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lunes, 6 de noviembre de 2017

EN EL PARTIDO DE LA GUERRA

No parece que las nuevas "pruebas" contra el presidente estadounidense Donald J. Trump sean contundentes. El asunto de Paul Manafort, ex director de campaña de Trump,  ni siquiera tiene que ver con el Russia-gate. Y no parece muy de fiar George Papadopoulos, quien luego de mentirle a la Agencia Federal de Investigación (el FBI, por sus siglas en inglés) se entregó para seguir con lo que parece ser un cuento. Papadopoulos dijo haberse entrevistado con un académico de la Universidad de Stirling en Escocia, quien prometió introducirlo a círculos rusos "oficiales" y lo hizo, pero en el plano puramente académico. El profesor, Joseph Mifsud, ya negó en entrevistas a la prensa británica (Daily Telegraph) las conversaciones que le atribuye Papadopoulos, en particular sobre contactos rusos que habrían tenido emails comprometedores contra Hillary Clinton. Papadopoulos no ha logrado probar esos "contactos clave" ni su relación con la campaña de Trump. ¿Le dijo Papadopoulos a gente de Trump, y cuándo, que podía supuestamente acceder a miles de emails "sucios" contra Clinton? No se sabe. Pero ha sido suficiente para que muchos se emocionen de nuevo con la posibilidad de un impeachment contra Trump.
       Lo que no queda claro es por qué círculos de izquierda (digamos que de ultraizquierda infantil) siguen denostando con lo que sea a Trump y mostrando sus preferencias no sólo por una criminal, sino por alguien que - según acaba de salir a la luz en las revelaciones de Donna Brazile, antigua directora interina del Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés)- manipuló al mismo Comité comprándolo para ganarle las elecciones internas a Bernard Bernie Sanders. Hillary Clinton simplemente se robó las primarias del Partido Demócrata.
       ¿Y qué importa? Desde Matilde Urióstegui hasta portales izquierdistas estadounidenses como Jacobin o Dissent (que tiene una pestaña especial: "la lucha contra Trump"), el asunto es caerle a un mandatario que hasta ahora no ha matado a nadie, a reserva de lo que haga en el futuro. Como lo sugiere en Consortiumnews el articulista James W. Carden, Trump provocó el enojo con solo decir que "hay que volver a hacer grande a Estados Unidos". El entonces presidente Barack Obama se apresuró a gritonear que "Estados Unidos ya es grande" y Hillary Clinton corrió a declarar que "Estados Unidos es grande porque es bueno". Simplemente Trump dejó entrever que algo no andaba bien y que sería preferible tratarlo antes que seguir en cruzadas externas. Lo que algunos conocen por establishment reaccionó con virulencia (Demócratas y Republicanos no tardaron en votar juntos el rearme anti-ruso en el Congreso) y puede que hasta con ceguera (en verdad, ¿qué hacen los izquierdistas en el "partido de la guerra"?): según Paul Craig Roberts, los Estados Unidos, empujados por Demócratas, neoconservadores, la Central de Inteligencia Americana (en particular, por gente como John Brennan, ex director de la Central), el complejo militar-industrial, progresistas e izquierdistas,  pueden terminar un buen día de éstos  enfrentándose a un enemigo incluso militarmente superior ("One Day Tomorrow Won't Arrive"). ¿Lo vislumbran? No es nada seguro.