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sábado, 10 de octubre de 2026

!QUERREQUE!

 Lo sucedido en la primera vuelta de las elecciones en Brasil, con Flavio Bolsonaro, de derecha, con un ligera ventaja sobre Luiz Inácio Lula da Silva, de centro-izquierda, y la posibilidad de que Lula pierda ls segunda vuelta (está por verse), han colocado a la derecha en una situación similar a la del centro-izquierda o progresismo tiempo atrás, al creer incluso que tenía que haber una "segunda ola". No la hubo. Sin embargo, lo que sí hay, de hecho, salvo excepciones, es un empate de fuerzas, en la mayoría de los casos, y que es lo que el progresismo no quiso ver, por lo que tuvo gobiernos, pero no forzosamente el poder. Hay pocos casos aparte, y no entra por lo demás Venezuela, "haiga sido como haiga sido" (según el modo del presidente mexicano Felipe Calderón) el último triunfo del hoy preso Nicolás Maduro. Sin que se ventile el fondo del asunto, estereotipos aparte. Y con posibilidades de que no se ventile gran cosa. Cuba no entra aquí en consideración. En El Salvador, Nayib Bukele es un caso especial que sí, ha arrasado (también con la inseguridad, dicho sea de paso). Nótese que ni Daniel Ortega tiene una mayoría abrumadora en Nicaragua. Tampoco la alianza oficialista en México, pese a la popularidad de la presidentA Claudia Sheinbaum. Más de uno cree en la teoría del dominó y que, si cae Lula, "sigue México". En eso andaba un tiempo el progresismo.

        En varios países, la situación ha sido de cuasi-empate electoral: Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela (como ya se señaló), sin que en el Uruguay el Frente Amplio haya arrasado ni en Chile el candidato de derecha, José Antonio Kast. Como ha habido ocasión de decirlo, la derecha ha ganado en más de un caso con ciertas dudas de por medio, como en el Ecuador (Daniel Noboa), Perú (Keiko Fujimori) y Colombia (Abelardo de la Espriella). En otros dos casos, con ciertos "trucos" tecnológicos (Jair Bolsonaro y Kast). Javier Milei es también un caso aparte (tal vez lo sea un argentino, por definición). Ya más en serio, Milei tiene una teoría errónea, pero estructurada. Otros no tienen el menor programa, salvo más de lo mismo y algo sobre seguridad, motivo de presión de la derecha en México a favor de Omar García Harfuch en el centro-izquierda, sin consideración por el mismo García Harfuch. Aunque han quedado dudas sobre la "limpieza de juego", el centro izquierda ha aceptado los resultados (si bien Luisa González intentó no hacerlo en el Ecuador). Por cierto, Ortega en el pasado ha aceptado la derrota. Dicho sea de paso, las últimas elecciones en Honduras tampoco fueron de lo más transparentes. Lo que cabe señalar es que, de haber nuevas volteretas de situación, la derecha acepte las reglas y no patee el tablero. Porque, desafortunadamente, la tradición es de la derecha y sus golpes militares por casi cualquier "desliz", como con Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, Juan Bosch en República Dominicana o Salvador Allende en 1973 en Chile. Se podrá hablar de Cuba, pero ni quien se detenga a explicar que es por la derecha (los Duvalier y Stroessner) que Haití y Paraguay ya son, en verdad, no casos aparte, sino de otra galaxia. También, es la derecha, como ya se ha demostrado aquí, la que tiende a aliarse con la delincuencia. Bukele es una excepción. México ya tiene lo suyo, hasta con un narcogobierno como el de Calderón, y con antecedentes de "pactos" desde los 80 en el antiguo régimen. Lo de Calderón fue tan grave como el "pacto" con el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), el de la "renovación moral".

       Como sea, una parte de la población no va a oír si cree en que "los ricos crean la riqueza", lo que está en el aire desde los '80. Fuera de ésto, y con excepciones como la de Milei (que es "anarcocapitalista"), la derecha triunfa porque el centro-izquierda no articula bien -tampoco tiene mayormente programa-, o porque los medios para ganar los tiene la misma derecha, como con los medios de comunicación. Queda por ver qué logra Bukele después de darle seguridad a El Salvador, ya que sí hay ideas económicas, y menos "motosierra" que Milei. En otros casos, si el "progresismo" no consigue ir más allá de los Demócratas estadounidenses y las ventas de Bernie (Sanders" contra "la oligarquía), al menos debe verse que la derecha no tiene mayor idea porque considera que el fracaso de cualquier alternativa es una evidencia, por lo que no vale la pena esforzarse. Sólo destruir al de enfrente con los medios al alcance. Lo que es ser una región vecina de un país sin tradición de ideas, o que incluso las considera una pérdida de tiempo frente al cálculo de interés. No es necesario ser Puerto Príncipe o Paraguay: se puede ir dando tumbos y con algo más o algo menos en lo que quiere Estados Unidos, el "caos controlado". O, si terminan de hacer un desastre, volver "a la antiguita" a dejarle el problema al centro-izquierda, como pasó con más de una "transición a la democracia" a mediados de los '80, como en el Cono Sur. Convendría más saber qué se produce cuando de magnitud más o menos como sea no hay cambio de calidad o "cualitativo".

         El Estado se encuentra debilitado, pero hay más: está en saber si se quiere o se puede tener todavía nación, y que sea un poco más que el Puerto Rico nuestro de cada día. Porque la independencia puertorriqueña no la quieren muchos: el problema es con los que sueñan con una anexión imposible, porque Estados Unidos considera caro y "basura" el problema que contribuye a crear, como no se va a meter en Haití después de hacer negocio con este país hasta terminar de descalabrarlo.

        Lo segundo es que, hasta aquí, los gobiernos de centro-izquierda tienden a mejores resultados sociales, aunque son pocos casos. Es el de México y fue el del Ecuador, además de Bolivia durante un buen trecho con Evo Morales. Fue, parcialmente, el caso de Honduras. A otros simplemente no los han dejado gobernar, como a Fernando Lugo en Paraguay o a Pedro Castillo en el Perú. Cuba es un caso aparte, ya que ha ido retrocediendo. Nicaragua no tiene malos resultados. La excepción es Venezuela.

      No hay mayor cosa que festejar en los triunfos de la derecha, salvo ciertos asuntos de valores, si no son de fachada. No hay por lo pronto manera de desempatar, pero la derecha debe respetar las reglas del juego si, a la vuelta, pierde porque no sólo tiene mayor cosa que proponer, sino que tiende a ser caótica. El asunto va para largo y, entretanto, debe prepararse a la juventud y el centro izquierda, tener nuevos cuadros, como lo sugirió el líder del MoReNa (Movimiento de Regeneración Nacional), Alfonso Durazo (bastante buen gobernador) en México: son, en parte, las clases medias (también integradas por trabajadores, incluidos trabajadores productivos) las que están divididas, que no necesitan el discurso Demócrata y que pueden mantener una visión de progreso en términos sociales, dentro de los estrechos límites que, desafortunadamente, deja el chantaje de la alta finanza (da click en el botón de reproducción)



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