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martes, 7 de enero de 2014

PANAMA: LO INHUMANO

Manuel Noriega, supuesto "dictador" panameño que termina hoy sus días en prisión en su país, repitió en varias ocasiones que desde mediados de los años'80 lo chantajeó Estados Unidos (en particular a través del alto funcionario John Poindexter), entre otras cosas -Noriega lo reafirmó luego, ya convertido en prisionero de guerra- para lograr que Washington tuviera presencia militar en el istmo después del año 2000.  En el año 2002, estando como presidenta de Panamá una mujer, Mireya Moscoso,  se firmó un Acuerdo (Salas-Becker) por el cual el gobierno panameño renunció a la soberanía sobre su mar territorial y su espacio aéreo, al otorgarle el derecho a patrullarlos al servicio de guardacostas estadounidense. De paso, Panamá renunció a sus 200 millas de mar territorial, reduciéndolas a 12 millas. Casi al mismo tiempo, la Autoridad del Canal panameño hizo "canjes de nota" con los estadounidenses -alegando incluso motivos "medioambientales"- para que guardacostas estadounidenses brinden servicios de "seguridad" en la vía interoceánica.
     Por lo demás, desde tiempo atrás, mediante un Pacto de Neutralidad, Estados Unidos se reservó el derecho de intervenir militarmente en asuntos panameños, incluidos los del Canal. Hoy, Washington tiene en Panamá alrededor de una decena de bases militares, y las cosas en política se arreglan a la vieja usanza, en actos como el "Pacto de la Embajada" y visitas como las de "Joe" Biden, por lo que los candidatos se eligen prácticamente fuera de Panamá. Noriega decía que Estados Unidos quería gobiernos títeres después del 2000, y el "dictador" no se equivocó.
     Por lo demás, al juicio a Noriega no se le dió seguimiento en América Latina, que en su ínfima capacidad para ser solidaria -salvo en el Divino Verbo  o cuando hay beneficio de por medio- no defendió a Panamá en 1989 y prefirió en cambio repetir acusaciones -muchas sin pruebas, aunque no todas- contra el "dictador" -ya se había probado con Guillermo Ford como mover a la opinión pública a una falsa indignación. Ni siquiera la rabiblanquera panameña tiene muchos argumentos -el curriculum del asesinado "opositor" Hugo Spadáfora no era muy brillante, y Moisés Giroldi había cometido él un delito No es argumento suficiente que Noriega no haya peleado en diciembre de 1989. Como decía José Martí, "ver un crimen en silencio es cometerlo". Como mínimo, las memorias de Noriega debían ser consideradas y analizadas como testimonio y potencial elemento de prueba.
     Noriega no se equivocó, puesto que Estados Unidos consiguió prolongar su presencia militar en Panamá más allá del 2000 y dispone de la capacidad para "abrir" o "cerrar" la llave interoceánica -creándole problemas a la región Asia-Pacífico y a unos cuantos latinoamericanos- sin que ningún ejército estorbe u ofrezca resistencia. No tener ejército, cuando se tiene un Canal, es debilidad y no fortaleza, a diferencia de lo que sucede en Costa Rica -la razón es sencilla, puesto que los ticos no tienen Canal que cuidar, ni están siendo invadidos reiteradamente.
    No habrá quien (h) se detenga en Noriega, como no hubo quien lo hiciera con Hussein, con Najibullah o con Milosevic. El de abajo o el intelectual son a veces los primeros en aprenderse con el de arriba que, como decía John F. Kennedy, "la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana", así le demos condolencias al huérfano -lo que no es estudio ni verdad de nada, o casi nada. También cabe consolarse con que "caradepiña tiene su merecido", que es exactamente lo que cree la rabiblanquera. El Innombrable no merecía curiosidad humana, puesto que "nos dijeron" que el inhumano es él.