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miércoles, 5 de junio de 2013

ME VALE, VALE, VALE, ME VALE TODO...

El ejército sirio, que recupera posiciones y no está lejos de ganarle la guerra a los terroristas, ha afirmado que a éstos se les encontró gas nervioso sarín, cerca de la ciudad de Hama.
    Esta declaración concuerda con lo dicho por la ex fiscal internacional Carla del Ponte a un medio de comunicación suizo y a la televisión rusa (Rusia 24): en tal vez hasta cuatro casos, la oposición siria ha usado gas sarín y existen testimonios que lo corroboran.
    Por lo demás, el gobierno turco, no muy cercano al sirio, ha reconocido que le incautó a extremistas sirios en Turquía -miembros del Frente Al-Nusra- gas sarín. Así, no es un dicho de Bachar al-Assad: son pruebas aportadas por Del Ponte y Turquía.
     En vez de atenderlas, la Unión Europea (UE) acaba de levantarle en estos días el embargo de armas a la oposición armada siria, además de prolongar por un año las sanciones contra el régimen de al-Assad. A la UE ni siquiera le importa mayormente que documentos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) reconozcan que al-Assad tiene el apoyo de cerca del 70 % de la población siria, lo que representa una amplia mayoría. Ahora, Occidente se apresta a buscar entrampar a Siria en negociaciones internacionales, como si fuera válido negociar con quienes le apuestan al terror o lo solapan.
    Estados Unidos, por su parte, arma a Jordania, país vecino de Siria, con misiles Patriot y aviones caza. Por lo pronto, el terrorismo sirio se ha mostrado tan incompetente como lo fue en su momento el libio, hasta que la situación internacional dió un vuelco. El problema, hasta aquí, es que a Occidente no parece resultarle barata la destrucción y compra de Siria, habida cuenta de la capacidad de pelea de al-Assad y de la correlación de fuerzas internacionales.