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viernes, 19 de mayo de 2017

ALGO SOBRE CHACALES VIRTUOSOS

Los hay que se dicen abandonados -por su hermana, por ejemplo- cuando la han dejado a su suerte por pura conveniencia: de forma tal que aquélla no reclame una herencia que los supuestos abandonados seguramente acabaron percibiendo como "indemnización", para que la conciencia tuviera una coartada. Es mejor el auto-engaño que confesarse cínico y auto-excluirse socialmente. Son los "chacales virtuosos" que ha descrito Enrique Serna: tienen la necesidad de "adoptar una posición de superioridad moral para cometer una canallada, invocando móviles sacrosantos que ocultan móviles egoístas".
      Por lo general, las oligarquías son también así: mientras le meten mano a los recursos del Estado y la nación, para beneficio personalísimo y fortunas chuecas de la noche a la mañana, invocan los más altos valores familiares, como si no hubiera valor más elevado que la familia. En primer lugar, no es exactamente un valor "humano": en cierta forma, la "familia" (si se deja de lado el asunto de la herencia) existe en el mundo animal. Y en segundo lugar, siempre queda la pregunta: ¿y de qué vive la familia? Un valor pasa antes, antes incluso que las "familias extendidas" de indios, negros, homosexuales, mujeres, pobres, etcétera: es el trabajo, salvo que la familia viva de rentas, algo no tan inusual en las oligarquías (financieras incluidas, y en más de un chacal virtuoso). Con el valor trabajo, el hombre transforma su mundo y se transforma a sí mismo, "si se da el trabajo de pensar", ya que los conceptos son también trabajo. Con el valor familia puede haber, ciertamente, decencia, pero con un fruto del trabajo de por medio (una herencia) es muy probable que salgan al mismo tiempo las garras más animales y las excomuniones más fanáticas. Después de todo, más de uno recomienda "acercarse a la familia" con el mismo virtuosismo con que cree necesario cuidar una billetera propia mal habida.