Como México es el país más feliz del mundo, los médicos están felices de ejercer su profesión y la disfrutan muchísimo, y los pacientes están igualmente felices de ir al médico y más al hospital, lugar de socialización.
En este sentimiento oceánico, el médico cardiólogo intervencionista FROYLÁN ESTEBAN PORTILLO URBINA comparte su felicidad de acompañar y escuchar a sus pacientes, lo que no hace. Recibe una queja de iatrogenia y en vez de escucharla, empieza a proceder con lo que está de moda, que es la medicina "por protocolo", mandando a exámenes que le muestran dos cosas: una, que hubo iatrogenia, sin que por ello le dé importancia, y dos, que a fuerza de tanto examen se encuentran cosas -hasta podría decirse que afortunadamente- en una persona muy sana de 88 años, incluso excepcionalmente sana para su edad. Como un primer hallazgo es un quiste hepático, manda con una colega por suerte seria, opera y ya. Algo llama la atención en los preparativos: las imágenes detectan un aneurisma -que es aórtico abdominal- y llaman la atención en un reporte. Como por protocolo el señor PORTILLO URBINA está siguiendo un quiste y no un aneurisma, para desagrado de la persona paciente ni se fija en lo reportado, motivo por el cual hay que preguntarle. Su gusto por el acompañamiento no da para tener atención en un reporte del que no se sabe si fue leído. Pero como padecimiento llama a dinero, el señor decide seguirle la pista al aneurisma y, con los resultados en mano, pasándose por alto la Ley General de Salud y a lo que obliga, conmina a una operación, habiendo cuando menos dos alternativas, pero basándose en lo que protocolariamente establece la UE (Unión Europea). El médico quiere la operación, pero después se olvida y es la colega que se lo recuerda, porque acompañamiento no hay ninguno. Cuando se le pide indirectamente que cumpla con la Ley General de Salud, impone: no se puede obtener de él un examen que muestre el ritmo de crecimiento del aneurisma -lo rechaza rotundamente-, ni la opinión de un angiólogo -la rechaza igual-. Eso no es todo: ajeno a la menor duda y a la menor escucha, lo está también al acompañamiento que presume, ya que no puede atender porque no se maneja formalmente, sino por mensajitos de WhatsApp, a través de los cuales indica que por ahora está muy ocupado porque se le murió un tía y anda de consuelo de sus primas. Debe ser el juramente hipocrático: para no dañar al recuerdo del tío y a las primas. Lo que ni vió en el reporte y alguien más tuvo que recordarle que debía cuidar es menos importante que las primas, pero igual el señor ofrece para luego sus servicios, luego de los rechazos mencionados. Lo dicho no lo hace culpable de errores de la persona paciente que, de todos modos y con dos opiniones médicas más, recela de alguien que no presta atención, salvo a su protocolo y eventualmente a su codicia. No impide dos cosas: que por sinverguenza, pase por simpático, ya que de éstos confundidos hay muchos; y que no falte quien se lo crea, porque el señor impone en un país sin ciudadanía, entiéndase que sin conciencia de los derechos. Por lo demás, el señor doctor ESTEBAN FROYLÁN PORTILLO URBINA no considera que tenga ningún problema pese a las PRUEBAS de su falta de atención, su desconocimiento de la ley, y el hecho patológico de que por lo visto se crea su careta, indignándose -después de fallas repetidas- si algo se le dice de su personalidad. Por lo demás, es egresado de universidad privada con la frecuente patología del "sector": una "simpatía" -para quien no se fije en los HECHOS- a prueba de realidad, lo que le impide consultas realmente integrales, ya que el protocolo le indica cardiología intervencionista, lo que lleva a esperar la intervención de un médico geriatra generalista.
Lo dicho, por la negativa de DOCTORALIA a aceptar que se de una opinión sobre el médico.