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martes, 7 de mayo de 2013

YO TE ASEGURO QUE YO NO FUI

El presidente ruso, Vladimir Putin, reveló que en los años '90 la CIA (Central de Inteligencia Americana) asesoró el programa de privatizaciones en la Federación Rusa, cuando la dirigía Boris Yeltsin. El "asesorado" fue el arquitecto de ese proceso, Anatoli Chubaís.
     Los expertos asesores probablemente fueron -Putin no los nombró, pero los medios rusos sí lo hicieron- Andrei Shleifer, profesor de Economía en la Universidad de Harvard, y su auxiliar, Jonathan Hay, en el marco de la tapadera USAID (Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional). Curiosamente, ambos fueron castigados en Estados Unidos, por enriquecimiento ilícito estando en funciones (como oficiales activos de inteligencia): resultan que en Rusia estos asesores se habían comprado acciones de empresas locales y bonos del tesoro público.
     Difícilmente una revelación como la que hizo Putin causará indignación. Es de todos modos asunto secundario frente a la embestida ideológica que, por lo menos desde los años '80, salió victoriosa en la antigua Unión Soviética y luego, en sus fragmentos, Rusia incluida. La victoria ideológica hizo que buena parte de la masa soviética renegara de su pasado, que otra parte en la intelectualidad se dedicara a denigrarlo todo, y que Occidente se convirtiera en modelo de políticos como Mijaíl Gorbachov.
     De repente, cualquier país resultó mejor que la Unión Soviética: desde Chile con Pinochet, hasta cualquier escandinavo (si sueco, mejor). El sueño se volvió sueco, parecido también a un emirato (Dubai como modelo), un paraíso como el neozelandés (Australia ya estaba de moda) o estadounidense, de suburbio plástico pero impecable: en suma, lo aséptico, lo inmaculado. Lo ruso se volvió lo "sucio"- y con manchas de sangre. Lo occidental, lo limpio, casi diríase que ecológico. La ingeniería social alteró la percepción de los soviéticos y los ex soviéticos, al grado que terminó por haberlos más fanáticos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan que los occidentales. Hasta ahora, Rusia no se repone de esa invasión cultural, aunque se haya repuesto bastante de la privatización "de inteligencia".
    Ruso se volvió poner cara de "yo te aseguro que yo no fuí", y un modo de ensuciar al compatriota: !tu tienes cara de pirulí!