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lunes, 8 de mayo de 2017

PALABRA DE LOUSTIC

Nunca se insistirá demasiado en que hoy se emplean las palabras sin mayor precaución por su sentido. No hay ideas, sino calificativos.
      Decir del presidente X que es un fascista o un neonazi requeriría, como mínimo, probar similitudes entre el régimen de ese presidente y los pasados traídos a colación. Y como máximo, requeriría encontrar, mediante conceptos (corporativismo, por ejemplo), propiedades iguales o similares. Derecha e izquierda -que en tanto coinciden hoy- se lanzaron desde hace algunos meses a tildar de "fascista" o "neonazi" al presidente X sin ofrecer pruebas o razonamientos, pero eso sí, a coro. Lo que importa no es cómo se produce un concepto, sino rebajarlo a lo consumible y circulable, al grado que no contenga idea ninguna. Ni siquiera es el presidente X lo que importa, porque lo mismo se hace con "socialista", "comunista" o "populista". Hoy se tilda de "populista" con mucha facilidad, sin precisar qué concepto se tiene del populismo. En realidad, hay renuncia a pensar: no se precisa el concepto de nada, como si hubiera rechazo a plantearse la pregunta sencilla: ¿qué concepto tienes de tal o cual cosa?
       En el fondo, la escritura, queriéndose solemne, "trascendente" e in, ha renunciado a pensar y aborrece o bloquea todo pensamiento, la "circulación" de las ideas, como sugiere el escritor mexicano Enrique Serna que ocurre en el mundo intelectual (Genealogía de la soberbia intelectual). Lo nuevo es que, además, lo que era concepto está rebajado a caricatura (como el presidente X puede estar rebajado a caricatura): ¿Cómo? En nombre del rechazo a la seriedad y el reclamo no dicho, pero compartido en la circulación de estereotipos y su consumo, de la máxima frivolidad en un mundo "desencantado". Qué viva lo que en francés se llama el loustic (en el estilo de los presidentes saliente y entrante franceses Francois Hollande o Emmanuel Macron): el tipo -que alguna vez describió Michel Clouscard- que en apariencia se lo toma todo a la ligera -y a cierta risa muy de moda, con gags- porque la seriedad es "fascista", como en el pasado era "estalinista", todo lo contrario de la hoy omnipresente homogeneidad light.