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viernes, 6 de octubre de 2017

FERNANDO TINAJERO VILLAMAR VUELVE A LAS ANDADAS

"Algo" siempre queda en la sombra, que se percibe, cuando a uno lo están tratando no por lo que es, sino por lo que otros han dicho que uno es, con frecuencia para mal. Hay mucha gente que se especializa en este trato, que da la comodidad de escudarse en el "se dice". Cuando uno lo descubre o lo intuye, no debería cometer el error de tomarlo a personal. Cabe más bien la posibilidad de descubrir o intuir la bajeza de quien se rige por rumores y maledicencias o, ya en otro nivel, por el "estado de opinión". Y es el caso de Fernando Tinajero Villamar, Premio Eugenio Espejo 2015 en el Ecuador, un dizque "hombre probo" que lleva ya una buena serie de artículos en el periódico ecuatoriano El comercio pidiendo, solapadamente, la cabeza del vicepresidente de la república, Jorge Glas.
       Para resumir, Glas está envuelto en el escándalo Odebrecht, pero hasta el momento no se le ha podido probar nada. Según argumentaba en una entrevista televisiva la Ministra de Justicia ecuatoriana, Rosana Alvarado, en casos como éste se deben respetar primordialmente dos cosas: 1) la presunción de inocencia, que dicta que cada persona es inocente hasta prueba de lo contrario, y 2) la contundencia de las pruebas, porque tampoco es válido sacarse de la manga cualquier cosa para inculpar (lo que corre el riesgo de hacer la justicia ecuatoriana con Glas). En la ley debe ocurrir algo muy distinto de lo que sucede con los rumores y la maledicencia, que hacen de cualquiera un culpable (a veces sin que sepa ni de qué) hasta que pruebe su inocencia, y sobre la base de "evidencias" que pueden ser completamente fabricadas. Incluso la prensa debe cuidarse de no caer en lo descrito, para lo cual existe, entre otras cosas, el derecho de réplica. Pero el hecho es que la inmensa mayoría de los medios de comunicación ecuatorianos parecen necesitar un linchamiento, que ya ha ocurrido, y al que optó por sumarse Tinajero Villamar, no desde las pruebas, sino desde una supuesta altura moral, función que muchos les atribuyen a los intelectuales, que se arriman así a los mass média como supuestos "jueces" de todo y de todos .
     Muy en concreto, Fernando Tinajero escribió en "Una lección de Benjamín":"la sociedad entera está exigiendo la verdad sin dilaciones ni pretextos. Nadie debe usar las dilatorias que ciertos abogados han aprendido a practicar hasta llegar al virtuosismo: nadie debe ampararse tampoco en el debido proceso para dar largas a la revelación definitiva. La conciencia colectiva merece respeto, y nadie debe olvidarlo -menos todavía quienes han recibido en el voto la confianza ciudadana: defraudarla es también corrupción y tiene su castigo, ese castigo moral que puede dar un pueblo". Eso es: en nombre del pueblo (que nunca se equivoca, ni en la "hoguera bárbara" que linchó a Eloy Alfaro) y de la "sociedad entera" (es el tipo de lenguaje que usan los medios de comunicación masiva), bien vale la pena saltarse la ley (el debido proceso), a la torera. Después de todo, el derecho natural y el consuetudinario están por encima del derecho positivo, si se atiende a la parrafada de Tinajero Villamar.