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martes, 27 de noviembre de 2012

ONE GUEY

Vaya, hasta la llegada de la clase media estadounidense, el mundo era un lugar inhóspito.
     Siempre lo fue. Desde la Biblia, diríase que muy poco cambió, salvo por la aparición de la clase media.
     Antes de principios de los '90 del siglo pasado, el mundo estaba lleno de dinosaurios y era algo así como un Parque Jurásico: los menos malos eran autoritarios, y los peores eran totalitarios, gruesísimo. No vale la pena detenerse mucho en el tema. Son cosas del ayer. No había regímenes capaces de crear una gran clase media, a diferencia de la que se volvió mayoría después de la guerra en los principales países occidentales. No hay nada que aprender del pasado: ¿qué habría que aprender de gente  tan mala?
     El único gran ejemplo fue Winston Churchill, para quien la democracia es de lo peor, pero no hay de otra. Sí, somos de lo peor. Pero no hay de otra. No viene al caso tener nostalgia de un pasado horrendo.
     Cuando uno vive en el paraíso, no hay que preocuparse por el futuro, ni nada qué saber de él. El futuro era Nostradamus y este año fue el Calendario Maya. En el pasado las cosas estaban peor que hoy y en el futuro las cosas estarán peor que hoy. Será un apocalipsis, gruesísimo. Así que Churchill tenía razón: aunque somos de lo peor, no hay de otra. Es más, vamos a convertir lo peor en fiesta. Gritemos: "somos de lo peor, somos de lo peor". Sí, sí, sí.
     Fukuyama se queja de que no hay ideas ahora que supuestamente está amenazada la clase media, salvo que la salve Obama. Pero la clase media no quiere saber, y piensa que no hay nada qué saber: ¿de un pasado que estaba de lo peor hasta que llegamos nosotros, elegidos -Her Majesty the Baby- y con una suerte de clase media de poca? Vamos, hay que ser positivos. ¿O saber de un futuro que pinta de lo peor? Ay, no me pongas a pensar ahorita.
     ¿Para qué pensar sobre un pasado de lo peor y un futuro mejor ni se diga? En vez de pensar, conviene disfrutar el presente, gozar, hasta de lo peor: los perros, el coche 4x4, los niños, la tele, el puesto... No hay causas ni efectos. La clase media es el Fin de la Historia. Así que sí, salvemos a una clase de irresponsables que no piensan, no saben ni quieren saber,  que desconocen las causas de todo y no quieren pagar las consecuencias de nada. Démosles crédito. Y no nos asombremos de que la moda sea de adolescente mochilero o tribal, y además, autista, o con espejuelos de imbécil. Salvemos a quienes creen que si se van de la Historia, además será sin pagar la cuenta. Vieja el último.