Según escribía en los años '90 el especialista en relaciones internacionales John Ikenberry, una paz suele ser duradera si es "generosa". Por ejemplo, la de Versalles luego de la primera Guerra Mundial no lo fue: con frecuencia se ha considerado, como lo hiciera el economista británico John Maynard Keynes, que Alemania fue obligada a pagar reparaciones humillantes. En cambio, la paz de 1945 integró a Japón y Alemania en el sistema vencedor, así fuera por las necesidades de la Guerra Fría, y con el "consenso" de buena parte de la población nipona y germana, por lo demás beneficiarias de la ayuda económica estadounidense.
Actualmente no hay paz formal entre Occidente y sus aliados asiáticos y la Federación Rusa porque la Guerra Fría no fue una guerra propiamente dicha (fue más bien una "Paz Fría" y por momentos, una "Paz Caliente"). Que la Unión Soviética y el bloque socialista desaparecieran no debía convertir automáticamente en "vencedores" a los occidentales y sus aliados, puesto que no había existido la guerra, pero Estados Unidos y sus cómplices sí pasaron a considerarse vencedores, y no solo éso, sino también vencedores con derecho a "tributo" (el famoso "premio euroasiático" que se adjudicara el halcón Zbigniew Brzezinski). Además de que no hubo guerra, aunque Occidente y sus aliados se comporten como si la hubiera habido (exigiendo como reparación hasta las pequeñas islas Kuriles...), tampoco hay paz generosa, puesto que la humillación y las provocaciones contra Rusia son el pan de todos los días. No hay integración alguna en el sistema supuestamente "vencedor", ni forma de que la población rusa lo acepte. Dicho sea de paso y contra quienes han buscado ver alianzas roji-pardas un poco por doquier, tampoco hay un castigo como el que se le impuso a partir de 1919 a Alemania, simplemente porque no hay paz formal ninguna: al final de la Guerra Fría, nadie ha firmado entre los contendientes ningún tratado, pacto, acuerdo, armisticio ni nada que se le parezca, tal vez porque Occidente y sus aliados se reservan el derecho de no adquirir ningún compromiso, o tal vez porque algunos consideran que ha llegado la ocasión de pasar, en efecto, de lo que era una Paz Fría a una Guerra Fría -o incluso "en caliente"- sin otra regla que la que convenga al que se cree el más fuerte. Tal vez simplemente y por inercia del supuesto vencedor se esté prolongando, sin cambio de época, el sueño de Occidente y sus aliados durante la posguerra: el de liquidar la "paridad" Washington-Moscú (lograda en los años '70) y al enemigo militar (ahora la Federación Rusa). Desde este punto de vista, no hay ningún "nuevo orden" mundial, ni creación de condiciones para una paz generosa.
Mi lista de blogs
lunes, 22 de mayo de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
ALGO SOBRE CHACALES VIRTUOSOS
Los hay que se dicen abandonados -por su hermana, por ejemplo- cuando la han dejado a su suerte por pura conveniencia: de forma tal que aquélla no reclame una herencia que los supuestos abandonados seguramente acabaron percibiendo como "indemnización", para que la conciencia tuviera una coartada. Es mejor el auto-engaño que confesarse cínico y auto-excluirse socialmente. Son los "chacales virtuosos" que ha descrito Enrique Serna: tienen la necesidad de "adoptar una posición de superioridad moral para cometer una canallada, invocando móviles sacrosantos que ocultan móviles egoístas".
Por lo general, las oligarquías son también así: mientras le meten mano a los recursos del Estado y la nación, para beneficio personalísimo y fortunas chuecas de la noche a la mañana, invocan los más altos valores familiares, como si no hubiera valor más elevado que la familia. En primer lugar, no es exactamente un valor "humano": en cierta forma, la "familia" (si se deja de lado el asunto de la herencia) existe en el mundo animal. Y en segundo lugar, siempre queda la pregunta: ¿y de qué vive la familia? Un valor pasa antes, antes incluso que las "familias extendidas" de indios, negros, homosexuales, mujeres, pobres, etcétera: es el trabajo, salvo que la familia viva de rentas, algo no tan inusual en las oligarquías (financieras incluidas, y en más de un chacal virtuoso). Con el valor trabajo, el hombre transforma su mundo y se transforma a sí mismo, "si se da el trabajo de pensar", ya que los conceptos son también trabajo. Con el valor familia puede haber, ciertamente, decencia, pero con un fruto del trabajo de por medio (una herencia) es muy probable que salgan al mismo tiempo las garras más animales y las excomuniones más fanáticas. Después de todo, más de uno recomienda "acercarse a la familia" con el mismo virtuosismo con que cree necesario cuidar una billetera propia mal habida.
Por lo general, las oligarquías son también así: mientras le meten mano a los recursos del Estado y la nación, para beneficio personalísimo y fortunas chuecas de la noche a la mañana, invocan los más altos valores familiares, como si no hubiera valor más elevado que la familia. En primer lugar, no es exactamente un valor "humano": en cierta forma, la "familia" (si se deja de lado el asunto de la herencia) existe en el mundo animal. Y en segundo lugar, siempre queda la pregunta: ¿y de qué vive la familia? Un valor pasa antes, antes incluso que las "familias extendidas" de indios, negros, homosexuales, mujeres, pobres, etcétera: es el trabajo, salvo que la familia viva de rentas, algo no tan inusual en las oligarquías (financieras incluidas, y en más de un chacal virtuoso). Con el valor trabajo, el hombre transforma su mundo y se transforma a sí mismo, "si se da el trabajo de pensar", ya que los conceptos son también trabajo. Con el valor familia puede haber, ciertamente, decencia, pero con un fruto del trabajo de por medio (una herencia) es muy probable que salgan al mismo tiempo las garras más animales y las excomuniones más fanáticas. Después de todo, más de uno recomienda "acercarse a la familia" con el mismo virtuosismo con que cree necesario cuidar una billetera propia mal habida.
miércoles, 17 de mayo de 2017
¿ROJO O CONOCEDOR?
Desde finales de los años '30, Stalin y sus allegados estaban buscando el modo de separar, hasta donde fuera posible, al partido oficial comunista (bolchevique) de las funciones del Estado. El problema estaba en que los cargos estatales se ocupaban no en función de conocimientos del cargo mismo, sino de clientelas partidistas, formadas alrededor de los "primeros secretarios". "Los ministros y sus gabinetes tenían que saber sobre los asuntos de los que se encargaban, si querían ser eficaces en la producción. Esto significaba educación, y también conocimientos técnicos en su campo. Pero los líderes del Partido a menudo hicieron sus carreras solamente mediante una ascensión en los escalones del Partido. No se necesitaba ningún conocimiento técnico para esta clase de ascenso. Más bien se requerían criterios políticos", ha observado el académico estadounidense (Montclair State University) Grover Furr siguiendo al estudioso ruso Yuri Zhukov. ¿Rojo o experto? Stalin y algunos de sus allegados no querían burocratismo y preferían expertos a rojos, por lo que buscaron apoyarse en la Constitución de 1936 para "devolver la dirección de las instituciones estatales a aquellos que realmente estuvieran preparados para ello" y "evitar la degeneración del Partido en sus niveles superiores hacia una casta de parásitos y carreristas corruptos". Los "primeros secretarios" del Partido muy pronto buscaron ahogar la discusión, que se planteaba por lo demás en un contexto difícil: en vísperas de la guerra. También se complicaba la cuestión en la medida en que Stalin y algunos allegados, en vez de perseguir "enemigos del pueblo" hasta debajo de las alfombras, buscaban sustituir el "voto a mano alzada" por el voto universal y secreto, que incluía el derecho a voto para antiguos contrarrevolucionarios (no todos se habían hecho antisoviéticos, por cierto). Así pues, en vez de parasitar desde arriba, el partido oficial debía dedicarse a la agitación y propaganda y, más aún, a la selección de cuadros, mediante un trabajo duro.
Después de la segunda Guerra Mundial, en el decimonoveno Congreso del Partido, en 1952, el tema se volvió a plantear. Nunca se supo qué ocurrió exactamente. Bajo Leonid Brezhnev se publicaron las transcripciones de todos los Congresos del Partido hasta el decimoctavo y no se han publicado -hasta el momento en que lo hiciera notar Furr, no hace mucho- las del decimonoveno. Se "tragó" así el aparato partidista una hora y media de discurso de Stalin -que, por lo visto, no era todopoderoso- ante el Pleno del Partido. Dicho sea de paso, desde 1947/1948 Stalin y su gente más cercana promovía una renovación obligatoria periódica (cada año) de no menos de una sexta parte del Comité Central del Partido. Stalin murió en 1953 y los putschistas de 1956, con Nikita Jruschev a la cabeza, sepultaron el potencial debate bajo un alud de mentiras, consolidando el poder de los "funcionarios del partido". Es una lástima que solo exista una traducción al español del libro de Furr, Kruschev mintió, traducido a varios idiomas en el mundo asiático en particular. Si el tercermundismo se fue orientando hacia Estados Unidos e incluso el pacifismo (Luther King, Gandhi, Mandela) recuperado por Estados Unidos, la alianza circunstancial con Moscú lo fue con carreristas que por lo visto solo esperaban la ocasión -les cayó como bendición en 1991- para legalizar privilegios mal habidos. Hasta ahora no hay mayor cambio de época.
Después de la segunda Guerra Mundial, en el decimonoveno Congreso del Partido, en 1952, el tema se volvió a plantear. Nunca se supo qué ocurrió exactamente. Bajo Leonid Brezhnev se publicaron las transcripciones de todos los Congresos del Partido hasta el decimoctavo y no se han publicado -hasta el momento en que lo hiciera notar Furr, no hace mucho- las del decimonoveno. Se "tragó" así el aparato partidista una hora y media de discurso de Stalin -que, por lo visto, no era todopoderoso- ante el Pleno del Partido. Dicho sea de paso, desde 1947/1948 Stalin y su gente más cercana promovía una renovación obligatoria periódica (cada año) de no menos de una sexta parte del Comité Central del Partido. Stalin murió en 1953 y los putschistas de 1956, con Nikita Jruschev a la cabeza, sepultaron el potencial debate bajo un alud de mentiras, consolidando el poder de los "funcionarios del partido". Es una lástima que solo exista una traducción al español del libro de Furr, Kruschev mintió, traducido a varios idiomas en el mundo asiático en particular. Si el tercermundismo se fue orientando hacia Estados Unidos e incluso el pacifismo (Luther King, Gandhi, Mandela) recuperado por Estados Unidos, la alianza circunstancial con Moscú lo fue con carreristas que por lo visto solo esperaban la ocasión -les cayó como bendición en 1991- para legalizar privilegios mal habidos. Hasta ahora no hay mayor cambio de época.
lunes, 15 de mayo de 2017
ANTI TODO
El tercermundismo rara vez fue marxista y muy pronto comenzó en la posguerra a difundir propaganda de "identidades", desde la negritud de Aimé Césaire hasta el feminismo de una Simone de Beauvoir que, como Jean Paul Sartre, no fallaba una en confundir emancipación y "libertades". Cuando la hubo, la alianza entre tercermundismo y sovietismo fue circunstancial, puesto que los seguidores de quienes dieron el virtual golpe de 1956 consideraron que, desde luego, el "estalinismo" no era el modelo a seguir y, en adelante, que mucha de la autoridad en general no era tampoco modelo a seguir. El tercermundismo, con sus negros, indios e indias (a lo Menchú) y féminas encontró ecos en los 68 que enarbolaban junto a las "libertades" la efigie del supuesto liberador Ernesto Che Guevara, después de haber adorado con frecuencia a Trotski y Mao. Ese 68 fue el "puente" entre tercermundismo, izquierda tercermundista y recuperación estadounidense, de tal modo que fueran los conservadores quienes recogieran las "libertades". Tal vez no sea casual que muchos movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo tuvieran a fin de cuentas más puntos de anclaje y afinidades en Estados Unidos que en la Unión Soviética.
Fue por este camino que el izquierdismo -que es lo que queda de la izquierda- terminó siendo el platillo favorito de las cafeterías de campus estadounidenses y otros y la punta de lanza de quienes no cejan en perseguir el fantasma de "libertades" que suelen ser frívolas y de renta. En efecto, cada renta (la renta-mujer, la renta-negro, la renta-indio, etcétera, sin creación individual) da para ser punta de lanza de una oligarquía financiera que busca como sea abortar cualquier recuperación de un capitalismo productivo. El tercermundismo-izquierdismo sirvió la mesa al ser a la vez antiimperialista y anticapitalista, dejando de lado dos cosas: 1) el capitalismo es contradictorio (para decirlo de manera simplista, tiene de "bueno" y "malo"), y 2)no puede haber transición hacia un régimen distinto (socialista) que no recupere "dentro" de las contradicciones capitalistas. En cambio, al atacar todo capitalismo y haberse olvidado del trabajo y la dimensión productiva, el izquierdismo-tercermundismo sirve a la oligarquía financiera y sus derivas de control "total" de la sociedad y del planeta. Nunca debió ser tratado como un secreto que el tercermundismo jugaba la carta estadounidense ascendente -y hoy casi incapaz de salir del predominio financiero- contra la "vieja Europa" industrial y "disciplinaria" spuestamente dedicada a vigilar y castigar (parafraseando a Foucault). El resultado es que, sin considerar las contradicciones del capitalismo y siendo anticapitalista en abstracto, no hay transición ni alianzas pensables, ni sujetos, sino individuos "identitarios" (los ya mencionados).
Fue por este camino que el izquierdismo -que es lo que queda de la izquierda- terminó siendo el platillo favorito de las cafeterías de campus estadounidenses y otros y la punta de lanza de quienes no cejan en perseguir el fantasma de "libertades" que suelen ser frívolas y de renta. En efecto, cada renta (la renta-mujer, la renta-negro, la renta-indio, etcétera, sin creación individual) da para ser punta de lanza de una oligarquía financiera que busca como sea abortar cualquier recuperación de un capitalismo productivo. El tercermundismo-izquierdismo sirvió la mesa al ser a la vez antiimperialista y anticapitalista, dejando de lado dos cosas: 1) el capitalismo es contradictorio (para decirlo de manera simplista, tiene de "bueno" y "malo"), y 2)no puede haber transición hacia un régimen distinto (socialista) que no recupere "dentro" de las contradicciones capitalistas. En cambio, al atacar todo capitalismo y haberse olvidado del trabajo y la dimensión productiva, el izquierdismo-tercermundismo sirve a la oligarquía financiera y sus derivas de control "total" de la sociedad y del planeta. Nunca debió ser tratado como un secreto que el tercermundismo jugaba la carta estadounidense ascendente -y hoy casi incapaz de salir del predominio financiero- contra la "vieja Europa" industrial y "disciplinaria" spuestamente dedicada a vigilar y castigar (parafraseando a Foucault). El resultado es que, sin considerar las contradicciones del capitalismo y siendo anticapitalista en abstracto, no hay transición ni alianzas pensables, ni sujetos, sino individuos "identitarios" (los ya mencionados).
viernes, 12 de mayo de 2017
EL ESCUDO ANTIMISILES, SEGUN PAUL CRAIG ROBERTS
De acuerdo con Paul Craig Roberts en un artículo publicado recientemente en su blog y reproducido en el portal de Sputnik ("Sauron reina en Washington...."), el sistema antimisiles estadounidense, que va de Europa del Este a la península coreana, busca establecer las condiciones para un primer ataque contra Rusia y China que evite con un escudo las medidas de respuesta de Moscú y Beijing. Las bases pueden estar equipadas con misiles nucleares sin que Rusia y China lo sepan, sugiere Craig Roberts. En este caso, el tiempo de alerta ante un ataque estadounidense se reducirá a cinco minutos, dejando poco tiempo para tomar una decisión.
Los neoconservadores estadounidenses, dice Craig Roberts, están convencidos de que el primer ataque de Washington causará tanto daño a las capacidades de represalia rusas y chinas que ambos gobiernos se rendirán en lugar de lanzar ataques de respuesta. De esta manera, los líderes en Moscú y Pekín concluirán que tienen pocas posibilidades de que sus misiles balísticos intercontinentales sean capaces de superar el escudo de Estados Unidos.
Por otra parte, una represalia débil simplemente provocaría una segunda ola de ataques nucleares por parte de Washington que borraría ciudades rusas y chinas, matando a millones de personas, y dejando a ambos países en ruinas.
Este planteamiento supone el sueño más salvaje del capitalismo: ganancia máxima, costo cero, puesto que la capacidad rusa y china de infligirle un daño a Estados Unidos sería mínima -se buscaría que no exista- y a lo sumo podrían ser golpeados los vasallos estadounidenses en Europa del Este y Asia Pacífico. El plan, desde luego, existe, pero además con la anuencia tácita de gran parte de una supuesta "opinión pública" que no ve inconveniente en que una monstruosidad como la planeada llegue a tener lugar mientras no le cueste nada a los occidentales y sus aliados asiáticos. En simples términos de "mercado", las cosas cambiarían si el costo de un ataque de la naturaleza descrita se elevara de tal modo que hiciera la ganancia poco atractiva y que el enemigo, a su vez, pudiera subir ese costo llevándose su parte de ganancia (y no es la destrucción mutua asegurada). No es porque alguien está a la ofensiva y otro a la defensiva que está garantizado que el primero se lleve todas las ganancias y el segundo asuma todos los costos. Todo es cuestión de no caer en la ignorancia. Digamos por lo pronto que lo que están haciendo los neoconservadores no es una simple "locura": es el cálculo "racional" de "mercado" llevado a su máxima expresión.
Los neoconservadores estadounidenses, dice Craig Roberts, están convencidos de que el primer ataque de Washington causará tanto daño a las capacidades de represalia rusas y chinas que ambos gobiernos se rendirán en lugar de lanzar ataques de respuesta. De esta manera, los líderes en Moscú y Pekín concluirán que tienen pocas posibilidades de que sus misiles balísticos intercontinentales sean capaces de superar el escudo de Estados Unidos.
Por otra parte, una represalia débil simplemente provocaría una segunda ola de ataques nucleares por parte de Washington que borraría ciudades rusas y chinas, matando a millones de personas, y dejando a ambos países en ruinas.
Este planteamiento supone el sueño más salvaje del capitalismo: ganancia máxima, costo cero, puesto que la capacidad rusa y china de infligirle un daño a Estados Unidos sería mínima -se buscaría que no exista- y a lo sumo podrían ser golpeados los vasallos estadounidenses en Europa del Este y Asia Pacífico. El plan, desde luego, existe, pero además con la anuencia tácita de gran parte de una supuesta "opinión pública" que no ve inconveniente en que una monstruosidad como la planeada llegue a tener lugar mientras no le cueste nada a los occidentales y sus aliados asiáticos. En simples términos de "mercado", las cosas cambiarían si el costo de un ataque de la naturaleza descrita se elevara de tal modo que hiciera la ganancia poco atractiva y que el enemigo, a su vez, pudiera subir ese costo llevándose su parte de ganancia (y no es la destrucción mutua asegurada). No es porque alguien está a la ofensiva y otro a la defensiva que está garantizado que el primero se lleve todas las ganancias y el segundo asuma todos los costos. Todo es cuestión de no caer en la ignorancia. Digamos por lo pronto que lo que están haciendo los neoconservadores no es una simple "locura": es el cálculo "racional" de "mercado" llevado a su máxima expresión.
jueves, 11 de mayo de 2017
SE ESPONTANEO
Todo, hay que darlo todo, es una orden, un deber, un imperativo. !Sé espontáneo! Se sale a la calle a practicar y platicar el arte de parecer auténtico, de sincerarse a cada momento, de exhibir la felicidad. Dilo todo, sincérate, ábrete, déjate llevar, que todo fluya, intíma, suéltate, hazlo ya, no lo dejes para mañana, vive el momento, mañana fue, confiésalo, confía, ten fe, revélalo, devélalo, no te reprimas, no lo dudes, ya no lo pienses, en fin, sé tú mismo, transparente, feliz, gracias al sol. !Buenos días, Señor Sol!
Hazlo enseñando los dientes en una sonrisa plena, como enseñan los dientes los estadounidenses, los burros y los perros (aunque éstos, para morder). Deja ver que eres feliz, que "tienes" amor (es decir, que lo recibes y de todas partes) y que en ti es "al natural", aunque estés haciendo todo este teatro (y jurando que nunca habías estado tan bien, se diría que de maravilla, espléndido, súper) porque así lo reclama esa convención social que no admite el menor fracaso, por ende la menor dificultad y luego entonces el menor aprendizaje. ¿Qué importa? Tu "tienes" amor. El resto del tiempo, cuando no estés mostrando tu sonrisa fotogénica y tus dientes resplandecientes, masca chicle.
Evita en todo momento que se desdibuje esa felicidad que es tan convencional como el modo en que tu cerebro te dice dónde y cómo mostrarla, para quedar bien, guardar el contacto, ser digno de inversión (¿alguien invierte en fracasados?¿no, verdad?). Tu eres una ganancia, no un costo: como te vendes te tratan. La felicidad como fiesta sin fin es el argumento del seductor. Que sea otro el que observe bien. Por lo general, hay un breve momento en que esta sonrisa descrita se congela y aparece como lo que verdaderamente es: la mueca de un idiota.
Hazlo enseñando los dientes en una sonrisa plena, como enseñan los dientes los estadounidenses, los burros y los perros (aunque éstos, para morder). Deja ver que eres feliz, que "tienes" amor (es decir, que lo recibes y de todas partes) y que en ti es "al natural", aunque estés haciendo todo este teatro (y jurando que nunca habías estado tan bien, se diría que de maravilla, espléndido, súper) porque así lo reclama esa convención social que no admite el menor fracaso, por ende la menor dificultad y luego entonces el menor aprendizaje. ¿Qué importa? Tu "tienes" amor. El resto del tiempo, cuando no estés mostrando tu sonrisa fotogénica y tus dientes resplandecientes, masca chicle.
Evita en todo momento que se desdibuje esa felicidad que es tan convencional como el modo en que tu cerebro te dice dónde y cómo mostrarla, para quedar bien, guardar el contacto, ser digno de inversión (¿alguien invierte en fracasados?¿no, verdad?). Tu eres una ganancia, no un costo: como te vendes te tratan. La felicidad como fiesta sin fin es el argumento del seductor. Que sea otro el que observe bien. Por lo general, hay un breve momento en que esta sonrisa descrita se congela y aparece como lo que verdaderamente es: la mueca de un idiota.
lunes, 8 de mayo de 2017
PALABRA DE LOUSTIC
Nunca se insistirá demasiado en que hoy se emplean las palabras sin mayor precaución por su sentido. No hay ideas, sino calificativos.
Decir del presidente X que es un fascista o un neonazi requeriría, como mínimo, probar similitudes entre el régimen de ese presidente y los pasados traídos a colación. Y como máximo, requeriría encontrar, mediante conceptos (corporativismo, por ejemplo), propiedades iguales o similares. Derecha e izquierda -que en tanto coinciden hoy- se lanzaron desde hace algunos meses a tildar de "fascista" o "neonazi" al presidente X sin ofrecer pruebas o razonamientos, pero eso sí, a coro. Lo que importa no es cómo se produce un concepto, sino rebajarlo a lo consumible y circulable, al grado que no contenga idea ninguna. Ni siquiera es el presidente X lo que importa, porque lo mismo se hace con "socialista", "comunista" o "populista". Hoy se tilda de "populista" con mucha facilidad, sin precisar qué concepto se tiene del populismo. En realidad, hay renuncia a pensar: no se precisa el concepto de nada, como si hubiera rechazo a plantearse la pregunta sencilla: ¿qué concepto tienes de tal o cual cosa?
En el fondo, la escritura, queriéndose solemne, "trascendente" e in, ha renunciado a pensar y aborrece o bloquea todo pensamiento, la "circulación" de las ideas, como sugiere el escritor mexicano Enrique Serna que ocurre en el mundo intelectual (Genealogía de la soberbia intelectual). Lo nuevo es que, además, lo que era concepto está rebajado a caricatura (como el presidente X puede estar rebajado a caricatura): ¿Cómo? En nombre del rechazo a la seriedad y el reclamo no dicho, pero compartido en la circulación de estereotipos y su consumo, de la máxima frivolidad en un mundo "desencantado". Qué viva lo que en francés se llama el loustic (en el estilo de los presidentes saliente y entrante franceses Francois Hollande o Emmanuel Macron): el tipo -que alguna vez describió Michel Clouscard- que en apariencia se lo toma todo a la ligera -y a cierta risa muy de moda, con gags- porque la seriedad es "fascista", como en el pasado era "estalinista", todo lo contrario de la hoy omnipresente homogeneidad light.
Decir del presidente X que es un fascista o un neonazi requeriría, como mínimo, probar similitudes entre el régimen de ese presidente y los pasados traídos a colación. Y como máximo, requeriría encontrar, mediante conceptos (corporativismo, por ejemplo), propiedades iguales o similares. Derecha e izquierda -que en tanto coinciden hoy- se lanzaron desde hace algunos meses a tildar de "fascista" o "neonazi" al presidente X sin ofrecer pruebas o razonamientos, pero eso sí, a coro. Lo que importa no es cómo se produce un concepto, sino rebajarlo a lo consumible y circulable, al grado que no contenga idea ninguna. Ni siquiera es el presidente X lo que importa, porque lo mismo se hace con "socialista", "comunista" o "populista". Hoy se tilda de "populista" con mucha facilidad, sin precisar qué concepto se tiene del populismo. En realidad, hay renuncia a pensar: no se precisa el concepto de nada, como si hubiera rechazo a plantearse la pregunta sencilla: ¿qué concepto tienes de tal o cual cosa?
En el fondo, la escritura, queriéndose solemne, "trascendente" e in, ha renunciado a pensar y aborrece o bloquea todo pensamiento, la "circulación" de las ideas, como sugiere el escritor mexicano Enrique Serna que ocurre en el mundo intelectual (Genealogía de la soberbia intelectual). Lo nuevo es que, además, lo que era concepto está rebajado a caricatura (como el presidente X puede estar rebajado a caricatura): ¿Cómo? En nombre del rechazo a la seriedad y el reclamo no dicho, pero compartido en la circulación de estereotipos y su consumo, de la máxima frivolidad en un mundo "desencantado". Qué viva lo que en francés se llama el loustic (en el estilo de los presidentes saliente y entrante franceses Francois Hollande o Emmanuel Macron): el tipo -que alguna vez describió Michel Clouscard- que en apariencia se lo toma todo a la ligera -y a cierta risa muy de moda, con gags- porque la seriedad es "fascista", como en el pasado era "estalinista", todo lo contrario de la hoy omnipresente homogeneidad light.
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