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sábado, 3 de octubre de 2026

!NO PUEDE SER!

 El hoy ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reapareció en estos días para anunciar, sermón de por medio, un nuevo libro, Pueblo. De entrada, López Obrador puede hablar de la autodenominada "Cuarta Transformación" de la vida pública mexicana porque es el "padre fundador" y el que, como se ha dicho a propósito de otros, "abrió camino", con tesón. Lo que nadie puede predecir "a ciencia exacta" es en que desembocará el proceso echado a andar a partir de la elección de López Obrador en 2018.

       Se dice en la oposición que mal hace la "4T" en culpar de todo al pasado. Sin duda, llegará el momento en que esta autollamada "4T" tenga que sacar conclusiones y lecciones propias. Al mismo tiempo, unos casi 40 años del llamado "neoliberalismo" no pueden desaparecer en seis ni en ocho años, lo que no implica que la "4T" deba ser autocomplaciente. Pero tampoco que la oposición esté como disco rayado con la contraparte del antiguo régimen: todos los días y a todas horas contra el "mal gobierno". Es patológico como intento de ganarse con algo muy manido a la gente, y en algunos casos en nombre de la "crítica al poder", porque hay de críticas a críticas, de la constructiva a la destructiva y deturpadora (encargada de afearlo todo). No hay -si es dizque "conversación pública- juego limpio posible, y se debe partir entonces de la creencia -no siempre verdadera- de que "la política es muy sucia". La conclusión de la oposición es que, si es así, hay que ponerse, como se decía hace poco en otro país, a "echar mierda con ventilador", y encima con un agregado, que en la guerra, como en el amor, pero parece que también en la política, todo se vale. Incluso atribuirle esta fantasía al de enfrente.

       Los libros de López Obrador son desiguales, y dicen las malas voces que no los hace él. Investigador, no es. Lo que acaba de hacer es aventarse en su presentación otro ritmo que en Brasil se llama "choro", y habrá que ver de qué está hecha la novedad. Hay algunos libros previos o farragosos, o de un simplón para llorar. López Obrador no es el Todopoderoso: es tesonero y de colmillo, pero, como ya se ha dicho una y mil veces, acomplejado frente al primer "intelectual" que pasa (lo que la presidentA, Claudia Sheinbaum, como universitaria, no es y no se deja apantallar). López Obrador no está exento de amiguismos, y a veces malas influencias (lo que le puede suceder a cualquiera); Sheinbaum, menos.

        Donde las cosas se vuelven peliagudas es en lo siguiente. López Obrador -y lo volvió hace muy poco a decir- está retirado de la vida política. Una cosa es que, desde Estados Unidos y con repetidores lenguaraces como Loretito, se trate de separar a Sheinbaum -creyéndola débil, incluso por machismo- de López Obrador, con la idea de evitar cualquier veleidad de radicalismo. No faltan malditos -como ha dicho el socio de Giselita sobre Enrique Krauze- para prestarse al "divide y vencerás", con refinada mala fe y, dicho sea de paso, una idea muy aproximativa de la historia mexicana, aunque no se conoce aquí lo que alguna vez refutó Manuel López Gallo, ni es factible "al cien" que Krauze sea un plagiario. Pero por pasos.

       Si se afirma que López Obrador sigue como "jefe político" y que Sheinbaum apenas y "administra" el proyecto, hay que afrontar las consecuencias y decir de López Obrador que engaña, puesto que acaba de decir que no aspira a ser cacique, ni caudillo, ni "jefe máximo", ni poder tras el trono. No solo sería mentira, sino engaño por hacer creer lo contrario de lo que se le atribuye. Haría falta saber qué "movidas", "jugadas", etcétera hace y con quiénes el ex presidente, y en qué momentos. Si no es el caso, como tampoco de ningún "Maximato", no es más que fantasía heredada del antiguo régimen -que tampoco era exactamente así- o creencia en historias de tipo monárquico. El detalle: las pruebas. Porque si no, el engaño está en dar por bueno lo que no está probado, o es cuando menos autoengaño. Tampoco estuvo exento quien casi juró que el "ganón" era Adán Augusto López Hernández colocado para tan presidenciable fin por López Obrador.

      Lo otro. ¿Llega López Obrador al nepotismo más descarado y estaba con otra carta, la de Andrés Andy López Beltrán? Entonces se pasa a demostrar que López Obrador es completamente cínico. O el problema está en otra parte: en creer que no se escoge, sino que se BARAJA en espera de que aparezca el as bajo la manga o sabrá Dios qué otra de cantina. O es de nuevo fantasía del dedazo. ¿Sheinbaum era entonces "lo que diga mi dedito"?¿O es que alguien no se da cuenta de que se quedó con costumbres "a la antiguita"?¿O que se cree que todo es más de lo mismo? Vale para las críticas a grupos reales o supuestos en el oficialismo. Una cosa es escoger (pero además, ahora va por encuesta): otra creer que persiste el Gran Elector, que hace fintas, no muestra su juego, anda de póker face, entre que destapando y no su juego, y así en lo que escribe tabiques. No queda claro el límite entre la realidad -insistamos, a falta de pruebas- y la fantasía. El trasfondo es la inexistencia de proyecto, en cuyo caso ni se entiende que se le llame "4T": no queda más que un asunto personal con el poder, a riesgo de ponerse a decir cosas que ameritan un "y así se hacen los chismes". Como el del "silencio estratégico" que a todos "les sabe cosas" ("no me has decir...", etcétera). ¿No será entonces mejor irse a cafetear con las señoras en lo que los peques salen de la escuela? (da click en el botón de reproducción).



!NO PUEDE SER!

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