Al fin. Después de todo, lo que anheló desde hace décadas buena parte de la izquierda (moderada, un poco centrista) fue un "capitalismo con rostro humano". Quien le ha dado este rostro es el Soruyo que "gobierna" a Estados Unidos y es, según un analista ruso, un animador, no un presidente. Es el "organizador de la comunidad". Es un pacificista frustrado y un belicista de clóset. Se sabe que siempre dice "no", pero no se sabe si es capaz de decir "sí". Algunos -de nuevo, en la izquierda- creen que está haciendo una política keynesiana.
El Soruyo tiene algo de nostálgico, como el Smokey Robinson que le canta. Como Ray Charles, otro gran filósofo estadounidense, el esposo de la Capullo está convencido de que "America is beautiful", más si lo canta Beyoncé frente al Capitolio. Por momentos, sale el nuevo rico, con Usher y Jay-Z, lleno de ganas de arrancarle algo al ricachón ("coopela, o cuello"), lo que por cierto no es keynesiano.
John F. Kennedy fue llamado alguna vez "el primer presidente de Hollywood". Al Soruyo le dicen "la estrella pop de la política" estadounidense. No tiene programa ni ideas, pero qué bien canta: complace a todos, ricos y "pobres" por igual, a Wall Street y al Pentágono, pero también a una mayoría latina feliz de ser explotada por un patrón de Primer Mundo. Es la clase media por excelencia: las "oportunidades", el club de los optimistas, el sol que sale para todos, el "light", la empresa con responsabilidad social, el jefe que deja buenas propinas...y todo, con ritmo, muy buen ritmo.
Cuando uno oye a los cantantes que apoyan al Soruyo (de Katy Perry a Marc Anthony, pasando por el vaquero Brad Paisley y Chris Cornell), se percata de lo mucho que ha ayudado el sesentaiochero a darle al más conservador de los capitalismos ese "rostro humano": desactiva cualquier discrepancia. A cambio, los del 68 tienen satisfecho su narcisismo.
En Cuba, donde el asunto toma abiertamente una forma antisocial que exaspera a más de uno, Los Principales lo resumen en una polémica canción, "Kimba pa que suene":
"Hoy me desperté con ganas
"Y no había nadie en la casita
"Menos mal que tengo a Manuela
"Menos mal que tengo a Manuelita"
Es la quintaesencia de lo que queda del American Dream.
Mi lista de blogs
domingo, 20 de enero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
RUSIA: LO QUE QUEDA
Gracias a la existencia de un sólido antecedente soviético, no queda en Rusia mayor cosa del llamado "neoliberalismo".
En un discurso pronunciado a mediados de diciembre pasado, el actual presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que no todo en la vida es seguir el interés privado. "No es posible lograr la prosperidad -señaló Putin- si hay ruinas, desorden e inseguridad fuera de tu casa. No es posible vivir por separado, sin ayudar al pobre, sin crear responsabilidad para con la familia, el grupo profesional o la asociación".
Putin hizo un llamado a la responsabilidad cívica. También apeló al patriotismo, que supone tratar la Historia propia con "amor y respeto". Esto supone "servir al país y a la sociedad". En vista de este tipo de discurso, algunos analistas como Alexandre Latsa consideran que Putin es parecido al extinto mandatario francés Charles De Gaulle, aunque habría que restarle cierto deseo excesivo de grandeza a este tipo de afirmaciones.
De hecho, a diferencia de más de un ruso que convierte el dinero en grandeza patriotera, de masas, Putin, aunque llamó al "renacimiento de la conciencia nacional", rechazó el nacionalismo y, más aún, el chovinismo y la discriminación contra cualquier grupo "étnico". Lo único que no está permitido es servir al extranjero, ya que la soberanía no está en tela de juicio.
Del discurso del mandatario ruso se desprende que los gobernantes deben poner el ejemplo, ya que no se trata de eslóganes: es necesario luchar contra la corrupción, fortalecer el servicio público. "Si una persona escogió el servicio público -afirmó Putin- debe estar lista para restricciones, para el escrutinio público y para llenar determinados requisitos". Queda abierta la posibilidad de limitar con mucho abusos de poder y enriquecimientos a costa del Estado. El sentido de responsabilidad debe quedar evidenciado, según Putin, por "las acciones diarias de las autoridades".
Los políticos serán llamados literalmente a cuentas (es decir, a no tener tantas cuentas en el extranjero).
A estas alturas, Putin únicamente puede ser llamado "autoritario" sobre la base de la más crasa ignorancia. Quedaría por saber si Occidente aguantaría un florecimiento ruso, que tiene buenas condiciones demográficas e históricas para realizarse. No es poca cosa.
En un discurso pronunciado a mediados de diciembre pasado, el actual presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que no todo en la vida es seguir el interés privado. "No es posible lograr la prosperidad -señaló Putin- si hay ruinas, desorden e inseguridad fuera de tu casa. No es posible vivir por separado, sin ayudar al pobre, sin crear responsabilidad para con la familia, el grupo profesional o la asociación".
Putin hizo un llamado a la responsabilidad cívica. También apeló al patriotismo, que supone tratar la Historia propia con "amor y respeto". Esto supone "servir al país y a la sociedad". En vista de este tipo de discurso, algunos analistas como Alexandre Latsa consideran que Putin es parecido al extinto mandatario francés Charles De Gaulle, aunque habría que restarle cierto deseo excesivo de grandeza a este tipo de afirmaciones.
De hecho, a diferencia de más de un ruso que convierte el dinero en grandeza patriotera, de masas, Putin, aunque llamó al "renacimiento de la conciencia nacional", rechazó el nacionalismo y, más aún, el chovinismo y la discriminación contra cualquier grupo "étnico". Lo único que no está permitido es servir al extranjero, ya que la soberanía no está en tela de juicio.
Del discurso del mandatario ruso se desprende que los gobernantes deben poner el ejemplo, ya que no se trata de eslóganes: es necesario luchar contra la corrupción, fortalecer el servicio público. "Si una persona escogió el servicio público -afirmó Putin- debe estar lista para restricciones, para el escrutinio público y para llenar determinados requisitos". Queda abierta la posibilidad de limitar con mucho abusos de poder y enriquecimientos a costa del Estado. El sentido de responsabilidad debe quedar evidenciado, según Putin, por "las acciones diarias de las autoridades".
Los políticos serán llamados literalmente a cuentas (es decir, a no tener tantas cuentas en el extranjero).
A estas alturas, Putin únicamente puede ser llamado "autoritario" sobre la base de la más crasa ignorancia. Quedaría por saber si Occidente aguantaría un florecimiento ruso, que tiene buenas condiciones demográficas e históricas para realizarse. No es poca cosa.
viernes, 4 de enero de 2013
CREAR DOS, TRES, MUCHOS MALLS ES LA CONSIGNA...
"Estado de Bienestar" no quiere decir mayor cosa, como tampoco "mercado", por cierto.
Hitler creó un grandioso Estado de Bienestar: militarizado, pero con buena infraestructura pública (unas carreteras sin par), sin desempleo, con eficiencia, con un nivel de vida que asombró a los rusos cuando al final de la Segunda Guerra Mundial llegaron a suelo germano. ¿Cómo era posible que un país que lo tenía todo se hubiera lanzado a semejante agresión?
A finales de los años '30, Franklin D. Roosevelt no había resuelto del todo la crisis y el desempleo seguía siendo relativamente elevado. Estados Unidos mejoró gracias al keynesianismo militar (la guerra permitió emplear a mujeres y a negros y migrantes) y a la conflagración mundial. Desde entonces, la potencia pasó a depender de la guerra para mantener el "Estado de Bienestar". El bienestar del estadounidense depende de la capacidad para pasarle la factura a buena parte del mundo.
El "Estado de Bienestar" de posguerra en algunos países latinoamericanos sí, fue de bienestar: es más, de una forma de bienestar que se llama peculado, malversación de fondos públicos. Algunos hicieron en forma bastante grosera lo que otros en el mundo desarrollado: servirse del Estado para enriquecerse, con la figura del "político-empresario". El Estado populista fue un "Estado de Bienestar", aunque hubo algunos con más "bienestar para su familia" que otros.
"Estado de Bienestar" es la versión keynesiana del radicalismo según el cual "otro mundo es posible". En el límite, cabe hacer lo que Francois Hollande en Francia o Barack Obama en Estados Unidos: arrancarles algo de dinero a los ricachones -que suelten o que se vayan con Gerard Depardieu a engañar rusos-. No hay que tocar nunca a la clase media, aunque la estadounidense viva por encima de sus medios. La tarta debe crecer, para que haya más para un "todos" que quiere decir "nosotros" y un nosotros que significa "yo y mi familia".
Escoger entre "neoliberales" y "keynesianos" no es cosa de trabajadores con intereses propios. Es cosa de oscilar entre el "patrón malo que no suelta" y el "patrón bueno", a ver si afloja y no se aflige. Si no afloja, a ver si se puede con transa, y que el patrón robe pero deje robar, etcétera. Es todo lo contrario del interés de clase. Así como no se puede hablar de capitalismo ni de socialismo, ni tampoco de imperio, tampoco es posible ya hablar de clases. Al rato será imposible hablar de sociedad, ya que no habrá nadie.
Un estadounidense pobre no pasa de ser un millonario en aprietos. Un estadounidense rico tiene derecho a que lo rescaten, ya que el rico es el que la detona y la derrama. La gallina de los huevos de oro está en el rico, no en el que trabaja (¿qué le podríamos arrancar a un trabajador? Nada). Tampoco es posible hablar de trabajo, por lo demás. La clase media es la que "redistribuye": y claro, redistribuir consiste en que la clase media salga de media para llenarse los bolsillos y ser media alta, tirando a rica baja o a rica media (es decir, medio rica...). ¿Qué tal si redistribuimos la riqueza entre quienes ya la tienen, pero la redistribuimos de otro modo? Queremos pastel, pastel, pastel...
¿Hay un exceso de centros comerciales? Bien: saturemos al mundo de consumidores con mayor bienestar: es ganar-ganar, ya que así vendemos más, de lo que sea.
Circulen, por favor.
Hitler creó un grandioso Estado de Bienestar: militarizado, pero con buena infraestructura pública (unas carreteras sin par), sin desempleo, con eficiencia, con un nivel de vida que asombró a los rusos cuando al final de la Segunda Guerra Mundial llegaron a suelo germano. ¿Cómo era posible que un país que lo tenía todo se hubiera lanzado a semejante agresión?
A finales de los años '30, Franklin D. Roosevelt no había resuelto del todo la crisis y el desempleo seguía siendo relativamente elevado. Estados Unidos mejoró gracias al keynesianismo militar (la guerra permitió emplear a mujeres y a negros y migrantes) y a la conflagración mundial. Desde entonces, la potencia pasó a depender de la guerra para mantener el "Estado de Bienestar". El bienestar del estadounidense depende de la capacidad para pasarle la factura a buena parte del mundo.
El "Estado de Bienestar" de posguerra en algunos países latinoamericanos sí, fue de bienestar: es más, de una forma de bienestar que se llama peculado, malversación de fondos públicos. Algunos hicieron en forma bastante grosera lo que otros en el mundo desarrollado: servirse del Estado para enriquecerse, con la figura del "político-empresario". El Estado populista fue un "Estado de Bienestar", aunque hubo algunos con más "bienestar para su familia" que otros.
"Estado de Bienestar" es la versión keynesiana del radicalismo según el cual "otro mundo es posible". En el límite, cabe hacer lo que Francois Hollande en Francia o Barack Obama en Estados Unidos: arrancarles algo de dinero a los ricachones -que suelten o que se vayan con Gerard Depardieu a engañar rusos-. No hay que tocar nunca a la clase media, aunque la estadounidense viva por encima de sus medios. La tarta debe crecer, para que haya más para un "todos" que quiere decir "nosotros" y un nosotros que significa "yo y mi familia".
Escoger entre "neoliberales" y "keynesianos" no es cosa de trabajadores con intereses propios. Es cosa de oscilar entre el "patrón malo que no suelta" y el "patrón bueno", a ver si afloja y no se aflige. Si no afloja, a ver si se puede con transa, y que el patrón robe pero deje robar, etcétera. Es todo lo contrario del interés de clase. Así como no se puede hablar de capitalismo ni de socialismo, ni tampoco de imperio, tampoco es posible ya hablar de clases. Al rato será imposible hablar de sociedad, ya que no habrá nadie.
Un estadounidense pobre no pasa de ser un millonario en aprietos. Un estadounidense rico tiene derecho a que lo rescaten, ya que el rico es el que la detona y la derrama. La gallina de los huevos de oro está en el rico, no en el que trabaja (¿qué le podríamos arrancar a un trabajador? Nada). Tampoco es posible hablar de trabajo, por lo demás. La clase media es la que "redistribuye": y claro, redistribuir consiste en que la clase media salga de media para llenarse los bolsillos y ser media alta, tirando a rica baja o a rica media (es decir, medio rica...). ¿Qué tal si redistribuimos la riqueza entre quienes ya la tienen, pero la redistribuimos de otro modo? Queremos pastel, pastel, pastel...
¿Hay un exceso de centros comerciales? Bien: saturemos al mundo de consumidores con mayor bienestar: es ganar-ganar, ya que así vendemos más, de lo que sea.
Circulen, por favor.
viernes, 28 de diciembre de 2012
DIVISION COMUNISTA EN RUSIA
Rusia guarda con su pasado comunista una relación errónea, al cabo de décadas de ignorancia y de mentira, aceptada con tal de entrar al consumo. La compensación es una idea de grandeza (aunque no imperial), que está presente por igual entre algunos comunistas y entre quienes defienden o quienes atacan al supuesto "zar" Putin, el actual presidente ruso. Esa idea no es ajena a la religión.
Hace ya rato que el líder comunista ruso Guennadi Ziuganov ha retomado esta idea no muy alejada del "chovinismo de gran potencia". Dentro del Partido Comunista de la Federación Rusa, algunos miembros han advertido que la línea muy poco tiene que ver con el comunismo, y menos aún con el marxismo. Varios dirigentes de ese partido (Yegor Ligachev, Vladislav Yurchik, Valentin Nikitin, Liubov Oleinik, Tatiana Gudima, entre otros) han criticado a Ziuganov por sus dogmas religiosos (que salen de la esfera de lo privado), por el "nacionalismo burgués" y por descuidos que han llevado a la principal fuerza opositora rusa a perder adherentes. Ziuganov da la impresión de estar más apegado a la supuesta "grandeza rusa" y a símbolos que a valores más igualitarios, propios del internacionalismo. Admirador de Ivan Ilyn, exactamente como Vladimir Putin, el líder Ziuganov parecería haber pasado a formas de compromiso y hasta de oportunismo ante el rumbo del gobierno. A falta de formación política sólida, Ziuganov se ha caracterizado por bandazos y por discursos más o menos grandilocuentes, pero incapaces de canalizar el descontento real de algunos sectores de la sociedad rusa. Aunque hay gente interesada en los destinos ciudadanos de Rusia y contraria a ir a refugiarse en la religión, Ziuganov prefiere las visitas al templo de Cristo Salvador -mezclado con Stalin y el "Che" Guevara. Basta con oir a Ziuganov para comprender que esta "grandeza" es defensiva y llena un vacío.
También los hay dispuestos a glorificar a Putin, siempre con la idea compensadora de grandeza. Esta idea tiene en parte su origen en la última guerra mundial y sobre todo en el sovietismo, más en tiempos de Leonid Brezhnev. En nada ayuda a situar a Rusia en el mundo, donde Moscú sigue dando sus propios bandazos. Tampoco ayuda mayormente la ignorancia de Putin sobre el bolchevismo y una parte de la historia soviética.
Hace ya rato que el líder comunista ruso Guennadi Ziuganov ha retomado esta idea no muy alejada del "chovinismo de gran potencia". Dentro del Partido Comunista de la Federación Rusa, algunos miembros han advertido que la línea muy poco tiene que ver con el comunismo, y menos aún con el marxismo. Varios dirigentes de ese partido (Yegor Ligachev, Vladislav Yurchik, Valentin Nikitin, Liubov Oleinik, Tatiana Gudima, entre otros) han criticado a Ziuganov por sus dogmas religiosos (que salen de la esfera de lo privado), por el "nacionalismo burgués" y por descuidos que han llevado a la principal fuerza opositora rusa a perder adherentes. Ziuganov da la impresión de estar más apegado a la supuesta "grandeza rusa" y a símbolos que a valores más igualitarios, propios del internacionalismo. Admirador de Ivan Ilyn, exactamente como Vladimir Putin, el líder Ziuganov parecería haber pasado a formas de compromiso y hasta de oportunismo ante el rumbo del gobierno. A falta de formación política sólida, Ziuganov se ha caracterizado por bandazos y por discursos más o menos grandilocuentes, pero incapaces de canalizar el descontento real de algunos sectores de la sociedad rusa. Aunque hay gente interesada en los destinos ciudadanos de Rusia y contraria a ir a refugiarse en la religión, Ziuganov prefiere las visitas al templo de Cristo Salvador -mezclado con Stalin y el "Che" Guevara. Basta con oir a Ziuganov para comprender que esta "grandeza" es defensiva y llena un vacío.
También los hay dispuestos a glorificar a Putin, siempre con la idea compensadora de grandeza. Esta idea tiene en parte su origen en la última guerra mundial y sobre todo en el sovietismo, más en tiempos de Leonid Brezhnev. En nada ayuda a situar a Rusia en el mundo, donde Moscú sigue dando sus propios bandazos. Tampoco ayuda mayormente la ignorancia de Putin sobre el bolchevismo y una parte de la historia soviética.
jueves, 20 de diciembre de 2012
QUE DE RARO TIENE
Los Hermanos Musulmanes forman una parte importante de la oposición al régimen sirio. Esa organización ha cobrado fuerza en distintos países árabes.
En plena regresión, se va instalando en el poder una fuerza religiosa aliada de Estados Unidos. Los Hermanos Musulmanes fueron fundados en 1928 por Hassan al-Banna, y sirvieron de ariete contra el comunismo y contra los nacionalistas en el mundo árabe. En 1954, Said Ramadan, yerno de al-Banna, era el principal organizador internacional de los Hermanos: como tal, se granjeó el apoyo de la Central de Inteligencia Americana, la CIA. Los Hermanos Musulmanes fueron utilizados en Egipto como ariete contra el régimen de Nasser. Hoy, también desde Egipto, la organización ha hecho llamados abiertos a derrocar al régimen sirio de Damasco. Lo que comenzó como organización anticomunista se transformó en algo contrario a cualquier forma de nacionalismo contrario al imperio.
El sheik Yussef al-Qardaui, qatarí de origen egipcio, cercano a los Hermanos Musulmanes, declaró hace poco tiempo que "Moscú se ha convertido en enemigo del Islam y de los musulmanes, un enemigo número uno, y (que) Rusia es responsable de la muerte de civiles en Siria". El teólogo sunnita rogó a Dios para que "destruya a Rusia, China e Irán", que serían "los peores enemigos de los musulmanes y los árabes". El sheik llamó antes a una guerra santa contra Kadhafi en Libia.
Las agresiones directas contra residentes rusos y ucranianos en Siria ya han comenzado, como ocurrió con el secuestro de la periodista (de Ucrania) Anhar Kochneva. La oposición ha dicho que los rusos son un "objetivo legítimo". Los intereses estadounidenses y los de los fanáticos están en sintonía.
Lo que comenzó como cruzada contra el comunismo es hoy un ataque en regla contra toda forma de defensa de la soberanía y de nacionalismo, así sea moderado. Es también un ataque contra la tolerancia y el laicismo y el regreso al arcaismo. Lo mejor que ha conseguido Estados Unidos es colocar el debate en los términos que le convienen, puesto que pareciera que es la "lucha legítima de la libertad contra la opresión". Qué de raro tiene: la nación que busca mantener el privilegio de ser la más poderosa se alía con el conservador. Y el religioso cree: "In gold we trust".
En plena regresión, se va instalando en el poder una fuerza religiosa aliada de Estados Unidos. Los Hermanos Musulmanes fueron fundados en 1928 por Hassan al-Banna, y sirvieron de ariete contra el comunismo y contra los nacionalistas en el mundo árabe. En 1954, Said Ramadan, yerno de al-Banna, era el principal organizador internacional de los Hermanos: como tal, se granjeó el apoyo de la Central de Inteligencia Americana, la CIA. Los Hermanos Musulmanes fueron utilizados en Egipto como ariete contra el régimen de Nasser. Hoy, también desde Egipto, la organización ha hecho llamados abiertos a derrocar al régimen sirio de Damasco. Lo que comenzó como organización anticomunista se transformó en algo contrario a cualquier forma de nacionalismo contrario al imperio.
El sheik Yussef al-Qardaui, qatarí de origen egipcio, cercano a los Hermanos Musulmanes, declaró hace poco tiempo que "Moscú se ha convertido en enemigo del Islam y de los musulmanes, un enemigo número uno, y (que) Rusia es responsable de la muerte de civiles en Siria". El teólogo sunnita rogó a Dios para que "destruya a Rusia, China e Irán", que serían "los peores enemigos de los musulmanes y los árabes". El sheik llamó antes a una guerra santa contra Kadhafi en Libia.
Las agresiones directas contra residentes rusos y ucranianos en Siria ya han comenzado, como ocurrió con el secuestro de la periodista (de Ucrania) Anhar Kochneva. La oposición ha dicho que los rusos son un "objetivo legítimo". Los intereses estadounidenses y los de los fanáticos están en sintonía.
Lo que comenzó como cruzada contra el comunismo es hoy un ataque en regla contra toda forma de defensa de la soberanía y de nacionalismo, así sea moderado. Es también un ataque contra la tolerancia y el laicismo y el regreso al arcaismo. Lo mejor que ha conseguido Estados Unidos es colocar el debate en los términos que le convienen, puesto que pareciera que es la "lucha legítima de la libertad contra la opresión". Qué de raro tiene: la nación que busca mantener el privilegio de ser la más poderosa se alía con el conservador. Y el religioso cree: "In gold we trust".
miércoles, 12 de diciembre de 2012
BISNEYLANDIA
Como ya pagó el impuesto, ya se compró al Estado. Lo idóneo es que el impuesto sea lo más bajo posible, para comprar barato. Todo el problema del Estado radica en lo que puede exigir el que paga sus impuestos. Como es una compra, da derechos: o recibe el servicio, o el comprador ladra y hasta muerde. Comprarse el Estado es disponer de él.
Si hay "demasiado Estado", es desde estalinista hasta burocrático. Lo que significan estas palabras importa un comino. Es un "costo" y nadie compra al Estado para pagar dos veces. O el Estado queda a disposición luego de la compra, o estorba.
Para que no estorbe, lo mejor es abaratarlo. El trabajito lo hace de maravilla la izquierda sesentaiochera, puesto que pide libertad y un derecho tras otro. Cuando se trata de rebajar a Milosevic, Hussein, Kadhafi o Assad, basta con soltar la especie de que son "dictaduras". Lo que esto significa no cuenta en lo más mínimo. De lo que se trata es de que el habitante occidental promedio no paga impuestos para que lo repriman, lo "amenacen", lo coarten, le impidan hacer "lo que le da la gana" (pues ya está pagado) y disponer del Estado, la soberanía y demás "cosas" (que se compran). Ya pagó: lo que impide la libertad de disponer de lo comprado es por definición "autoritario". Si el costo es muy alto, hasta es asunto "totalitario". La variación de la calificación sigue al precio.
Así que cuando el imperio ha decidido el "lo compro" (como en el juego de Monopoly), el de izquierda es el primero que sale en defensa de las libertades (la de comprar, primero) y los derechos (sobre la mercancía). El imperio pone las armas. La izquierda sesentaiochera pone el humanitarismo, una religión para redimir a todas las pobres sociedades civiles inocentes víctimas de la opresión...y la falta de libertades individuales y derechos, claro está, puesto que, gracias a esta visión redentora, el planeta entero debe ser de propietarios "yo hago lo que me da la gana si ya pagué". El imperio manda. Y los esclavos sueñan con ser mandones. La izquierda sesentaiochera llega a la fiesta con el feeling. Wikileaks y Anonymous ya se prestaron a las "revelaciones sensacionales" sobre los tratos del régimen sirio con Occidente. Si no hay trato (como en Norcorea), malo. Y si lo hay (Noriega o Hussein), malo. Si lo hay pero no lo hay, peor (Putin).
Como ayer fue el Milosevic, o luego el Hussein y después el Kadhafi, mañana podría ser el Putin. ¿Qué, no nos compramos Rusia en los años '90?¿Dónde se han visto mercancías que oponen resistencia a ser compradas?
Vamos: casi casi se compraron 13 colonias sin mucha violencia; se compraron la Luisiana; se compraron Alaska; se quedaron tranquilamente con Oregon y medio México. Una nación hecha de compras. El estado-nación: ¿cuánto es?
Una izquierda maravillosa, en la vanguardia de todo, hace las veces de libertad tipo Daniel Boone. Se adelanta a vender la idea de la libertad y, si no se la compran, rebaja a la víctima que no quiere su propia salvación. Entonces llega el gringo a comprar en descuento.
"El mundo sigue siendo un lugar peligroso" quiere decir que sigue habiendo gente que no entiende que podría lograr su salvación con solo aceptar ser esclava del comprador-propietario que ya pagó. Obama sí lo entendió. Y la socialdemocracia tipo Hollande también. Por algo les dieron el Premio Nobel. Ya pagaron. Están en su derecho de hacer hasta cochinaditas.
Si hay "demasiado Estado", es desde estalinista hasta burocrático. Lo que significan estas palabras importa un comino. Es un "costo" y nadie compra al Estado para pagar dos veces. O el Estado queda a disposición luego de la compra, o estorba.
Para que no estorbe, lo mejor es abaratarlo. El trabajito lo hace de maravilla la izquierda sesentaiochera, puesto que pide libertad y un derecho tras otro. Cuando se trata de rebajar a Milosevic, Hussein, Kadhafi o Assad, basta con soltar la especie de que son "dictaduras". Lo que esto significa no cuenta en lo más mínimo. De lo que se trata es de que el habitante occidental promedio no paga impuestos para que lo repriman, lo "amenacen", lo coarten, le impidan hacer "lo que le da la gana" (pues ya está pagado) y disponer del Estado, la soberanía y demás "cosas" (que se compran). Ya pagó: lo que impide la libertad de disponer de lo comprado es por definición "autoritario". Si el costo es muy alto, hasta es asunto "totalitario". La variación de la calificación sigue al precio.
Así que cuando el imperio ha decidido el "lo compro" (como en el juego de Monopoly), el de izquierda es el primero que sale en defensa de las libertades (la de comprar, primero) y los derechos (sobre la mercancía). El imperio pone las armas. La izquierda sesentaiochera pone el humanitarismo, una religión para redimir a todas las pobres sociedades civiles inocentes víctimas de la opresión...y la falta de libertades individuales y derechos, claro está, puesto que, gracias a esta visión redentora, el planeta entero debe ser de propietarios "yo hago lo que me da la gana si ya pagué". El imperio manda. Y los esclavos sueñan con ser mandones. La izquierda sesentaiochera llega a la fiesta con el feeling. Wikileaks y Anonymous ya se prestaron a las "revelaciones sensacionales" sobre los tratos del régimen sirio con Occidente. Si no hay trato (como en Norcorea), malo. Y si lo hay (Noriega o Hussein), malo. Si lo hay pero no lo hay, peor (Putin).
Como ayer fue el Milosevic, o luego el Hussein y después el Kadhafi, mañana podría ser el Putin. ¿Qué, no nos compramos Rusia en los años '90?¿Dónde se han visto mercancías que oponen resistencia a ser compradas?
Vamos: casi casi se compraron 13 colonias sin mucha violencia; se compraron la Luisiana; se compraron Alaska; se quedaron tranquilamente con Oregon y medio México. Una nación hecha de compras. El estado-nación: ¿cuánto es?
Una izquierda maravillosa, en la vanguardia de todo, hace las veces de libertad tipo Daniel Boone. Se adelanta a vender la idea de la libertad y, si no se la compran, rebaja a la víctima que no quiere su propia salvación. Entonces llega el gringo a comprar en descuento.
"El mundo sigue siendo un lugar peligroso" quiere decir que sigue habiendo gente que no entiende que podría lograr su salvación con solo aceptar ser esclava del comprador-propietario que ya pagó. Obama sí lo entendió. Y la socialdemocracia tipo Hollande también. Por algo les dieron el Premio Nobel. Ya pagaron. Están en su derecho de hacer hasta cochinaditas.
viernes, 7 de diciembre de 2012
EL BISNE
El Ejército Sirio Libre -un grupo de terroristas contrario al régimen de al-Assad- difundió en estos días un video en el que amenaza con usar armas químicas contra los alauitas. Es una provocación, aunque sin importancia para la opinión pública occidental: los amigotes de Washington y unas cuantas capitales europeas están dispuestos a usar armas de ese tipo, pero el régimen de Damasco está advertido de que no lo haga (y difícilmente lo haría).
Cuando intervino en Libia, la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lo hizo en nombre de la defensa de la población civil. El líder libio Kadhafi fue advertido de no atacar a civiles, mientras que la OTAN lo hizo tranquilamente: en la ciudad de Sirte, por ejemplo, se sabe hoy que los occidentales y sus aliados fanáticos islamistas masacraron a civiles, ejecutaron a heridos en hospitales, quemaron viviendas y no quedó infraestructura en pié, ni un edificio intacto, luego de ataques con cohetes y morteros. Los civiles que trataron de rescatar a heridos también fueron atacados.
No es asunto de mentira ni de doble moral. Si así fuera, habría tal vez indignación. El "principio" es otro. Cualquier resistencia -con o sin armas químicas, civil o no- es un costo. Por lo tanto, prohibirle al enemigo apoyarse en civiles o usar determinado tipo de armas es abaratar costos. En cambio, si el aliado lo hace, es ganancia y se maximiza. Occidente puede usar uranio empobrecido en Kosovo, Afganistán, Iraq y Libia, y sus fanáticos armas químicas en Bani Walid, en Libia: es rendidor y eficaz. Al final, aparecen las empresas estadounidenses a reconstruir lo que los bombardeos occidentales destruyeron. La guerra es un negocio.
Y si la guerra es un negocio, hay que vender caro y comprar barato. Las amenazas son inventadas: no hubo armas de destrucción masiva en Iraq, ni amenaza real de Kadhafi, ni hay indicios serios de que el régimen sirio vaya a usar armas químicas (dicho sea de paso, Rusia advirtió muy claramente contra esta muy remota posibilidad). Así lo han reconocido incluso militares estadounidenses, como Lawrence Wilkerson, un coronel retirado que fuera cercano a Colin Powell.
De lo que se trata, con la amenaza fabricada, es de comprarse a la dizque opinión pública: la amenaza fabricada aparece como costo, y para que esa opinión no lo pague, se le ofrece seguridad y protección. La "opinión pública" occidental compra seguridad, algo así como un "seguro contra riesgos" (un "seguro contra armas químicas" o lo que se parezca), y paga: el pago consiste en no ver, no darse cuenta y en no saber (es un no querer saber, puesto que el asunto "ya está pagado"). Como los muertos los ponen otros, esa dizque opinión pública sabe que la seguridad se la compra a buen precio, tan bueno que cualquiera que la haya adquirido piensa que puede venderse a sí mismo caro. Lo que cuenta es hacer una operación rendidora, "la diferencia", gracias a la cual hasta el último de los últimos y de la peor ralea -el del perro, la señora de la casa, los niños y el automóvil 4x4- se cree que puede venderse caro, aunque sea porque cree comprar barato. El mundo es un Buen Fin, un Black Friday y uno se compra hasta la seguridad de que el golpe lo recibirá otro y no será devuelto. "Uno" se compra ser "alguien" sobre la diferencia de precios y la guerra es "business as usual". ¿Ok, my friend?
¿What's the matter with you?
¿What do you think you do?
Cuando intervino en Libia, la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lo hizo en nombre de la defensa de la población civil. El líder libio Kadhafi fue advertido de no atacar a civiles, mientras que la OTAN lo hizo tranquilamente: en la ciudad de Sirte, por ejemplo, se sabe hoy que los occidentales y sus aliados fanáticos islamistas masacraron a civiles, ejecutaron a heridos en hospitales, quemaron viviendas y no quedó infraestructura en pié, ni un edificio intacto, luego de ataques con cohetes y morteros. Los civiles que trataron de rescatar a heridos también fueron atacados.
No es asunto de mentira ni de doble moral. Si así fuera, habría tal vez indignación. El "principio" es otro. Cualquier resistencia -con o sin armas químicas, civil o no- es un costo. Por lo tanto, prohibirle al enemigo apoyarse en civiles o usar determinado tipo de armas es abaratar costos. En cambio, si el aliado lo hace, es ganancia y se maximiza. Occidente puede usar uranio empobrecido en Kosovo, Afganistán, Iraq y Libia, y sus fanáticos armas químicas en Bani Walid, en Libia: es rendidor y eficaz. Al final, aparecen las empresas estadounidenses a reconstruir lo que los bombardeos occidentales destruyeron. La guerra es un negocio.
Y si la guerra es un negocio, hay que vender caro y comprar barato. Las amenazas son inventadas: no hubo armas de destrucción masiva en Iraq, ni amenaza real de Kadhafi, ni hay indicios serios de que el régimen sirio vaya a usar armas químicas (dicho sea de paso, Rusia advirtió muy claramente contra esta muy remota posibilidad). Así lo han reconocido incluso militares estadounidenses, como Lawrence Wilkerson, un coronel retirado que fuera cercano a Colin Powell.
De lo que se trata, con la amenaza fabricada, es de comprarse a la dizque opinión pública: la amenaza fabricada aparece como costo, y para que esa opinión no lo pague, se le ofrece seguridad y protección. La "opinión pública" occidental compra seguridad, algo así como un "seguro contra riesgos" (un "seguro contra armas químicas" o lo que se parezca), y paga: el pago consiste en no ver, no darse cuenta y en no saber (es un no querer saber, puesto que el asunto "ya está pagado"). Como los muertos los ponen otros, esa dizque opinión pública sabe que la seguridad se la compra a buen precio, tan bueno que cualquiera que la haya adquirido piensa que puede venderse a sí mismo caro. Lo que cuenta es hacer una operación rendidora, "la diferencia", gracias a la cual hasta el último de los últimos y de la peor ralea -el del perro, la señora de la casa, los niños y el automóvil 4x4- se cree que puede venderse caro, aunque sea porque cree comprar barato. El mundo es un Buen Fin, un Black Friday y uno se compra hasta la seguridad de que el golpe lo recibirá otro y no será devuelto. "Uno" se compra ser "alguien" sobre la diferencia de precios y la guerra es "business as usual". ¿Ok, my friend?
¿What's the matter with you?
¿What do you think you do?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
SON TUS PERJÚMENES MUJER
De modo alegre, simpaticón y fantástico, más de uno se puso a discurrir hace poco sobre "el fin de las elecciones" en Nicaragua, ...
-
¿Cuántos de la derecha, además intelectualmente deshonestos, como Francisco Martín Moreno, no se disfrazan de la Gran Moral, cuando se trat...
-
El presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) abrió un camino de cambio en México, pese a sus limitaciones, e incluso pese a cierto...
-
¿La cultura? Nada serio. Consiste en divertirse. Tomársela con calma. Es entretenimiento. Una manera de no atender nada importante. El...