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lunes, 19 de enero de 2026

!HEY CANTINERO!

La atmósfera creada en los medios de comunicación masiva es ambigua, por parte de los "globalistas": hay andanadas reiteradas contra el presidente estadounidense Donald J. Trump, pero es apoyado cuando va en el sentido esperado por los propios globalistas, que prosiguen sin idea alguna del límite, y como si fueran eternos. La atmósfera descrita está cargada de violencia, y más de un analista medianamente serio pierde la cabeza y la serenidad. Hasta ahora, como acostumbrado, Trump se ha caracterizado por llevar verbalmente las cosas lejos para buscar luego negociar y obtener lo más posible en términos de dinero. Es por lo mismo que ya se ha observado que, por lo pronto, lo ocurrido en Venezuela es equiparable en parte a lo hecho con el militar iraní Qasem Soleimaní. No más.
       Lo dicho no es una justificación de Trump, sino el ánimo de indicar que deben sopesarse las alternativas, y no se trata de ver quién escandaliza más, entre otras cosas para no seguir en el tono que llegar a poner el mismo presidente estadounidense. No ha atacado, invadido o colonizado Venezuela, ni por cierto que tampoco Panamá, donde el gobierno entendió de inmediato que no tiene soberanía real, y cedió a la exigencia de ponerle límites a China. Es probable que ahí termine el asunto. A falta de soberanía real, parece que también la opositora venezolana María Corina Machado no encontró nada menos ridículo que regalarle su Premio Nobel a Trump. Prácticamente no hay explicación sobre por qué Trump prefirió seguir con el actual régimen venezolano y la presidente encargada Delcy Rodríguez. ¿Qué no permitía el ex presidente Nicolás Maduro que parece por lo pronto permitir Delcy Rodríguez?¿Por qué la alharaca sobre Panamá cuando lo primero que hizo el presidente panameño José Raúl Mulino fue obedecer y poner límites a empresas chinas?¿Por qué la renuencia a señalar que la "doctrina Donroe" no puede estar dirigida sino contra China?¿Porque con China se puede hacer grandes negocios?
         Trump, como en el mandato pasado, no ha mostrado mayor interés en el TMEC (Tratado México Estados Unidos Canadá), que considera irrelevante para su país, y que en parte lo es, salvo porque las autoridades económicas mexicanas no saben del significado de las estadísticas o no quieren saberlo. La economía estadounidense, como ya se ha demostrado anteriormente, no depende de la mexicana, mientras que sí sucede al revés: por algún problema en parte ideológico, se cree que Estados Unidos necesita de México, y a tal grado que "los tenemos agarrados". No es así. Los efectos del libre comercio sobre la economía mexicana son, por decir lo menos, contradictorios, pero, en vez de mirar hacia adentro, se prosigue con el añejo "efecto demostración", por el cual se cree que lo de afuera es forzosamente mejor, y se llega a formas algo bochornosas de colgarse del exterior, mientras que, luego de entregar el cuerpo u ofrecerlo, se repite que se conserva el alma propia, libre, independiente y soberana, para lo que ya nada más faltaría agregar que hay que "ganarse la vida" y que "se hace por necesidad". Ya se sabe que es un oficio como cualquier otro, pero además tal vez se tema que de no salirse a "talonear" se quede el país en la pobreza. A pesar del plan México y de algunas otras iniciativas, que datan del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, no hay ningún paso fuerte hacia la soberanía real. El discurso sobre la soberanía y la independencia se acompaña de lo que se conoce coloquialmente en México como "andar de ofrecido", sin que haya manera de saber si se entiende o no el SENTIDO de lo que se hace, y hasta qué grado no se tiene confianza en fuerzas propias, a lo que seguramente debe agregarse alguna creencia del tipo "es libre comercio o Corea del Norte". Para colmo, se cree que México está en condiciones de "dictarle" a Estados Unidos, como se cree por "Un día sin mexicanos" que la economía estadounidense sin inmigración mexicana se terminaría o sabrá Dios qué más que no tiene sustento estadístico. Todo está en la incomprensión parcial de que sin autonomía económica no puede haberla en la política: sólo "intermediación" para negociar alguna "tajada". Eso sí, es imperativo, y se puede lograr, que Estados Unidos no meta sus narices en México con armas, ya que la política mexicana de seguridad está dando muy buenos resultados, y tangibles. Lo que no va es la escuelita generacional de economistas formados en los '80, ni la intelectualidad "postmexicana" (!) cosmopolita y que reduce México a la corrupción y el autoritarismo. Tampoco es así.
        Incluso pese a lo proferido por Trump sobre Groenlandia, el presidente estadounidense atiende los intereses estadounidenses, en parte, y no los del capital transnacional ni los de la alta finanza que parece haberle declarado la guerra. En cambio, hay otros países en donde alguna gente confunde los intereses propios con los ajenos y, es más, los de dicho capital y dicha finanza, cuya apuesta, por lo demás, ha estado ligada a China. Actualmente no existe alternativa ligada al mundo del trabajo, debilitado, cuando no inerme. No se trata de "escoger al patrón", pero sí cuando menos, escándalo aparte, de saber qué está en juego en la división en la clase dominante y qué es posible hacer con fuerzas propias. El fariseísmo no ayuda en nada. (da click en el botón de reproducción)


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