012
BIEN BARAS
La guerra es para Estados Unidos un negocio, y decirlo no es hacer propaganda contra Washington. Es aprender a sacar las cuentas, en vez de dejarse timar.
Lo más importante de la fuerza hitleriana en la Segunda Guerra Mundial estaba derrotado entre noviembre de 1942 y principios de 1943, cuando los nazis fueron cercados y vencidos en el frente oriental ruso -Stalingrado. Los estadounidenses se asomaron tímidamente a Sicilia a mediados de 1943. El desembarco del Día D en Normandía es de junio de 1944, alrededor de año y medio después de que el grueso del ejército de Hitler estuviera quebrado.
Stalin pidió que el frente occidental se abriera pronto, para evitar el desgaste de la guerra en el Este, pero los occidentales hicieron tiempo. Los anglosajones esperaron a que los europeos siguieran golpeándose entre sí -quedando en remate- para ahorrarse al máximo el costo de abrir el frente occidental y llegar cuando estaban asegurados beneficios. Es decir que los anglosajones midieron la guerra especulando con la quiebra de Europa, y esperando a que estuviera debilitada lo suficiente como para que la "ayuda" no saliera demasiado cara. ¿Es entendible, no?. Desde entonces, Estados Unidos tomó la costumbre de hacer las guerras rentables: desgastar hasta que el enemigo a vencer salga en rebaja y las posibilidades de beneficio aumenten.
El tiempo que Estados Unidos maneja en las guerras es económico. Consiste en abaratar el campo de batalla para adquirirlo, de ser posible, a precio de ganga. Una guerra bien baras.
Por cierto: "daños colaterales" quiere decir "costo humano" o "costo en vidas".
Hasta en círculos de supuesta izquierda era posible oír, en la segunda posguerra del siglo XX, la repetición del modo anglosajón de ver la Segunda Guerra Mundial. No hubo mérito ruso. Nadie está en deuda con Rusia y, si la hubiera, no debiera pagarse. ¿Acaso no eran totalitarios?¿Usted daría algo por un totalitario?¿Ni un centavo, verdad, querido demócrata?
La fuerza hitleriana fue derrotada por el "General Invierno", algo así como la mala suerte de que no se hubiera inventado el Redoxon Forte (vitamina C, de Roche) y que las tropas del Fuhrer no tuvieran suficientes desenfriolitos. De este modo, se sigue con la operación: se devalúa todo mérito del enemigo (que pasó a serlo tan pronto empezó la Guerra Fría) y el factor humano es simple objeto de medición. Algunos analistas rusos han sugerido que esta operación no tiene ni pies ni cabeza: ¿no sabían los atacantes alemanes que al otoño sigue el invierno?¿El frío pega distinto según se trate de un soldado alemán o de uno ruso?¿O los rusos fueron atacados por tontos? La verdad es que Hitler "estimó" -otra medición- una guerra relámpago barata -de unos dos o tres meses, rapidito- contra subhumanos, seres devaluados. ¿Acaso no era lo que decía la propaganda antibolchevique en Occidente? La Europa en descuento se la llevaron los estadounidenses. Llegaron al final con cara de "qué onda, ¿qué pasa aquí?". "¿güerrras ancestraules, man?"
La guerra soñada ya tuvo lugar: consiste en lanzar dos bombas atómicas sin el menor costo (cuando el enemigo se ha rendido, además). !La guerra, gratis!
La labor de la izquierda, la prensa (con muy pocas excepciones independientes), los observadores y funcionarios de Naciones Unidas, la televisión y esa avestruz llamada "opinión pública" es como para que el imperio quede muy agradecido, muy agradecido. El potencial agresor hace una oferta y pone un precio: se discute del precio del Noriega, de la cotización del Hussein, de los bonos del Milosevic, de si bajó o subió el Aidid, del índice Osama. Regatean como si no hubiera consecuencias, es decir, como si estuviera en juego el obtener algún beneficio sin pagar demasiado. Cuando han terminado de desarmar al enemigo rebajándolo (¿Noriega es narco?¿Milosevic es burócrata?¿Hussein es déspota?¿Aidid es tribal?¿Osama es bueno o malo?), Estados Unidos se aparece a comprar en remate.
La pregunta no es si la guerra es buena o mala, si debiera permitirse o si proscribirse. No. La pregunta es: ¿cuánto es?.
Pregunta, de José de Jesús Martínez en el documental de Barbara Trent ("The Panama Deception"): how can you be so stupid?
Lo más importante de la fuerza hitleriana en la Segunda Guerra Mundial estaba derrotado entre noviembre de 1942 y principios de 1943, cuando los nazis fueron cercados y vencidos en el frente oriental ruso -Stalingrado. Los estadounidenses se asomaron tímidamente a Sicilia a mediados de 1943. El desembarco del Día D en Normandía es de junio de 1944, alrededor de año y medio después de que el grueso del ejército de Hitler estuviera quebrado.
Stalin pidió que el frente occidental se abriera pronto, para evitar el desgaste de la guerra en el Este, pero los occidentales hicieron tiempo. Los anglosajones esperaron a que los europeos siguieran golpeándose entre sí -quedando en remate- para ahorrarse al máximo el costo de abrir el frente occidental y llegar cuando estaban asegurados beneficios. Es decir que los anglosajones midieron la guerra especulando con la quiebra de Europa, y esperando a que estuviera debilitada lo suficiente como para que la "ayuda" no saliera demasiado cara. ¿Es entendible, no?. Desde entonces, Estados Unidos tomó la costumbre de hacer las guerras rentables: desgastar hasta que el enemigo a vencer salga en rebaja y las posibilidades de beneficio aumenten.
El tiempo que Estados Unidos maneja en las guerras es económico. Consiste en abaratar el campo de batalla para adquirirlo, de ser posible, a precio de ganga. Una guerra bien baras.
Por cierto: "daños colaterales" quiere decir "costo humano" o "costo en vidas".
Hasta en círculos de supuesta izquierda era posible oír, en la segunda posguerra del siglo XX, la repetición del modo anglosajón de ver la Segunda Guerra Mundial. No hubo mérito ruso. Nadie está en deuda con Rusia y, si la hubiera, no debiera pagarse. ¿Acaso no eran totalitarios?¿Usted daría algo por un totalitario?¿Ni un centavo, verdad, querido demócrata?
La fuerza hitleriana fue derrotada por el "General Invierno", algo así como la mala suerte de que no se hubiera inventado el Redoxon Forte (vitamina C, de Roche) y que las tropas del Fuhrer no tuvieran suficientes desenfriolitos. De este modo, se sigue con la operación: se devalúa todo mérito del enemigo (que pasó a serlo tan pronto empezó la Guerra Fría) y el factor humano es simple objeto de medición. Algunos analistas rusos han sugerido que esta operación no tiene ni pies ni cabeza: ¿no sabían los atacantes alemanes que al otoño sigue el invierno?¿El frío pega distinto según se trate de un soldado alemán o de uno ruso?¿O los rusos fueron atacados por tontos? La verdad es que Hitler "estimó" -otra medición- una guerra relámpago barata -de unos dos o tres meses, rapidito- contra subhumanos, seres devaluados. ¿Acaso no era lo que decía la propaganda antibolchevique en Occidente? La Europa en descuento se la llevaron los estadounidenses. Llegaron al final con cara de "qué onda, ¿qué pasa aquí?". "¿güerrras ancestraules, man?"
La guerra soñada ya tuvo lugar: consiste en lanzar dos bombas atómicas sin el menor costo (cuando el enemigo se ha rendido, además). !La guerra, gratis!
La labor de la izquierda, la prensa (con muy pocas excepciones independientes), los observadores y funcionarios de Naciones Unidas, la televisión y esa avestruz llamada "opinión pública" es como para que el imperio quede muy agradecido, muy agradecido. El potencial agresor hace una oferta y pone un precio: se discute del precio del Noriega, de la cotización del Hussein, de los bonos del Milosevic, de si bajó o subió el Aidid, del índice Osama. Regatean como si no hubiera consecuencias, es decir, como si estuviera en juego el obtener algún beneficio sin pagar demasiado. Cuando han terminado de desarmar al enemigo rebajándolo (¿Noriega es narco?¿Milosevic es burócrata?¿Hussein es déspota?¿Aidid es tribal?¿Osama es bueno o malo?), Estados Unidos se aparece a comprar en remate.
La pregunta no es si la guerra es buena o mala, si debiera permitirse o si proscribirse. No. La pregunta es: ¿cuánto es?.
Pregunta, de José de Jesús Martínez en el documental de Barbara Trent ("The Panama Deception"): how can you be so stupid?
sábado, 21 de julio de 2012
TODO REGALADO: IZQUIERDA DE GARAGE
Nada más falso que afirmar que la caída del Muro de Berlín y luego la de la Unión Soviética produjeron confusión, frustración y desaliento en la izquierda latinoamericana y en la intelectualidad local. Tampoco llevó a debilitar, marginar y poner a la defensiva a nadie. ¿Quién, sobre todo en la intelectualidad de izquierda, salió en defensa del sovietismo? Nadie, porque para ese entonces ya no se trataba de experiencia, sino de conveniencia. Lo primero que hizo uno que otro fue deslindarse de los "comunistas que lloraron en La Habana" (qué chillones).
No había entre 1989 y 1991 partidos comunistas prosoviéticos fuertes en América Latina: el chileno estaba debilitado y orientado en parte hacia acciones armadas, el uruguayo había sido reprimido, y el salvadoreño se había sumado hace rato al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional -FMLN.
Los únicos "estalinistas" que quedaban eran grupúsculos reconocibles por sus siglas PC-ML (Partido Comunista-Marxista Leninista), es decir, los llamados "albaneses", sin ningún peso.
Los libros soviéticos no se leían en la intelectualidad. Era más frecuente que se leyera a Isaac Deutscher (un excelente biógrafo de Trotski y autor de una biografía de Stalin) que a Stalin. Quien quisiera enterarse de la "cuestión nacional" o del "materialismo dialéctico y el materialismo histórico" debía pasar por las versiones chinas, las Ediciones en Lenguas Extranjeras, porque los soviéticos no promovían las obras de Stalin, ni en editorial Progreso, ni en Mir, ni en Raduga. Se encontraba con mayor facilidad -en la edición china- el Pequeño Libro Rojo del líder chino Mao Zedong. Y se leía más a Mandel, otro muy buen clásico y de rigor del trotskismo.
Aunque aliada de Moscú, Cuba no veía con buenos ojos el "estalinismo": la prueba está en la biografía de Stalin de Armando Hart, antiguo ministro de Cultura cubano y muestra del "espíritu 26 de julio". Celia Hart simpatizaba con el trostkismo.
La izquierda latinoamericana se vio más afectada por la derrota de Daniel Ortega en Nicaragua, en 1990, puesto que en ese país se estaba haciendo algo "muy original y diferente", con operaciones de marketing patrocinadas por los socialistas franceses. Por cierto, basta ver cómo se condujeron algunos ex comunistas haitianos procubanos: aunque llorando, admitieron que Jean-Bertrand Aristide volviera a principios de los años '90 a Haití con una fuerza extranjera. A la izquierda vía el imperio.
La intervención en Panamá, en 1989, fue tomada como un coletazo del imperio, nada más. El escritor mexicano Carlos Fuentes -su esposa, Silvia Lemus, tenía por interlocutor en televisión al criminal Joaquín Villalobos, con tal de que no fuera Schafick Handal-, consideraba que Estados Unidos no se atrevería a atacar a ningún país con más de tres millones de habitantes, según un artículo publicado en un periódico mexicano.
¿A quien podía afectar la caída del socialismo real si no tenía partidarios en América Latina?
La izquierda y la intelectualidad cayeron en un problema de psicosis. Habían afirmado por suficiente tiempo que en la Unión Soviética no había socialismo de verdad. Los más "teóricos" veían "capitalismo de Estado". Lo realmente existente eran defectos y errores. Es decir, izquierda e intelectualidad de izquierda negaban que hubiera "socialismo realmente existente". Así que la intelectualidad de izquierda se vió afectada por la desaparición de algo que no existía. Víctima de una alucinación. ¿Qué tal?
"Don" (!puf!) Eduardo Galeano, favorito de los hijos de la nomenklatura procubana, escribió el único lamento, "El niño perdido en la intemperie", texto que es una deplorable cochinada contra el prójimo en dificultades, con las siguientes palabras: "¿O todo ésto era, más bien, una estafa histórica. Lo escribo desde un punto de vista latinoamericano y me pregunto: si así fue, si así fuera, ¿Por qué vamos a pagar nosotros el precio el precio de esa estafa?". La operación era impecable (incluida la bofetada !al Partido Comunista nicaragüense!!qué valentía la de este "Don"!). El qué-me-importa criollo volvía por sus fueros. ¿Se cayó? ¿y a mí qué? Que les den...Screw you.
Gracias a operaciones como la de este oficinista uruguayo, pudo pasarse a lo que más convenía: al fin, íbamos a poder ser de izquierda moderna -"yo nunca fui rojillo", "no me vayan a confundir"- y luchar por el poder sin que nos acusaran de "estalinistas" y de "agentes de Moscú". !Al fin libres! Es decir, convenía terminar de deshacerse del sovietismo para sacarle algún beneficio a la circunstancia. Lo cual se llama medrar, o incluso lucrar en la desgracia ajena.¿Qué tal hacer leña del árbol caído? ¿Se acabó la Unión Soviética? !Es rentable!
Para abaratar el costo, bastaba con añadir que no era nuestro asunto. Aunque nos hubiera llegado la plata y la solidaridad.
La "Historia" se cuenta hoy "para los fines que convengan al interesado". Quiere decir que la intelectualidad de izquierda -gran parte de la cubana incluida- no piensa (está dis-pensada), sino que hace "operaciones". El capitalismo también, y para operaciones, nada mejor que las estadounidenses. Ellos sí saben cómo hacerlo.
Barack: no te vayas, te queremos. Mariela y Hugo.
No había entre 1989 y 1991 partidos comunistas prosoviéticos fuertes en América Latina: el chileno estaba debilitado y orientado en parte hacia acciones armadas, el uruguayo había sido reprimido, y el salvadoreño se había sumado hace rato al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional -FMLN.
Los únicos "estalinistas" que quedaban eran grupúsculos reconocibles por sus siglas PC-ML (Partido Comunista-Marxista Leninista), es decir, los llamados "albaneses", sin ningún peso.
Los libros soviéticos no se leían en la intelectualidad. Era más frecuente que se leyera a Isaac Deutscher (un excelente biógrafo de Trotski y autor de una biografía de Stalin) que a Stalin. Quien quisiera enterarse de la "cuestión nacional" o del "materialismo dialéctico y el materialismo histórico" debía pasar por las versiones chinas, las Ediciones en Lenguas Extranjeras, porque los soviéticos no promovían las obras de Stalin, ni en editorial Progreso, ni en Mir, ni en Raduga. Se encontraba con mayor facilidad -en la edición china- el Pequeño Libro Rojo del líder chino Mao Zedong. Y se leía más a Mandel, otro muy buen clásico y de rigor del trotskismo.
Aunque aliada de Moscú, Cuba no veía con buenos ojos el "estalinismo": la prueba está en la biografía de Stalin de Armando Hart, antiguo ministro de Cultura cubano y muestra del "espíritu 26 de julio". Celia Hart simpatizaba con el trostkismo.
La izquierda latinoamericana se vio más afectada por la derrota de Daniel Ortega en Nicaragua, en 1990, puesto que en ese país se estaba haciendo algo "muy original y diferente", con operaciones de marketing patrocinadas por los socialistas franceses. Por cierto, basta ver cómo se condujeron algunos ex comunistas haitianos procubanos: aunque llorando, admitieron que Jean-Bertrand Aristide volviera a principios de los años '90 a Haití con una fuerza extranjera. A la izquierda vía el imperio.
La intervención en Panamá, en 1989, fue tomada como un coletazo del imperio, nada más. El escritor mexicano Carlos Fuentes -su esposa, Silvia Lemus, tenía por interlocutor en televisión al criminal Joaquín Villalobos, con tal de que no fuera Schafick Handal-, consideraba que Estados Unidos no se atrevería a atacar a ningún país con más de tres millones de habitantes, según un artículo publicado en un periódico mexicano.
¿A quien podía afectar la caída del socialismo real si no tenía partidarios en América Latina?
La izquierda y la intelectualidad cayeron en un problema de psicosis. Habían afirmado por suficiente tiempo que en la Unión Soviética no había socialismo de verdad. Los más "teóricos" veían "capitalismo de Estado". Lo realmente existente eran defectos y errores. Es decir, izquierda e intelectualidad de izquierda negaban que hubiera "socialismo realmente existente". Así que la intelectualidad de izquierda se vió afectada por la desaparición de algo que no existía. Víctima de una alucinación. ¿Qué tal?
"Don" (!puf!) Eduardo Galeano, favorito de los hijos de la nomenklatura procubana, escribió el único lamento, "El niño perdido en la intemperie", texto que es una deplorable cochinada contra el prójimo en dificultades, con las siguientes palabras: "¿O todo ésto era, más bien, una estafa histórica. Lo escribo desde un punto de vista latinoamericano y me pregunto: si así fue, si así fuera, ¿Por qué vamos a pagar nosotros el precio el precio de esa estafa?". La operación era impecable (incluida la bofetada !al Partido Comunista nicaragüense!!qué valentía la de este "Don"!). El qué-me-importa criollo volvía por sus fueros. ¿Se cayó? ¿y a mí qué? Que les den...Screw you.
Gracias a operaciones como la de este oficinista uruguayo, pudo pasarse a lo que más convenía: al fin, íbamos a poder ser de izquierda moderna -"yo nunca fui rojillo", "no me vayan a confundir"- y luchar por el poder sin que nos acusaran de "estalinistas" y de "agentes de Moscú". !Al fin libres! Es decir, convenía terminar de deshacerse del sovietismo para sacarle algún beneficio a la circunstancia. Lo cual se llama medrar, o incluso lucrar en la desgracia ajena.¿Qué tal hacer leña del árbol caído? ¿Se acabó la Unión Soviética? !Es rentable!
Para abaratar el costo, bastaba con añadir que no era nuestro asunto. Aunque nos hubiera llegado la plata y la solidaridad.
La "Historia" se cuenta hoy "para los fines que convengan al interesado". Quiere decir que la intelectualidad de izquierda -gran parte de la cubana incluida- no piensa (está dis-pensada), sino que hace "operaciones". El capitalismo también, y para operaciones, nada mejor que las estadounidenses. Ellos sí saben cómo hacerlo.
Barack: no te vayas, te queremos. Mariela y Hugo.
viernes, 20 de julio de 2012
¡PREMIO MAYOR!!PREMIO MAYOR!
El anticomunismo es un defecto un
tanto feo de Occidente. Este anticomunismo sirve al marketing. No tiene nada
que ver con ideas y mucho menos con pruebas. Es una operación financiera.
Quienes peor lo hacen –ellos no saben cómo hacerlo- son quienes aseguran que la
Revolución de Octubre fue un paradigma (sic) en América Latina hasta el
desplome de la Unión Soviética en 1991. Este tipo de operación tiene algo de
psicótico: descalifica una alucinación que consiste en ver comunistas o
marxistas –dogmáticos, estalinistas, etcétera- donde no hay nada. El
anticomunismo está aún de moda por sistema y por adicción, aunque lleve a tirar
de manotazos donde no hay nada. Es un modo de no pensar. En vez de pensar, hay
que saber medir: ¿cuál es la ganancia? ¿Cuál el costo? Luego empieza uno a
agenciar las cosas de acuerdo con este supuesto “sentido común”: nadie paga
mucho por algo barato o devaluado y cualquiera busca vender a buen precio. Como
te vendes te tratan, bebé.
El XX Congreso del Partido
Comunista de la Unión Soviética tuvo lugar en 1956, cerca de tres años antes de
la Revolución Cubana. Ese Congreso no enmendó muchas de las taras del periodo
de Stalin, pero fue muy útil para desconcertar a los comunistas y lanzar a
Occidente a una crítica muy fuerte de todo lo que fuera “burocracia”. El impacto
en los viejos comunistas llevó a que muchos pidieran a finales de los ’70 un
“socialismo con rostro humano” (lo cual sonaba ya un tanto a marketing: hoy
“se” quiere capitalismo con rostro humano, nada más). Los cubanos pronto
juraron no repetir los errores soviéticos, y los nicaragüenses no repetir los
errores cubanos. Si los guerrilleros guevaristas guatemaltecos hubieran llegado
al poder, habrían buscado no repetir los errores nicaragüenses. El “sub”
mexicano no repitió los errores guatemaltecos.
La ruptura entre China y la Unión
Soviética es de 1960. El Tercer Mundo simpatizó mucho más con el maoísmo que
con el frío, aburrido y reprimido sovietismo. ¿Burócratas? No gracias. Hay que
saber meterse al Yang-Tsé, el Río Amarillo (y luego al Yellow Submarine, si se
trata de hacer agua). Entre el maoísmo y el trotskismo (no era desdeñable en
algunos países de América Latina, de Perú a México, donde murió asesinado Trotski),
los prosoviéticos quedaron muchas veces aislados y reducidos a casi nada,
porque “no sabían cómo hacerlo”. En cambio, quienes se adaptan a cualquier
novedad “sí saben cómo hacerla”. Típico asunto estadounidense: lo nuevo es
bueno por definición, lo pasado, malo.
La Revolución Cubana es de 1959.
Aunque aliada con la Unión Soviética, promovió la lucha armada ante las voces
–silenciadas- de los comunistas que se oponían. Cuba no apoyó en ningún lugar a
los comunistas latinoamericanos. ¿No fue un ladrillo de la señora Harnecker el que
tumbó al pobre de Allende? ¿Qué es eso del Frente Popular y la alianza con la
burguesía cuando la revolución urge?!Urge!!Era para ayer! Entre chinos,
trotskos y “para nosotros siempre es 26” (sí, nuestro deber es luchar 24 horas
sobre 24, más de las solicitadas por Brecht), no había modo de que
sobrevivieran prosoviéticos. Cuando urge, es que urge. Donde quedaban, sobre
todo en parte del Cono Sur, los comunistas siguieron siendo objeto de represión
y el asunto casi (casi) se acabó.
Bajo la influencia del deshielo,
el desmaye, Diván el Terrible, la china y el Trotski, cualquiera que defendiera
el sovietismo en los años ’70 (¡hace cuarenta años!) parecía burócrata,
trasnochado, crudo y más extraviado que un hippie fumado en Woodstock o en
Avándaro. A su vez, los partidos comunistas de Europa Occidental se hicieron
“eurocomunistas”, muy, muy críticos de Moscú: ¿suenan Enrico Berlinger,
Santiago Carrillo o Jorge Semprún? Ya llovió, son casi “oldies but goodies” de
la historia comunista motherna. Hace cuatro décadas no había quien diera un
centavo por el socialismo real. Solidarnosc estaba a la vuelta de la esquina. Cuando
llegó la perestroika, fue saludada como un homenaje a Occidente. El osito Misha
debía adaptarse y los viejos comunistas saludaron la llegada del consumo y el
bienestar para la familia.
El 68 tuvo lugar más de veinte
años antes de la perestroika, al igual que la Primavera de Praga, que fue la
puntilla para el socialismo realmente existente. ¿Quedaba gente en Occidente
para defender el socialismo real (sin comillas) en los años ’70, o incluso
desde finales de los ’60? No mucha. Más bien dicho, no quedaba casi nadie. Ya
en los ’70, la experiencia soviética no era un referente de algún valor, y más
bien se devaluaba. Que a la intelectualidad de izquierda le afectó el “nervous
break down” del socialismo real en 1991, creando confusión, es falso: aquélla
llevaba cerca de dos décadas en otra onda. Además, no era el socialismo que
queríamos. Ni socialismo. Ni utopía. Los intelectuales quieren utopías, estar
en ninguna parte, ser lunáticos y que no los estén molestando con lo “feo”. No
tiene sentido deslindarse de viejos comunistas que no pesan hoy en nada y que las más de las veces ya no están, desde
hace muchas –pero bastantes- décadas, o en deshacerse de marxistas colapsados
(qué desmaye) ahora que el marxismo dejó de interesar (Fidel, ése le reza a
Joseph Stiglitz). Ni siquiera a los soviéticos les gustaba mayormente Marx. Das
Kapital (¿queeé?)no es light, ni tiene rostro humano, ni da derecho a la
felicidad. Ni se vive de “eso”. ¿Hijito y de qué vas a comer?
El anticomunismo y el
antisovietismo sirven para colar a la izquierda de hoy –y al despistado que
nunca falta- en una operación mercantil. No se trata de pensar. ¡Des-pensa!
Consiste en buscar alguna ventaja o algún beneficio: el que practica este tipo
de operación se vende como nuevo (¡a new me!), a buen precio, y se deshace de
algo barato y devaluado (¿quién no?), para el caso viejos comunistas, marxistas
colapsados o paradigmas más que octogenarios, entre los cachivaches. Se vende.
Nadie se pregunta si tiene valor o no lo que se vende. Cualquiera en sus cinco
sentidos sabe que sacar la mayor ganancia al menor costo es lo propio del mundo
actual. Comunistas, marxistas y bolcheviques salen sobrando, salvo en lo que
sirven para el que especula en el mercado del palique: se trata de saber
cotizarse al alza, de adquirir acciones y de deshacerse de la empresa quebrada –o
terminando de quebrarla, para comprar barato y vender caro. Como operación, está al día y quien la hace “sí
sabe cómo hacerlo”. Procura además bienestar para la familia. ¿Las evidencias
sostienen otra cosa que el discurso? Please, do not disturb. Aunque la realidad
y el pensamiento no son una simple operación costo/beneficio: el problema está
en denegar las pruebas, porque denegar supone no ver la realidad, o llegar a
tomar por realidad lo que se cree ver, o creer que es realidad la creencia que
produce la operación. Veo lo que conviene: lo que me beneficia al menor costo.
La operación no garantiza sentido. Bueno: ¿qué es la realidad? No lo sabemos.
Menos si es “fea”. El anticomunismo fue el primer síntoma de que el mundo
capitalista entraba en una fase muy, pero muy superior. Superior a cualquiera, vaya…
CARNICERO BALCANICO MATA A POLLITO CROATA
En los Balcanes, lugar de "odios ancestrales", de nombres que no se entienden y "no le entiendo nada", la política estadounidense es fácil de resumir: haz lo que te digo, no lo que hago.
¿Luchamos contra el terrorismo? Sí, promoviéndolo en Chechenia, pero también en Bosnia-Herzegovina, en el corazón de la antigua Yugoslavia, donde, muy en concreto, estuvieron operando terroristas de Al-Qaeda a mediados de los años '90, sin ser molestados, desde Said Atmani (coludido con Osama Bin Laden) hasta Khalid Sheikh Mohammed, luego citado como uno de los (presuntos) culpables del ataque del 11/S contra las Torres Gemelas en Nueva York.
¿Luchamos contra la limpieza étnica que nos tiene siempre tan indignados? Puede ser, pero no incomoda si la hacen nuestros amiguitos. Después de todo, los serbios fueron expulsados en su mayoría de Kosovo, no de manera muy pacífica que digamos. Occidente amparó al terrorismo kosovar, además musulmán. En Croacia, los serbios -unos 200 mil, en Krajina- también fueron sacados a tiros, y unos 150 asesinados (estimando por lo bajo). ¿La lógica de qué?¿Para evitar la "Gran Serbia" expulsamos a los serbios de todas partes? Según documentos que obran en poder del Tribunal Criminal para la antigua Yugoslavia, el antiguo presidente croata, Franjo Tudjman, es quien dió la orden de la limpieza étnica mediante la llamada "Operación Tormenta", llamando literalmente (consta en transcripciones que tiene el mismo tribunal) a "desaparecer" a los serbios. En Krajina, el encargado de la limpieza étnica fue Ante Gotovina, ex de la Legión Extranjera en Chad. Para quien siga pensando que a "nuestra América" le tiene sin cuidado lo que hacen "los tipos ésos": el tal Gotovina, un peligroso de extrema derecha, fue "instructor de comandos" en Guatemala, Paraguay, Colombia, Argentina y Brasil. La lista dice mucho. Cuando nos convino, fuimos No-Alineados y amigos de Tito. Cuando ya no, a lo de Yugoslavia "no le entendimos nada". !Que se maten! Gotovina si le entendió. ¿La derecha de la Media Luna boliviana no tiene que ver con la antigua Yugoslavia?
!Estamos contra el narcotráfico! Sí, pero donde estamos, lo promovemos. Según Viktor Ivanov, del Servicio Federal de Control de Drogas ruso, Kosovo es la gran plataforma de narcotráfico en Europa -narcotráfico que involucra a saudiárabes y a los Emiratos Arabes Unidos, lugar de veraneo de incautas señoritas rusas.
Y claro, el nazismo, como cualquier totalitarismo, nos mueve a conmoción -verbal, claro está. Pero a las actuales "autoridades" húngaras no les importó que el criminal de guerra nazi Lazlo Csizsik Csatary, asesino de más de 15 mil judíos durante la última guerra mundial (en el gueto eslovaco de Kassa, en Kosice), viviera en territorio húngaro por 14 años, muy tranquilo, sin ocultarse ni tener falsa identidad (a diferencia de cuando estuvo en Canadá). ¿Acaso los húngaros no tienen agravios contra los ex checoslovacos? Si el Centro Wiesenthal no se mueve, los húngaros no hacen nada. En Croacia, otra perla del jesuitismo, el primer ministro Ivo Sanader considera un crimen la ejecución de colaboradores croatas de los nazis. El ministro del Interior croata, Tomislav Karamarko, y el diputado Jadranka Kosor, fueron a ponerles velas a las fosas de estas víctimas del titismo. Como en el Báltico, en Hungría y en Croacia no incomoda tolerar a los nazis, ni llevarles velitas para que tengan su Happy Birthday. Tito no era light.
En resumen: tenemos discursos preciosos y en los hechos, promovemos activamente la protección a criminales nazis, las limpiezas étnicas, el narcotráfico y el terrorismo (algo probado por Radovan Karadzic en un juicio en La Haya, lo que, desde luego, no tiene seguimiento mediático). Es poco decir que algunos duermen con el enemigo. A pierna suelta y con felices sueños.
¿Luchamos contra el terrorismo? Sí, promoviéndolo en Chechenia, pero también en Bosnia-Herzegovina, en el corazón de la antigua Yugoslavia, donde, muy en concreto, estuvieron operando terroristas de Al-Qaeda a mediados de los años '90, sin ser molestados, desde Said Atmani (coludido con Osama Bin Laden) hasta Khalid Sheikh Mohammed, luego citado como uno de los (presuntos) culpables del ataque del 11/S contra las Torres Gemelas en Nueva York.
¿Luchamos contra la limpieza étnica que nos tiene siempre tan indignados? Puede ser, pero no incomoda si la hacen nuestros amiguitos. Después de todo, los serbios fueron expulsados en su mayoría de Kosovo, no de manera muy pacífica que digamos. Occidente amparó al terrorismo kosovar, además musulmán. En Croacia, los serbios -unos 200 mil, en Krajina- también fueron sacados a tiros, y unos 150 asesinados (estimando por lo bajo). ¿La lógica de qué?¿Para evitar la "Gran Serbia" expulsamos a los serbios de todas partes? Según documentos que obran en poder del Tribunal Criminal para la antigua Yugoslavia, el antiguo presidente croata, Franjo Tudjman, es quien dió la orden de la limpieza étnica mediante la llamada "Operación Tormenta", llamando literalmente (consta en transcripciones que tiene el mismo tribunal) a "desaparecer" a los serbios. En Krajina, el encargado de la limpieza étnica fue Ante Gotovina, ex de la Legión Extranjera en Chad. Para quien siga pensando que a "nuestra América" le tiene sin cuidado lo que hacen "los tipos ésos": el tal Gotovina, un peligroso de extrema derecha, fue "instructor de comandos" en Guatemala, Paraguay, Colombia, Argentina y Brasil. La lista dice mucho. Cuando nos convino, fuimos No-Alineados y amigos de Tito. Cuando ya no, a lo de Yugoslavia "no le entendimos nada". !Que se maten! Gotovina si le entendió. ¿La derecha de la Media Luna boliviana no tiene que ver con la antigua Yugoslavia?
!Estamos contra el narcotráfico! Sí, pero donde estamos, lo promovemos. Según Viktor Ivanov, del Servicio Federal de Control de Drogas ruso, Kosovo es la gran plataforma de narcotráfico en Europa -narcotráfico que involucra a saudiárabes y a los Emiratos Arabes Unidos, lugar de veraneo de incautas señoritas rusas.
Y claro, el nazismo, como cualquier totalitarismo, nos mueve a conmoción -verbal, claro está. Pero a las actuales "autoridades" húngaras no les importó que el criminal de guerra nazi Lazlo Csizsik Csatary, asesino de más de 15 mil judíos durante la última guerra mundial (en el gueto eslovaco de Kassa, en Kosice), viviera en territorio húngaro por 14 años, muy tranquilo, sin ocultarse ni tener falsa identidad (a diferencia de cuando estuvo en Canadá). ¿Acaso los húngaros no tienen agravios contra los ex checoslovacos? Si el Centro Wiesenthal no se mueve, los húngaros no hacen nada. En Croacia, otra perla del jesuitismo, el primer ministro Ivo Sanader considera un crimen la ejecución de colaboradores croatas de los nazis. El ministro del Interior croata, Tomislav Karamarko, y el diputado Jadranka Kosor, fueron a ponerles velas a las fosas de estas víctimas del titismo. Como en el Báltico, en Hungría y en Croacia no incomoda tolerar a los nazis, ni llevarles velitas para que tengan su Happy Birthday. Tito no era light.
En resumen: tenemos discursos preciosos y en los hechos, promovemos activamente la protección a criminales nazis, las limpiezas étnicas, el narcotráfico y el terrorismo (algo probado por Radovan Karadzic en un juicio en La Haya, lo que, desde luego, no tiene seguimiento mediático). Es poco decir que algunos duermen con el enemigo. A pierna suelta y con felices sueños.
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