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lunes, 22 de mayo de 2017

SIN PAZ GENEROSA

Según escribía en los años '90 el especialista en relaciones internacionales John Ikenberry, una paz suele ser duradera si es "generosa". Por ejemplo, la de Versalles luego de la primera Guerra Mundial no lo fue: con frecuencia se ha considerado, como lo hiciera el economista británico John Maynard Keynes, que Alemania fue obligada a pagar reparaciones humillantes. En cambio, la paz de 1945 integró a Japón y Alemania en el sistema vencedor, así fuera por las necesidades de la Guerra Fría, y con el "consenso" de buena parte de la población nipona y germana, por lo demás beneficiarias de la ayuda económica estadounidense.
      Actualmente no hay paz formal entre Occidente y sus aliados asiáticos y la Federación Rusa porque la Guerra Fría no fue una guerra propiamente dicha (fue más bien una "Paz Fría" y por momentos, una "Paz Caliente"). Que la Unión Soviética y el bloque socialista desaparecieran no debía convertir automáticamente en "vencedores" a los occidentales y sus aliados, puesto que no había existido la guerra, pero Estados Unidos y sus cómplices sí pasaron a considerarse vencedores, y no solo éso, sino también vencedores con derecho a "tributo" (el famoso "premio euroasiático" que se adjudicara el halcón Zbigniew Brzezinski). Además de que no hubo guerra, aunque Occidente y sus aliados se comporten como si la hubiera habido (exigiendo como reparación hasta las pequeñas islas Kuriles...), tampoco hay paz generosa, puesto que la humillación y las provocaciones contra Rusia son el pan de todos los días. No hay integración alguna en el sistema supuestamente "vencedor", ni forma de que la población rusa lo acepte. Dicho sea de paso y contra quienes han buscado ver alianzas roji-pardas un poco por doquier, tampoco hay un castigo como el que se le impuso a partir de 1919 a Alemania, simplemente porque no hay paz formal ninguna: al final de la Guerra Fría, nadie ha firmado entre los contendientes ningún tratado, pacto, acuerdo, armisticio ni nada que se le parezca, tal vez porque Occidente y sus aliados se reservan el derecho de no adquirir ningún compromiso, o tal vez porque algunos consideran que ha llegado la ocasión de pasar, en efecto, de lo que era una Paz Fría a una Guerra Fría -o incluso "en caliente"- sin otra regla que la que convenga al que se cree el más fuerte. Tal vez simplemente y por inercia del supuesto vencedor se esté prolongando, sin cambio de época, el sueño de Occidente y sus aliados durante la posguerra: el de liquidar la "paridad" Washington-Moscú (lograda en los años '70) y al enemigo militar (ahora la Federación Rusa). Desde este punto de vista, no hay ningún "nuevo orden" mundial, ni creación de condiciones para una paz generosa.