En muy, pero muy contadas excepciones, y por casualidad antes que por petición (y mucho menos por adulación) o por "servicios", se ha recibido apoyo "de sangre" -y no patriarcal, por lo demás- para una trayectoria académica. En cambio, se ha recibido en el pasado mucho de un sistema escolar exigente y de una parte familiar de apoyo a dicho sistema. Es algo que ha existido en México: buscar contar con una carrera para salir adelante a falta de, o con mínimas "influencias" ("yo no estudié mucho, pero saqué adelante X número de hijos profesionistas"). Dicho ésto, pudo haber influido, en parte, una familia de maestros, pero no, contra lo que en su momento propagaron estudiosos franceses como Pierre Bourdieu y Michel Foucault, algún fetichismo del poder y sus "relaciones" y dependencias. El sistema escolar francés educaba no nada más para alguna "reproducción", "distinción" o "herencia", sino para la independencia de criterio y la singularización individual a través de una fuerte meritocracia y la creación de equidad, para quien quisiera aprovecharla, aunque ya desde los '70 existían signos de comienzo de declive.
Llama la atención la forma en que se ha estado hundiendo poco a poco Francia, y no cabe más que esperar ahora que, cuando menos, no resulte electo alguien que termine de provocar algo de gravedad con Rusia, por elemental sentido de justicia y rechazo, también, desde una Francia generosa y leal, a la otra, grave e irremediablemente hipócrita y mezquina, de la que se ha apoderado la alta finanza, carcomiendo incluso virtudes capitalistas, como la singularización ya mencionada, por notorio contraste con los "comunitarismos" endogámicos, y por más que se quiera hacer pasar valores universales como propios de una "cultura específica", incluyendo la valoración del trabajo y de la creación. Francia entró en general en declive desde la hecatombe demográfica de la Primera Guerra Mundial y la abdicación de la burguesía frente a la vez a Alemania y a Estados Unidos. El deseo de independencia prácticamente se apagó con la partida de Charles de Gaulle a finales de los '60.
El chantaje de la alta finanza se tradujo en uno hábilmente montado desde los '80 por el hipócrita y colaborador del nazismo, el socialista (socialdemócrata) Francois Mitterrand. Ese socialismo tiene hoy en el candidato Raphael Glucksmann a alguien peligroso, conservador-libertario y entre quienes están cegados por la rusopatía.
Por ahora, a reserva de saber si podrá participar, dado un problema legal encima, despunta como favorita Marine Le Pen, que no es, a diferencia de su padre (Jean-Marie Le Pen), alguien de extrema derecha, ni ya partidaria de ninguna salida de la UE (Unión Europea) ni de franca ruptura con la alta finanza. Le Pen podría quedar entrampada en contradicciones como las que han tumbado al presidente estadounidense Donald J. Trump. Así como no es de "extrema derecha", tampoco es "xenofobia" querer redefinir la política de inmigración, ni es discurso de odio, por lo que pueda venir e impedir hablar: Francia no tiene la misma idea de "universalidad" que Estados Unidos, por lo que no se trata de recrear guetos mediante los cuales el inmigrante busca dinero y ciertas comodidades sin renunciar a sus valores "comunitarios". Se es primero Hombre y ciudadano, y no primero de aluna identidad de cualquier índole para no tener con el otro más que "tolerancia" -sin fusión- por dinero, en una tierra prometida para hacer dinero. Como sea, lo que sigue de Le Pen, el segundo de a bordo Jordan Bardella, deja que desear. Para situar las cosas sin empezar a mover magnitudes a conveniencia, la Agrupación Nacional (RN) de derecha cuenta con una base sólida, sí, y de ya largo aliento, pero de un tercio de los votantes, o si acaso un poco más. Francia no es proclive al "fascismo" que agita la alta finanza para lo que se verá. El asunto, en efecto, es "ahí viene el fascismo" para evitar el menor resquicio de movimiento contra la UE (pese a la moderación de la derecha en el tema), de patriotismo (como el de Florian Philippot a la derecha) y de freno mínimo a una inmigración de la que se sabe desde los '70 -ya lo tuvo que experimentar desde Ceuta el español Pedro Sánchez- que es para beneplácito de los patronos contra los supuestos "privilegios sociales" de los trabajadores locales.
En segundo lugar, Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa, "progresista", muy amiguis de latinoamericanos, pero con poco menos del 20 % de intenciones de voto, porque Francia ya no es de Frentes Populares, nombres aparte. El tercer lugar: Edouard Philippe (Horizontes), ex primer ministro del actual presidente "Rothschild" Emmanuel Macron. De lo que se trata, para asegurar una inercia a favor del eterno "centro", es de "agrupar" o "federar" en nombre de un "!no pasarán!" de invertidos conservadores-libertarios contra la derecha. ¿Con quién tendría que pactar Mélenchon?¿Con una patología peligrosa como la del socialista Glucksmann?¿O con Philippe, para que se cuele lo mismo?.¿Quién está gobernando?¿Macron o la aristocracia financiera con inmigrantes de lumpen?¿Será lo mismo de "ahí viene el fascismo" para paralizar o inmovilizar y seguir cuesta abajo?¿Está gobernando la alta finanza a través de los medios de comunicación masiva, en una forma de usurpación?
La propuesta menos beligerante y más sensata y moderada es la de Mélenchon (egolatría aparte), con fuerte apoyo en sectores muy jóvenes de la sociedad. Lo que no se puede saber es qué papel de lo más sucio pueden jugar Glucksmann y/o Philippe, en el "centro" ("centro-izquierda" o "centro-derecha"), para "orillar a Mélenchon", mientras que la derecha de Le Pen pierde fiabilidad, pese a ser más moderada en el asunto de Rusia. En términos generales, Francia no quiere confrontación, si se suma Le Pen y Mélenchon. Por lo pronto, como lo demostró la reciente protesta juvenil de hartazgo, sucede que hay que toparse con quien encuentra -y se apoya en sectores de centro-izquierda, como los residuos de la social-democracia- con una usurpación que a través de los medios es patológica y violenta, porque en parte tiene poder y busca como no soltar el gobierno, jugando a dos bandas. No es la Francia del trabajo, sino de los rentistas, los que juegan a "la libertad" y se toman por "la revolución" (entendida como provocación reiterada), porque el caos desorganiza y permite controlar. Como no es ya del trabajo, tampoco es de levantar la educación y la salud que lo acompañan, salvo parcialmente en Le Pen. Falta por ver, y el sistema se encarga de desechar candidatos "no funcionales", a riesgo de dar en lo que se conoce como "kakistocracia", gobierno de los ineptos cuando todos a una, con variantes, están el el síndrome TINA (There is no alternative). Ya no es entonces de mérito, o es incluso -como le ha ido pasando a Le Pen- de temor a la independencia de criterio, que termina donde empieza el "delfín" Bardella.
Cualquiera de los dos, Le Pen (parcialmente) o Mélenchon, podría reducir las tensiones con Rusia, pero no lo quiere "el centro" bajo control conservador-libertario y en unión de la alta finanza y los medios de comunicación masiva. El problema más fuerte es para el más sensato, con el agravante de que quienes tienen mucho del poder buscarán "orillar a la orilla" a ambos. Como sea, si no se está en la "dependencia de", Le Pen y Mélenchon no son extremos, ni -antes de que manden a callar- querer a Francia es un "discurso de odio" contra quienes no la quieren y creen que es de revancha "a lo Fanon". No la quieren Glucksmann ni Philippe y no se toman por correctos los referentes de "debate" que plantean los medios de comunicación, que se aprestan a fabricar una "polarización" para ofrecerse a "consensuar". Por cierto, ¿no es odio, veneno puro, lo que hacen esos medios?¿No es también, como regresión, fetichismo del poder?¿O los parásitos simplemente seguirán destruyendo al huésped?¿O llegará a su término el engendro de Mitterrand? A ver...porque a la Francia actual no es sencillo agradecerle como se podía en el pasado, pese a los resquicios de independencia y a que, después de todo, Macron ha logrado hacerse detestar, salvo tal vez en Ucrania (da click en el botón de reproducción).