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martes, 14 de mayo de 2013

SIGUEN DE LARGO

Cuando a principios de los años '50 Hannah Arendt terminó el libro-trilogía "Los orígenes del totalitarismo", no tenía datos suficientes ni esclarecedores sobre la Unión Soviética. Según lo reconocía la propia Arendt, parte de su trabajo se basó en los llamados "Archivos de Smolensko", sustraídos por nazis alemanes en esta ciudad rusa y luego llevados a Estados Unidos. A falta de datos, Arendt se puso a fabular sobre los "millones" de víctimas del estalinismo. Sin embargo, la autora nunca negó que no se tenían datos esclarecedores sobre la Unión Soviética.
     Hoy que se han abierto los archivos de la antigua Unión Soviética, muy poco se ha hecho para arrojar luz sobre el periodo estalinista, salvo en trabajos de historiadores (con frecuencia británicos). Es más, se sigue hablando de "totalitarismo" a diestra y siniestra, y hay incluso quien sostiene que el "mercado" se ha inventado una nueva forma de "totalitarismo". Ya todo o lo que sea es "totalitarismo".
     En 1966, en una introducción al libro mencionado, Arendt escribió, nótese bien, que ya NO podía hablarse de totalitarismo en la Unión Soviética, pese a la cerrazón del régimen en ésta. Arendt citaba como prueba el juicio a los disidentes Andrei Siniavski y Yuli Daniel (1965-66), y cierto florecimiento literario. Contra lo dicho por Arendt, se siguió con éso del "totalitarismo". Hace mucho que dejó de ser asunto de ciencia o de un mínimo de conocimiento: "totalitarismo" es parte de ese arsenal sesentaiochero -que incluye "fascismo" y "autoritarismo" - que consiste en hablar de "represión" al menor obstáculo. ¿Obstáculo a qué? A exprimir al otro como a un limón. Si no se deja, es "totalitario". De éso se trata con el actual presidente ruso, Vladimir Putin, si no da su brazo a torcer y no permite una injerencia como la que le hizo daño a Ucrania, una "revolución naranja". Simplemente, Occidente nunca ha dejado de creerse con derecho a ver en el ruso un ser de otro mundo, que o se deja, o es un bárbaro. Pasar por encima incluso de Hannah Arendt es lo de menos, y "lo que hay que tener" es lo de más: Occidente derrotó al malvado nazismo y, si se metió en muchos otros lugares, fue para proteger al mundo libre de la amenaza totalitaria "rusa". Las democracias no le han hecho ningún daño a nadie, y siempre han actuado a la defensiva. En el mundo entero, por cierto.