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miércoles, 25 de octubre de 2017

OCTUBRE 1917: ¿FUE LA URSS INTERNACIONALISTA?

Seguramente no lo fue tanto como Cuba, y lo fue menos que la República Democrática Alemana (RDA).
     De todos modos, la Unión Soviética llegó a tener prestigio en el Tercer Mundo: "la URSS, gracias a los éxitos -y no los fracasos- de su construcción, considera Samir Amin en Octubre 1917, había conseguido elevarse al rango de superpotencia militar. Fue su ejército el que derrotó a los nazis, y después, durante la posguerra, consiguió en un tiempo récord poner fin al monopolio nuclear y balístico de Estados Unidos (...) Estos éxitos están en el origen de su presencia política en el tablero mundial de la posguerra (...)(Pero) contrariamente a las afirmaciones de la propaganda antisoviética, no se proponía ni 'exportar la revolución' ni conquistar la Europa occidental (el falso motivo invocado por Washington y por las burguesías para hacer aceptar la OTAN). Puso en marcha, sin embargo, su potencia política (y militar) para obligar al imperialismo dominante a retroceder en el tercer mundo, abriendo a las clases dominantes (y a los pueblos) de Asia y de Africa un margen de autonomía que perdieron con la caída de la URSS". Dicho sea de paso, este margen también se perdió en América Latina, aunque algunos creyeron por un tiempo ganarlo porque "ya no se los acusaría de comunistas". Se los acusó de "populistas" y la andanada siguió igual o peor, mediáticamente al menos.
      Como lo recuerda el economista egipcio Amin, "en su inserción en el sistema mundial, la URSS ocupaba una posición de 'periferia', principalmente exportadora de materias primas". Desde este punto de vista, no era "imperial" en Europa del Este (con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica -CAME, desde donde a cambio de petróleo importaba bienes manufacturados), ni con Cuba, aunque veía con malos ojos el aventurerismo armado de los cubanos, que no condujo a gran cosa.
      Siempre según Samir Amin, "la URSS y China inician la salida de su aislamiento a partir de la conferencia de Bandung (1955), cuando comprenden el beneficio que pueden obtener de un apoyo -incluso limitado- a los movimientos de liberación del tercer mundo". Este apoyo, que nunca se regateó demasiado, fue a la larga desgastante, y no nada más porque dió lugar a la creencia en un supuesto "expansionismo soviético", sino también porque supuso un gran despilfarro de recursos para un país exhausto, y que en el fondo no quería más que conservar posiciones defensivas, al menos hasta cierto momento. Quienes se beneficiaron del apoyo soviético en Asia, Africa y América Latina no expresaron la menor gratitud cuando se desplomó la Unión, sino que, habiéndole ganado la batalla a los antiguos imperios (Francia, Gran Bretaña e incluso España y Portugal), se cargaron del lado estadounidense o siguieron imperturbables jugando la carta china, en un asunto de puras "maniobras" y no de valores como el internacionalismo.