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miércoles, 17 de mayo de 2017

¿ROJO O CONOCEDOR?

Desde finales de los años '30, Stalin y sus allegados estaban buscando el modo de separar, hasta donde fuera posible, al partido oficial comunista (bolchevique) de las funciones del Estado. El problema estaba en que los cargos estatales se ocupaban no en función de conocimientos del cargo mismo, sino de clientelas partidistas, formadas alrededor de los "primeros secretarios". "Los ministros y sus gabinetes tenían que saber sobre los asuntos de los que se encargaban, si querían ser eficaces en la producción. Esto significaba educación, y también conocimientos técnicos en su campo. Pero los líderes del Partido a menudo hicieron sus carreras solamente mediante una ascensión en los escalones del Partido. No se necesitaba ningún conocimiento técnico para esta clase de ascenso. Más bien se requerían criterios políticos", ha observado el académico estadounidense (Montclair State University) Grover Furr siguiendo al estudioso ruso Yuri Zhukov. ¿Rojo o experto? Stalin y algunos de sus allegados no querían burocratismo y preferían expertos a rojos, por lo que buscaron apoyarse en la Constitución de 1936 para "devolver la dirección de las instituciones estatales a aquellos que realmente estuvieran preparados para ello" y "evitar la degeneración del Partido en sus niveles superiores hacia una casta de parásitos y carreristas corruptos". Los "primeros secretarios" del Partido muy pronto buscaron ahogar la discusión, que se planteaba por lo demás en un contexto difícil: en vísperas de la guerra. También se complicaba la cuestión en la medida en que Stalin y algunos allegados, en vez de perseguir "enemigos del pueblo" hasta debajo de las alfombras, buscaban sustituir el "voto a mano alzada" por el voto universal y secreto, que incluía el derecho a voto para antiguos contrarrevolucionarios (no todos se habían hecho antisoviéticos, por cierto). Así pues, en vez de parasitar desde arriba, el partido oficial debía dedicarse a la agitación y propaganda y, más aún, a la selección de cuadros, mediante un trabajo duro.
      Después de la segunda Guerra Mundial, en el decimonoveno Congreso del Partido, en 1952, el tema se volvió a plantear. Nunca se supo qué ocurrió exactamente. Bajo Leonid Brezhnev se publicaron las transcripciones de todos los Congresos del Partido hasta el decimoctavo y no se han publicado -hasta el momento en que lo hiciera notar Furr, no hace mucho- las del decimonoveno. Se "tragó" así el aparato partidista una hora y media de discurso de Stalin -que, por lo visto, no era todopoderoso- ante el Pleno del Partido. Dicho sea de paso, desde 1947/1948 Stalin y su gente más cercana promovía una renovación obligatoria periódica (cada año) de no menos de una sexta parte del Comité Central del Partido. Stalin murió en 1953 y los putschistas de 1956, con Nikita Jruschev a la cabeza, sepultaron el potencial debate bajo un alud de mentiras, consolidando el poder de los "funcionarios del partido". Es una lástima que solo exista una traducción al español del libro de Furr, Kruschev mintió, traducido a varios idiomas en el mundo asiático en particular. Si el tercermundismo se fue orientando hacia Estados Unidos e incluso el pacifismo (Luther King, Gandhi, Mandela) recuperado por Estados Unidos, la alianza circunstancial con Moscú lo fue con carreristas que por lo visto solo esperaban la ocasión -les cayó como bendición en 1991- para legalizar privilegios mal habidos. Hasta ahora no hay mayor cambio de época.