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miércoles, 4 de octubre de 2017

LUCES DE BENGALA

Las "clases subalternas" no siempre son las "clases explotadas", aunque sí las que "están bajo el mando de...". Es por este motivo que a más de un universitario le encanta identificarse con los subalternos, "dándoles voz", y hasta sentirse que es subalterno, porque en toda institución hay (o había) autoridades, y el pobre subalterno confunde autoridad y jerarquía, así que tiene que oscilar entre sumisión y resistencia.
      Cuando se le preguntó en una entrevista qué es, a fin de cuentas, un subalterno, Gayatri Chakravorty Spivak contestó: "ha habido confusiones, claro, como cuando se interpretó mi afirmación de que los subalternos no pueden hablar como que éstos están mudos. Era evidente que lo que yo quería decir es que no pueden hablar en el sentido de que no son escuchados, de que su discurso no está sancionado ni validado por la institución (...) Pero, si ahora tuviera que dar una definición sintética de la palabra subalterno, diría que se trata de una situación en la que alguien está apartado de cualquier línea de movilidad social". Lo que busca el "subalterno" universitario, que dista de ser escuchado por una tecnocracia que esquiva el diálogo y la consulta, es pasar de la sumisión y resistencia a la posibilidad de ser él quien imponga y mande, simplemente invirtiendo los papeles. A este fenómeno se le llama, claro está, "movilidad social", y ocurre donde en vez de instituciones, disciplinas y profesionales hay tecnócratas, "estudios culturales" y dizque subalternos que esperan su turno.
       El fenómeno es posible porque en muchos lugares, aunque no en todos, suele haber recursos abundantes a disposición de los universitarios. A pesar de esta disposición de recursos, no hay lugar en el trabajo o estructura productiva, ni en la verdadera creación intelectual (también productiva). Como lo escribiera alguna vez Marcos Kaplan (Universidad nacional, sociedad y desarrollo), "se evidencia y se refuerza (...) la categoría del 'lumpen intelectual' y 'lumpen profesional', constituida por quienes acceden a ciertos niveles de cultura, a la educación superior, a la educación formal, a la antesala de la práctica profesional, cuyas expectativas de participación y ascenso se ven frustradas por las restricciones estructurales, la crisis, y regresiones y procesos marginalizantes". El subalterno universitario, en este caso, está en el margen creyéndose el centro de la "voz de los subalternos", convertidos en grupos de presión. Se trata el asunto universitario con "informalidad", pero cuando ésta es inmensa, hay que contenerla y codificarla: "descomposición de la economía y disolución social -escribe Kaplan- se conjuntan en la baja y mala utilización, el despilfarro y la pérdida -entre actores y tejidos sociales, fuerzas y recursos ya existentes o potencialmente disponibles- de valiosas relaciones, estructuras e interacciones sociales, de cadenas productivas. Con ello se contribuye a la inexistencia o la insuficiencia de protagonistas, bases, alianzas necesarias para la continuidad, la cohesión, el desarrollo de la economía y la sociedad, para la democratización, y para la soberanía y legitimación del Estado".
       El "subalterno" está para sacarle al Estado devolviéndole lo menos posible: es la forma de la movilidad social. En el desperdicio (a costa del Estado) se hace un potlatch (fiesta ceremonial) en el cual se intercambian complicidades y "regalos" -parte de una plusvalía originada en otra parte- entre los "subalternos" y entre éstos y la tecnocracia controla-flujos, de tal modo que las expectativas de movilidad social -por las complicidades, no por el trabajo- no se vean frustradas, ni por la institución formal, ni desde lo productivo. De lo que se trata, desde el "giro decolonial" hasta los estudios subalternos, es de sacarle al Estado amenazando una y otra vez con derruírlo "desde los márgenes".