Un periódico mexicano vio hace poco cómo varios buques rusos invadían el mar Caribe. La alucinación no pasó a mayores, pero sirvió tal vez para ganar algo de rating infundiendo miedo o provocando morbo entre los lectores.
Como el canciller ruso, Serguei Lavrov, se encuentra de gira por varios países latinoamericanos, incluso algunos analistas rusos especulan -es ésto- que, ya que Estados Unidos se mete en la "esfera de influencia" de Rusia, ésta se reserva el derecho de hacer lo propio en el "patio trasero" de Washington. Lo emocionante está en vivir de "lo mejor de la Guerra Fría" en el Caribe, el momento de la crisis cubana de los misiles en 1962, cuando efectivamente Moscú pareció colarse a pocas millas del territorio estadounidense.
Ciertamente, Rusia vende armas en Latinoamérica, por cierto que no sólo a Venezuela (también a Brasil, por ejemplo). Brasil y Argentina son los principales socios comerciales de Rusia en América Latina. No es nuevo, ya que Moscú mantuvo vínculos con la dictadura argentina en los años '70, algo reprobable. Ahora, Lavrov estará en Cuba y Nicaragua, nada nuevo tampoco, ya que son sólidos aliados desde hace mucho tiempo. El canciller ruso estará en Perú y en Chile. Nada nuevo tampoco: mucho más que el Caribe, a la Federación Rusa le interesa estratégicamente el Pacífico latinoamericano. Ya fue así en los años '70, con el militar Juan Velasco Alvarado en el gobierno peruano. Lavrov no ha inventado nada.
Lo que sí es notorio es que Rusia no tiene intención de hacer lo que le atribuyen algunos, incluidos analistas rusos: prueba de ello es que Lavrov no pasará por Venezuela, lo que significa que el canciller ruso no piensa venir a Latinoamérica a provocar. He aquí una primera diferencia.
La segunda es que, pese a lo que diga el servicio ruso de la BBC británica, no hay simetría entre esferas de influencia, ni semejanza, nada: apenas unas ecuaciones ocurrentes entre quienes, en vez de usar la cabeza para razonar, la prefieren para calcular y sacar cualquier cuenta. Incluso pese a las advertencias del ministro de defensa ruso Serguei Shoigu, quien insinuó que Moscú pondría bases en uno que otro punto latinoamericano, la verdad actual es que, a diferencia completa de lo que sucede alrededor de Rusia, alrededor de Estados Unidos no hay ni una sola base militar rusa, ni siquiera en Cuba (fueron desalojadas hace ya bastantes años): no las hay en Canadá, ni en México, ni en el Caribe, ni en Venezuela, ni en Centroamérica, por lo que no tiene ningún sentido -salvo excitarse- hacer ecuaciones entre Europa del Este y América Latina. Sin embargo, lo de razonar ya no es lo propio de un mundo fascinado por cualquier cálculo que parezca verosímil, aunque no sea cierto. Así que ahora resulta que Lavrov está invadiendo América Latina.
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martes, 29 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
UCRANIA: LA TRAMPA PARA RUSIA
En el portal de Counterpunch, el articulista Mike Whitney afirma: "EE.UU. está en la fase de apertura de una guerra contra Rusia". Es en gran medida lo que parece.
Whitney conoce bien el modo de proceder estadounidense: si Rusia interviene en el Este de Ucrania, se activarán todos los reflejos antirusos de Occidente, que no han cambiado desde la Guerra Fría, y se dirá que Moscú tiene vocación expansionista, puesto que supuestamente la tuvo en el pasado desde el Este europeo hasta Afganistán. Algún tercermundista lo confirmará recordando la Primavera de Praga. Habrá que "parar a este nuevo Hitler", aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, no haya emprendido expansionismo alguno, ni designado a nadie como enemigo (los judíos, por ejemplo), ni mandado a nadie a la cámara de gas, ni bombardeado ninguna ciudad, etcétera. ¿Qué importa? Con Saddam Hussein se hizo lo mismo: era también "un nuevo Hitler".
Si Rusia no interviene, el riesgo está en que de la provocación se pase a un conflicto abierto, que será un foco más de tensión en las puertas de la Federación Rusa. Como lo hace notar Whitney, haga lo que haga, Rusia corre el riesgo de tener pérdidas. Basta seguir el twitter del halcón estadounidense Zbigniew Brzezinski para ver que, efectivamente, se trata de encajonar a Rusia en este "juego" -dizque de "rusos étnicos"- que parece de "perder-perder".
Whitney muestra tal vez sin quererlo lo que muchos creen de Rusia. Ya se ha probado el guión en Afganistán, Iraq, Libia, Siria y otros lugares que Whitney no menciona, como Yugoslavia. "La supervivencia de Putin y de la Federación Rusa -escribe el autor en Counterpunch- dependen en gran medida de su capacidad de comprender rápidamente la nueva realidad (...) Si decide ignorar las señales de advertencia a la espera de que Washington pueda ser apaciguado o que sea posible frenar a los hombres que dictan la política exterior de EE.UU. (...), puede enfrentar el mismo fin que Sadam o Gadafi". Así que incluso Whitney, como más de un estadounidense, cree que la Federación Rusa es un país del Tercer Mundo. Es la misma creencia de la Guerra Fría sobre lo mal que se vive en Rusia por "la escasez" en "el comunismo". Tampoco importa la realidad, sino una creencia que sostenga al occidental en su pedestal de "triunfador". De aquí no es posible salir, menos con ignorancia y un alud de despropósitos que le han hecho decir al periodista estadounidense Robert Parry que ni en tiempos del extinto Ronald Reagan existía un periodismo tan "desmedrado" y con tal "desempacho", dispuesto a repetir sin cesar afirmaciones demostrablemente falsas. No es seguro que en Occidente importe si es verdadero o falso: es más excitante dejar a Rusia "out" para sentir que sí, cómo no, estamos "in" y tenemos "lo que hay que tener".
Whitney conoce bien el modo de proceder estadounidense: si Rusia interviene en el Este de Ucrania, se activarán todos los reflejos antirusos de Occidente, que no han cambiado desde la Guerra Fría, y se dirá que Moscú tiene vocación expansionista, puesto que supuestamente la tuvo en el pasado desde el Este europeo hasta Afganistán. Algún tercermundista lo confirmará recordando la Primavera de Praga. Habrá que "parar a este nuevo Hitler", aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, no haya emprendido expansionismo alguno, ni designado a nadie como enemigo (los judíos, por ejemplo), ni mandado a nadie a la cámara de gas, ni bombardeado ninguna ciudad, etcétera. ¿Qué importa? Con Saddam Hussein se hizo lo mismo: era también "un nuevo Hitler".
Si Rusia no interviene, el riesgo está en que de la provocación se pase a un conflicto abierto, que será un foco más de tensión en las puertas de la Federación Rusa. Como lo hace notar Whitney, haga lo que haga, Rusia corre el riesgo de tener pérdidas. Basta seguir el twitter del halcón estadounidense Zbigniew Brzezinski para ver que, efectivamente, se trata de encajonar a Rusia en este "juego" -dizque de "rusos étnicos"- que parece de "perder-perder".
Whitney muestra tal vez sin quererlo lo que muchos creen de Rusia. Ya se ha probado el guión en Afganistán, Iraq, Libia, Siria y otros lugares que Whitney no menciona, como Yugoslavia. "La supervivencia de Putin y de la Federación Rusa -escribe el autor en Counterpunch- dependen en gran medida de su capacidad de comprender rápidamente la nueva realidad (...) Si decide ignorar las señales de advertencia a la espera de que Washington pueda ser apaciguado o que sea posible frenar a los hombres que dictan la política exterior de EE.UU. (...), puede enfrentar el mismo fin que Sadam o Gadafi". Así que incluso Whitney, como más de un estadounidense, cree que la Federación Rusa es un país del Tercer Mundo. Es la misma creencia de la Guerra Fría sobre lo mal que se vive en Rusia por "la escasez" en "el comunismo". Tampoco importa la realidad, sino una creencia que sostenga al occidental en su pedestal de "triunfador". De aquí no es posible salir, menos con ignorancia y un alud de despropósitos que le han hecho decir al periodista estadounidense Robert Parry que ni en tiempos del extinto Ronald Reagan existía un periodismo tan "desmedrado" y con tal "desempacho", dispuesto a repetir sin cesar afirmaciones demostrablemente falsas. No es seguro que en Occidente importe si es verdadero o falso: es más excitante dejar a Rusia "out" para sentir que sí, cómo no, estamos "in" y tenemos "lo que hay que tener".
domingo, 27 de abril de 2014
RUSIA: LOS PREPARATIVOS DE ESTADOS UNIDOS
Gracias a las pruebas presentadas recientemente en el portal de Ria Novosti por la columnista Vicky Peláez, es posible saber que la agresión contra Rusia fue planeada desde hace más de dos décadas, por lo que poco tiene que ver con alguna supuesta defensa en Ucrania.
En efecto, como lo hace notar la columnista mencionada, en las memorias de Robert Gates, ex secretario estadounidense de Defensa y ex director de la Central de Inteligencia Americana (CIA) estadounidense, aparece la confesión de que en 1991, cuando apenas estaba colapsándose la Unión Soviética, el entonces secretario estadounidense de Defensa, Richard Cheney, "quería ver el desmantelamiento no solo de la Unión Soviética y del Imperio Ruso, sino de la propia Rusia, para que nunca volviera a ser una amenaza para el mundo (sic)" ("Duty. Memoirs of a Secretary at War, disponible en la Web). No es un asunto tan secreto, puesto que Zbigniew Brzezinski, pocos años después (1997), planteó "reventar" a la Federación Rusa para dividirla en tres, en algo así como una "federalización". Por si fuera poco, desde los años Clinton se preveía la posibilidad de una guerra civil en Ucrania, como lo muestran también revelaciones de Vicky Peláez. Brzezinski nunca ocultó que Ucrania era una pieza clave. En la secuencia cronológica, la decisión de debilitar al máximo a Rusia fue tomada dos décadas antes de lo que es hoy una supuesta amenaza rusa. No tiene pies ni cabeza presentar como amenaza a la víctima de un cerco y de una decisión de aniquilamiento explícita.
Como todo está en poner el mundo al revés, Rusia es presentada como revanchista, cuando Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, es quien está tomando la revancha por algo que por cierto nadie le hizo, pero que de todos modos parece ofensivo: no se le levanta la mano al patrón. Es así que se difundió la especie de una revancha "roji-parda" rusa, cuando el revanchismo desatado -y con pardos por delante- es el de un Occidente que solo entiende de omnipotencia. Por si faltaran pruebas, ahora están los desfiles de honor a los voluntarios de las Waffen SS en Lviv, en Ucrania Occidental (las Waffen SS fueron consideradas como criminales de guerra en los juicios de Nuremberg). Mientras los nazis son tolerados, quienes se les oponen son perseguidos como "terroristas", lo que quiere decir lo mismo que desde desde la perestroika: que el de enfrente se desarme unilateralmente.
El guión es el mismo seguido en otras partes del mundo: según Peter Baker, periodista en The New York Times, lo que está buscando Obama es convertir a Rusia en "estado paria". Pueden jugar su papel la extrema izquierda, que saldrá -sin pruebas fehacientes- con que el gobierno de Vladimir Putin es "mafioso" y "oligárquico" (que al fin y al cabo, entre los neoconservadores estadounidenses fueron a parar algunos trotskistas), y la extrema derecha que ve comunistas hasta en la sopa, como se suele decir. No faltará el que alegue que es inadmisible que "nos" amenace un país "tan pobre" (?) y quien ponga lo suyo alegando que lo de Putin es totalitarismo, que al fin y al cabo en este mundo todos son totalitarios, menos mi familia y yo. Los guiones estadounidenses ya están escritos -para éso se repite la palabra "totalitarismo" a la menor discrepancia, como antaño se decía "estalinista" o "dogmático"- y ya están también listos muchos a repetir lo que sea, a modo de pago para comprarse una supuesta libertad que aspira a ser además tan aboluta como la omnipotencia del occidental.
En efecto, como lo hace notar la columnista mencionada, en las memorias de Robert Gates, ex secretario estadounidense de Defensa y ex director de la Central de Inteligencia Americana (CIA) estadounidense, aparece la confesión de que en 1991, cuando apenas estaba colapsándose la Unión Soviética, el entonces secretario estadounidense de Defensa, Richard Cheney, "quería ver el desmantelamiento no solo de la Unión Soviética y del Imperio Ruso, sino de la propia Rusia, para que nunca volviera a ser una amenaza para el mundo (sic)" ("Duty. Memoirs of a Secretary at War, disponible en la Web). No es un asunto tan secreto, puesto que Zbigniew Brzezinski, pocos años después (1997), planteó "reventar" a la Federación Rusa para dividirla en tres, en algo así como una "federalización". Por si fuera poco, desde los años Clinton se preveía la posibilidad de una guerra civil en Ucrania, como lo muestran también revelaciones de Vicky Peláez. Brzezinski nunca ocultó que Ucrania era una pieza clave. En la secuencia cronológica, la decisión de debilitar al máximo a Rusia fue tomada dos décadas antes de lo que es hoy una supuesta amenaza rusa. No tiene pies ni cabeza presentar como amenaza a la víctima de un cerco y de una decisión de aniquilamiento explícita.
Como todo está en poner el mundo al revés, Rusia es presentada como revanchista, cuando Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, es quien está tomando la revancha por algo que por cierto nadie le hizo, pero que de todos modos parece ofensivo: no se le levanta la mano al patrón. Es así que se difundió la especie de una revancha "roji-parda" rusa, cuando el revanchismo desatado -y con pardos por delante- es el de un Occidente que solo entiende de omnipotencia. Por si faltaran pruebas, ahora están los desfiles de honor a los voluntarios de las Waffen SS en Lviv, en Ucrania Occidental (las Waffen SS fueron consideradas como criminales de guerra en los juicios de Nuremberg). Mientras los nazis son tolerados, quienes se les oponen son perseguidos como "terroristas", lo que quiere decir lo mismo que desde desde la perestroika: que el de enfrente se desarme unilateralmente.
El guión es el mismo seguido en otras partes del mundo: según Peter Baker, periodista en The New York Times, lo que está buscando Obama es convertir a Rusia en "estado paria". Pueden jugar su papel la extrema izquierda, que saldrá -sin pruebas fehacientes- con que el gobierno de Vladimir Putin es "mafioso" y "oligárquico" (que al fin y al cabo, entre los neoconservadores estadounidenses fueron a parar algunos trotskistas), y la extrema derecha que ve comunistas hasta en la sopa, como se suele decir. No faltará el que alegue que es inadmisible que "nos" amenace un país "tan pobre" (?) y quien ponga lo suyo alegando que lo de Putin es totalitarismo, que al fin y al cabo en este mundo todos son totalitarios, menos mi familia y yo. Los guiones estadounidenses ya están escritos -para éso se repite la palabra "totalitarismo" a la menor discrepancia, como antaño se decía "estalinista" o "dogmático"- y ya están también listos muchos a repetir lo que sea, a modo de pago para comprarse una supuesta libertad que aspira a ser además tan aboluta como la omnipotencia del occidental.
viernes, 25 de abril de 2014
UCRANIA: LOS PREPARATIVOS DE LA OTAN
La entrada de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, nunca fue planteada como un asunto defensivo. Fue planteada en el año 2008, antes de que hubiera una amenaza rusa, suponiendo que hoy exista. Así, Kíev, capital ucraniana, estuvo negociando esa entrada casi seis años antes de que se desatara el actual conflicto ucraniano, atribuido ahora a los intereses rusos.
El presidente Víctor Yushchenko fue el encargado de negociar con la OTAN. El documento que rigió el acuerdo fue redactado en Washington, capital estadounidense, y no en Kíev. Jugó un papel importante Kateryna Yushchenko Chumachenko, esposa del entonces presidente ucraniano, pero ciudadana estadounidense, incluso nacida en Chicago, y que había sido funcionaria en las administraciones estadounidenses Reagan y Bush y en el Departamento estadounidense de Estado. La esposa de Yushchenko llegó a Ucrania con la US-Ukraine Foundation, nucleada por sectores republicanos estadounidenses considerados "duros".
A raíz del acuerdo, y aunque Kíev no entró directamente a la OTAN, la seguridad del Estado ucraniano quedó en coordinación con los servicios de inteligencia de la organización Atlántica. A partir de 2008, el ejército ucraniano colaboró con la OTAN en misiones internacionales, de Macedonia al territorio afgano. En la ciudad ucraniana de Járkov comenzaron a entrenarse sargentos con instructores y asesores de la OTAN. Asimismo, el sistema de defensa aérea ucraniano quedó en coordinación con el de Rumania, lugar de emplazamiento de parte del escudo antimisiles europeo controlado por Estados Unidos.
Ucrania tomó parte en la "pacificación" de Kosovo, con un batallón ucraniano-polaco. Por cierto, antes de los sucesos del "Euromaidán", Polonia entrenó a extremistas de derecha ucranianos, de Praviy Sector (Sector de Derecha), algo inaudito, puesto que esta agrupación reivindica a un líder (Stepan Bandera) que durante la Segunda Guerra Mundial persiguió en Ucrania a los polacos, exterminándolos en aldeas enteras. Donald Tusk, actual primer ministro polaco, contribuyó a entrenar al actual presidente interino ucraniano, Alexander Turchinov. El abuelo de Tusk, Jozef Tusk, colaboró con los nazis en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial: estuvo como voluntario en la Wermacht. Turchinov tuvo cercanía con Tusk entre 2007 y 2010, mucho antes de que sucediera el "Euromaidán".
Durante todo el periodo mencionado, ni un soldado ruso se movió en la frontera de Rusia con Ucrania, ni nadie irrespetó los acuerdos sobre la Flota del Mar Negro en Crimea, ni Rusia hizo nada parecido a la violación del derecho internacional (Convención de Montreux) que practican hoy los buques de la OTAN en el Mar Negro (como las fragatas Taylor y Donald Cook, dotada ésta de un sistema antimisiles Aegis y misiles de crucero Tomahawk).
Arseny Yatseniuk acaba de declarar: "el mundo aún no olvidado la Segunda Guerra Mundial y Rusia ya quiere iniciar la tercera". ¿Pero quién estuvo haciendo "preparativos" desde 2008 o meses antes del Maidán, sin que hubiera preparativos de absolutamente nada del lado ruso?
El presidente Víctor Yushchenko fue el encargado de negociar con la OTAN. El documento que rigió el acuerdo fue redactado en Washington, capital estadounidense, y no en Kíev. Jugó un papel importante Kateryna Yushchenko Chumachenko, esposa del entonces presidente ucraniano, pero ciudadana estadounidense, incluso nacida en Chicago, y que había sido funcionaria en las administraciones estadounidenses Reagan y Bush y en el Departamento estadounidense de Estado. La esposa de Yushchenko llegó a Ucrania con la US-Ukraine Foundation, nucleada por sectores republicanos estadounidenses considerados "duros".
A raíz del acuerdo, y aunque Kíev no entró directamente a la OTAN, la seguridad del Estado ucraniano quedó en coordinación con los servicios de inteligencia de la organización Atlántica. A partir de 2008, el ejército ucraniano colaboró con la OTAN en misiones internacionales, de Macedonia al territorio afgano. En la ciudad ucraniana de Járkov comenzaron a entrenarse sargentos con instructores y asesores de la OTAN. Asimismo, el sistema de defensa aérea ucraniano quedó en coordinación con el de Rumania, lugar de emplazamiento de parte del escudo antimisiles europeo controlado por Estados Unidos.
Ucrania tomó parte en la "pacificación" de Kosovo, con un batallón ucraniano-polaco. Por cierto, antes de los sucesos del "Euromaidán", Polonia entrenó a extremistas de derecha ucranianos, de Praviy Sector (Sector de Derecha), algo inaudito, puesto que esta agrupación reivindica a un líder (Stepan Bandera) que durante la Segunda Guerra Mundial persiguió en Ucrania a los polacos, exterminándolos en aldeas enteras. Donald Tusk, actual primer ministro polaco, contribuyó a entrenar al actual presidente interino ucraniano, Alexander Turchinov. El abuelo de Tusk, Jozef Tusk, colaboró con los nazis en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial: estuvo como voluntario en la Wermacht. Turchinov tuvo cercanía con Tusk entre 2007 y 2010, mucho antes de que sucediera el "Euromaidán".
Durante todo el periodo mencionado, ni un soldado ruso se movió en la frontera de Rusia con Ucrania, ni nadie irrespetó los acuerdos sobre la Flota del Mar Negro en Crimea, ni Rusia hizo nada parecido a la violación del derecho internacional (Convención de Montreux) que practican hoy los buques de la OTAN en el Mar Negro (como las fragatas Taylor y Donald Cook, dotada ésta de un sistema antimisiles Aegis y misiles de crucero Tomahawk).
Arseny Yatseniuk acaba de declarar: "el mundo aún no olvidado la Segunda Guerra Mundial y Rusia ya quiere iniciar la tercera". ¿Pero quién estuvo haciendo "preparativos" desde 2008 o meses antes del Maidán, sin que hubiera preparativos de absolutamente nada del lado ruso?
martes, 22 de abril de 2014
UCRANIA: AMIGOS CON BENEFICIOS
Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, no ha abandonado en ningún momento su simpatía por el diablo, así que la presencia de grupos fascistoides no incomoda mucho. ¿Es el regreso del fascismo? No exactamente.
En Ucrania, el grupo Praviy Sector (Sector de Derecha), admirador de Stepan Bandera (un "héroe" ucraniano que colaboró con los nazis), recibe subsidio de la emigración ucraniana en Estados Unidos. Praviy Sector es una escisión de otro grupo fascistoide ucraniano, Svoboda, encabezado por Oleh Tyahnibok. A principios de la Segunda Guerra Mundial, la gente de Bandera se dedicó a ejecuciones en masa de judíos y polacos. Hasta el año 1942, a pesar de que decían buscar la independencia de Ucrania, los banderistas no se enfrentaron contra los nazis. Luego, el Ejército Insurgente Ucraniano, una escisión dentro de los banderistas, siguió con el exterminio en masa de polacos en las regiones de Volinia y Galitzia. Desaparecieron pueblos enteros, incluyendo a mujeres y niños. En las aldeas polacas, los habitantes eran a veces encerrados en graneros a los que se les prendía fuego. Otras prácticas consistían en pasar a los aldeanos a cuchillo o cortarles el cuello con sierras, prácticas similares a las de los fascistas ustashi en Croacia (Croacia, como Ucrania Occidental, formó parte del Imperio Austro-Húngaro). Aliarse con quienes glorifican lo descrito no es algo que perturbe a Occidente, que igual tolera las manifestaciones bastante nutridas de veteranos de las Waffen SS, en Riga, la capital de Letonia. Este país estudia darles a estos criminales la "cruz de héroe" y el título de "luchadores por la libertad".
Importa tan poco que quienes patrocinan directa o indirectamente a estos neonazis son judíos, como Victoria Nuland (Nudelman), portavoz del Departamento de Estado estadounidense, quien ha reconocido abiertamente el financiamiento de Washington al Euromaidán en Kíev, la capital ucraniana; o como el primer ministro Arseni Yatseniuk. No parece importarles que la comunidad judía de Kíev haya sido agredida en los disturbios recientes. Es más, el jefe de Praviy Sector, Dmitry Yarosh, no tiene problema para entrevistarse con el embajador israelí en Kíev, Reuven Din El, y prometerle que frenará el racismo, mientras los extremistas de derecha (de Svoboda en particular) no dudan en repetir que hay que liquidar a los judíos.
Como no hay ningún regreso abierto del fascismo, lo que parece creíble es que estos grupúsculos (algunos con formaciones paramilitares, como Praviy Sector), al igual que las bandas de fanáticos musulmanes desde Libia hasta Siria, prestan los servicios del lumpen a una fuerza mayor, que busca propagar el "caos controlado" donde sea, con tal de mantener la hegemonía estadounidense. Que desde hace mucho las plutocracias occidentales usan al fascismo como tropa de choque no es novedad. Fue el "espíritu de Munich" en 1938, pero resulta que los Sudetes están en Crimea. Por qué no.
En Ucrania, el grupo Praviy Sector (Sector de Derecha), admirador de Stepan Bandera (un "héroe" ucraniano que colaboró con los nazis), recibe subsidio de la emigración ucraniana en Estados Unidos. Praviy Sector es una escisión de otro grupo fascistoide ucraniano, Svoboda, encabezado por Oleh Tyahnibok. A principios de la Segunda Guerra Mundial, la gente de Bandera se dedicó a ejecuciones en masa de judíos y polacos. Hasta el año 1942, a pesar de que decían buscar la independencia de Ucrania, los banderistas no se enfrentaron contra los nazis. Luego, el Ejército Insurgente Ucraniano, una escisión dentro de los banderistas, siguió con el exterminio en masa de polacos en las regiones de Volinia y Galitzia. Desaparecieron pueblos enteros, incluyendo a mujeres y niños. En las aldeas polacas, los habitantes eran a veces encerrados en graneros a los que se les prendía fuego. Otras prácticas consistían en pasar a los aldeanos a cuchillo o cortarles el cuello con sierras, prácticas similares a las de los fascistas ustashi en Croacia (Croacia, como Ucrania Occidental, formó parte del Imperio Austro-Húngaro). Aliarse con quienes glorifican lo descrito no es algo que perturbe a Occidente, que igual tolera las manifestaciones bastante nutridas de veteranos de las Waffen SS, en Riga, la capital de Letonia. Este país estudia darles a estos criminales la "cruz de héroe" y el título de "luchadores por la libertad".
Importa tan poco que quienes patrocinan directa o indirectamente a estos neonazis son judíos, como Victoria Nuland (Nudelman), portavoz del Departamento de Estado estadounidense, quien ha reconocido abiertamente el financiamiento de Washington al Euromaidán en Kíev, la capital ucraniana; o como el primer ministro Arseni Yatseniuk. No parece importarles que la comunidad judía de Kíev haya sido agredida en los disturbios recientes. Es más, el jefe de Praviy Sector, Dmitry Yarosh, no tiene problema para entrevistarse con el embajador israelí en Kíev, Reuven Din El, y prometerle que frenará el racismo, mientras los extremistas de derecha (de Svoboda en particular) no dudan en repetir que hay que liquidar a los judíos.
Como no hay ningún regreso abierto del fascismo, lo que parece creíble es que estos grupúsculos (algunos con formaciones paramilitares, como Praviy Sector), al igual que las bandas de fanáticos musulmanes desde Libia hasta Siria, prestan los servicios del lumpen a una fuerza mayor, que busca propagar el "caos controlado" donde sea, con tal de mantener la hegemonía estadounidense. Que desde hace mucho las plutocracias occidentales usan al fascismo como tropa de choque no es novedad. Fue el "espíritu de Munich" en 1938, pero resulta que los Sudetes están en Crimea. Por qué no.
viernes, 18 de abril de 2014
DE ANTOLOGIA (4), O: YO SOY EL PAPA DEL FUHRER
Como ya lo había hecho poco tiempo antes Hillary Clinton en Estados Unidos, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, comparó al mandatario ruso Vladimir Putin con Adolfo "Fito" Hitler. Delante de estudiantes que lo interrogaron sobre lo ocurrido en Crimea, el ministro alemán contestó: "Hitler ya adoptó esos métodos en los Sudetes". Y agregó: "éso es algo que todos sabemos de la Historia".
El alemán Willy Wimmer, ex vicepresidente de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OCSE, dió a conocer entretanto que en la ciudad eslovaca de Bratislava, en el año 2000, en una reunión convocada por el Departamento de Estado estadounidense fue decidida una nueva partición de Europa: fue trazada una línea desde Riga, en el Báltico, hasta Odessa, en el Mar Negro ucraniano, y se decidió que todo lo que estuviera al oeste de ese trazado quedara en manos occidentales. De hecho, si se toma en cuenta que Occidente ha fortalecido sus posiciones en buena parte del Caúcaso (en Georgia y en Azerbaidján, el segundo, un país petrolero), y que los occidentales acaban de tragarse el granero de Europa (toda Ucrania occidental, rica en "tierras negras", muy fértiles), lo buscado en Bratislava se cumplió y cabe felicitar a Washington y sus aliados: han logrado lo que anhelaba Hitler, llegar a varios de los recursos naturales más importantes del oriente europeo, desde Ucrania hasta el Caúcaso.
Mientras al primer ministro ucraniano Arseni Yatseniuk se le ocurrió decir en pleno delirio que Rusia busca construir un nuevo Muro de Berlín (¿desde Riga hasta Odessa?), como vendedor de perfumes "pourquoi pas?", el presidente estadounidense, Barack Obama, en cambio, no se la tomó tan a pecho: dijo hace poco que, lo que es Rusia, no pasa de "potencia regional" (lo que es a Hitler, no le llega Putin...), mientras que Estados Unidos es el país "más poderoso de la Tierra" -tal vez por éso diseñó en Bratislava un nuevo "imperio romano al Este". Y es que un estadounidense es, así de fácil y a la voz de "ya", el papá del Fuhrer. Basta con mirar los mapas de los planes nazis para Europa Oriental y compararlos con la línea de Bratislava. ¿Cómo la ven desde ahí, chamacos rusos?
El alemán Willy Wimmer, ex vicepresidente de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OCSE, dió a conocer entretanto que en la ciudad eslovaca de Bratislava, en el año 2000, en una reunión convocada por el Departamento de Estado estadounidense fue decidida una nueva partición de Europa: fue trazada una línea desde Riga, en el Báltico, hasta Odessa, en el Mar Negro ucraniano, y se decidió que todo lo que estuviera al oeste de ese trazado quedara en manos occidentales. De hecho, si se toma en cuenta que Occidente ha fortalecido sus posiciones en buena parte del Caúcaso (en Georgia y en Azerbaidján, el segundo, un país petrolero), y que los occidentales acaban de tragarse el granero de Europa (toda Ucrania occidental, rica en "tierras negras", muy fértiles), lo buscado en Bratislava se cumplió y cabe felicitar a Washington y sus aliados: han logrado lo que anhelaba Hitler, llegar a varios de los recursos naturales más importantes del oriente europeo, desde Ucrania hasta el Caúcaso.
Mientras al primer ministro ucraniano Arseni Yatseniuk se le ocurrió decir en pleno delirio que Rusia busca construir un nuevo Muro de Berlín (¿desde Riga hasta Odessa?), como vendedor de perfumes "pourquoi pas?", el presidente estadounidense, Barack Obama, en cambio, no se la tomó tan a pecho: dijo hace poco que, lo que es Rusia, no pasa de "potencia regional" (lo que es a Hitler, no le llega Putin...), mientras que Estados Unidos es el país "más poderoso de la Tierra" -tal vez por éso diseñó en Bratislava un nuevo "imperio romano al Este". Y es que un estadounidense es, así de fácil y a la voz de "ya", el papá del Fuhrer. Basta con mirar los mapas de los planes nazis para Europa Oriental y compararlos con la línea de Bratislava. ¿Cómo la ven desde ahí, chamacos rusos?
DE ANTOLOGIA (3), O: ANDERS SE PONE LOCOCHON...
La Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, es de carácter defensivo. Si cualquiera de los 28 miembros es atacado, el artículo 5 del organismo obliga a todos a entrar en acción en defensa de la víctima. Ucrania no es miembro de la OTAN.
Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, exigió en un discurso por la crisis ucraniana: "pido a Rusia que ponga freno a la escalada". Para defender a sus miembros, la OTAN decidió un paquete de medidas con mayor vigilancia en Polonia y Rumania, entrada de buques militares al Mar Negro y más patrullajes en el Mar Báltico. Fogh-gets-in-your-eyes fue contundente y hasta un tanto poético: "habrá más aviones en el aire, más barcos en el agua y más disposición en tierra". Así, cualquier habitante del Este europeo, ante este tipo de declaración, podrá preguntarse al ver objetos volando: ¿es un pájaro?¿es un avión? !No, es la OTAN!, dice la respuesta. !Y habrá más!
El secretario general de la organización militar pidió que cese la ayuda rusa a las milicias pro-rusas en el oriente ucraniano (¿de dónde salió la ayuda financiera y en entrenamiento militar para el Maidán?), pero esa supuesta injerencia fue negada por el jefe de inteligencia militar de la Unión Europea, el almirante finlandés Georgij Alafuzoff, quien hizo notar que en la zona no había combates, al menos no al momento en que Fogh se aceleraba (y tampoco hubo combates en Crimea).
En el mismo discurso donde le pidió a Rusia que "ponga freno a la escalada", Fogh-gets-in-you-eyes dijo: "Rusia se encuentra ahora aislada del mundo, y su reputación internacional está hecha añicos. Eso no redunda en interés de Rusia". Los rusos, locos de atar, se siguieron en la escalada aún estando aislados, con la reputación por la calle de la amargura y sin ninguna idea de sus intereses.
El jefe de la OTAN le advirtió a Rusia que sufriría un mayor aislamiento internacional: "eso no interesa a nadie, agregó, y solo hará que nuestro mundo sea más peligroso e impredecible". Rusia, un país en manos de orates, decidió una escalada que provocó la reacción defensiva de una organización de 28 miembros, aunque ninguno de ellos haya sido tocado ni con el pétalo de una declaración -ya ni se diga de una maniobra militar fronteriza. Sin embargo, cuando se está ante gente chiflada, hay que ser prudentes, por lo que la OTAN afirmó que sus planes de defensa serán "revisados y reforzados" en las próximas semanas y en los próximos meses. Fogh-gets-in-your eyes declaró que será así "para defender a nuestros aliados". Algunos cables de prensa -los menos- destacaron que el jefe de la organización militar no precisó de qué tienen que ser defendidos los países miembros.
Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, exigió en un discurso por la crisis ucraniana: "pido a Rusia que ponga freno a la escalada". Para defender a sus miembros, la OTAN decidió un paquete de medidas con mayor vigilancia en Polonia y Rumania, entrada de buques militares al Mar Negro y más patrullajes en el Mar Báltico. Fogh-gets-in-your-eyes fue contundente y hasta un tanto poético: "habrá más aviones en el aire, más barcos en el agua y más disposición en tierra". Así, cualquier habitante del Este europeo, ante este tipo de declaración, podrá preguntarse al ver objetos volando: ¿es un pájaro?¿es un avión? !No, es la OTAN!, dice la respuesta. !Y habrá más!
El secretario general de la organización militar pidió que cese la ayuda rusa a las milicias pro-rusas en el oriente ucraniano (¿de dónde salió la ayuda financiera y en entrenamiento militar para el Maidán?), pero esa supuesta injerencia fue negada por el jefe de inteligencia militar de la Unión Europea, el almirante finlandés Georgij Alafuzoff, quien hizo notar que en la zona no había combates, al menos no al momento en que Fogh se aceleraba (y tampoco hubo combates en Crimea).
En el mismo discurso donde le pidió a Rusia que "ponga freno a la escalada", Fogh-gets-in-you-eyes dijo: "Rusia se encuentra ahora aislada del mundo, y su reputación internacional está hecha añicos. Eso no redunda en interés de Rusia". Los rusos, locos de atar, se siguieron en la escalada aún estando aislados, con la reputación por la calle de la amargura y sin ninguna idea de sus intereses.
El jefe de la OTAN le advirtió a Rusia que sufriría un mayor aislamiento internacional: "eso no interesa a nadie, agregó, y solo hará que nuestro mundo sea más peligroso e impredecible". Rusia, un país en manos de orates, decidió una escalada que provocó la reacción defensiva de una organización de 28 miembros, aunque ninguno de ellos haya sido tocado ni con el pétalo de una declaración -ya ni se diga de una maniobra militar fronteriza. Sin embargo, cuando se está ante gente chiflada, hay que ser prudentes, por lo que la OTAN afirmó que sus planes de defensa serán "revisados y reforzados" en las próximas semanas y en los próximos meses. Fogh-gets-in-your eyes declaró que será así "para defender a nuestros aliados". Algunos cables de prensa -los menos- destacaron que el jefe de la organización militar no precisó de qué tienen que ser defendidos los países miembros.
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