Alguna vez, en un libro tirado al olvido, La nueva metafísica y el socialismo, por lo demás farragoso, Pablo González Casanova hizo notar que en la época actual los enemigos o adversarios, como se prefiera, se combaten de modo extraño: incluso, con las armas del otro. Ha pasado así que se ve comunismo o fascismo donde no lo hay, con tal de "impresionar". El ex presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, recientemente se lanzó a llamar "neofascista" a la periodista Carmen Aristegui, quien reaccionó con un enojado: "cuide sus palabras". Es otro de los errores de López Obrador a la sombra de sabrá Dios qué influencia intelectual, y para supuestamente advertir contra gente del MoReNa (Movimiento de Regeneración Nacional) que consideró correcto el espacio de Aristegui, que viene, ella, del exilio republicano español (y tiene un toque de "españolita"). Con Carmen Aristegui han estado por ejemplo, cercanos al MoReNa, los fallecidos Heinz Dieterich y Enrique Dussel (Ambrosini), que se recuerde. Tiene cualidades, pero no es intelectual, y no se sabe si tendría algún interés serlo: en un programa propio, Sabina Berman se ha preguntado qué sentido puede tener estarles contestando a "los intelectuales", asumiendo que son la "conciencia de la nación", cuando no es seguro que se les haga mucho caso. Otra vez fue López Obrador a meterse donde no parece que lo llamen, y no le faltaron "nombres" por revisar con el paso del tiempo, como Monsi (¿qué vamos a hacer sin tí, "Monsi"?, del estilo de la boxeadora Martha Elena Munguía Zatarain, sonowacha, preguntándose qué hacer sin la "reina del ensayo"), o La Poni. No, esta vez, en este punto, "la españolita" tuvo un correcto "!no pasarán!" con su "cuide sus palabras".
Para abreviar, y sin meter a Joseph Goebbels, lo que tiene Aristegui llega a ser una forma de "tic" mental. Cuando se hablaba de Florence Cassez, por ejemplo, Aristegui no paraba de repetir "la francesa Cassez". Era estereotipado. Refiriéndose al ex presidente peruano, Pedro Castillo (hace poco que llegó asilada a México la política peruana Betssy Chávez), Aristegui mostró de nuevo un "tic": no paró de machacar con "el golpista Castillo". Cassez es francesa y Castillo intentó un golpe de Estado, pero otra cosa es estarse duro y dale a recordarlo con algo de estigmatización. ¿Qué sentido tendría, porque lo tendría, ponerse insistentemente a "la españolita" Aristegui? Una cosa es cierto "toque de origen", pero puede incluso pasar desapercibido en la diversidad mexicana, salvo que Aristegui es "guerita", y no precisamente "guerita color de llanta", como diría algún rockero.
No hay mayor secreto en que Aristegui está ligada a ciertos intereses no menores en los medios de comunicación. Ella sabrá. Pero otra cosa sucede cuando sienta en la misma "mesa" -o ante la misma pantalla- a la sensual e inteligente -tirándole un poco a "color de llanta"- María Idalia Gómez y a una persona cuyos resortes psicológicos o de personalidad no son nítidos y que hace cosas no sólo sin mayor valor, a diferencia de antes, sino de mercenaria, al grado que López Obrador en otro lance la trató de "gente de la DEA" (Agencia de Control de Drogas): Anabel Hernández. No es que ataque a AMLO: es que es sin pruebas que convenzan. Y no es del todo nuevo, aunque sí ahora orquestado: algunos dichos de Hernández sobre "lo que le dijeron sobre Lucha Villa" o sobre Joan Sebastian ameritaron, en el caso del segundo, que la actriz Maribel Guardia pidiera pruebas. Es del tipo de cosas en que la influencia mediática busca USURPAR un lugar que no le corresponde, el del aparato judicial, y predisponer, mientras a Aristegui tal vez le da rating, sólo que no profesionalismo. Sobre Joan Sebastian hay otros elementos distintos, pero el caso es vía muerta. Lo dicho sobre Lucha Villa no demuestra mayor cosa. Sin olvidar lo que el ex presidente Rafael Correa ha descrito como gusto "novelero" del latinoamericano: desde el que jurará que sí, que con sus propios ojos vió a Lucha Villa con "Don Neto", hasta el que afirmará que sí, que Joan Sebastian traficaba sirviéndose de caballos y jaripeos, y que "todo Juliantla lo sabía". ¿Por qué el Departamento de Justicia cerró el caso de "AMLO y el dinero narco" hace rato, si tenía un "pez gordo"? ¿O como ya se ha llegado a decir, hasta en el gabacho se cansaron del informante "la Jennifer"? Lo de Lucha Villa, "dichos". Pueden ser muchas cosas, y hasta una verdad a medias. De un encuentro a un romance, hay que irse con cuidado. De Joan Sebastian, dichos de testigos protegidos. Lo del cuidado es para no ir a dar de un invento a otro como los armados por Odebrecht en algunos países sudamericanos. Y encima con "nado sincronizado" de los medios, lo que le puede dar audiencia a Aristegui, pero no credibilidad. Se puede volver un bodrio de ventas (para perjuicio de Gómez, dicho sea de paso).
Lo cierto es que no es periodismo independiente. Tampoco neofascismo. Una cosa es la noticia y, como lo demostró Luisa María Alcalde, otra que haya "línea" de "amplificarla digitalmente", y en vez de ponerse al victimismo, si lo afirmado por la misma Alcalde está probado, quienes participan deben asumir las consecuencias. Y también cuidar sus palabras, o las de algunas invitadas, para aportar pruebas serias o estar conscientes de que DAÑAN. Como los "tics" de la conductora. Hartan, al igual que el teatro de Hernández, cuando no está de momia.
El daño está en servirse de la ignorancia de la gente (aquí tiene sin cuidado lo que López Obrador quiera contarse sobre "el pueblo feliz") para corromperla y degradarla moralmente, rebajándola, lo que alguna vez mencionó el mismo López Obrador, pero sin seguirle la pista. Es como vender el Metro para que no falte quien, creyendo el rotativo muy superior a la Pravda, se regodee de gusto en vez de sentir repugnancia ante un muertote ("tiráronlo en el río de Los Remedios") al lado de un par de chichotas o nalgotas . Ya deben estar por ahí quienes clarito vieron cuando Andy le pasó la merca a Ovidio: ¿o por qué creen que ese operativo lo pararon?. (da click en el botón de reproducción).